Hambre: desafío ético y político; Crisis originaria, “mensualón” y STF. Leonardo Boff


Noten que estamos enviando los dos artículos de Leonardo de esta semana/quincena.
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Hambre: desafío ético y político

2012-10-02

A causa de la contracción económica provocada por la crisis financiera actual, el número de hambrientos ha saltado, según la FAO, de 860 millones a 1.200 millones. Tal hecho perverso impone un desafío ético y político. ¿Cómo atender las necesidades vitales de estos millones y  millones de personas?

Históricamente este desafío siempre ha sido grande, pues la necesidad de satisfacer las demandas de alimento nunca ha podido ser plenamente atendida, sea por razones de clima, de fertilidad de los suelos o de desorganización social. A excepción de la primera fase del paleolítico cuando había poca población y superabundancia de medios de vida, siempre ha habido hambre en la historia. La distribución de alimentos ha sido casi siempre desigual.

El flagelo del hambre no es propiamente un problema técnico. Existen técnicas de producción de extraordinaria eficacia. La producción de alimentos es superior al crecimiento de la población mundial, pero están pésimamente distribuidos. El 20% de la humanidad dispone para su disfrute del 80% de los medios de vida. El 80% de la humanidad debe contentarse con solo el 20% de ellos. Aquí reside la injusticia.

Lo que ocasiona esta situación perversa es la falta de sensibilidad ética de los seres humanos hacia sus semejantes. Es como si hubiésemos olvidado totalmente nuestros orígenes ancestrales de la cooperación originaria que nos permitió ser humanos.

Este déficit de humanidad resulta de un tipo de sociedad que privilegia al individuo sobre la sociedad, valora más la apropiación privada que la coparticipación solidaria, más la competición que la cooperación, que da más centralidad a los valores ligados a lo masculino (en el hombre y en la mujer) como la racionalidad, el poder, el uso de la fuerza, que a los valores ligados a lo femenino (también en el hombre y en la mujer) como la sensibilidad hacia los procesos de la vida, el cuidado y la disposición la cooperación.

Como se deduce, la ética vigente es egoísta y excluyente. No se pone al servicio de la vida de todos y de su necesario cuidado, sino que está al servicio de los intereses de algunos individuos o grupos con exclusión de otros.

En la raíz del flagelo del hambre hay una inhumanidad básica. Si no se fortalece una ética de la solidaridad, del cuidado de unos a otros no habrá modo de superarla.

Es importante considerar que el desastre humano del hambre es también de orden político. La política tiene que ver con la organización de la sociedad, con el ejercicio del poder y con el bien común. Desde hace siglos en Occidente, y hoy de manera globalizada, el poder político es rehén del poder económico, articulado en la forma capitalista de producción. La ganancia no es democratizada en beneficio de todos, sino privatizada por aquellos que detentan el tener, el poder y el saber; sólo secundariamente beneficia a los demás. Por tanto, el poder político no sirve al bien común, crea desigualdades que representan una real  injusticia social, y hoy mundial. A consecuencia de esto, para millones y millones de personas apenas sobran las migajas que no dan para cubrir sus necesidades vitales. O simplemente mueren como consecuencia de las enfermedades derivadas del hambre, en su mayoría criaturas inocentes.

Si no se produce una inversión de valores, si no se instaurara una economía sometida a la política y una política orientada por la ética y una ética inspirada en una solidaridad básica no habrá posibilidad de solución para el hambre y la subnutrición mundial. Gritos desgarradores  de millones de hambrientos suben continuamente a los cielos sin que vengan respuestas eficaces de parte alguna y hagan callar ese clamor.

Por último, hay que reconocer que el hambre resulta también del desconocimiento de la función de las mujeres en la agricultura. Según la evaluación de la FAO ellas son las que producen gran parte de lo que se consume en el mundo: el 80% – 98% en el África subsahariana, el 50% – 80% en Asia y el 30% en Europa central y del este. No habrá seguridad alimentaria sin mujeres agricultoras, si no se les da más poder de decisión sobre los destinos de la vida en la Tierra. Ellas representan el 60% de la humanidad. Por su naturaleza de mujeres están más ligadas a la vida y a su reproducción. Es absolutamente inaceptable que por el hecho de ser mujeres se les nieguen los títulos de propiedad de tierras y el acceso a los créditos y a otros bienes culturales. Sus derechos reproductivos tampoco son reconocidos y se les impide el acceso a los conocimientos técnicos concernientes a la mejora de la producción de alimentos.

Sin estas medidas sigue siendo válida la crítica de Gandhi: «el hambre es un insulto; envilece, deshumaniza y destruye el cuerpo y el espíritu… si no la propia alma; es la forma de violencia más asesina que existe».


Crisis originaria, «mensualón» y STF

Pongámonos, por un momento, en la piel de los magistrados y magistradas del Supremo Tribunal Federal (STF). Tuvieron que afrontar un proceso de 60 mil páginas: la Acción Penal 470, llamado también “mensalón”. Se enfrentaban a una tarea hercúlea. Tras la lectura y meditación de la voluminosa documentación, se imponía a la Corte Suprema la primera y desafiante tarea: formarse una convicción sobre la condena o no de los acusados y el tipo de sanción a aplicar. Pero cuando se trata de quitar a un ciudadano su libertad, el regalo más precioso después la vida, especialmente a políticos que ocupaban altos cargos en el gobierno y que en sus biografías llevan marcas de detenciones, torturas y exilios, causadas en la reconquista de la democracia secuestrada por la dictadura militar, debe prevalecer estrictamente imparcialidad y la independencia; en el proceso deben hablar más fuerte las pruebas que los meros indicios, la presión de los medios de comunicación y el juego político. Para poner orden en la argumentación es necesario crear una narrativa coherente que, fundada en el expediente, sostenga una convicción independiente y justa.

Aquí aparece la subjetividad que es el momento ideológico natural e inevitable, ligado a la visión del mundo de los magistrados, a sus biografías, a las relaciones sociales que cultivan y a su lectura de la política nacional. Esto no se critica. El sentido de crisis En este contexto me vino a la mente una categoría fundamental de la filosofía moderna, al menos desde Kierkegaard, Husserl y Ortega y Gasset: la crisis. Para ellos y para nosotros, la crisis no es un mal que nos sucede, pertenece esencialmente a la vida. Donde hay vida hay crisis: de nacimiento, de crecimiento, de madurez, de vejez, y la gran crisis de la muerte. La investigación ha demostrado que el concepto de crisis en su génesis filológica es inherente al poder judicial y a la medicina. Por eso la abordamos en el contexto del “mensalón”.  Su significado proviene del sánscrito, nuestra lengua originaria, el griego y el chino. En sánscrito, crisis viene de kri o kir que significa desenredar (scatter, scattering), purificar (pouring out) y limpiar. De la palabra crisis vienen crisol y acrisolar. La crisis sirve como un crisol (vaso donde se purifica el oro de la ganga), refina (purifica, limpia) un proceso vital o histórico de los elementos que se le incrustaron hasta llegar a cubrir su verdadero núcleo. Crisis significa, por lo tanto, el proceso de liberar el núcleo de la cuestión, desembarazada de elementos accidentales. Después de una crisis, ya sea física, mental, moral o religiosa, el ser humano sale purificado, liberando fuerzas para una vida más vigorosa y con un nuevo sentido. Todo proceso de purificación implica una de-cisión que instaura unacisión entre lo verdadero y lo falso, entre lo sustancial y lo accidental. De ahí, su carácter doloroso, y a veces, dramático. De crisis viene también la palabra criterio que es la medida por la cual se puede discernir lo auténtico de lo inauténtico y lo correcto de lo corrupto. En griego crisis (krisis, krínein) significa también la de-cisión en un proceso judicial. El juez estudia las acusaciones, verifica las pruebas de los autos, procesalmente pesa y sopesa los pros y los contras y emite su de-cisión. Introduce una cisión entre la duda y la certeza, entre la prueba y los meros indicios. Lo mismo ocurre en una consulta médica. El médico estudia los síntomas, conjuga los distintos datos y decide: el diagnóstico es este. A todo este proceso de maduración de una decisión los griegos lo llamaban crisis. Cuando se toma la decisión la crisis se acaba. Reina la certeza y la tranquilidad de conciencia. Cuando un enfermo supera el “punto crítico” es señal de que comienza la curación y el médico en poco tiempo podrá darle de alta del hospital. Efectivamente, en la crisis no se trata de opinar sobre algo sino dedecidir sobre algo después de un proceso de creación de convicciones a partir de pruebas seguras. En chino, la palabra crisis resulta de la combinación de dos caracteres: uno para peligro y otro para oportunidad. Vivir es peligroso (Guimarães Rosa) pero está preñado de oportunidades. Siempre es peligroso lanzar un juicio, sea por el juez sea por el médico, pero todo juicio da la oportunidad de poner en limpio las incriminaciones, responder a las dudas y, mediante una decisión conforme a la ley, consolidar la convicción. ¿Politización del STF? Lo que hemos expuesto arriba designa el concepto ideal de crisis (Max Weber) que tiene una función heurística (orientadora). En la práctica, el tratamiento de la crisis es aproximativo y no exento de ambigüedades. En el caso de la Acción Penal 470 cabe preguntar: ¿hacer coincidir el juicio con las elecciones no es entrar en el juego político, ofreciendo una poderosa arma a uno de los dos contendientes? ¿No hay grave riesgo de comprometer los principios de independencia e imparcialidad? ¿Utilizar la polémica teoría “del dominio del hecho total” para encuadrar a la mayoría dentro de un raciocinio lógico-deductivo, no empalidece el principio básico de “presunción de inocencia”? ¿En el furor condemnandi visible en el lenguaje adjetivo de algunos magistrados, no se da un exceso de imputación? La verdad es que los reos deben ser condenados por los crímenes y delitos que cometieron, irrefutablemente comprobados, sea del PT sean de la base aliada, sin importar lo elevado que sea su cargo y respetable su biografía. La ley vale indistintamente para todos. Pero los delitos han sido de distinta naturaleza y cometidos en circunstancias diferentes. ¿Se puede meter a todos en el mismo saco, el famoso “dominio del hecho” sin apenas matizaciones? Cabe a la razón jurídica estudiar con cuidado esta cuestión crucial. Seguramente el juicio fue legal (según las leyes) y moral (realizado por magistrados conscientes y doctos). ¿Pero fue suficientemente ético en el sentido de observación intachable de los principios de imparcialidad, independencia y presunción de inocencia, libre de la fuerte tendencia a condenar? Si se confirmase la sospecha de que la condena de José Genoino y José Dirceu se hizo solo a partir de indicios y por deducciones, sin pruebas suficientes en el expediente y por eso fueran enviados a prisión, aquellos podrían considerarse “prisioneros políticos”, algo imposible en un régimen democrático de derecho. Difícilmente puede escapar de la crítica de comportarse como un tribunal de excepción y de posible corrupción ética en el procedimiento judicial. Hay dudas que dirimir. La historia dirá la última palabra. Llamamiento a la conversión y a la esperanza Por último, es importante reconocer que el PT luchó por una éticaen la política (políticos responsables y honestos) y por una ética de la política (instituciones y procedimientos según valores y principios). Con el “mensalón” de algunos de sus miembros se abrió una herida en el partido como un todo, que va a sangrar durante mucho tiempo. Muchas personas, incluso no inscritas en el partido como yo, habíamos depositado nuestra confianza en la seria dimensión ética de las prácticas políticas del PT. Los intelectuales podemos quedar frustrados ante los delitos eventualmente cometidos, pero el pueblo confiante no merece sentirse traicionado y engañado como tantas veces en la historia. Quien cayó siempre puede volver a levantarse y recomenzar. Es lo que pedimos al PT, sin lo cual pierde credibilidad y difícilmente puede seguir presentándose como alternativa a un tipo de política que incorpora en sus hábitos la corrupción y el uso indebido del poder público para garantizar victorias. Se ha creado un vacío que clama ser llenado o por el PT reconvertido o por otros actores que levanten la bandera de la ética y orienten sus prácticas políticas por principios y valores. En esto nuestra esperanza no desfallece.

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