LA PUNTILLA AL PRI. Salvador Flores LLamas


Andrés Manuel López Obrador

Andrés Manuel López Obrador (Photo credit: @AlfaroGalan)

A c e n t o

La puntilla al PRI

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

Nadie daba cuartilla por él  por el desprestigio de haber mandado “al diablo a las instituciones” y el plantón, aunque llevaba cinco años en campaña; de ahí que para muchos el candidato de la izquierda debió ser Marcelo Ebrard, con quien logró acordar una segunda oportunidad.

Cansado, más lento en expresarse, sin el aplomo de la publicidad que ganó y negoció con sus entrevistas mañaneras como gobernante del DF y, peor, con una cauda de puntos negativos por su belicismo e intransigencia, López Obrador ideó aparecer como el candidato sin rencores y como perdonador amoroso.

Adiós al tono violento y la condena a la mafia que controla al país; chocó las manos con los medios televisivos, prometió no democratizarlos, aceptó invitaciones de empresarios y organismos que le repugnaban y mostró su mejor sonrisa a quienes antes estigmatizó como enemigos.

Hubo quien le creyera, sin percatarse que idéntico ardid emplearon Hitler y Hugo Chávez en sus  intentonas por llegar al poder; el venezolano, su gran amigo, hasta  prometió velar por los pobres, someterse a un mandato revocatorio a los dos años, no reelegirse; pero  lleva 12 de presidente y amenaza con  perpetuarse.

Se ganó al otrora poderoso empresario neoleonés Alfonso Romo, venido a menos, quien le abrió la puerta  de otros similares, y desgranó el abanico de puestos de su gabinete para personas renombradas como Juan Ramón de la Fuente, Jiménez Espriú, René Drucker, el propio Ebrard y una veintena, que le atrajeron simpatías, aparte de sus fans consuetudinarios.

No importó que resultara falsa la cifra de 5 millones de militantes de su Movimiento de Regeneración Nacional (lo llamó Morena a semejanza de la Morenita del Tepeyac, a quien alude en su himno) porque esparció sus múltiples e inaccesibles promesas, que le atrajeron más simpatías.  

Tampoco importó que esas propuestas fueran desmentidas por sus logros como gobernante del DF, donde frenó la economía, ahuyentó capitales, no creó empleos porque prefirió alentar el ambulantaje, que le da mucha clientela electoral y creó la Universidad de la Ciudad de México, refugio de fósiles y ninis.

Que sus ofertas de bajar impuestos y tarifas de combustibles, luz, agua impidan financiar sus grandes proyectos de 5 refinerías, tren bala en la Riviera Maya y de México a Querétaro y demás promesas de milagrería, es lo de menos; lo importante es ganar…, ya después viriguas.

El PRI no contó con que López Obrador fue creación suya y lo amamantó con una serie de mañas, que asimiló a la perfección, y que al parecer el discípulo resultó más listo que el maestro.

Por eso no le sorprendió a Amlo que la televisión le  hiciera la imagen a Peña Nieto, ni que medios impresos la secundaran e indexaran encuestas que mostraran una distancia inaccesible entre el mexiquense y sus competidores, porque él procedió igual en 2006, hasta que la realidad lo desmintió. 

Lejos de inmutarle que el 11 de mayo el PRI –según el rector de la Ibero- incrustara previamente  una avanzada en el auditorio “Sánchez Villaseñor”, donde se presentó Peña, y que al ver a éste los universitarios lo repudiaran y despidieran con cajas destempladas….

Porque él había aprendido muy bien cómo dar vuelta a las tuercas, y efectivamente se las dio:

A las encuestas que señalaban una distancia inalcanzable de Peña Nieto, respondió una de Reforma, que puso a Andrés a 4 puntos del priísta (y que él, eufórico, tradujo en empate técnico).

Y el movimiento #YoSoy132 ya está en sus manos. ¿Cómo explicar que ya cundió por todas partes y sus demandas (apoyo a la CNTE y a su exigencia de invalidar la evaluación universal de los maestros y las reformas a la  Ley del ISSSTE y juicio político a Peña Nieto y al presidente Calderón, entre otras) sean las de la izquierda?

No en balde se vio a personeros suyos, como Bejarano, Dolores Padierna, Carlos Imaz promoviendo asambleas del #YoSoy132 en distintas partes del país. Dolores hasta fue abucheada en Puebla. 

¿Extrañará así que el miércoles 30 de mayo  representantes de 48 centros de cultura superior advirtieran, en CU: “Si hay imposición, habrá revolución”?

¿No son preámbulos claros de que Amlo va por todas las canicas el 1 de julio, que si no gana arrojará la careta de la república amorosa, gritará ¡fraude! y planteará nuevo conflicto poselectoral?

Porque, de todos modos sigue pensando en el complot en su contra y en  la mafia que se apoderó del país, por aquello de genio y figura….

¿Qué tal si es cierto que Andrés –al final del segundo debate  del 10 de julio– piensa lanzar a Peña un dardo envenenado, sin darle  oportunidad de responderle, como para rematarlo?

Ojalá  López Obrador no haya aprendido de su propio progenitor, el PRI, la forma de darle la puntilla. ¿O qué: todo quedará entre priístas de antes y después?

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