SERÁ PEOR QUE EN 2006 EL CONFLICTEO POSELECTORAL. Salvador Flores LLamas


A c e n t o

Será peor que en 2006

el conflicto poselectoral

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

Aunque lo será jurídicamente, la victoria de Peña Nieto no requiere ser defendida, porque la avalan 19.2 millones de votos, mientras quien la objeta no ofreció pruebas de sus imputaciones.

El tabasqueño, en lugar de preocuparse por lo que puede beneficiar al país, pone objeción tras objeción a la elección presidencial, sólo porque él no la ganó, y trata de lanzar una ola desestabilizadora del país, a través de 300 grupos de agitadores, y esconde hipócritamente la mano.

Enrique, consciente de la responsabilidad que los mexicanos le encargamos, planea el futuro, quiere adelantar en lo posible las reformas estructurales pendientes, y encomendó a su equipo la defensa del triunfo electoral. 

El IFE abrió urnas y recontó más de la mitad de los votos sin encontrar ninguna trampa de las reclamadas; entonces el inconforme pasó a afirmar que se habían comprado 5 millones de votos, sin ponderar que para ello habría sido preciso gastar más de 3,500 millones de pesos.

Lo que México necesita es que tras la batalla electoral nos esforcemos en trazar planes para mejorar la economía, superar la pobreza, mejorar los ingresos del Estado y su gasto en pro de una mejor convivencia social.

En lugar de sembrar división para impulsar ambiciones personales de quien perdió por segunda vez la Presidencia y no se resigna. Perdió dos veces la gubernatura de Tabasco y también entonces exigió anular elecciones y montó plantones.

“En México, en cuanto alguien toma el poder, todos, enemigos y antiguos amigos, se ponen en su contra”, afirmó hace 100 años Porfirio Días, como pudo decirlo ahora, en lugar de que  “pueblo y políticos se le unan para trabajar por el bien de la Nación”.

Como no aportó las pruebas que ofreció de la compra de votos que dijo, el impugnador ya no exigió anular, sino invalidar la elección, que no es lo mismo, pues  la ley señala tres causales específicas para lo primero, que no se dan, y él pretende que se ocurra lo segundo mediante una resolución no legal, sino política.

¿Por qué, para no dar tantas vueltas, no revela cómo se logró la hazaña de comprar 5 millones de votos, cifra que se le ocurrió, como pudo ocurrírsele otra? Sólo que el destino de México no puede condicionarse a ocurrencias ni patrañas de alguien cuyo leitmotiv es su ilimitado anhelo de poder.

Cree que dividirnos es el mejor ardid para salirse con la suya, y no sólo riega cizaña, como siempre, también causa caos vial con marchas de sus grupos de agitadores: SME, Macheteros de Atenco, CNTE, Panchos Villa y demás.  

Este domingo, en San Salvador Atenco, lanzaron un programa de lucha contra el triunfo de Peña Nieto; reunión en la que llevaron la voz cantante María Trinidad Ramírez, de los Macheteros; Martín Esparza, del SME, Laura  Murcia del #Yosoy132, controlado por Roberto Medina Nava, que escindió el movimiento para poner una parte a la orden del jefe del Movimiento Progresista.

Se les adhirieron los 56,000 rechazados de la UNAM a quienes éste ofreció que serían admitidos en las aulas, porque su tipo de educación no tiende a formar profesionistas para México, sino fósiles manipulables, como sucede en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, que fundó como jefe de gobierno y es un reducto de fósiles, que han costado al erario más de 50 mil millones de pesos.

Así y todo, los muchachos del #Yosoy123 domesticado se quejan de que el SME les imponga sus consignas: pero Martín Esparza siente con derecho por las millonadas que entrega al agitador non.

Realizarán marchas y plantones de presión al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que fallará sobre la elección presidencial, y cuya decisión “es inatacable”, y tienen cuerda para más para agitar más que en 2006.

Volveremos a la época en que las Adelitas (a quienes el mesías tropical no les cumplió lo prometido) bloquearon el Senado para impedir aprobara la reforma energética en 2008, y sin duda emplearán nuevos ardides, para estallar el verdadero conflicto poselectoral, aunque él se comprometió a no hacerlo.

El y los otros aspirantes presidenciales firmaron el pacto de respetar el resultado de la elección; pero no sabe cumplir su palabra, comprobado lo ha con creces.

 

No se equivocan quienes dicen que el tabasqueño está dispuesto a destruir y reventar este país antes de dejar que lo gobierne alguien que no sea él.

Y eso que en su campaña electoral pregonaba sembrar amor, porque quería un país en el que imperaría la unidad y la armonía. A ver para 2018 con que engañifa se presenta, porque ésta “ya se gastó”, dirían los yucatecos.

En definitiva, el triunfo de Enrique Peña Nieto es indiscutible, porque fue contundente el voto de 19.2 millones de mexicanos y lo avalaron los 50.3 millones de votantes, según los dictados de la democracia.

México no puede estar a merced de aventureros que sólo buscan su propia conveniencia.

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