ANACLETO GONZÁLEZ FLORES, Beato, Mártir y Guía de la Juventud. Salvador Flores LLamas


Historia de la ACJM

Anacleto González Flores,

Beato, Mártir y Guía de la Juventud

SALVADOR  FLORES  LLAMAS

La beatificación de Anacleto González Flores y sus siete compañeros acejotaemeros desató el júbilo e invitó a reflexionar para hacer realidad su oblación y mensaje en el México actual, víctima de pendencias políticas, incredulidad creciente, olvido de los valores básicos para la vida, y de difusión desbocada del culto al dinero, al sexo y de la desintegración familiar y social. 

Icono católico juvenil de la era cristera, el “Maistro Cleto” enseñó que ni la estirpe ni la riqueza determinan la trascendencia del hombre, sino el apego a principios inherentes a su naturaleza y a su condición de hijo de Dios, que inspiraron la vocación de quienes, como él, se entregaron sin condición a la providencial tarea que la Patria les exigía en aquella hora.

“Apóstol laico” se llamó a quien nació en Tepatitlán, Jalisco, el 13 de julio de 1888, hijo de un tejedor de rebozos alcohólico, que fue confinado en las tinajas de San Juan de Ulúa y en una prisión de Quintana Roo,  por haber imitado al Cura Hidalgo para liberar de nuevo a México, esta vez de la dictadura porfirista.

Desde entonces –pues D. Valentín Flores regresó tembloroso, consumido por la fiebre amarilla– la madre, doña María Flores y sus 12 hijos enfrentaron la precaria economía familiar con un taller de rebocería, instalado en un tugurio de vecindad, que les servía de morada.

Al segundo hijo, Anacleto, le tocó vender los rebozos por la calle, asistía a la vez a la escuela y al catecismo, que también impartía, hasta que una familia lo becó al Seminario de San Juan de los Lagos, allí despuntó con excelentes calificaciones, por eso lo pusieron de profesor suplente en grados inferiores De ahí el apodo de “Maistro Cleto”. 

Los clásicos grecolatino, los grandes oradores y la apologética fueron estudios predilectos del gran tribuno, que defendió su fe en la vida diaria y aun ante la bayoneta, que literalmente –el viernes santo (1 de abril de 1927) a los 38 años– le perforó el corazón, colgado de los dedos pulgares, tras herirlo repetidas veces con la hoja homicida para obligarlo a delatar el escondite de Mons. Francisco Orozco y Jiménez, arzobispo de Guadalajara, y de otros dirigentes cristeros, sin lograrlo.

Recibirse de abogado a los 32 años en 1921 –tras pasar por las aulas del seminario y la Escuela Libre de Leyes de Guadalajara y revalidar los estudios por orden oficial– reafirmó su trayectoria excepcional, que su biógrafo Antonio Gómez Robledo definió (en “El Maestro”) como “una afirmación hirviente, tumultuosa, de sangre y hoguera”.

Gómez Robledo anotó que Anacleto (“el rellamado”, según su nombre) “fue rebocero, músico de mariachi, vendedor ambulante, coyote, tahonero, albañil pueblerino y, en fin, hombre pura sangre… Quizá el (oficio) de maestro (sea) el que pueda aproximarse (más) a él en comunión máxima”.

Porque fue maestro en su vida, en la tribuna, el periodismo (publicó muchos artículos de hondura cristina en las revistas “Gladium” y “Palabra”, que él fundó) en sus libros “El Plebiscito de los Mártires” y “Tú serás Rey”, como líder de agrupaciones y catequista, pues siempre le preocupó enseñar el mensaje de Cristo y, mediante su supremo magisterio, el martirio.

Fundó la Unión Popular para resistir la dictadura callista con movilizaciones pacíficas, pues siempre se opuso a la violencia (por eso le llaman el “Gandhi mexicano”) y la ACJM de Guadalajara, crisol de la juventud impregnada del ideal “Por Dios y por la Patria”. Si finalmente abrazó la lucha armada, fue a instancias de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, porque se cerraron todos los caminos.

De ahí que le haya servido de epitafio aquella frase de la Biblia: “Los que enseñan a otros para la justicia lucirán como estrellas por la eternidad”.

Para Anacleto el origen de la persecución contra la Iglesia fue la pasividad de los católicos por más de medio siglo, al dejar vía libre al liberalismo laico. “Si la guerra contra Dios se encontró furiosamente en la calle y en todas las vías públicas, y si las paredes de nuestras iglesias han sufrido duros golpes, ha sido fundamentalmente por la inacción de los católicos”, escribió con cincelado estilo oratorio.

Les dejamos –abundó—a los enemigos “la escuela, la prensa, el libro, la cátedra…, todas las rutas de la vida pública, y no han encontrado oposición seria  y fuerte por donde han llevado la guerra contra Dios”.  

“Han llegado a arrebatarlos la niñez, la juventud, las multitudes y todas las fuerzas vivas de la sociedad”, apuntó como en un diagnóstico del México de hoy, donde la beatificación de los acejotaemeros Anacleto, Miguel Gómez Loza, Luis Padilla Gómez, Jorge y Ramón Vargas González, Ezequiel y Salvador Huerta Gutiérrez y Luis Magaña Servín y otros 5 mártires cristeros nos impele a actuar, cada quien en su medio, según la lección que ellos nos dieron con su vida de entrega y oblación, la que hoy hemos de plasmar en la poesía y prosa de lo cotidiano.

Porque –recalcaría el “Maistro Cleto”—no es hora de sentarnos “a llorar sobre la mesa de nuestros hogares”. Al contrario, “procuremos hallarnos en todas partes con los cascos de los cruzados… y combatamos sin tregua con las banderas desplegadas a los cuatro vientos”

Anacleto subrayó que, antes de la batalla, el joven precisa haber pasado por la forja y echar mano de la osadía cristiana, para que pueda oir la aclamación de una de las brujas de Shakespeare: “Salud, Macbeth, tú serás rey”,  y emprenda luego su marcha como el príncipe danés, ”encendido por la fiebre de reinar, sin descansar hasta conquistarlo”. 

Que al recordar aquel 20 de noviembre de 2005, cuando Benedicto XVI beatificó a Anacleto y a sus compañeros de martirio, cada mexicano que sienta la belleza del ideal de engrandecer a México, recuerde que no hay que dilapidar la riqueza inmensa que lleva en su corazón, sino ofrendarla al bien de su comunidad y su país, pues está llamado a ser rey “para hacer reinar plenamente a Cristo”.     

 

(Que este artículo sirva para recordarles la Reunión de Ex Acejotaemeros del sábado próximo, 9 de febrero, en Edison 160, entre Sadi Carnot y Serapio Rendón, Col. San Rafael, a las 10 a. m. Allá nos vemos, D.m.)

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