Periodismo, una profesión que sigue cimentándose. Por J. Antonio Aspiros V.


(Proporcionado por Salvador Flores LLamas)

Publicado por la revista Libertas # 340, del 27 de enero de 2013 (http://www.libertas.mx/revista/enlinea/hojas/44.pdf)

Periodismo, una profesión que sigue cimentándose

Por J. Antonio Aspiros V.

Para el colega y amigo ORGA. Porque todo salga bien, como diría San Compadre.

La Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (Fapermex) informó que, de las 1,600 solicitudes presentadas por interesados en titularse como licenciados en periodismo, ya fueron revisadas más de la cuarta parte, aprobadas 167 y entregados 90 títulos. Y continuará el análisis de los expedientes faltantes, recibidos dentro del plazo fijado.

            Según se divulgó en su momento, éste es el resultado de casi dos décadas de gestiones iniciadas y continuadas ante los sucesivos secretarios de Educación Pública por el entonces presidente del Club Primera Plana, Teodoro Rentería Arróyave, que finalmente se concretaron en el breve periodo en la SEP -8.5 meses durante 2012- del doctor José Ángel Córdoba Villalobos.

            Y como la demanda continúa en las delegaciones estatales de esa dependencia, la Fepermex ha dicho que “ya inició una nueva gestión ante el nuevo titular de la Secretaría de Educación Pública, licenciado Emilio Chuayffet Chemor, para que se abra otro periodo de recepción de solicitudes, con el cual se terminará esta oportunidad única del reconocimiento profesional de los periodistas”.

            Es viejo el debate abierto por los informadores empíricos, acerca de si se debe o no estudiar para ejercer esta actividad. Más aún, si es necesario un título profesional. Y eso que ya en los años 40 del siglo pasado impartían la carrera tanto la Universidad Femenina de México como la Escuela de Periodismo que casi desde entonces lleva el nombre de ‘Carlos Septién García’. Y en los años 50, primero la UNAM y luego otras universidades, abrieron las licenciaturas en periodismo y comunicación.

            Y se ha debatido el tema, a pesar de que ya en 1949 el primer director de “la Septién”, Fernando Díez de Urdanivia, había dicho que “la Escuela no fue fundada para formar periodistas, sino para ayudar a formarlos, ya que la carrera periodística, más quizá que otra alguna, no se aprende en clases ni en libros o apuntes sino -esencialmente- practicándola”, según datos de la obra El parlamento de los pueblos, de Manuel Pérez Miranda.

            Como sea, durante décadas la carrera de periodismo y comunicación ha tenido demanda, pero en numerosos casos los egresados no pudieron titularse o la cursaron cuando no tenía reconocimiento oficial. Para ellos, principalmente, fue abierta la oportunidad de la titulación en la modalidad de “reconocimiento de saberes adquiridos”.

            Porque a los nuevos licenciados en periodismo se nos pidió entregar constancias de estudios incluidas carreras técnicas o profesionales, cursos, talleres y diplomados, bachillerato, servicio social cumplido, años de ejercicio profesional y evidencias del mismo, especialización en algunos temas, libros escritos, actividades docentes y muchas otras pruebas digitalizadas y en papel, que formaron montañas de expedientes en las oficinas de la SEP. Había que cubrir 300 créditos.

            Y aún así, supimos que entre la burocracia de la SEP hubo fuerte resistencia a esta modalidad de titulación.

            Pero llama la atención que, mientras veteranos periodistas han comenzado a titularse, sendas universidades en Puebla y Morelia -tal vez casos aislados- anunciaron el cierre de su carrera de periodismo y la de Veracruz acusó una baja en la matrícula para esa licenciatura “debido a los (magros y a veces nulos) salarios y el alto nivel de violencia contra la prensa en México”, según reportó el servicio Campus México.

            Y también preocupa que, mientras unos periodistas merecidamente se titulan, en los medios continúa el desempleo como acaba de suceder en una organización nacional con sede en el DF, que inició 2013 con su temporada anual de despidos.

En Estados Unidos también ocurre, pues los medios impresos han dejado de ser rentables y están migrando a las versiones digitales, lo cual implica ajustes en la nómina porque se necesita menos personal. Y ya sabemos que México es caja de resonancia.

            Todo ello, sin olvidar a los colegas que han muerto, desparecido, huido o sufrido ataques, por la saña de autoridades, uniformados, paramilitares, narcos y hasta colonos contra quienes arriesgan su integridad en aras de cumplir con el deber de informar de manera profesional, sin importar si son empíricos o universitarios.

PD.- Por la misma edición de Libertas nos hemos enterado que el Museo del Escritor, único en su género en el mundo, ha tenido el mismo destino temporal que (toda distancia guardada) la estatua del gobernante de Azerbaiyán: la bodega. René Avilés Fabila comenta que “no tendremos más remedio que almacenar todos los objetos que hoy se encuentran (en) el Museo del Escritor y ponerlos en su respectiva bodega para que esperen mejores tiempos para la cultura”, y ofrece las razones de ello. Lo puede ver en http://www.libertas.mx/revista/enlinea/index.html.

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