Benedicto XVI. Salvador Flores LLamas


A c e n t o

Benedicto XVI

SALVADOR FLORES LLAMAS

Sacudió al mundo la inusitada renuncia de Benedicto XVI, quien mostró sus desapego al poder y los honores, porque deja uno de los cargos más reverenciados en el mundo al darse cuenta que ya disminuían sus fuerzas físicas.

Un bofetón a los dictadores, que se encaraman y eternizan en el poder, disfrazados de demócratas o no, sin importarles esclavizar a sus pueblos con tal de saciar su ambición de poder, riqueza y honores.

Este anciano admirable, a quien muchos censuraban al principio por no tener el carisma o arrastre popular de Juan Pablo II, fue ganándose a las multitudes -creyentes o no- con sencillez, peclara inteligencia y decisión para enfrenar los problemas.

A los mexicanos, conscientes de la predilección de su antecesor, quien nos visitó cinco veces y canonizó casi 30 santos compatriotas, el Papa Ratzinger nos ganó con su visita de hace un año, cuando se le entregó el pueblo y él le patentizó su amor, lo que no se esperaba de un teutón.

Sin amabajes, defendió la vida desde el momento de la concepción y hasta el fin señalado por Dios, y la santidad del matrimonio, y rechazó por antinatural el homosexualismo (no a los homosexuales), las bodas gay y la adopción de niños por los miembros de estas uniones.

No hubo medias tintas en su decisión doctrinal al respecto, llevada a la práctica, como guía de la Barca de Cristo, a pesar de las críticas de quienes se dicen liberales y deturpan a los que llaman conservadores.

Dirigió su rebaño entre nubes turbulentas y, a pesar de su edad mayor, tomó el toro por los cuernos contra la pederastria, no sólo de Marcial Maciel, sino de muchos sacerdotes, obispos y aun cardenales, a quienes hizo renunciar y dispuso fueran denunciados ante la autoridad civil.

Enriqueció a la Iglesia y al mundo con su magisterio filosófico y teológico, como uno de los pontífices que iluminaron más a su grey desde la cátedra de Pedro, encíclicas y libros, como “Jesús de Nazaret”, admitado hasta por no creyentes.

Este faro que ilumina desde del Vaticano se confinará en un claustro para orar por la humanidad con sus avances y cambios portentosos, a los que él no es ajeno, y para que la Iglesia continúe siendo luz vigorosa para las naciones.

Llegó al Solio de Pedro por obediencia, pues al cumplir 75 años le había renunciado a Juan Pablo como secretario de la Comisión de Defensa de la Fe, según ordena el Derecho Canónico, y hoy que mengua su vigor físico ayudará con sus meditaciones y plegarias, a más de sus 85 años.

Viene ahora la especualción sobre su sucesor: si será italiano, europeo o de otro continente, de la Curia Romana o de la cura de almas, si liberal o conservador, si blanco, moreno o cobrizo.

Ya se dice que será conservador, porque los cardenales electores fueron designados por Juan Pablo o Benedicto, adalides de esa corriente.

Eso no toca decidirlo a los mortales, porque la asistencia divina estará hasta la consumación del tiempo con la Iglesia, y Cristo cuida que su Vicario siga les huellas del pescador.

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