León Toral en Bolivia, una vacilada. Por J Antonio Aspiros V.


(Proporcionado por Salvador Flores LLamas)

León Toral en Bolivia, una vacilada

Por J. Antonio Aspiros V.

 

Para mi suegro, el profesor Gilberto Vázquez Moreno (1919-2012), quien fue a reunirse con su hermana Fide, su cuñada Teter y sus compañeros del Conservatorio Nacional de Música, entre ellos su esposa Mikis. QEPD todos ellos.

 

            Debemos aprovechar que el 21 de diciembre no se acabó el mundo como creyeron y pregonaron quienes se alimentan del rumor o se benefician de la ignorancia, para dedicar este espacio a un mensaje de correo electrónico de esos que mueven a comentario y que, en esta ocasión, no es anónimo.

            En efecto, circula por los buzones cibernéticos la versión de que José de León Toral, el dibujante que mató a Álvaro Obregón el 17 de julio de 1928, no fue fusilado por ese crimen como se ha sabido siempre, sino que “se le facilitó su traslado a Bolivia”, donde cambió su nombre por el de Eduardo Kino.

            La historia fue narrada durante una tarde de cervezas en 1977 por el propio Kino a Pedro Ortega Carbajal, un profesor mexicano de educación física que estuvo comisionado en Bolivia, quien a su vez se la contó a Hugo Salinas Price, presidente de la Asociación Cívica Mexicana Pro Plata.

            Salinas Price mandó esta versión el pasado 19 de diciembre al buzón virtual de un conocido suyo de apellidos González Íñigo y a nosotros nos la reenvió el colega periodista Salvador Flores Llamas. ¡Vaya caminos que toma la historia, cierta o no en este caso!

            Por nuestra parte la mandamos, para recabar sus comentarios, a los amigos historiadores Josefina Moguel y Luis Reed Torres, y este último compartió de inmediato nuestra sospecha: “desde ya les aseguro, sin la menor duda, que no pasa de ser una auténtica vacilada”.

            Y tiene razón. Tras de asesinar a Obregón en el restaurante La Bombilla, en el Distrito Federal, León Toral fue detenido, sometido a juicio, sentenciado a muerte y fusilado, de todo lo cual da cuenta detallada -con fotos y por escrito-, la Historia Gráfica de la Revolución Mexicana, de Gustavo Casasola.

            Pero Ortega Carbajal sí se creyó la leyenda narrada por Kino, dado que éste le dio muchos “detalles íntimos de su vida”, “detalles minuciosos del caso del asesinato de Álvaro Obregón” y “del proceso contra la Madre Conchita”, así como de sus actividades en Cuzco “capital de Bolivia” (sic).

            Y Salinas Price abona la versión al recordar que “antes del asesinato del general Álvaro Obregón, se sabía que Plutarco Elías Calles no veía con buenos ojos” su reelección, y añade que para el historiador Eugenio del Hoyo, “los obregonistas siempre insistieron en que él (Elías Calles) era el autor intelectual” de ese asesinato.

            Agrega que “el líder del Partido Agrario Mexicano, Aurelio Manrique (…) pronunció un discurso muy violento delante de Calles, de sus ministros y de toda la pléyade política, acusando a personajes de la administración callista directamente de la muerte de Obregón”.

Y más: que Toral “no mató por simples razones de fanatismo religioso a Obregón, sino que fue Calles quien buscó la manera de eliminarlo, porque estaban jugándose ya la presidencia perpetua al estilo de Porfirio Díaz, que era lo que querían los sonorenses”… “Evidentemente, Calles se puso de acuerdo con un católico para llevar a cabo el asesinato y -muy convenientemente-, convertir al catolicismo en la fuerza culpable”.

Salinas Price dice también que “toda la operación de la tortura y el  fusilamiento de León Toral fue un teatro. Se le facilitó su traslado a Bolivia, seguramente con una suma de dinero adecuada para establecerse en ese país. En 1928 nadie sospechó que se trataba de un teatro. Hoy en día, estamos acostumbrados a presenciar teatros políticos mucho más sangrientos y ya no es tan fácil engañar al público”.

            Para Luis Reed, algo similar a lo de León Toral “ocurrió con los casos de James Dean, Pedro Infante y Elvis Presley, y más recientemente Maximiliano de Habsburgo, a quien cierto ‘investigador’ salvadoreño situó en San Salvador — ¡claro!–  después de ser ‘indultado’ por Juárez, donde murió en 1936, esto es a la edad de 104 años”.

“¿Pruebas? -pregunta Reed- Ni una sola, pero a quién le importa eso. Al fin que el papel aguanta todo, según atinada y certera frase de mi inolvidable y querido amigo don Luis Vega y Monroy, muchos años jefe de redacción de la antigua Cadena García Valseca.”

            Así es. Hay numerosas historias de personajes que supuestamente sobrevivieron a su muerte “oficial” y entre ellos también está Emiliano Zapata, quien decepcionado de la Revolución se habría ido a Italia y al que mataron en Chinameca fue a su compadre Agustín Cortés, con el que tenía un gran parecido físico, según escribió el periodista Jairo Rodríguez, de Mexicali.

            A pesar de lo cada vez más cuestionada que está la historia de México que aprendimos en las aulas, es difícil aceptar esas leyendas poco verosímiles que se quedan para quienes, como en el caso del supuesto “fin del mundo” que se atribuyó a los mayas haber vaticinado, se conforman con los rumores en lugar de informarse.

 

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