ANÁLISIS A FONDO, 4-XI-012, J. Francisco Gómez Maza


Análisis a Fondo

Análisis a Fondo


Día de Muertos en Tuxtla…Posted: 03 Nov 2012 04:17 PM PDT

Muertos con historiaPosted: 03 Nov 2012 03:30 PM PDT

Momias del CarmenPosted: 03 Nov 2012 03:25 PM PDT

Ofrenda del Día de los Difuntos en la Casa-Fortaleza del “Indio” FernándezPosted: 03 Nov 2012 03:16 PM PDT

El 132 no es una franquiciaPosted: 03 Nov 2012 02:58 PM PDT

Joel Ortega Juárez
Este movimiento forma parte de la gran oleada libertaria que comenzó con la primavera árabe, continuó con los indignados de la Plaza del Sol y se extendió por toda Europa llegando a Wall Street y todo Estados Unidos, sin olvidar al movimiento estudiantil chileno.
La primer gran aportación y lección del 132 ha sido desmentir a quienes consideraban a los jóvenes y en específico a los estudiantes mexicanos, como apáticos y apolíticos.
Su irrupción en el escenario político mexicano sacudió la modorra de la campaña electoral y probablemente le arrebató unos 17 puntos al PRI y a Peña Nieto, mismos que fueron hacia AMLO.
Este hecho fue interpretado de manera equivocada. Los priistas y sus aliados confirmaron que el 132 era una invención del Peje. Los partidarios del Peje intentaron convertirlo en un instrumento a su servicio y usarlo para realizar las movilizaciones que no se atrevieron a realizar ellos mismos. La diversidad de enseñanzas y aportaciones del 132 son muchas, complejas y diversas.
Como todo movimiento es muy rico y contradictorio por su composición social, cultural, política e ideológica.
Todas las expresiones políticas intentaron enfrentarlo o usarlo.
El PRI, el gobierno de Calderón y los poderes mediáticos y fácticos, lo descalificaron y también algunos veteranos conservadores de movimientos anteriores.
Desde el PRD y anexas, también desde Morena y en todo el abigarrado mundo de las izquierdas marginales intentaron influirlo usando todo tipo de recursos y mañas. Las maniobras provenientes del PRD, Morena y sus aparatos de Estado siguen teniendo enorme presencia, a través de sus diputados, senadores, el gobierno del DF y los poderosos medios periodísticos, de radio y otros aparatos culturales que le son afines.
Son capaces de construir líderes de la noche a la mañana.
Lo mismo hacen los poderosísimos televisa y compañía, como la
burda cooptación mediante el patético programa Sin filtro, de algunos ex integrantes del 132.
La frescura y espontaneidad del 132, sus orígenes en la Universidad Iberoamericana, alimentaron las más descabelladas acusaciones contra el movimiento. También despertaron la puesta en escena de trampas como la creación de asambleas populares con el fin de imponer políticas, como ocurrió en la Convención Nacional de Atenco.
El 132 alertó a la sociedad contra la restauración autoritaria, ese es su gran aporte.
Como todo movimiento no es eterno, tiene ciclos. Tampoco es una franquicia en venta.

Molinos de viento: PARA ACABAR PRONTO Posted: 03 Nov 2012 12:34 PM PDT

Roberto Rodríguez Baños
(AMI) El esperpento que llaman reforma laboral será activado para dotar impunidad a los delincuentes que saquean hace ya 30 años cada vez más recursos que debieran dedicarse al desarrollo, y que en ese camino los ricos lo sean cada vez más y los pobres transiten el mismo camino, pero en sentido contrario, reducidos a bagazo en el mercado de mano de obra esclava.
Así lo dictan el FMI y el Banco Mundial, la OEA y la Unión Europea, aun cuando también hay realidades como las de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América Alba, el grupo de los países BRIC, los 33 de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac, la Unión de Naciones Sudamericanas, Unasur. En la banqueta de enfrente, para servir a los intereses gringos, la denominada Alianza del Pacífico constituida por los gobiernos de Chile, Colombia, México y Perú. En esa órbita también, con la salvedad de Nicaragua, a sometida comunidad centroamericana. Ese es el contexto y los hechos, los siguientes:
En tanto la deuda europea anda entre 78 y 80% de su PIB, su capacidad de producción propia de recursos; y en EU ha llegado a superar el 100%, la de Venezuela es 26%  y como lo expresó el diputado Andrés Eloy Méndez, de la Comisión Permanente de Finanzas, “no le debe ni un bolívar al FMI ni al Banco Mundial [aunque con los gobiernos de la IV República superó el 58% del PIB] era el doble e implicaba el aumento de la gasolina, la suspensión de aumentos de salario, desinversión en la educación pública y gratuita.  Esa deuda al 58% del PIB que ellos nos dejaron tenía una tasa variable impuesta por el FMI y […] se hacía eterna e impagable. Además, la deuda era el 90% en divisas” […]  hoy es cada vez más pequeña con un crecimiento constante del PIB, porque el gobierno revolucionario ha administrado esa deuda de manera responsable y además la ha marcado de igualdad social”.
Según Alejandro Gómez Tamez en Realidad sobre la deuda externa pública mexicanaque fechada el viernes, 11 de mayo de 2012 se puede consultar en http://www.elfinanciero.com.mx/index.php/index.php?option=com_k2&view=item&id=19272&Itemid=44 , en febrero de 2012 la deuda externa fue de 119,654 mdd, lo que implica que en el sexenio de Felipe Calderón aumentó en un explosivo 118.5%, equivalente a 64,888 mdd más de endeudamiento […] durante la actual administración la deuda interna también ha crecido de forma importante, hasta llegar a los 4 billones 32,651.3 millones de pesos al concluir el primer trimestre de este año, de acuerdo con cifras proporcionadas por la secretaría de Hacienda, SHyCP.  México está  [ ]  más endeudado que nunca antes en su historia [ ] en febrero de 2012 México tenía 149,158 mdd en reservas internacionales, por lo que el saldo de la deuda externa continúa representando el 80% de las reservas que, hace notar Gómez Tamez, no pueden ser usadas para pagar la deuda externa, pues son del Banco de México y la deuda fue contratada por Hacienda. Si se quisiera pagar deuda externa entonces la SHyCP  tendría que comprar los dólares al Banxico, y de esa manera pagar los créditos externos, pero para que esto pase primero el gobierno federal debería tener un superávit fiscal.
México tiene el nivel de deuda externa pública más alto de su historia y que el actual gobierno ha más que duplicado el saldo de esta deuda con respecto al monto en el que la recibió […] un factor de riesgo importante es lo que sucederá con el servicio de la deuda una vez que las tasas de interés comiencen a subir a nivel mundial. No se necesita ser un genio para saber que por cada punto porcentual en que aumente la tasa de interés a la que está contratada la deuda, se tendrían que pagar unos 1,200 mdd adicionales solo de intereses.
Finaliza el economista Gómez Tamez: lo más recomendable para el próximo gobierno federal es que se repita lo que hizo Vicente Fox, que fue canjear deuda externa por deuda interna para que la economía nacional fuera menos vulnerable a los fenómenos de la economía de otras naciones; y es que hay que entender que es preferible estar endeudados en la moneda que nuestro país emite: pesos. Lo cual nos remite al señalamiento del diputado venezolano. Pero a los campeones de la manada esperpéntica no los interesa el sentido común, ni la dignidad ni, para acabar pronto, la decencia elemental. rrb@red-ami.com

Forum en Línea 253: Conversación con Hobsbawm sobre Marx. China-EU: Frágil matrimonio de convenienciaPosted: 03 Nov 2012 12:26 PM PDT

Forum en Línea 253
                              Del 1 al 15 de noviembre de 2012
Libro: Escenarios de la seguridad hemisférica. Entre los viejos esquemas y las nuevas amenazas. José Francisco Gallardo Rodríguez.
Conversación con Hobsbawm sobre Marx
Esta conversación “sobre Marx, las revueltas estudiantiles, la nueva izquierda y los Miliband”, publicada por el dominical londinense The Observer en enero del año pasado con motivo de la publicación de How to Change the World (Cómo cambiar el mundo: Marx y el marxismo, 1840-2011, Barcelona, Crítica, 2011), reunió al gran historiador británico recientemente fallecido a los 95 años con Tristram Hunt, joven diputado laborista y profesor de historia. Ésta es la última gran entrevista con valor científico y político –no puramente periodístico– realizada a Hobsbawm, y se traduce y reproduce en Sin Permiso para honrar su memoria.
Tristram Hunt* / The Observer / Traducción: Lucas Antón
En el frondoso norte de Londres, se enorgullece de su papel como lugar de paseo en la historia del marxismo. Por aquí era, en domingo, por donde paseaba Karl Marx con su familia subiendo Parliament Hill, recitando a Shakespeare y a Schiller durante la caminata, para pasar una tarde de comida campestre y poesía. Durante la semana se juntaba con su amigo Friedrich Engels, que vivía en las inmediaciones, para dar una vuelta rápida por el parque, donde los “viejos londinenses”, como se les conocía, reflexionaban sobre la Comuna de París, la Segunda Internacional y la naturaleza del capitalismo.
Hoy, en una calle lateral que sale del parque, la ambición marxista sigue viva en casa de Eric Hobsbawm. Nacido en 1917 en Alejandría (Egipto) bajo mandato británico, más de 120 años después de la muerte de Marx y Engels, no llegó a conocer a ninguno de ellos personalmente, claro está. Pero hablar con Eric en su espacioso salón, lleno de fotos familiares, distinciones académicas y una vida entera de objetos culturales, hay una sensación casi tangible de conexión con estos hombres y su recuerdo.
La última vez que entrevisté a Eric, en 2002, había aparecido entre grandes elogios su brillante autobiografía Interesting Times (Años interesantes, Crítica, Barcelona, 2003), crónica de su juventud en la Alemania de Weimar, de una vida entera de amor por el jazz y de su transformación del estudio de la historia de Gran Bretaña. Fue también en medio de otro de los cíclicos ataques de los medios, tras la publicación del libro antiestalinista de Martin Amis, Koba the Dread, (Koba el temible, Anagrama, Barcelona, 2004), sobre la afiliación de Eric al Partido Comunista. El “profesor marxista” que suscitaba la ira del Daily Mail (diario sensacionalista británico) no buscaba, como él dijo, “acuerdo, aprobación o simpatía”, sino, más bien, comprensión histórica de una vida del siglo XX moldeada por la lucha contra el fascismo.
Desde entonces, las cosas han cambiado. La crisis global del capitalismo, que ha hecho estragos en la economía mundial desde 2007, ha transformado los términos del debate.
De pronto, la crítica de Marx de la inestabilidad del capitalismo disfruta de un resurgimiento. “Ha vuelto”, chillaba el Times en el otoño de 2008, mientras se desfondaban los mercados de valores, se nacionalizaban sumariamente los bancos y el presidente Sarkozy aparecía fotografiado hojeando Das Kapital (cuyo aumento de ventas lo ha propulsado a las listas de éxitos alemanas). Hasta el papa Benedicto XVI se vio movido a alabar la “gran capacidad analítica”. Marx, el gran ogro del siglo XX, había sido resucitado en campus, reuniones de sucursal y secciones editoriales.
De manera que no había mejor momento para que Eric reuniera sus ensayos más celebrados sobre Marx en un solo volumen, junto a nuevo material sobre el marxismo a la luz del crac. Para Hobsbawm, sigue siendo apremiante el continuo deber de comprometerse con Marx y sus múltiples herencias (que incluyen, en este libro, algunos buenos capítulos nuevos sobre el significado de Gramsci).
Pero el mismo Eric ha cambiado. Tuvo una mala caída en Navidad y ya no puede escapar de las limitaciones físicas de sus 93 años. Sin embargo, su humor y hospitalidad, lo mismo de él que de su mujer, Marlene, así como el intelecto, su incisivo sentido político y la amplitud de su visión, permanecen maravillosamente nítidos. Con un manoseado ejemplar del Financial Times sobre la mesa del café, Eric se mueve sin problemas de los resultados de los sondeos sobre el presidente saliente de Brasil, Lula, a las dificultades ideológicas a las que se enfrentaba el Partido Comunista en Bengala Occidental o las convulsiones de Indonesia tras el crac global de 1857. La sensibilidad global y la falta de provincianismo, puntos siempre fuertes de su obra, siguen configurando su política e historia.
Y después de una hora de hablar de Marx, el materialismo y la continuada lucha por la dignidad humana ante los turbiones del libre mercado, se deja el adosado de Hobsbawm en Hampstead –cerca de los senderos por los que solían pasear Karl y Friedrich– con la sensación de haber pasado una candente tutoría con una de las grandes cabezas del siglo XX. Y alguien decidido a mantener una mirada crítica sobre el XXI.
¿Hay un sentido reivindicativo en el corazón de tu libro de que aunque las soluciones antaño ofrecidas por Karl Marx pudieran no ser ya pertinentes, hizo las preguntas justas sobre la naturaleza del capitalismo, y de que el capitalismo que ha surgido en los últimos 20 años es bastante parecido a lo que Marx estaba pensando en la década de 1840?
–Sí, desde luego que lo hay. El redescubrimiento de Marx en este periodo de crisis capitalista se debe a que predijo bastante más del mundo moderno que ninguna otra persona en 1848. Eso es, me parece, lo que ha llamado la atención de una serie de observadores nuevos de su obra, y paradójicamente, primero entre gente de negocios y comentaristas económicos antes que entre la izquierda. Me acuerdo de que me di cuenta, justo en el momento que se celebraba el 150 aniversario de la publicación del Manifiesto Comunista, de que no se hacían muchos planes para conmemorarlo en la izquierda. Algo más tarde, almorzando con (el financiero) George Soros, me preguntó él: “¿Qué piensa usted de Marx?” Aunque no hay mucho en lo que estemos de acuerdo, me dijo: “Decididamente, algo tiene este hombre”.
¿Tienes la impresión de que lo que a gente como Soros le gustaba en parte de Marx era el modo en que describe de modo tan brillante la energía, iconoclastia y potencial del capitalismo? ¿Es ésa la parte que atraía a los ejecutivos que vuelan en United Airlines?
–Creo que es la globalización, del hecho de que predijo la globalización, lo que pudiéramos llamar una globalización universal, incluida la globalización de los gustos y todo lo demás, lo que les impresionó. Pero pienso que los más inteligentes vieron también una teoría que permitía una especie de desarrollo abrupto de la crisis. Porque la teoría oficial de ese periodo (finales de los 90) desechaba en la teoría la posibilidad de una crisis.
¿Y éste era el lenguaje del “poner fin a la expansión y recesión” y de rebasar el ciclo económico?
–Exacto. Lo que sucedió a partir de los años 70, primero en las universidades, en Chicago y en otros lugares y, finalmente, desde 1980 con Thatcher y Reagan fue, supongo yo, una deformación patológica del principio de libre mercado del capitalismo: la economía de mercado puro y el rechazo del Estado y la acción pública, que no creo que se practicara en ninguna economía del siglo XIX, ni siquiera en EU. Y entraba en conflicto, entre otras cosas, con la manera en que el capitalismo había funcionado en su época de mayor éxito, entre 1945 y principios de los 70.
¿Por “éxito”, quieres decir en términos de la elevación de los niveles de vida en los años de posguerra?
–Éxito en el sentido de que había beneficios y garantizaba algo así como una población relativamente satisfecha socialmente y políticamente estable. No era lo ideal, pero era, diremos, un capitalismo de rostro humano.
¿Y tú crees que al renovado interés por Marx contribuyó el final de los estados marxistas leninistas? ¿Desapareció la sombra leninista y pudimos volver a la naturaleza original de los escritos marxianos?
–Con la caída de la Unión Soviética, los capitalistas dejaron de tener miedo y, en esa medida, tanto ellos como nosotros pudimos contemplar el problema de un modo mucho más equilibrado, mucho menos distorsionado por la pasión que antes. Pero fue más la inestabilidad de esta economía neoliberal globalizada, que yo creo que empezó a hacerse tan perceptible a finales de siglo. Ves, en cierto sentido, la economía globalizada estaba de hecho dirigida por lo que uno podría llamar el noroccidente global (Europa Occidental y América del Norte), que impulsó este fundamentalismo de mercado ultraextremista. Inicialmente, parecía que funcionaba bastante bien –al menos en el viejo noroccidente– aunque desde el principio, se pudo ver que causaba terremotos en la periferia de la economía global, grandes terremotos. En América Latina se produjo una enorme crisis financiera a principios de los años 80. A principios de los 90, hubo una catástrofe económica en Rusia. Y luego, hacia el final de siglo, tuvimos este colapso que se extendió de Rusia a Corea (del Sur), Indonesia y Argentina. Esto hizo que la gente empezara a pensar, tengo la impresión, que existía una inestabilidad básica en el sistema que anteriormente habían desechado.
Ha habido ciertas sugerencias afirmando que la crisis de la que hemos sido testigos desde 2008 en términos de Estados Unidos, Europa y Gran Bretaña no es tanto una crisis del capitalismo per se como del moderno capitalismo financiero occidental. Mientras tanto, Brasil, Rusia, India y China–BRIC– hacen crecer sus economías de acuerdo con modelos cada vez más capitalistas al mismo tiempo. ¿O es que nos toca sencillamente el turno de sufrir las crisis por las que ellos pasaron hace 10 años?
–El auténtico ascenso de los países BRIC es algo que ha sucedido en los últimos 10 años, 15 años como mucho. Así que en esa medida puede decirse que se trataba de una crisis del capitalismo. Por otro lado, creo que existe el riesgo de asumir, como hacen los neoliberales y partidarios del libre mercado, que sólo existe un tipo de capitalismo. El capitalismo es, si quieres, como una familia, con una serie de posibilidades, desde el capitalismo bajo la dirección del Estado de Francia al libre mercado de Estados Unidos. Por lo tanto, es un error creer que el ascenso del BRIC es simplemente lo mismo que la generalización del capitalismo occidental. No lo es: la única vez que intentaron importar el fundamentalismo de mercado en bloque fue en Rusia y allí ocasionó un fracaso absolutamente trágico.
Has suscitado la cuestión de las consecuencias políticas del crac. En tu libro, desechas la insistencia en examinar los textos clásicos de Marx como algo que provee de un programa político consistente para hoy, pero ¿a dónde crees que va ahora el marxismo como programa político?
–No creo que Marx tuviera alguna vez, como si dijéramos, un proyecto político. Políticamente hablando, el programa específico marxiano era que la clase trabajadora debía formarse como cuerpo con consciencia de clase y obrar políticamente a fin de lograr poder. Más allá de eso, Marx lo dejó todo deliberadamente vago, debido a su antipatía por las cosas utópicas. Paradójicamente, diría incluso que los nuevos partidos quedaron bastante dejados a la improvisación, para que hiciesen lo que pudieran sin instrucciones efectivas. Lo que Marx había escrito en torno a ello se limitaba a poco más que ideas al estilo de la Cláusula 4 (que en los estatutos de 1918 del Partido Laborista británico se refería a la socialización de los medios de producción) sobre propiedad pública, nada que se acercara en realidad lo bastante como para proporcionar una guía para partidos o ministros. Mi opinión es que el modelo principal que tenían en la cabeza los socialistas y comunistas del siglo XX era el de las economías bajo dirección del Estado de la Primera Guerra Mundial, que no era particularmente socialista, pero suministraba cierta clase de guía sobre cómo podía funcionar el socialismo.
¿No te sorprende la incapacidad de la izquierda marxiana o socialdemócrata para explotar políticamente la crisis de los últimos años? Aquí andamos sentados, unos veinte años después de la desaparición de uno de los partidos que tú más admiraste, el Partido Comunista Italiano. ¿Te deprime el estado de la izquierda en este momento en Europa y más allá de ella?
–Sí, por supuesto. De hecho, una de las cosas que trato de mostrar en el libro es que la crisis del marxismo no sólo es la crisis de su brazo revolucionario sino también de su rama revolucionaria. La nueva situación en la nueva economía globalizada no sólo acabó por liquidar el marxismo leninismo sino también el reformismo socialdemócrata, que consistía esencialmente en la clase trabajadora que ejercía presión sobre los estados nación. Pero con la globalización, ha disminuido de modo efectivo la capacidad de los estados de responder a esta presión. Y así, la izquierda se retiró sugiriendo: “Vamos a ver, a los capitalistas les va bien, todo lo que necesitamos es que sigan teniendo los mismos beneficios y nos aseguremos de mantener nuestra parte”.
Esto funcionaba cuando la porción correspondiente a esa parte adoptaba la forma de creación de estados del bienestar, pero desde los años 70 en adelante, dejó de funcionar y lo que hubo que hacer fue, en efecto, lo que hicieron Blair and Brown: que ganen todo el dinero que puedan y esperemos que sea bastante lo que gotee para mejorar la situación de los nuestros.
¿De modo que existía un pacto fáustico durante los buenos tiempos: si los beneficios gozaban de buena salud y podían asegurarse las inversiones en educación y salud, no hacíamos demasiadas preguntas?
–Sí, mientras se mantuviera el nivel de vida.
Y ahora, con la caída de los beneficios, ¿nos esforzamos por encontrar respuestas?
–Ahora que vamos por otra senda en los países occidentales, en los que el crecimiento es relativamente estático, declinante incluso, la cuestión de las reformas vuelve entonces a hacerse mucho más urgente.
¿Ves como parte del problema, en términos de la izquierda, el final de una clase trabajadora de masas consciente e identificable, que resultaba tradicionalmente esencial para la política socialdemócrata?
–Históricamente, es cierto. Los gobiernos y las reformas democráticas cristalizaron en torno a los partidos de clase obrera. Estos partidos nunca fueron, o sólo muy rara vez, enteramente de clase obrera. Eran siempre, en cierta medida, alianzas: alianzas con ciertos tipos de intelectuales liberales y de izquierda, con minorías, minorías religiosas y culturales, posiblemente en muchos países con diferentes clases de pobres trabajadores, con empleo.
Con la excepción de Estados Unidos, la clase obrera siguió siendo un bloque masivo, reconocible durante largo tiempo, desde luego, hasta bien entrados los 70. Creo que la rapidez de la desindustrialización de este país (Gran Bretaña) ha hecho trizas no sólo el volumen sino también, si quieres, la consciencia de la clase obrera. Y no hay hoy un país en el que la clase obrera industrial pura sea lo suficientemente fuerte.
Lo que es posible es que la clase obrera forme, como si dijéramos, el esqueleto de movimientos más amplios de cambio social. Buen ejemplo de esto, en la izquierda, es Brasil, que representa un caso clásico de partido del trabajo de finales del siglo XIX basado en una alianza de sindicatos, trabajadores, pobres en general, intelectuales, ideólogos y una tipología variable de izquierdistas, lo que ha tenido como resultado una notable coalición de gobierno. Y no se puede decir que no haya tenido éxito después de ocho años de gobierno con un presidente con un índice de 80% de aprobación. Ideológicamente, hoy en día me siento absolutamente como en casa en América Latina, porque sigue siendo una parte del mundo en que la gente todavía habla y hace su política en el viejo idioma, con el lenguaje del siglo XIX y XX del socialismo, el comunismo y el marxismo.
En términos de partidos marxistas, algo que resalta muy intensamente en tu obra es el papel de los intelectuales. Hoy en día, vemos una gran animación en campus como el tuyo en Birkbeck (College), con reuniones y actos políticos. Y si echamos un vistazo a las obras de Naomi Klein o David Harvey o a las actuaciones de Slavoj Zizek, hay verdadero entusiasmo. ¿Te sientes animado por estos intelectuales públicos del marxismo de hoy en día?
–No estoy seguro de que haya habido un giro de gran envergadura, pero no cabe duda: con los recortes del actual gobierno se producirá una radicalización de los estudiantes. En el lado negativo… si se observa la última vez que se produjo una radicalización masiva de los estudiantes, en el 68, no supuso tanto. Sin embargo, tal como pensaba y pienso todavía, es mejor tener a jóvenes, hombres y mujeres, que crean estar a la izquierda que hombres y mujeres jóvenes que crean que lo único que hay que hacer es conseguir un empleo en la Bolsa.
¿Y crees que gente como Harvey y Zizek desempeñan alguna clase de papel útil en eso?
–Supongo que es correcto describir a Zizek como alguien que lleva a cabo actuaciones. Tiene este elemento de provocación que resulta tan característico y contribuye a interesar a la gente, pero no estoy seguro de que la gente que lee Zizek se sienta verdaderamente más cerca de implicarse en repensar los problemas de la izquierda.
Pasemos de Occidente a Oriente. Una de las cuestiones urgentes que se plantea en tu libro es si el Partido Comunista de China puede evolucionar y responder a su nueva posición en la escena global.
–Esto representa un gran misterio. El comunismo ha desaparecido, pero permanece un importante elemento del comunismo, desde luego en Asia, el Partido Comunista del Estado, que dirige la sociedad. ¿Cómo funciona esto? En China, creo, existe un grado de consciencia más elevado de la potencial inestabilidad de la situación. Probablemente se da una tendencia a proporcionar mayor margen de maniobra a una clase media intelectual y a sectores instruidos de la población en rápido crecimiento, lo que, al fin y al cabo, podrá estimarse en decenas, posiblemente centenares de millones. También es verdad que el Partido Comunista de China parece estar reclutando a una dirección en buena medida tecnocrática.
Ahora bien, qué podemos sacar de todo esto junto, no lo sé. La única cosa que creo posible con esta rápida industrialización es el crecimiento de movimientos sindicales, y no está claro en qué medida el PCCh puede tener espacio para organizaciones de trabajadores o si las considerará inadmisibles, del mismo modo que juzgaron (inadmisibles) las manifestaciones de la Plaza de Tiananmen.
Hablemos de la política británica para conocer tus impresiones de la coalición (liberal-conservadora). Me parece que tiene un aire a los años 30, en términos de ortodoxia fiscal, recortes de gasto, desigualdades de renta, y con David Cameron como una figura casi a lo Stanley Baldwin. ¿Qué lectura haces de ello?
–Detrás de los diversos recortes sugeridos, con la justificación de librarse del déficit, parece existir claramente una exigencia sistemática, ideológica para deconstruir, semiprivatizar las antiguas disposiciones, ya se trate del sistema de pensiones, del sistema de bienestar, del sistema escolar o incluso del sistema sanitario. Estas cosas no estaban previstas en realidad en el programa electoral ni conservador ni liberal, y sin embargo, viéndolo desde fuera, se trata de un gobierno mucho más radicalmente a la derecha de lo que parecía a primera vista.
¿Y cuál crees que debería ser la respuesta del Partido Laborista?
–El Partido Laborista no ha sido en su conjunto una oposición muy efectiva desde las elecciones, en parte porque ha tardado meses y meses en elegir a su líder. Creo que el Partido Laborista debería, por un lado, acentuar mucho más que, para la mayoría de la gente, el periodo de los últimos 13 años no fue un descenso al caos sino que supuso verdaderamente mejorar la situación, y sobre todo en campos como las escuelas, los hospitales y toda una serie de logros culturales añadidos, de modo que la idea de que, de un modo u otro, hay que tirarlo todo a la basura, no es válida. Creo que nos hace falta defender lo que la mayoría de la gente cree básicamente que hace falta defender, que es la prestación de cierta forma de bienestar de la cuna a la tumba.
Tú conociste a Ralph Miliband (1) y eres viejo amigo de la familia Miliband. ¿Qué cree que habría pensado Ralph de la carrera entre sus hijos, que ha acabado con Ed dirigiendo el partido?
–Bueno, como padre, evidentemente no podría evitar sentirse muy orgulloso. Desde luego, estaría mucho más a la izquierda que sus dos hijos. Creo que Ralph se identificó verdaderamente durante la mayor parte de su vida con la idea de dejar de lado al Partido Laborista y la ruta parlamentaria, y con la esperanza de que de algún modo sería posible que llegara a aparecer un partido socialista propiamente dicho. Cuando Ralph se reconcilió finalmente con el Partido Laborista, fue en su periodo menos útil, el de (Tony) Benn, del que no salió realmente gran cosa buena. No obstante, yo creo que Ralph habría esperado ciertamente algo mucho más radical de lo que sus hijos parecen hasta ahora estar haciendo.
El título de tu nuevo libro es Cómo cambiar el mundo. En el ultimo párrafo, escribes que “la superación del capitalismo todavía me parece algo plausible”. ¿Sigue siendo nítida esa esperanza y te mantiene trabajando, escribiendo y reflexionando hoy en día?
–Nada hay hoy de nítida esperanza en estos días. Cómo cambiar el mundo es un relato de lo que llevó a cabo fundamentalmente el marxismo en el siglo XX, en parte a través de los partidos socialdemócratas que no derivaban directamente de Marx y otros partidos –partidos laboristas, partidos de trabajadores– que siguen siendo en todas partes partidos de gobierno o potencialmente de gobierno. Y en segundo lugar, a través de la Revolución rusa y sus consecuencias.
El historial de Karl Marx, un profeta desarmado que inspiró cambios de envergadura, es innegable. Y no es que esté diciendo muy deliberadamente que no haya perspectivas equivalentes hoy en día. Lo que digo hoy es que los problemas básicos del siglo XXI requerirían soluciones a las que no pueden enfrentarse adecuadamente ni el mercado puro ni la democracia liberal pura. Y en esa medida, habrá que hacer que funcione una combinación diferente, una mezcla diferente de lo público y lo privado, de acción y control por parte del Estado y de libertad.
Cómo se le llamará, no lo sé. Pero bien puede ser que ya no se trate de capitalismo, desde luego no en el sentido en que lo hemos conocido en este país y en Estados Unidos.
Nota T.: (1) Ralph Miliband (1924-1994), nacido en Bélgica como Adolphe Miliband, de origen judeo-polaco, fue un conocido teórico marxista de la Nueva Izquierda británica. Se estableció en Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial huyendo del nazismo, combatió en la Royal Navy y estudió en la London School of Economics, donde sería profesor hasta 1972, pasando después a la Universidad de Leeds. Sus hijos David y Ed se disputaron la jefatura del Partido Laborista británico, que recayó finalmente en Ed en septiembre de 2010.
*Tristram Hunt es diputado laborista en los Comunes por la circunscripción de Stoke-on-Trent Central. Ha sido profesor de historia moderna de Gran Bretaña en la Queen Mary, University of London y es autor de The English Civil War: At First Hand y Building Jerusalem: The Rise and Fall of the Victorian City y de diversas series de programas para la BBC y Channel 4.
China-EU: Frágil matrimonio de conveniencia
Salvador Capote / Alai-amlatina
Se cumplen ya cuatro décadas desde que, en 1972, el viaje a China del presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, marcó un hito en las relaciones entre ambos países. China era muy  atractiva para los empresarios capitalistas debido a su enormidad como mercado y a sus oportunidades de inversión y, desde un punto de vista geopolítico, por la conveniencia de ahondar sus contradicciones con la Unión Soviética.
Sin embargo, nadie era capaz de calcular entonces el colosal desarrollo económico que alcanzaría el gigante asiático en tan poco tiempo. China ha crecido durante décadas en la magnitud de un 10% anual, lo cual se traduce en la duplicación de su producto interno bruto (PIB) cada 10 años. De acuerdo a predicciones de Goldman Sachs (1), éste igualará al de Estados Unidos en el año 2027.

En los años transcurridos, Estados Unidos, además de los objetivos políticos divisionistas de la Guerra fría, logró importantes ventajas económicas en beneficio de sus corporaciones. El outsourcing o traslado a otros países de producciones industriales y empleos correspondientes, y la importación de productos chinos baratos, les produjeron enormes ganancias.

Los crecientes y multibillonarios déficits presupuestarios estadunidenses, causados por sus desbalances comerciales y, principalmente, por sus aventuras guerreristas en el Oriente Medio y otras regiones, fueron cubiertos en gran parte por China. La deuda del gobierno de Estados Unidos con China supera el trillón de dólares, mayor  que con ningún otro país. Durante muchos años, Beijing ha estado financiando el déficit de Estados Unidos. Incluso, en 2008, ante las primeras amenazas de derrumbe financiero global, cuando Japón puso a la venta 13 billones de dólares de la deuda estadunidense, China actuó de manera contraria, invirtiendo 44 billones en esa misma deuda, con el objetivo de fortalecer el dólar.
Pero las superganancias obtenidas por las corporaciones no se reflejan  en aumentos de la calidad de vida del pueblo estadunidense. Por el contrario, se ha señalado –y con razón– que el beneficio económico que podría estar recibiendo la población estadunidense con la oportunidad de comprar infinidad de artículos a bajo costo, está muy lejos de compensar la pérdida masiva de puestos de trabajo y de capacidades industriales que se trasladan a China, Hong Kong, Corea del Sur y otros países (2). Por otra parte, la creciente deuda contraída eleva cada vez  más el monto de los intereses anuales a pagar, lo cual hace más vulnerable la economía estadunidense y limita sus posibilidades de recuperación.
Se ha llegado de este modo a una deformación estructural tan profunda que para las corporaciones transnacionales el obrero estadunidense se ha convertido en un estorbo que le impide obtener mayores ganancias: recibe –consideran– un salario demasiado alto y disfruta de muy costoso seguro médico y otros beneficios; además, para mantener la producción y los empleos, las corporaciones se ven obligadas a lidiar con sindicatos y a cumplir con requisitos legales, fiscales y ambientales que repudian.
En realidad, los antagonismos de clase nunca han sido más agudos en Estados Unidos. El capitalista del siglo pasado explotaba al trabajador pero lo necesitaba; para el capitalista del siglo XXI, el obrero es un  enemigo.
Por su parte, China se ha beneficiado de un balance comercial ampliamente a su favor que le ha permitido acumular reservas extraordinarias de divisas y emplear una parte de sus ganancias en el  desarrollo y modernización de sus fuerzas armadas. China avanza  aceleradamente hacia su paridad con Estados Unidos no sólo en el terreno  económico sino también en el militar.
Estados Unidos se ha quejado reiteradamente de la táctica china de mantener vinculados los valores del yuan y del dólar. Un yuan débil frente al dólar le ofrece ventaja comercial a los productos chinos. Un dólar fuerte le conviene a China no sólo porque facilita la venta de sus productos sino porque, lo contrario –la depreciación del dólar– genera tendencias inflacionarias y éstas pueden reducir o anular las ganancias que obtiene por los intereses que cobra como acreedor.
Existe por tanto, actualmente, una codependencia entre China y Estados Unidos. Un frágil matrimonio de conveniencia. China necesita para su desarrollo del mercado estadunidense y de las transferencias tecnológicas derivadas del outsourcing. Estados Unidos necesita del  financiamiento chino para cubrir los déficits presupuestarios, mientras sus corporaciones lucran con el empleo de mano de obra barata y las  ventajas fiscales de las inversiones en China. El derrumbe económico en uno de los dos países arrastraría al otro inexorablemente.
¿Hasta cuándo durará esta codependencia? Hasta que a China no le sea imprescindible el mercado estadunidense. Y esto ocurrirá en muy pocos años, probablemente en el entorno del 2020. Para Estados Unidos, romper la codependencia con China es mucho más difícil, no sólo porque es el  país deudor sino porque las guerras que lleva a cabo amplían sus déficit presupuestarios y su necesidad de financiamiento externo.
Mientras los gastos militares chinos guardan cierta proporción con su robusto desarrollo económico (1.4% aproximadamente de su PIB), Estados Unidos gasta alrededor de un 4 o 5% sin tener en cuenta el debilitamiento que ha tenido lugar en su economía.
Con el aumento sostenido del poder adquisitivo de su población, China desarrolla su gigantesco mercado interno y realiza megainversiones en infraestructura y en la creación de puestos de trabajo. En lugar de enfrascarse, como Estados Unidos, en guerras de victoria imposible donde se desangra su economía, China establece relaciones de cooperación con numerosos países, incluidos los de América Latina y el Caribe, y crean nuevos y amplios mercados.
Desde el año 2001 China es miembro de la Organización Mundial del Comercio. En 2007 se convirtió en el primer socio comercial de India, el segundo país más poblado del mundo, y firmó un tratado de libre comercio con los 10 estados miembros de la Asociación de Países del Sudeste Asiático.
La integración China-Rusia económica, política y militar es cada vez mayor. En agosto de 2012 por ejemplo, Russia Today anunció la compra por China de helicópteros y otros equipos militares rusos por un valor de 1.3 billones de dólares. Ambos países fundaron en 2001 la Shanghái Cooperation Organization que incluye a cuatro repúblicas del Asia Central: Kazajstán, Kirguizistán, Tadjikistán y Uzbekistán.
China está ganando también a Estados Unidos la batalla energética. Las inversiones chinas en petróleo y gas llegan hasta el Golfo de México y  Canadá y se muestran muy activas en todos los continentes. Realiza, además, grandes inversiones en fuentes renovables de energía como la solar y eólica y en sistemas de almacenamiento energético. No menos importante es su estrategia de desarrollo a largo plazo, en contraste con los avatares partidistas de las proyecciones estadunidenses.
Evidentemente, la estrategia china para convertirse en una gran potencia mundial se revela altamente eficaz, mientras que la de Estados Unidos  para mantenerse como imperio tiene estampado el signo del fracaso.
El ejemplo de China nos muestra que el futuro no será el de un mundo unipolar con Estados Unidos como potencia hegemónica, sino el de un mundo multipolar donde la preservación de la paz dependerá de la capacidad de negociación y diálogo entre las partes.
(1) “The Goldman Sachs Group, Inc.”: Firma financiera transnacional con sede en New York.
(2) De acuerdo a informes del Department of Labor, desde el año 2000 hasta el presente la industria manufacturera estadunidense ha perdido más de 4 millones de puestos de trabajo. Sólo en el último año de la  administración de George W. Bush (2008) se perdieron 791,000 empleos. Ramas completas de prósperas industrias, como la de confecciones, prácticamente desaparecieron.
China y el sorprendente cambio radical
Pedro Echeverría V.
1. La competencia económica de China en el mundo está poniendo en aprietos a muchos países como Japón, Alemania y EU. Hoy la China capitalista parece estarse volviendo más peligrosa para el mundo capitalista imperial que la China revolucionaria de Mao Tsetung de  los años 60 y 70. Estados Unidos hace mucho que la colocó en el llamado Eje del Mal junto a Irán, Irak, Libia, Venezuela y demás. Pero China ya no es más aquella nación que con las armas apoyó a Vietnam y demás países asiáticos ante la invasión y amenazas yanquis; ahora –con sus casi 1,500 millones de habitantes se metió en serio a la “competencia económica y a la coexistencia pacífica”, en producción y consumo, y está desplazando del segundo lugar a muchos países del  mundo.
2. ¿Qué pasó en aquella China de Mao Tsetung que en 1949 proclamó la construcción del socialismo teniendo como base las comunas campesinas y una ideología de moralidad comunista y de camaradería? ¿Por qué a partir de 1978 inició un cambio –ahora sí totalmente radical– para construir una sociedad que llaman “modernización capitalista” que se ha puesto en el camino para superar en este campo a Europa y EU? La sorpresa para quienes vivimos con intensidad el debate chino-soviético y la Revolución Cultural de los 70, rebasa fronteras e ideologías. ¿Cómo un país de 1,400 millones de habitantes, que defendió ideológicamente y con las armas su modelo de socialismo, a la muerte de Mao en 1976 haya tomado un rumbo diferente?
3. Algunos que durante décadas hemos escrito sobre los asuntos del socialismo: acerca del marxismo y sus interpretadores, así como de las llamadas revoluciones socialistas –sobre todo con una visión occidentalizada– nos causa dificultad entender lo que está pasando en China. Entendimos mucho más acerca de las revoluciones rusa y cubana, de sus dificultades para construir su propuesta socialista y también de su resistencia a caer nuevamente en este capitalismo salvaje que buscaron destruir, quizá porque tuvimos más información; pero ese radical cambio de rumbo de los chinos: de un modelo “socialista” con las intervención de comunas campesinas y populares a otro modelo de sociedad capitalista ahora metido a la competencia mundial, es casi inexplicable.
4. Y al parecer el partido dirigente se sigue llamando Comunista, se sigue hablando de la construcción de la República Popular China y, aunque el grupo gobernante desde 1978 pertenece a la corriente de pensamiento reformista de Den Xiaoping, dicen que “China sigue siendo China socialista, persiste en el marxismo leninismo y el pensamiento de Mao Zedong (o Mao Tsetung). Señalan que “los méritos del presidente Mao constituyen el aspecto principal y sus errores, el secundario”. Cuando se inician estos cambios radicales en China gobernaba la URSS Brézhnev, en EU Cárter y en la Iglesia llegaba al papado Juan Pablo II, sin embargo esos cambios en ese gigantesco país parecen obedecer a cuestiones internas, a la línea de Den que venía desde 1966.
5. “Desde los años 80 en adelante, es el avance económico en China. Primero basado en la atracción de inversiones extranjeras y la exportación industrial aprovechando el tipo de cambio y los salarios menores a los de los grandes países, y desde 2009 promoviendo más su mercado interno y buscando integrar al interior profundo, el gigante ha mostrado buenos músculos. Su economía creció al 10 por ciento anual y aunque este año bajará al 7 por ciento, han pegado un salto impresionante; mucho más en comparación con la crisis intermitente que hace crujir a las economías estadunidense, europea y japonesa desde 2007-2008. Ya superó a Japón como número dos del mundo y abrió interrogantes sobre cuándo pasaría la línea del número uno, de EU. Unos economistas vaticinaron que ese fenómeno será en 2015, otros en 2020 y los más escépticos arriesgaron 2030” (Emilio Marín).
6. En China se ha incrementado el PIB alrededor de un 8% como promedio anual desde 1997, con tasas que han superado el 9% desde 2003. Se ha expandido en la industria y las exportaciones. Su alta tecnología: semiconductores, automóviles y ordenadores, mantiene uno de los primeros lugares; es primer fabricante mundial de artículos textiles (entre ellos, prendas de vestir), calzado, productos electrónicos de consumo (teléfonos celulares, reproductores de DVD, televisores, etcétera), muebles y juguetes. Ha elevado su producción de carbón, cobre, aluminio, acero y cemento, convirtiéndose esta nación asiática en el primer productor mundial en esos renglones. Además, con ese número de habitantes es uno de los primeros grandes consumidores de artículos. Japón parece uno de los beneficiados en su economía.
7. Los yanquis, al mismo tiempo que buscan llenar de bases militares todo el mundo amenazando con intervenciones y golpes de Estado a varios países, se cuida de manera exagerada de China porque paso a paso le va ganando mercados y presencia política. Mientras algunos países de América Latina, Asia y África salen a las calles a protestas contra la explotación y el saqueo de que son víctimas por la intervención de EU, China –ahora gobernada con las ideas de Den Xiaoping– va desplazando el dominio yanqui en el campo de la economía. De todas maneras es importante reflexionar con profundidad ese radical cambio que se sufrió en China para entender lo que está sucediendo hoy en el mundo. Ahora no es un problema de práctica política sino de reflexión seria.
La derecha chilena se lame las heridas
Teresa Gurza Orvañanos
Tres primeras veces se juntaron en las elecciones para elegir alcaldes y concejales, del domingo 28 en Chile.
Es la primera vez que hubo comicios luego del triunfo de Sebastián Piñera, que llegó al poder como candidato de la coalición de derecha; es la primera, tras la derrota de la Concertación de partidos de izquierda que gobernó 16 años luego de la dictadura pinochetista;  y es la primera ocasión que en Chile hay voto voluntario y sin castigo por no sufragar.
Se eligieron 345 alcaldes; entre ellos a Carolina Tohá, hija del asesinado secretario de la Defensa del presidente Salvador Allende, José Tohá, quien ganó por mucho la comuna más importante del país, Santiago, centro del poder, la economía y el gobierno de Chile.
Triunfó también Maya Fernández Allende, nieta del presidente Allende y militante del Partido Socialista; que será alcaldesa de Nuñoa por haberle ganado con 92 votos de diferencia al alcalde de ese lugar Pedro Sabat, una de las cartas fuertes de la derecha.
En contraste, Joaquín Lavín León, hijo de Joaquín Lavín Infante, una de las personalidades derechistas más emblemáticas por haber sido exalcalde de Santiago, excandidato a la Presidencia y actual ministro de Desarrollo Social, perdió en Maipú; municipalidad que la derecha gobernaba desde hace 16 años.
En resumen, de las comunas importantes de la región metropolitana, la Concertación recuperó 10 y la coalición gobernante sólo se quedó con Las Condes y Vitacura; perdiendo entre otras, Santiago, El Bosque y Providencia. También de la región metropolitana es la comuna de Til Til, donde viví casi 11 años; y que ahora perdió el Partido Comunista, que era gobierno desde hace 16.
En el resto del país la derecha también sufrió mermas.
Los últimos datos oficiales con más del 96 por ciento de los votos contados, indican que en la votación de alcaldes, la oposición obtuvo el 43.10 por ciento frente al 37.50 por ciento del oficialismo.
Resultados que hicieron declarar a Carlos Larraín, presidente del Partido Renovación Nacional y uno de los personajes públicos más derechistas de la política chilena “Ahora viene un proceso de lamerse las heridas; sufrimos un retroceso electoral, pero no como para perder la compostura”.
Su partido (RN), obtuvo casi el 12 por ciento; con lo que salió tercero en la votación general; antecedido por la Unión Democrática Independiente UDI, del presidente Piñera que fue el más votado a nivel nacional con el 17 y tantos por ciento y de la Democracia Cristiana, el de más votos en la Concertación de centroizquierda con el 16.40 por ciento.
El Partido Progresista del excandidato a la Presidencia, Marco Enríquez Ominami, sacó apenas casi 3 por ciento.
Esta votación municipal abre posibilidades reales para que la centroizquierda vuelva a la Presidencia en las elecciones del año entrante; tal vez con la expresidenta Michelle Bachelet, nuevamente como candidata.
Además de alcaldes, se eligieron mil 224 concejales; uno de ellos en la región de Valparaíso, es transgénero y en las comunas de  Lampa y Providencia también tuvieron presencia las minorías sexuales.
La abstención fue alta, más del 55 por ciento; por lo que el presidente Piñera pidió “a todos los partidos y a todos los chilenos,  reflexionar frente a este fenómeno y comprometerse para elevar la participación ciudadana en las próximas elecciones”.

AGRESIÓN ARMADA DE GRUPO DE CHOQUE CONTRA CAMPESINOS EN CHIAPAS Posted: 03 Nov 2012 12:23 PM PDT

Venustiano Carranza, Chiapas, México, 2 de Noviembre del 2012.
La Organización Campesina Emiliano Zapata (OCEZ.RC CHIAPAS MEXICO) repudió las acciones del “grupo paramilitar” de la comunidad Candelaria El Alto, de Venustiano Carranza, que se dice pertenecer a la “Otra Campaña”, y que el día 29 de Octubre desplazó a campesinos de San José la Grandeza Rio Blanco, también de Venustiano Carranza en horas de la madrugada.
La agresión fue perpetrada cuando los campesinos se encontraban trabajando en sus parcelas. Se presentó un grupo de 30 hombres armados que atacaron, dejando a 6 heridos y uno de gravedad, que fue hospitalizado en el IMSS de Venustiano Carranza. Igualmente, los “paramilitares”quemaron las viviendas quedando en el desamparo 70 familias. El grupo agresor iba encabezado por: Manuel de la Cruz, Avelino de la Cruz Méndez, Natalio de la cruz Méndez, Adain de la Cruz Méndez, Samuel Entzim, Vicente Aguilar entre otros.
Los denunciantes dijeron que este grupo “de corte paramilitar” fue formado por el cacique Majin Orantes Alegría con el Nombre de Grupo “el Desengaño”, actualmente Candelaria el Alto, con una extensión de 600 hectáreas, con la finalidad de protegerlas y evitar la recuperación por los ejidatarios de la comunidad de San José la Grandeza Rio Blanco Municipio de Venustiano Carranza Chiapas, a quienes pertenecen esas tierras.
La OCEZ.RC CHIAPAS MEXICO informó, respecto a la situación legal de esos terrenos, que después de a haber realizado gestiones por mucho tiempo ante las dependencias de gobierno, decidió tomar posesión de 280 hectáreas en el año 2000 para beneficiar a 70 familias de los Grupos San José 3ra ampliación, Nuevo San José de la comunidad de San José la Grandeza, Rio Blanco Mpio, de Venustiano Carranza, Chiapas. Y firmó un convenio con los copropietarios de Candelaria El Alto acordando que ellos respetarían la posesión de de  200 hectáreas si la Organización respetaba las 300 hectáreas que no ocupo en ese momento.
La organización campesina se comprometió a gestionar antes las dependencias de gobierno el pago de las tierras invadidas A 14 copropietarios de Candelaria El Alto ya les pago el gobierno de Chiapas 98 hectáreas. Otros 8 copropietarios de Candelaria están dispuestos a vender sus tierras los campesinos de la OCEZ. Así, el grupo agresor es realmente minoritario.
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