La Piedad. Amanecer desde el casahuate, 11


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MOSAICO, 7–IV–011



Martínez Campos, 7/IV/011

GUIA

MOSAICO

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 7 de Abril.- HARÁ MUCHOS AÑOS, allá cuando a los perros los amarraban con longaniza y no se la comían, según decires de antes, a cualquiera padrecito, es decir cura, lo tenían como el sabelotodo, y aún a los seminaristas o exseminaristas. Sabe de todo, decían. Pero ni entonces ni ahora, nadie lo sabe todo, y creo pocos se la creerán. Aun cuando joven, uno a veces sí se las cree, en algunas dimensiones de la vida. Teóricamente, pues, sabe uno que eso no es cierto, pero no lo vivencia sino hasta que se le ofrece, en el camino de la vida. Por ejemplo, en mi caso, con mis rudimentos de latín y griego y mis informes más bien modestos de cómo andaba la literatura, hube de aceptar mi primer empleo de “mozo”, aseador de oficinas, por no saber escribir a máquina. En mi descargo, debo decir que me fui a una academia y en tres meses me puse al corriente, ayudado de mis elementos mecanográficos aprendidos en el Colegio Vasco de Quiroga de Penjamillo, allá por los 46, 47. Un honor trabajar en la matriz del mejor banco de México, donde me trataron a todo dar, pero no eran para mí los números y unos once años después regresé, para quedarme, al mundo de la tecleada, y aquí estoy aún, ahora en el mundo maravilloso de la tecnología de la computadora y derivados “enredados”, (en la red, pues). PERO EN CONTRAPARTIDA, sí era cierto que los padrecitos y hasta los seminaristas “sabían de todo”, y eso lo percibían los del gremio de los creyentes. Pero del todo tecnocientífico, y de otras esferas del conocimiento práctico, eran más bien ignorantes. Su saber era, pues, sapiencial. Eran pues herederos (y lo son desde luego, no necesariamente por sus exclusivos méritos), de toda una tradición sabia de siglos y siglos. Y qué dijo usted, amigo (a) pues qué chiste, se soplaban once años en los seminarios. Pues fíjese que no se requieren tantos libros, aunque ayudan. Resulta que esa herencia sapiencial, es común a todos los creyentes de corazón, de cualquier confesión, ya sean clérigos, ya sean laicos. Y será cosa de asumirla como real, como cierta, instrumentarla en sintonía con el mundo globalizado, y nos harán los mandados. Es la herencia de los “viejos”. CLARO, NO SE trata de abordar al viejito y espetarle de buenas a primeras: oiga don Filogonio, cómo haremos para arreglar la bomba del pozo que nos dejará sin agua si no la arreglamos. Pero don Filogonio les dirá: no muchachos, de eso no sé nada, pero si ustedes se juntan y dejan a un lado apellidos y viejos rencores, podrán juntar dinero, comprar una nueva y saber a dónde llevar la vieja para que la arreglen. Esto y más desde luego que es bueno en el lugarcito en el cual uno está plantado. PERO EN EL mundo globalizado, y en el sentido de globalidad planetaria, parece que irreversible tal proceso, haría falta ir hasta el fondo de la tragedia humana que vivimos aquí, y en toda la redondez de la Tierra. Y penetrar (la sociedad organizada, desde luego) con los viejos valores vigentes, en la entraña de cuanta reunión ocurra, como las relativas al crimen organizado, las relativas a la pacificación del mundo, las relativas al derrumbe de lo realmente viejo por inoperante, pero recuperable por su valor perenne. Las tradiciones pues que conservan las etnias del respeto, amor a lo natural, al árbol, al animalito, a las costumbres sanas (también las hay insanas, desde luego). DECIRLE POR EJEMPLO una vez más a los del consumo masivo de enervantes: los millones de sus adictos lo son en gran parte porque no los satisface su sociedad edonista, que no explica del todo su mundo, por más que sean maravillosas sus máquinas. Y porque mucha riqueza acumulada en bienes o dineros, no es suficiente para dar una razón fundada del existir si se olvidan de quienes ni siquiera disponen para ir al día en el comer. ASÍ QUE LOS viejos, no sólo don Filogonio, sino los viejos (as) en sus tradiciones y usos biofílicos, amantes de la vida heredada y sin idedalizarlos, en armonía relativa en sus comunidadeds (también hay barbaridades heredadas contra la mujer o los críos). Tal vez así, sí, sea posible contarrestar a los poderes de la destrucción y decirle a los que vienen, que vale la pena vivir (título del libro de un obispo neoyorquino, allá por los sesenta). CLARO QUE SON buenas las obras viales, pero de lo que se trataría, sería de no pensar todo con vistas al señor automóvil y sus usuarios y hacer a un lado al peatón, el cual, a la larga logrará que las banquetas sean para él y no toboganes para dejar paso al señor auto a su garage casero. Y que los viejos sean lo mejor atendidos en los servicios públicos, pero ver, y saber, que su soledad (la interna, que es la real), requiere algo más que asistencia social, por lo demás también necesaria. DOS NOTAS, DOS: según comunicado de la presidencia municipal de La Piedad. “ En sesión de ayuntamiento, los integrantes del cabildo aprobaron por unanimidad la modificación del Programa de Obras Anual para la realización de cuatro obras en el municipio que ascienden a más de 13 millones de pesos, de las cuales, una será vialidad nueva, otra será rehabilitación de calle y dos más serán de continuidad a proyectos ya iniciados. Se trata de la aplicación de 3 de millones de pesos municipales parala tercera etapa de la avenida Casto Saldaña, que va desde la Avenida Michoacán hasta el Tecnológico de La Piedad; el monto final en esta obra será de 21 millones de pesos, donde participan el gobierno federal y la asociación “Mariana Trinitaria”.En una supervisión de obra, el edil, Ricardo Guzmán Romero, apreció los avances que se llevan a la fecha…Y en Penjamillo, son atendidas unas 3,500 personas mayores con dificultades en la vista, a quienes se les proporcionan lentes. Esta y otras acciones en favor de los viejos, están a cargo del Dif, que preside la señora Hortensia Hernández, esposa del alcalde Francisco Piceno. SUEÑO GUAJIRO, RÚSTICO: Aquel individuo no supo ni de dónde venía tan tremenda advertencia cuando el de la voz le dijo: le vamos a cambiar el código genético. Su confianza permaneció invariable, porque esa expresión metafórica, o acaso real, de provenir del de la voz, no podía ser más que biofílica.

(www.lapiedadymiregion.wordpress.com;www.ziquitaromipueblito.wordpress.com;  http://www.silviano.wordpress.com).