UNA UTOPÍA PARA LA CIUDAD DE MÉXICO. Por J. Antonio Aspiros V.


Mexico City

Mexico City (Photo credit: hugovilchis)

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Paseo de la reforma

Paseo de la reforma (Photo credit: La Lupe)

Edificio el Moro sede de la Lotería Nacional d...

Edificio el Moro sede de la Lotería Nacional de México a la derecha la Torre del Caballito, Paseo de la Reforma en la Ciudad de México. (Photo credit: Wikipedia)

Español: Casa en la avenida Paseo de la Reform...

Español: Casa en la avenida Paseo de la Reforma en la Ciudad de México. (Photo credit: Wikipedia)

Español: Torre Mayor desde el Paseo de la Refo...

Español: Torre Mayor desde el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México. (Photo credit: Wikipedia)

Español: Paseo de la Reforma, Torre Mayor, Tor...

Español: Paseo de la Reforma, Torre Mayor, Torre Libertad en la Ciudad de México. (Photo credit: Wikipedia)

Español: Edificio Reforma 265 ubicado en Paseo...

Español: Edificio Reforma 265 ubicado en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México. (Photo credit: Wikipedia)

Mexico City, Mexico 001

Mexico City, Mexico 001 (Photo credit: Design for Health)

(Proporcionado por Salvador Flores LLamas)

Una utopía para la Ciudad de México

Por J. Antonio Aspiros V.

El Distrito Federal tendrá nuevo jefe de Gobierno desde el 5 de diciembre próximo, si bien nos quedamos esperando que, cuando candidato, Miguel Ángel Mancera tocara a la puerta como lo ofreció, para recoger propuestas sobre la ciudad que queremos o, para decirlo mejor, la que muchos no queremos.

Con una historia de siete siglos de mutaciones debidas tanto a las vicisitudes como a la visión e intereses de cada gobernante, cuesta trabajo definir hoy a la Ciudad de México. Porque ya no parece ser la “muy noble, insigne y leal” que propone su escudo de armas, ni es “la región más transparente del aire” que vieron Alfonso Reyes e Ixca Cienfuegos, el personaje de Carlos Fuentes.

La Gran Tenochtitlán -que preferimos con tilde- fue arrasada sin misericordia por los conquistadores, quienes luego levantaron la que el historiador Luis Reed presenta en uno de sus libros como “la primera ciudad moderna… inspirada en el espíritu del Renacimiento… en modo alguno fortificada ni amurallada” como las del Medioevo europeo.

Con el tiempo perdió su condición lacustre y sus numerosos ríos -que de haberse mantenido le hubieran dado una belleza similar a la de otras urbes del mundo- a causa no sólo de las numerosas inundaciones, sino muchas veces por decisiones políticas y por los negocios que se hicieron con obras en demasía para que, en lugar de mucha agua, hubiera mucha gente y así fortalecer el rentable centralismo de siempre.

Según la Constitución, la Ciudad de México ya no es sólo el Centro Histórico donde conviven la urbe virreinal y lo que se ha podido rescatar de la prehispánica, sino todo el Distrito Federal desde los Indios Verdes hasta las nopaleras de Milpa Alta y desde los cerros y barrancas convertidos en viviendas, hasta los nuevos y costosos desarrollos inmobiliarios en el Paseo de la Reforma y Santa Fe.

La capital del país creció, creció y creció, tanto horizontal como verticalmente, y ya no cabemos con razonable comodidad. Nos amontonamos en calles, transportes y lugares públicos y con ello se ha perdido calidad de vida. Todos los días andamos con estrés pero nos conformamos o no queremos darnos cuenta de ello.

Pronto estará en servicio el segundo piso del periférico pero más han tardado en construirlo, que lo que demorará en volverse otra vialidad insuficiente, porque los automóviles también son más de los que soporta la ciudad de manera ideal.

El próximo gobernante capitalino deberá tomar en cuenta que todo tiene límites y el crecimiento de la Ciudad de México no es excepción. Lo que sigue, es el colapso. Lamentablemente la voracidad de los desarrolladores inmobiliarios y la complicidad de los jefes delegacionales que modifican el uso del suelo, no parecen tener fin. Han desfigurado al DF y no les importa.

Pero si han de seguir los negocios de los constructores, pues que hagan estacionamientos por toda la metrópoli, mejoren las banquetas y puentes peatonales, tapen los baches, pavimenten con materiales de calidad todas las calles y levanten más mercados.

Y que las autoridades lleven las exposiciones, espectáculos y actos culturales a todas las delegaciones, que sean itinerantes y no constreñidas al Paseo de la Reforma y el Zócalo, a donde tantas veces no es posible llegar por los cierres de vialidades a causa de marchas y plantones.

Nos gustaría una ciudad que diera gusto transitarla porque en nuestro destino habrá dónde dejar el automóvil sin estorbar ni que se lo lleve la grúa, o porque el transporte público está al paso y es frecuente, limpio, cómodo y atento. Donde los encargados de las obras públicas taparan los agujeros que hacen y recogieran la basura. Donde no se permitiera a las camionetotas enguaruradas ocupar varios carriles afuera de las escuelas.

En fin, que hubiera un plan regulador para devolverle a la ciudad una personalidad consecuente con su historia, en lugar de resolver los problemas con ocurrencias y seguir privilegiando los compromisos con los insaciables constructores de rascacielos y condominios.

Soñar con esa utopía es nuestra prerrogativa, porque es mucho lo que se puede disfrutar en ésta, que es una de las metrópolis más grandes y versátiles del mundo, sólo que el trayecto entre origen y destino ya es una odisea a todas horas.

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