Desde mi ronco pecho

Familiares de Ilinois y de La Piedad. Fotos de Miguel y de Emmanuel

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 24 de Enero.-  NO ES POR presumir, pero si no lo digo, reviento. Como todo niño campesino, tuve el privilegio de ver, o percibir, o apreciar o contemplar, las cosas en grande, y en pequeño. En aquella edad en la cual ninguna opinión compromete, ni por supuesto  ahora su recuerdo, salvo el compromiso de dar testimonio de cómo pasa la vida, a través de uno, las caminatas  por los potreros permitían familiarizarse con las piedras del camino (en veces a tropezones), o con los ondulantes caminares de los gusanos, o con los amenazantes zumbidos de las abejas o las avispas, o los tábanos, o los chacuacos (y sus arquitectónicas viviendas) o con los jicotes negros y amarillos, de amenazante picadura y dulcísima miel. Pero también la amigable contemplación del asombroso…

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