Cuarenta años de “Jesucristo el Liberador”. Leonardo Boff


Fotografía de Gustavo Gutiérrez Merino, teólog...

Fotografía de Gustavo Gutiérrez Merino, teólogo peruano de reconocimiento mundial (Photo credit: Wikipedia)

[Aelantamos un poco la puesta en línea de este artículo de Leonardo

por el hecho de que el Congreso al que se refiere está siendo celebrado en stos momentos,
y en las próximas horas concluye.
Em português, em baixo].

Cuarenta años de «Jesucristo el Liberador»

2012-10-11

En el Instituto Humanitas de la Unisinos de los Jesuitas en  São Leopoldo (Brasil) se está celebrando del 7 al 11 de octubre el 40º aniversario del nacimiento de la Teología de la Liberación. Están  presentes los principales representantes de América Latina,  especialmente, su primer formulador, el peruano Gustavo Gutiérrez.  Curiosamente en ese mismo año de 1971, sin que ninguno supiese de los  otros, Gutiérrez en Perú, Hugo Assman en Bolivia, Juan Luis Segundo en  Uruguay y yo mismo en Brasil publicábamos nuestros escritos, que son  considerados los fundadores de este tipo de teología. ¿No sería la  irrupción Espíritu que soplaba en nuestro Continente marcado por tantas  opresiones?

Para burlar los órganos de control y represión de los militares, yo  publicaba todos los meses de 1971 un artículo en una revista para  religiosas Sponsa Christi (Esposa de Cristo) con el título: Jesucristo el Liberador. En marzo de 1972 reuní los artículos y me arriesgué a publicarlos en  forma de libro. Tuve que esconderme durante  dos semanas porque  la  policía política me buscaba. Las palabras «liberación» y «liberador» habían sido prohibidas y no podían ser usadas públicamente. Al abogado  de la Editora Vozes le costó mucho convencer a los agentes de vigilancia de que se trataba de un libro de teología, con muchas notas de pie de  página de literatura alemana y que no era una amenaza para el Estado de   Seguridad Nacional.

¿Cuál es la singularidad del libro (hoy en su 21 edición)? Presentaba,  fundada en una exégesis rigurosa de los evangelios, una figura de Jesús  como liberador de las distintas opresiones humanas. Contra dos de ellas  tuvo que enfrentarse directamente: la religiosa en forma de  fariseísmo en la estricta observancia de las leyes religiosas. La otra,  política, la ocupación romana que implicaba reconocer al imperador como «dios» y asistir a la penetración de la cultura helenística pagana en  Israel.

A la opresión religiosa, Jesús contrapone una «ley» mayor, la del amor  incondicional a Dios y al prójimo. Éste es para él  toda persona de la  cual me aproximo, especialmente los pobres e invisibles, aquellos que no cuentan socialmente.

A la política se opone, en vez de someterse al imperio de los Césares,  anunciando el Reino de Dios, un delito de lesa majestad. Este Reino  comportaba una revolución absoluta del cosmos, de la sociedad, de cada  persona y una redefinición del sentido de la vida a la luz de Dios,  llamado Abba, es decir, padre amoroso y lleno de misericordia,  que hacía que todos se sintiesen sus hijos e hijas y hermanos y hermanas unos de otros.

Jesús actuaba con la autoridad y la convicción de alguien enviado por el Padre para liberar a la creación herida por las injusticias. Mostraba  un poder que aplacaba tempestades, curaba enfermos, resucitaba muertos y llenaba de esperanza a todo el pueblo. Algo realmente revolucionario  iba a suceder: la irrupción del Reino que es de Dios y también de los  humanos por su compromiso.

En estos dos frentes creó un conflicto que lo llevó a la cruz. No murió  en la cama rodeado de discípulos, sino ejecutado en la cruz como  consecuencia de su mensaje y de su práctica. Todo indicaba que su utopía había sido frustrada. Pero he aquí que sucedió algo inaudito: la hierba no creció sobre su sepultura. Unas mujeres anunciaron a los apóstoles  que había resucitado. La resurrección no hay que identificada con la  reanimación de un cadáver, como el de Lázaro, sino como la irrupción del ser nuevo, no sujeto ya al espacio-tiempo y a la entropía natural de la vida. Por eso atravesaba paredes, aparecía y desaparecía. Su utopía del Reino como transfiguración de todas las cosas, al no poder realizarse  globalmente, se concretó en su persona mediante la resurrección. Es el  Reino de Dios concretado en Él.

La resurrección es el hecho mayor del cristianismo sin el cual no se  sostiene. Sin ese acontecimiento bienaventurado, Jesús sería como tantos profetas sacrificados por los sistemas de opresión. La resurrección  significa la gran liberación y también una insurrección contra este tipo de mundo. Quien resucita no es un Cesar o un Sumo Sacerdote, sino un  crucificado. La resurrección da razón a los crucificados de la historia  de la justicia y del amor. Ella nos asegura que el verdugo no triunfa  sobre la víctima. Significa la realización de las potencialidades  escondidas en cada uno de nosotros: la irrupción del hombre nuevo.

¿Cómo entender a esa persona? Los discípulos le atribuyeron todos los  títulos, Hijo del Hombre, Profeta, Mesías y otros. Al final concluyeron: humano así como Jesús sólo puede ser Dios mismo. Y empezaron a llamarle Hijo de Dios.

Anunciar un Jesucristo liberador en el contexto de opresión que existía y aún persiste en Brasil y en América Latina era y es peligroso. No sólo  para la sociedad dominante sino también para ese tipo de Iglesia que  discrimina a mujeres y laicos. Por eso su sueño siempre será retomado  por aquellas personas que se niegan a aceptar el mundo así como existe.  Tal vez sea este el sentido de un libro escrito hace 40 años.


Quarenta anos de “Jesus Cristo Libertador”

Entre os dias 7-10 de outubro está acontecendo em São Leopoldo junto ao Instituto Humanitas da Unisinos dos Jesuitas, a celebração dos 40 anos do surgimento da Teologia da Libertação. Lá estão osprincipais representantes da América Latina, especialmente, seu primeiro formulador, o peruano Gustavo Gutiérrez. Curiosamente no mesmo ano, 1971, sem que um soubesse do outro, tanto Gutiérrez (Peru), quanto Hugo Assman (Bolivia), Juan Luiz Segundo (Uruguai) e eu (Brasil) lançávamos nossos escritos, tidoscomo fundadores deste tipo de teologia. Não seria a irrupção Espírito que soprava em nosso Continente marcado por tantas opressões?

Eu, para burlar os órgãos de controle e repressão dos militares, publicava todo mês no ano 1971 um artigo numa revista para religiosas Sponsa Christi (Esposa de Cristo) com o título: Jesus Cristo Libertador. Em março de 1972 reuni os artigos e arrisquei sua publicação em forma de livro. Tive que esconder-me por duas semanas, pois a polícia política me procurava.  As palavras“libertação” e “libertador”haviam sido banidas e não podiam ser usada publicamente. Custou muito ao advogado da Editora Vozes, que fora pracinha na Itália, para convencer os agentes da vigilância de que se tratava um livro de teologia, com muitos rodapés de literatura alemã e que não ameaçava o Estado de Segurança Nacional.

Qual a singularidade do livro (hoje na 21.edição)? Ele apresentava, fundada numaexegese rigorosa dos evangelhos, uma figura do Jesus como libertador das várias opressões humanas. Com duas delas ele se confrontou diretamente: a religiosasob a forma do farisaísmo da estrita observância das leis religiosas. A outra, política, a ocupação romana que implicava reconhecer o imperador como “deus”e  assistir a penetração da cultura helenísticapagã em Israel.

À opressão religiosa Jesus contrapôs uma “lei” maior, a do amor incondicional a Deus e ao próximo. Este para ele é toda pessoa da qual eu me aproximo, especialmente os pobres e invisíveis, aqueles que socialmente não contam.

À política, ao invés de submeter-se ao Império dos Césares, ele anunciou o Reino de Deus, um delito de lesa-majestade. Este Reino comportava uma revolução absoluta do cosmos, da sociedade, de cada pessoa e uma redefinição do sentido da vida à luz do Deus, chamado de Abba, quer dizer,  paizinho bondoso e cheio de misericórdia fazendo que todos se sentissem seus filhos e filhas e irmãos e irmãs uns dos outros.

Jesus agia com a autoridade e a convicção de alguém enviado do Pai para libertar a criação ferida pelas injustiças. Mostrava um poder que aplacava tempestades, curavadoentes, ressuscitava mortos e enchia de esperança todo o povo. Algo realmente revolucionário iria acontecer: a irrupção do Reino que é de Deus mas também dos humanos por seu engajamento.

Nas duas frente criou um conflito que o levou à cruz. Portanto, não morreu na cama cercado de discípulos.  Mas executado na cruz em consequência de sua mensagem e de sua prática. Tudo indicava que sua utopiafora frustrada. Mas eis que aconteceu um evento inaudito: a grama não cresceu sobre sua sepultura. Mulheres anunciaram aos apóstolos que Ele havia ressuscitado. A ressurreição não deve ser identificada com a reanimação de seu cadáver, como o de Lázaro. Mas como a irrupção do ser novo, não mais sujeito ao espaço-tempo e à entropia natural da vida. Por isso atravessava paredes, aparecia e desaparecia. Sua utopia do Reino, como transfiguração de todas as coisas, não podendo de realizar globalmente, se concretizou em sua pessoa mediante a ressurreição. É o Reino de Deus concretizado nele.

A ressurreição é o dado maior o cristianismo sem o qual ele não se sustenta. Sem esse evento bem-aventurado, Jesus seria como tantos profetas sacrificados pelos sistemas de opressão. Aressurreição significa a grande libertação e também uma insurreição contra este tipo de mundo. Quem ressuscita não é um Cesar ou um Sumo-Sacerdote, mas um crucificado. A ressurreição dá razão aos crucificados da história da justiça e do amor. Ela nos assegura que o algoz não triunfa sobre a vítima. Significa a realização as potencialidades escondidas em cada um de nós: a irrupção do homem novo.

Como entender essa pessoa? Os discípulos lhe atribuíram todos os títulos, Filho do Homem, Profeta, Messias e outros. Por fim concluíram: humano assim como Jesus só pode ser Deus mesmo. E começaram a chama-lo de Filho de Deus.

Anunciar um Jesus Cristo libertador no contexto de opressão que existia  ainda persiste no Brasil e na América Latina era e é perigoso. Não só para a sociedade dominante mas também para aquele tipo de Igreja que discrimina mulheres e leigos. Por isso seu sonho sempre será retomado por aqueles que se recusam aceitar o mundo assim como existe. Talvez seja este o sentido de um livro escrito há 40 anos.

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