Constitución Apost{olica “Universi Dominici Gregis”, sobre la vacante de la sede apostólica


CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA
UNIVERSI DOMINICI GREGIS
SOBRE LA VACANTE DE LA SEDE APOSTÓLICA
Y LA ELECCIÓN DEL ROMANO PONTÍFICE
PRIMERA PARTE: VACANTE DE LA SEDE APOSTÓLICA
CAPÍTULO I: Poderes del Colegio de los Cardenales mientras está vacante la
sede apost
ólica.
CAPÍTULO II: Las congregaciones de los Cardenales para preparar la elección
del Sumo Pontífice.
CAPÍTULO III: Algunos cargos durante la Sede Apostólica vacante.
CAPÍTULO IV: Facultades de los Dicasterios de la Curia Romana durante la
vacante de la
Sede Apostólica.
CAPÍTULO V: Las exequias del Romano Pontífice.
SEGUNDA
PARTE: LA ELECCIÓN DEL ROMANO PONTÍFICE
CAPÍTULO I: Los electores del Romano Pontífice.
CAPÍTULO II: El lugar de la elección y las personas admitidas en razón de su
cargo.
CAPÍTULO I
II: Comienzo de los actos de la elección.
CAPÍTULO IV: Observancia del secreto sobre todo lo relativo a la elección.
CAPÍTULO V:
Desarrollo de la elección.
CAPÍTULO VI: Lo que se debe observar o evitar en la elección del Sumo
Pontífice.
CAPÍTULO VII: Acep
tación, proclamación e inicio del ministerio del nuevo
Pontífice.
PROMULGACIÓN

2
JUAN PABLO II
SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS
PARA PERPETUA MEMORIA
J
UAN PABLO II siervo de los siervos de Dios para perpetua memoria Pastor de
todo el rebaño del Señor es el
Obispo de la Iglesia de Roma, en la cual el
Bienaventurado Apóstol Pedro, por soberana disposición de la Providencia divina, dio
a Cristo el supremo testimonio de sangre con el martirio. Por tanto, es comprensible
que la legítima sucesión apostólica en est
a Sede, con la cual «cada Iglesia debe estar
de acuerdo por su alta preeminencia»,(1) haya sido siempre objeto de especial
atención.
Precisamente por esto los Sumos Pontífices, en el curso de los siglos, han
considerado como su deber preciso, así como tam
bién su derecho específico, regular
con oportunas normas la elección del Sucesor. Así, en los tiempos cercanos a
nosotros, mis Predecesores san Pío X,(2) Pío XI,(3) Pío XII,(4) Juan XXIII(5) y por
último Pablo VI,(6) cada uno con la intención de responder
a las exigencias del
momento histórico concreto, proveyeron a emanar al respecto sabias y apropiadas
reglas para disponer la idónea preparación y el ordenado desarrollo de la reunión de
los electores a quienes, en la vacante de la Sede Apostólica, les corr
esponde el
importante y arduo encargo de elegir al Romano Pontífice.
Si hoy me dispongo a afrontar por mi parte esta materia, no es ciertamente por
la poca consideración de aquellas normas, que más bien aprecio profundamente y que
en gran parte quiero con
firmar, al menos en lo referente a la sustancia y a los
principios de fondo que las inspiraron. Lo que me mueve a dar este paso es la
conciencia de la nueva situación que está viviendo hoy la Iglesia y la necesidad,
además, de tener presente la revisión ge
neral de la ley canónica, felizmente llevada a
cabo, con el apoyo de todo el Episcopado, mediante la publicación y promulgación
primero del Código de Derecho Canónico y después del Código de los Canones de las
Iglesias Orientales. De acuerdo con esta revis
ión, inspirada en el Concilio Ecuménico
Vaticano II, he querido sucesivamente adecuar la reforma de la Curia Romana
mediante la Constitución apostólica Pastor Bonus.(7) Por lo demás, precisamente lo
dispuesto en el canon 335 del Código de Derecho Canónico,
y propuesto también en
el canon 47 del Código de los Canones de las Iglesias Orientales, deja entrever el
deber de emanar y actualizar constantemente leyes específicas, que regulen la
provisión canónica de la Sede Romana cuando esté vacante por cualquier
motivo.
En la formulación de la nueva disciplina, aun teniendo en cuenta las exigencias
de nuestro tiempo, me he preocupado de no cambiar sustancialmente la línea de la
sabia y venerable tradición hasta ahora seguida.
Indiscutible, verdaderamente, es el p
rincipio según el cual a los Romanos Pontífices
corresponde definir, adaptándolo a los cambios de los tiempos, el modo en el cual
debe realizarse la designación de la persona llamada a asumir la sucesión de Pedro
en la Sede Romana. Esto se refiere, en prim
er lugar, al organismo al cual se le pide el
cometido de proveer a la elección del Romano Pontífice: la praxis milenaria,
sancionada por normas canónicas precisas, confirmadas también por una explícita
disposición del vigente Código de Derecho Canónico (cf
. can. 349 del C.I.C.), lo
constituye el Colegio de los Cardenales de la Santa Iglesia Romana. Siendo verdad
que es doctrina de fe que la potestad del Sumo Pontífice deriva directamente de

3
Cristo, de quien es Vicario en la tierra,(8) está también fuera de
toda duda que este
poder supremo en la Iglesia le viene atribuido, «mediante la elección legítima por él
aceptada juntamente con la consagración episcopal».(9) Muy importante es, pues, el
cometido que corresponde al organismo encargado de esta elección. Po
r consiguiente,
las normas que regulan su actuación deben ser muy precisas y claras, para que la
elección misma tenga lugar del modo más digno y conforme al cargo de altísima
responsabilidad que el elegido, por investidura divina, deberá asumir mediante su
aceptación.
Confirmando, pues, la norma del vigente Código de Derecho Canónico (cf. can. 349
C.I.C.), en el cual se refleja la ya milenaria praxis de la Iglesia, ratifico que el Colegio
de los electores del Sumo Pontífice está constituido únicamente por l
os Padres
Cardenales de la Santa Iglesia Romana. En ellos se expresan, como en una síntesis
admirable, los dos aspectos que caracterizan la figura y la misión del Romano
Pontífice. Romano, porque se identifica con la persona del Obispo de la Iglesia que
es
tá en Roma y, por tanto, en estrecha relación con el Clero de esta ciudad,
representado por los Cardenales de los títulos presbiterales y diaconales de Roma, y
con los Cardenales Obispos de las Sedes suburbicarias; Pontífice de la Iglesia
universal, porque
está llamado a hacer visiblemente las veces del invisible Pastor que
guía todo el rebaño a los prados de la vida eterna. La universalidad de la Iglesia está,
por lo demás, bien reflejada en la composición misma del Colegio Cardenalicio,
formado por Purpur
ados de todos los continentes.
En las actuales circunstancias históricas la dimensión universal de la Iglesia parece
expresada suficientemente por el Colegio de los ciento veinte Cardenales electores,
compuesto por Purpurados provenientes de todas las part
es de la tierra y de las más
variadas culturas. Por tanto, confirmo como máximo este número de Cardenales
electores, precisando al mismo tiempo que no quiere ser de ningún modo indicio de
menor consideración el mantener la norma establecida por mi predeces
or Pablo VI,
según la cual no participan en la elección aquellos que ya han cumplido ochenta años
de edad el día en el que comienza la vacante de la Sede Apostólica.(10). En efecto, la
razón de esta disposición está en la voluntad de no añadir al peso de t
an venerable
edad la ulterior carga constituida por la responsabilidad de la elección de aquél que
deberá guiar el rebaño de Cristo de modo adecuado a las exigencias de los tiempos.
Esto, sin embargo, no impide que los Padres Cardenales mayores de ochenta
años
tomen parte en las reuniones preparatorias del Cónclave, según lo dispuesto más
adelante. De ellos en particular, además, se espera que, durante la Sede vacante, y
sobre todo durante el desarrollo de la elección del Romano Pontífice, actuando casi
com
o guías del Pueblo de Dios reunido en las Basílicas Patriarcales de la Urbe, como
también en otros templos de las Diócesis del mundo entero, ayuden a la tarea de los
electores con intensas oraciones y súplicas al Espíritu Divino, implorando para ellos la
l
uz necesaria para que realicen su elección teniendo presente solamente a Dios y
mirando únicamente a la «salvación de las almas que debe ser siempre la ley suprema
de la Iglesia».(11)
Especial atención he querido dedicar a la antiquísima institución del Có
nclave: su
normativa y praxis han sido consagradas y definidas, al respecto, también en
solemnes disposiciones de muchos de mis Predecesores. Una atenta investigación
histórica confirma no sólo la oportunidad contingente de esta institución, por las
circun
stancias en las que surgió y fue poco a poco definida normativamente, sino
también su constante utilidad para el desarrollo ordenado, solícito y regular de las
operaciones de la elección misma, particularmente en momentos de tensión y
perturbación.

4
Precisa
mente por esto, aun consciente de la valoración de teólogos y canonistas de
todos los tiempos, los cuales de forma concorde consideran esta institución como no
necesaria por su naturaleza para la elección válida del Romano Pontífice, confirmo con
esta Cons
titución su vigencia en su estructura esencial, aportando sin embargo
algunas modificaciones para adecuar la disciplina a las exigencias actuales. En
particular, he considerado oportuno disponer que, en todo el tiempo que dure la
elección, las habitaciones
de los Cardenales electores y de los que están llamados a
colaborar en el desarrollo regular de la elección misma estén situadas en lugares
convenientes del Estado de la Ciudad del Vaticano. Aunque pequeño, el Estado es
suficiente para asegurar dentro de
sus muros, gracias también a los oportunos
recursos más abajo indicados, el aislamiento y consiguiente recogimiento que un acto
tan vital para la Iglesia entera exige de los electores.
Al mismo tiempo, considerado el carácter sagrado del acto y, por tanto,
la
conveniencia de que se desarrolle en un lugar apropiado, en el cual, por una parte, las
celebraciones litúrgicas se puedan unir con las formalidades jurídicas y, por otra, se
facilite a los electores la preparación de los ánimos para acoger las mocione
s
interiores del Espíritu Santo, dispongo que la elección se continúe desarrollando en la
Capilla Sixtina, donde todo contribuye a hacer más viva la presencia de Dios, ante el
cual cada uno deberá presentarse un día para ser juzgado.
Confirmo, además, con
mi autoridad apostólica el deber del más riguroso secreto
sobre todo lo que concierne directa o indirectamente las operaciones mismas de la
elección: también en esto, sin embargo, he querido simplificar y reducir a lo esencial
las normas relativas, de modo
que se eviten perplejidades y dudas, y también quizás
posteriores problemas de conciencia en quien ha tomado parte en la elección.
Finalmente, he considerado la necesidad de revisar la forma misma de la elección,
teniendo asimismo en cuenta las actuales e
xigencias eclesiales y las orientaciones de
la cultura moderna. Así me ha parecido oportuno no conservar la elección por
aclamación quasi ex inspiratione, juzgándola ya inadecuada para interpretar el sentir
de un colegio electoral tan extenso por su número
y tan diversificado por su
procedencia. Igualmente ha parecido necesario suprimir la elección per
compromissum, no sólo porque es de difícil realización, como ha demostrado el
cúmulo casi inextricable de normas emanadas a este respecto en el pasado, sino
también porque su naturaleza conlleva una cierta falta de responsabilidad de los
electores, los cuales, en esta hipótesis, no serían llamados a expresar personalmente
el propio voto.
Después de madura reflexión he llegado, pues, a la determinación de estab
lecer que
la única forma con la cual los electores pueden manifestar su voto para la elección del
Romano Pontífice sea la del escrutinio secreto, llevado a cabo según las normas
indicadas más abajo. En efecto, esta forma ofrece las mayores garantías de cla
ridad,
nitidez, simplicidad, transparencia y, sobre todo, de efectiva y constructiva
participación de todos y cada uno de los Padres Cardenales llamados a constituir la
asamblea electiva del Sucesor de Pedro.
Con estos propósitos promulgo la presente Const
itución apostólica, que contiene las
normas a las que, cuando tenga lugar la vacante de la Sede Romana, deben atenerse
rigurosamente los Cardenales que tienen el derecho
deber de elegir al Sucesor de
Pedro, Cabeza visible de toda la Iglesia y Siervo de los
siervos de Dios.

5
PRIMERA PARTE:
VACANTE DE LA SEDE APOSTÓLICA
CAPÍTULO
I:
PODERES DEL COLEGIO DE LOS CARDENALES MIENTRAS ESTÁ VACANTE LA
SEDE APOSTÓLICA
1
. Mientras está vacante la Sede Apostólica, el Colegio de los Cardenales no tiene
ninguna potestad
o jurisdicción sobre las cuestiones que corresponden al Sumo
Pontífice en vida o en el ejercicio de las funciones de su misión; todas estas
cuestiones deben quedar reservadas exclusivamente al futuro Pontífice. Declaro, por
lo tanto, inválido y nulo cualq
uier acto de potestad o de jurisdicción correspondiente al
Romano Pontífice mientras vive o en el ejercicio de las funciones de su misión, que el
Colegio mismo de los Cardenales decidiese ejercer, si no es en la medida
expresamente consentida en esta Const
itución.
2
. Mientras está vacante la Sede Apostólica, el gobierno de la Iglesia queda confiado
al Colegio de los Cardenales solamente para el despacho de los asuntos ordinarios o
de los inaplazables (cf.n.6), y para la preparación de todo lo necesario par
a la elección
del nuevo Pontífice. Esta tarea debe llevarse a cabo con los modos y los límites
previstos por esta Constitución: por eso deben quedar absolutamente excluidos los
asuntos, que sea por ley como por praxis
o son potestad únicamente del Romano
Pontífice mismo, o se refieren a las normas para la elección del nuevo Pontífice según
las disposiciones de la presente Constitución.
3
. Establezco, además, que el Colegio Cardenalicio no pueda disponer nada sobre los
derechos de la Sede Apostólica y de l
a Iglesia Romana, y tanto menos permitir que
algunos de ellos vengan menguados, directa o indirectamente, aunque fuera con el fin
de solucionar divergencias o de perseguir acciones perpetradas contra los mismos
derechos después de la muerte o la renuncia v
álida del Pontífice.(1)(2) Todos los
Cardenales tengan sumo cuidado en defender tales derechos.
4
. Durante la vacante de la Sede Apostólica, las leyes emanadas por los Romanos
Pontífices no pueden de ningún modo ser corregidas o modificadas, ni se puede
a
ñadir, quitar nada o dispensar de una parte de las mismas, especialmente en lo que
se refiere al ordenamiento de la elección del Sumo Pontífice. Es más, si sucediera
eventualmente que se hiciera o intentara algo contra esta disposición, con mi suprema
auto
ridad lo declaro nulo e inválido.
5
. En el caso de que surgiesen dudas sobre las disposiciones contenidas en esta
Constitución, o sobre el modo de llevarlas a cabo, dispongo formalmente que todo el
poder de emitir un juicio al respecto corresponde al Cole
gio de los Cardenales, al cual
doy por tanto la facultad de interpretar los puntos dudosos o controvertidos,
estableciendo que cuando sea necesario deliberar sobre estas o parecidas cuestiones,
excepto sobre el acto de la elección, sea suficiente que la ma
yoría de los Cardenales
reunidos esté de acuerdo sobre la misma opinión.
6
. Del mismo modo, cuando se presente un problema que, a juicio de la mayor parte
de los Cardenales reunidos, no puede ser aplazado posteriormente, el Colegio de los
Cardenales debe
disponer según el parecer de la mayoría.
CAPÍTULO II:

6
LAS CONGREGACIONES DE LOS CARDENALES PARA PREPARAR LA
ELECCIÓN DEL SUMO PONTÍFICE
7
. Durante la Sede vacante tendrán lugar dos clases de Congregaciones de los
Cardenales: una general, es decir, de to
do el Colegio hasta el comienzo de la elección,
y otra particular. En las Congregaciones generales deben participar todos los
Cardenales no impedidos legítimamente, apenas son informados de la vacante de la
Sede Apostólica. Sin embargo, a los Cardenales qu
e, según la norma del n. 33 de esta
Constitución, no tienen el derecho de elegir al Pontífice, se les concede la facultad de
abstenerse, si lo prefieren, de participar en estas Congregaciones generales.
La Congregación particular está constituida por el Ca
rdenal Camarlengo de la Santa
Iglesia Romana y por tres Cardenales, uno por cada Orden, extraídos por sorteo entre
los Cardenales electores llegados a Roma. La función de estos tres Cardenales,
llamados Asistentes, cesa al cumplirse el tercer día, y en su
lugar, siempre mediante
sorteo, les suceden otros con el mismo plazo de tiempo incluso después de iniciada la
elección.
Durante el período de la elección las cuestiones de mayor importancia, si es
necesario, serán tratadas por la asamblea de los Cardenales
electores, mientras que
los asuntos ordinarios seguirán siendo tratados por la Congregación particular de los
Cardenales. En las Congregaciones generales y particulares, durante la Sede vacante,
los Cardenales vestirán el traje talar ordinario negro con c
ordón rojo y la faja roja, con
solideo, cruz pectoral y anillo.
8
.En las Congregaciones particulares deben tratarse solamente las cuestiones de
menor importancia que se vayan presentando diariamente o en cada momento. Si
surgieran cuestiones más importante
s y que merecieran un examen más profundo,
deben ser sometidas a la Congregación general. Además, todo lo que ha sido
decidido, resuelto o denegado en una Congregación particular no puede ser revocado,
cambiado o concedido en otra; el derecho de hacer esto
corresponde únicamente a la
Congregación general y por mayoría de votos.
9
. Las Congregaciones generales de los Cardenales tendrán lugar en el Palacio
Apostólico Vaticano o, si las circunstancias lo exigen, en otro lugar más oportuno a
juicio de los mismo
s Cardenales. Preside estas Congregaciones el Decano del Colegio
o, en el caso de que esté ausente o legítimamente impedido, el Vicedecano. En el
caso de que uno de ellos o los dos no gocen, según la norma del n. 33 de esta
Constitución, del derecho de ele
gir al Pontífice, presidirá las asambleas de los
Cardenales electores el Cardenal elector más antiguo, según el orden habitual de
precedencia.
10
. El voto en las Congregaciones de los Cardenales, cuando se trate de asuntos de
mayor importancia, no debe ser
dado de palabra, sino de forma secreta.
11
. Las Congregaciones generales que preceden el comienzo de la elección, llamadas
por eso «preparatorias», deben celebrarse a diario, a partir del día establecido por el
Camarlengo de la Santa Iglesia Romana y por
el primer Cardenal de cada orden entre
los electores, incluso en los días en que se celebran las exequias del Pontífice difunto.
Esto debe hacerse para que el Cardenal Camarlengo pueda oír el parecer del Colegio
y darle las comunicaciones que crea necesari
as u oportunas; y también para permitir a
cada Cardenal que exprese su opinión sobre los problemas que se presenten, pedir
explicaciones en caso de duda y hacer propuestas.

7
12
. En las primeras Congregaciones generales se proveerá a que cada Cardenal
tenga
a disposición un ejemplar de esta Constitución y, al mismo tiempo, se le dé la
posibilidad de proponer eventualmente cuestiones sobre el significado y el
cumplimiento de las normas establecidas en la misma. Conviene, además, que sea
leída la parte de esta
Constitución que hace referencia a la vacante de la Sede
Apostólica. Al mismo tiempo, todos los Cardenales presentes deben prestar juramento
de observar las disposiciones contenidas en ella y de guardar el secreto. Este
juramento, que debe ser hecho tambié
n por los Cardenales que habiendo llegado con
retraso participen más tarde en estas Congregaciones, será leído por el Cardenal
Decano o, eventualmente por otro presidente del Colegio (conforme a la norma
establecida en el n. 9 de esta Constitución) en pres
encia de los otros Cardenales
según la siguiente fórmula:
Nosotros, Cardenales de la Santa Iglesia Romana, del Orden de los Obispos, del de
los Presbíteros y del de los Diáconos, prometemos, nos obligamos y juramos, todos y
cada uno, observar exacta y fiel
mente todas las normas contenidas en la Constitución
apostólica Universi Dominici Gregis del Sumo Pontífice Juan Pablo II, y mantener
escrupulosamente el secreto sobre cualquier cosa quede algún modo tenga que ver
con la elección del Romano Pontífice, o qu
e por su naturaleza, durante la vacante de
la Sede Apostólica, requiera el mismo secreto.
Seguidamente cada Cardenal dirá: Y Yo, N.Cardenal N. prometo, me obligo y juro. Y
poniendo la mano sobre los Evangelios, añadirá: Así me ayude Dios y estos Santos
Eva
ngelios que toco con mi mano.13. En una de las Congregaciones inmediatamente
posteriores, los Cardenales deberán, en conformidad con el orden del día
preestablecido, tomar las decisiones más urgentes para el comienzo del proceso de la
elección, es decir:
a.
E
stablecer el día, la hora y el modo en que el cadáver del difunto Pontífice será
trasladado a la Basílica Vaticana, para ser expuesto a la veneración de los
fieles;
b.
Disponer todo lo necesario para las exequias del difunto Pontífice, que se
celebrarán duran
te nueve días consecutivos, y fijar el inicio de las mismas de
modo que el entierro tenga lugar, salvo motivos especiales, entre el cuarto y el
sexto día después de la muerte;
c.
Pedir a la Comisión, compuesta por el Cardenal Camarlengo y por los
Cardenales q
ue desempeñan respectivamente el cargo de Secretario de
Estado y de Presidente de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad
del Vaticano, que disponga oportunamente tanto los locales de la Domus
Sanctae Marthae para el conveniente alojamiento de l
os Cardenales electores,
como las habitaciones adecuadas para los que están previstos en el n. 46 de la
presente Constitución, y que, al mismo tiempo, provea a que esté dispuesto
todo lo necesario para la preparación de la Capilla Sixtina, a fin de que las
operaciones relativas a la elección puedan desarrollarse de manera ágil,
ordenada y con la máxima reserva, según lo previsto y establecido en esta
Constitución;
d.
Confiar a dos eclesiásticos de clara doctrina, sabiduría y autoridad moral, el
encargo de pred
icar a los mismos Cardenales dos ponderadas meditaciones
sobre los problemas de la Iglesia en aquel momento y la elección iluminada del
nuevo Pontífice; al mismo tiempo, quedando firme lo dispuesto en el n. 52 de
esta Constitución, determinen el día y la h
ora en que debe serles dirigida la
primera de dichas meditaciones;
e.
Aprobar bajo propuesta de la Administración de la Sede Apostólica o, en la
parte que le corresponde, del Gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano
,

13
43
. Desde el momento en que se ha dispuesto el comienzo del proceso de la elección
hasta el anuncio públ
ico de que se ha realizado la elección del Sumo Pontífice o, de
todos modos, hasta cuando así lo ordene el nuevo Pontífice, los locales de la Domus
Sanctae Marthae, como también y de modo especial la Capilla Sixtina y las zonas
destinadas a las celebracion
es litúrgicas, deben estar cerrados a las personas no
autorizadas, bajo la autoridad del Cardenal Camarlengo y con la colaboración externa
del Sustituto de la Secretaría de Estado, según lo establecido en los números
siguientes.
Todo el territorio de la Ci
udad del Vaticano y también la actividad ordinaria de las
Oficinas que tienen su sede dentro de su ámbito deben regularse, en dicho período, de
modo que se asegure la reserva y el libre desarrollo de todas las actividades en
relación con la elección del Su
mo Pontífice. De modo particular se deberá cuidar que
nadie se acerque a los Cardenales electores durante el traslado desde la Domus
Sanctae Marthae al Palacio Apostólico Vaticano.
44
. Los Cardenales electores, desde el comienzo del proceso de la elección
hasta que
ésta tenga lugar y sea anunciada públicamente, deben abstenerse de mantener
correspondencia epistolar, telefónica o por otros medios de comunicación con
personas ajenas al ámbito del desarrollo de la misma elección, si no es por
comprobada y urge
nte necesidad, debidamente reconocida por la Congregación
particular a la que se refiere el n. 7. A la misma corresponde reconocer la necesidad y
la urgencia de comunicar con los respectivos dicasterios por parte de los Cardenales
Penitenciario Mayor, Vica
rio General para la diócesis de Roma y Arcipreste de la
Basílica Vaticana.
45
. A todos aquellos que, no estando indicados en el número siguiente, y que
casualmente, aunque presentes en la Ciudad del Vaticano por justo título, como se
prevé en el n. 43 de e
sta Constitución, encontraran a algunos de los Cardenales
electores en tiempo de la elección, está absolutamente prohibido mantener coloquio,
de cualquier forma, por cualquier medio o por cualquier motivo, con los mismos Padres
Cardenales.
46
. Para satisfa
cer las necesidades personales yde la oficina relacionadas con el
desarrollo de laelección, deberán estar disponibles y, por tanto, alojados
convenientemente dentro de los límites a los que se refiere el n. 43 de la presente
Constitución, el Secretario del
Colegio Cardenalicio, que actúa de Secretario de la
asamblea electiva; el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias con dos
Ceremonieros y dos religiosos adscritos a la Sacristía Pontificia; un eclesiástico
elegido por el Cardenal Decano, o por
el Cardenal que haga sus veces, para que lo
asista en su cargo.
Además, deberán estar disponibles algunos religiosos de varias lenguas para las
confesiones, ytambién dos médicos para eventuales emergencias.
Se deberá también proveer oportunamente para que
un número suficiente de
personas, adscritas a los servicios de comedor y de limpieza, estén disponibles para
ello.
Todas las personas aquí mencionadas deberán recibir la aprobación previa del
Cardenal Camarlengo y de los tres Asistentes.
47
. Todas las pers
onas señaladas en el n. 46 de la presente Constitución que por
cualquier motivo o en cualquier momento fueran informadas por quien sea sobre algo

14
directa o indirectamente relativo a los actos propios de la elección y, de modo
particular, de lo referente a
los escrutinios realizados en la elección misma, están
obligadas a estricto secreto con cualquier persona ajena al Colegio de los Cardenales
electores; por ello, antes del comienzo del proceso de la elección, deberán prestar
juramento según las modalidades
y la fórmula indicada en el número siguiente.
48
. Las personas señaladas en el n. 46 de la presente Constitución, debidamente
advertidas sobre el significado y sobre el alcance del juramento que han de prestar
antes del comienzo del proceso de la elección
, deberán pronunciar y subscribir a su
debido tiempo, ante el Cardenal Camarlengo u otro Cardenal delegado por éste, en
presencia de dos Ceremonieros, el juramento según la fórmula siguiente:
Yo N. N. prometo y juro observar el secreto absoluto con quien n
o forme parte del
Colegio de los Cardenales electores, y esto perpetuamente, a menos que no reciba
especiales facultades dadas expresamente por el nuevo Pontífice elegido o por sus
Sucesores, acerca de todo lo que atañe directa o indirectamente a las votac
iones y a
los escrutinios para la elección del Sumo Pontífice.
Prometo igualmente y juro que me abstendré de hacer uso de cualquier instrumento
de grabación, audición o visión de cuanto, durante el período de la elección, se
desarrolla dentro del ámbito de
la Ciudad del Vaticano, y particularmente de lo que
directa o indirectamente de algún modo tiene que ver con lasoperaciones relacionadas
con la elección misma. Declaro emitir este juramento consciente de que unainfracción
del mismo comportaría para mí aqu
ellas penas espirituales y canónicas que el futuro
SumoPontífice (cf. can. 1399 del C.I.C.) determine adoptar.
Así Dios me ayude y estos Santos Evangelios que toco con mi mano.
CAPÍTULO III:
COMIENZO DE LOS ACTOS DE LA ELECCIÓN
49
. Celebradas las exequia
s del difunto Pontífice, según los ritos prescritos, y
preparado lo necesario para el desarrollo regular de la elección, el día establecido es
decir, el decimoquinto desde la muerte del Pontífice, o según lo previsto en el n. 37 de
la presente Constitución
, no más allá del vigésimo
los Cardenales electores se
reunirán en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, o donde la oportunidad y las
necesidades de tiempo y de lugar aconsejen, para participar en una solemne
celebración eucarística con la Misa votiva
« Pro eligendo Papa ».(1)(9) Esto deberá
realizarse a ser posible en una hora adecuada de la mañana, de modo que en la tarde
pueda tener lugar lo prescrito en los números siguientes de la presente Constitución.
50
. Desde la Capilla Paulina del Palacio Apos
tólico, donde se habrán reunido en una
hora conveniente de la tarde, los Cardenales electores en hábito coral irán en solemne
procesión, invocando con el canto del Veni Creator la asistencia del Espíritu Santo, a
la Capilla Sixtina del Palacio Apostólico,
lugar y sede del desarrollo de la elección.
51
. Conservando los elementos esenciales del Cónclave, pero modificando algunas
modalidades secundarias, que el cambio de las circunstancias ha hecho irrelevantes
para el objeto que servían anteriormente, con la
presente Constitución establezco y
dispongo que todo el proceso de la elección del Sumo Pontífice, según lo prescrito en
los números siguientes, se desarrolle exclusivamente en la Capilla Sixtina del Palacio
Apostólico Vaticano, que sigue siendo lugar abso
lutamente reservado hasta el final de

15
la elección, de tal modo que se asegure el total secreto de lo que allí se haga o diga de
cualquier modo relativo, directa o indirectamente, a la elección del Sumo Pontífice.
Por tanto, el Colegio Cardenalicio, que act
úa bajo la autoridad y la responsabilidad del
Camarlengo, ayudado por la Congregación particular de la que se habla en el n. 7 de
la presente Constitución cuidará de que, dentro de dicha Capilla y de los locales
adyacentes, todo esté previamente dispuesto,
incluso con la ayuda desde el exterior
del Sustituto de la Secretaría de Estado, de modo que se preserve la normal elección y
el carácter reservado de la misma.
De modo especial se deben hacer precisos y severos controles, incluso con la ayuda
de personas
de plena confianza y probada capacidad técnica, para que en dichos
locales no sean instalados dolosamente medios audiovisuales de grabación y
transmisión al exterior.
52
. Llegados los Cardenales electores a la Capilla Sixtina, según lo dispuesto en el n.
50, en presencia aún de quienes han participado en la solemne procesión, emitirán el
juramento, pronunciando la fórmula indicada en el número siguiente.
El Cardenal Decano o el primer Cardenal por orden y antigüedad, según lo dispuesto
en el n. 9 de la pre
sente Constitución, leerá la fórmula en voz alta; al final cada uno de
los Cardenales electores, tocando los Santos Evangelios leerá y pronunciará la
fórmula en el modo indicado en el número siguiente.
Después que haya prestado juramento el último de los C
ardenales electores, el
Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias pronunciará el extra omnes y todos
los ajenos al Cónclave deberán salir de la Capilla Sixtina.
En ella quedarán únicamente el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias y
el eclesiástico, ya designado para tener la segunda de las meditaciones a los
Cardenales electores, a la que se refiere el n. 13/d, sobre el gravísimo deber que les
incumbe y, por tanto, sobre la necesidad de proceder con recta intención por el bien de
la
Iglesia universal solum Deum prae oculis habentes.53. Según lo dispuesto en el
número precedente, el Cardenal Decano, o el primer Cardenal por orden y antigüedad,
pronunciará la siguiente fórmula de juramento:
Todos y cada uno de nosotros Cardenales electo
res presentes en esta elección del
Sumo Pontífice prometemos, nos obligamos y juramos observar fiel y
escrupulosamente todas las prescripciones contenidas en la Constitución Apostólica
del Sumo Pontífice Juan Pablo II, Universi Dominici Gregis, emanada el
22de febrero
de 1996. Igualmente, prometemos, nos obligamos y juramos que quienquiera de
nosotros que, por disposición divina, sea elegido Romano Pontífice, se comprometerá
a desempeñar fielmente el « munus petrinum » de Pastor de la Iglesia universal y no
dejará de afirmar y defender denodadamente los derechos espirituales y temporales,
así como la libertad de la Santa Sede. Sobre todo, prometemos y juramos observar
con la máxima fidelidad y con todos, tanto clérigos como laicos, el secreto sobre todo
lo r
elacionado de algún modo con la elección del Romano Pontífice y sobre lo que
ocurre en el lugar de la elección concerniente directa o indirectamente al escrutinio; no
violar de ningún modo este secreto tanto durante como después de la elección del
nuevo Po
ntífice, a menos que sea dada autorización explícita por el mismo Pontífice;
no apoyar o favorecer ninguna interferencia, oposición o cualquier otra forma de
intervención con la cual autoridades seculares de cualquier orden o grado, o cualquier
grupo de pe
rsonas o individuos quisieran inmiscuirse en la elección del Romano
Pontífice.

16
A continuación, cada Cardenal elector, según el orden de precedencia, prestará
juramento con la fórmula siguiente:
Y yo, N. Cardenal N. prometo, me obligo y juro, y poniendo la
mano sobre los
Evangelios, añadirá: Así Dios me ayude y estos Santos Evangelios que toco con mi
mano.54. Después de predicada la meditación, el eclesiástico que la ha pronunciado
sale de la Capilla Sixtina junto con el Maestro de las Celebraciones Litúrgic
as
Pontificias. Los Cardenales electores, después de haber recitado las oraciones según
el relativo Ordo, escuchan al Cardenal Decano (o a quien haga sus veces), el cual
somete al Colegio de los electores ante todo la cuestión de si se puede ya proceder a
iniciar el proceso de la elección, o si fuera preciso aún aclarar dudas sobre las normas
y las modalidades establecidas en esta Constitución, pero sin que a nadie le esté
permitido poder modificar o sustituir alguna de ellas, referente sustancialmente a lo
s
actos de la elección misma, aunque se diera la unanimidad de los electores, y esto
bajo pena de nulidad de la misma deliberación.
Si además, según la mayoría de los electores, nada impide que se proceda a las
operaciones de la elección, se pasará inmedia
tamente a ellas de acuerdo con las
modalidades indicadas en esta misma Constitución.
CAPÍTULO IV:
OBSERVANCIA DEL SECRETO SOBRE TODO LO RELATIVO A LA ELECCIÓN
55
. El Cardenal Camarlengo y los tres Cardenales Asistentes pro tempore están
obligados a vigil
ar atentamente para que no se viole en modo alguno el carácter
reservado de lo que sucede en laCapilla Sixtina, donde se desarrollan las operaciones
de votación, y de los locales contiguos, tanto antes como durante y después de tales
operaciones.
De modo p
articular, incluso recurriendo a la pericia de dos técnicos de confianza,
procurarán tutelar este carácter reservado, asegurándose de que ningún medio de
grabación o de transmisión audiovisual sea introducido por alguien en los locales
indicados, especialm
ente en la citada Capilla donde se desarrollan los actos de la
elección.
Si se cometiese y descubriese una infracción a esta norma, sepan los autores que
estarán sujetos a graves penas según juzgue el futuro Pontífice.
56
. En todo el tiempo que dure el pro
ceso de la elección, los Cardenales electores
están obligados a abstenerse de correspondencia epistolar y de conversaciones
incluso telefónicas o por radio con personas no debidamente admitidas en los edificios
reservados a ellos.
Unicamente razones gravís
imas y urgentes, comprobadas por la Congregación
particular de los Cardenales, de la que habla el n. 7, podrán consentir semejantes
conversaciones.
Los Cardenales electores, antes de iniciar los actos de la elección, proveerán pues a
que se disponga todo l
o referente a las exigencias de su cargo o personales y no
aplazables, de modo que no sea necesario recurrir a tales coloquios.
57
. Los Cardenales electores deberán abstenerse igualmente de recibir o enviar
cualquier tipo de mensajes fuera de la Ciudad del
Vaticano, existiendo naturalmente la

17
prohibición de que éstos se hagan por medio de alguna persona legítimamente
admitida allí. De forma específica se prohíbe a los Cardenales electores, mientras dure
el proceso de la elección, recibir prensa diaria y per
iódica de cualquier tipo, así como
escuchar programas radiofónicos o ver transmisiones televisivas.
58
. Quienes, de algún modo, según lo previsto en el n. 46 de la presente Constitución,
prestan su servicio en lo referente a la elección, y que directa o in
directamente
pudieran violar el secreto ya se trate de palabras, escritos, señales, o cualquier otro
medio
deben evitarlo absolutamente, porque de otro modo incurrirían en la pena de
excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica.
59
. En parti
cular, está prohibido a los Cardenales electores revelar a cualquier otra
persona noticias que, directa o indirectamente se refieran a las votaciones, como
también lo que se ha tratado o decidido sobre la elección del Pontífice en las
reuniones de los Card
enales, tanto antes como durante el tiempo de la elección. Tal
obligación del secreto concierne también a los Cardenales no electores participantes
en las Congregaciones generales según la norma del n. 7 de la presente Constitución.
60
. Ordeno además a los
Cardenales electores, graviter onerata ipsorum conscientia,
que conserven el secreto sobre estas cosas incluso después de la elección del nuevo
Pontífice, recordando que no es lícito violarlo de ningún modo, a no ser que el mismo
Pontífice haya dado una e
special y explícita facultad al respecto.
61
. Finalmente, para que los Cardenales electores puedan salvaguardarse de la
indiscreción ajena y de eventuales asechanzas que pudieran afectar a su
independencia de juicio y a su libertad de decisión, prohibo abs
olutamente que, bajo
ningún pretexto, se introduzcan en los lugares donde se desarrollan las operaciones
de la elección o, si ya los hubiera, que sean usados instrumentos técnicos de cualquier
tipo que sirvan para grabar, reproducir o transmitir voces, imá
genes o escritos.
CAPÍTULO V:
DESARROLLO DE LA ELECCIÓN
62
. Abolidos los modos de elección llamados per acclamationem seu inspirationem y
per compromissum, la forma de elección del Romano Pontífice será de ahora en
adelante únicamente per scrutinium.
Est
ablezco, por lo tanto, que para la elección válida del Romano Pontífice se requieren
los dos tercios de los votos, calculados sobre la totalidad de los electores presentes.
En el caso en que el número de Cardenales presentes no pueda dividirse en tres
part
es iguales, para la validez de la elección del Sumo Pontífice se requiere un voto
más.
63
. Se procederá a la elección inmediatamente después de que se hayan cumplido las
formalidades contenidas en el n. 54 de la presente Constitución.
Si eso sucede ya en l
a tarde del primer día, se tendrá un solo escrutinio; en los días
sucesivos si la elección no ha tenido lugar en el primer escrutinio, se deben realizar
dos votaciones tanto en la mañana como en la tarde, comenzando siempre las
operaciones de voto a la hor
a ya previamente establecida bien en las Congregaciones
preparatorias, bien durante el periodo de la elección, según las modalidades
establecidas en los números 64 y siguientes de la presente Constitución.

18
64
. El procedimiento del escrutinio se desarrolla
en tres fases, la primera de las
cuales, que se puede llamar pre
escrutinio, comprende: 1) la preparación y distribución
de las papeletas por parte de los Ceremonieros, quienes entregan por lo menos dos o
tres a cada Cardenal elector; 2) la extracción por
sorteo, entre todos los Cardenales
electores, de tres Escrutadores, de tres encargados de recoger los votos de los
enfermos, llamados Infirmarii, y de tres Revisores; este sorteo es realizado
públicamente por el último Cardenal Diácono, el cual extrae segu
idamente los nueve
nombres de quienes deberán desarrollar tales funciones; 3) si en la extracción de los
Escrutadores, de los Infirmarii y de los Revisores, salieran los nombres de Cardenales
electores que, por enfermedad u otro motivo, están impedidos de
llevar a cabo estas
funciones, en su lugar se extraerán los nombres de otros no impedidos. Los tres
primeros extraídos actuarán de Escrutadores, los tres segundos de Infirmarii y los
otros tres de Revisores.
65
. En esta fase de escrutinio hay que tener en
cuenta las siguientes disposiciones: 1)
la papeleta ha de tener forma rectangular y llevar escritas en la mitad superior, a ser
posible impresas, las palabras: Eligo in Summum Pontificem, mientras que en la mitad
inferior debe dejarse espacio para escribir
el nombre del elegido; por tanto, la papeleta
está hecha de modo que pueda ser doblada por la mitad; 2) la compilación de las
papeletas debe hacerse de modo secreto por cada Cardenal elector, el cual escribirá
claramente, con caligrafía lo más irreconocib
le posible, el nombre del que elige,
evitando escribir más nombres, ya que en ese caso el voto sería nulo, doblando dos
veces la papeleta; 3) durante las votaciones, los Cardenales electores deben
permanecer en la Capilla Sixtina solos y por eso, inmediata
mente después de la
distribución de las papeletas y antes de que los electores empiecen a escribir, el
Secretario del Colegio de los Cardenales, el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas
Pontificias y los Ceremonieros deben salir de allí; después de su sa
lida, el último
Cardenal Diácono cerrará la puerta, abriéndola y cerrándola todas las veces que sea
necesario, como por ejemplo cuando los Infirmarii salgan para recoger los votos de los
enfermos y vuelven a la Capilla.
66
. La segunda fase, llamada escruti
nio verdadero y propio, comprende: 1) la
introducción de las papeletas en la urna apropiada; 2) la mezcla y el recuento de las
mismas; 3) el escrutinio de los votos. Cada Cardenal elector, por orden de
precedencia, después de haber escrito y doblado la pap
eleta, teniéndola levantada de
modo que sea visible, la lleva al altar, delante del cual están los Escrutadores y sobre
el cual está colocada una urna cubierta por un plato para recoger las papeletas.
Llegado allí, el Cardenal elector pronuncia en voz alta
la siguiente fórmula de
juramento: Pongo por testigo a Cristo Señor, el cual me juzgará, de que doy mi voto a
quien, en presencia de Dios, creo que debe ser elegido. A continuación deposita la
papeleta en el plato y con éste la introduce en la urna. Hecho
esto, se inclina ante el
altar y vuelve a su sitio.
Si alguno de los Cardenales electores presentes en la Capilla no puede acercarse al
altar por estar enfermo, el último de los Escrutadores se acerca a él, previo el
mencionado juramento, entrega la papel
eta doblada al mismo Escrutador, el cual la
lleva de manera visible al altar y, sin pronunciar el juramento, la deposita en el plato y
con éste la introduce en la urna.
67
. Si hay Cardenales electores enfermos en sus habitaciones, a los cuales se refiere
e
l n. 41 y siguientes de esta Constitución, los tres Infirmarii se dirigen a ellos con una
caja, que tenga en la parte superior una abertura por donde pueda introducirse una
papeleta doblada. Los Escrutadores, antes de entregar esta caja a los Infirmarii la
abren públicamente, de modo que los otros electores puedan comprobar que está

19
vacía, después la cierran y depositan la llave sobre el altar. Seguidamente los
Infirmarii, con la caja cerrada y un conveniente número de papeletas sobre una
bandeja, se dirige
n, debidamente acompañados, a la Domus Sanctae Marthae, donde
esté cada enfermo, el cual, tomando una papeleta, vota en secreto, la dobla y, previo
el mencionado juramento, la introduce en la caja a través de la abertura. Si algún
enfermo no está en condic
iones de escribir, uno de los tres Infirmarii u otro Cardenal
elector escogido por el enfermo, después de haber prestado juramento ante los
mismos Infirmarii de mantener el secreto, lleva a cabo dichas operaciones. Después
de esto, los Infirmarii devuelven
a la Capilla la caja, que será abierta por los
Escrutadores una vez que los Cardenales presentes hayan depositado su voto,
contando las papeletas que contiene y comprobando que su número corresponde al
de los enfermos, las ponen una a una en el plato y co
n éste las introducen todas juntas
en la urna. Para no alargar demasiado las operaciones de voto, los Infirmarii pueden
rellenar y depositar sus papeletas en la urna después del primero de los Cardenales,
yendo después a recoger el voto de los enfermos del
modo indicado más arriba
mientras los otros electores depositan su papeleta.
68
. Una vez que todos los Cardenales electores hayan introducido su papeleta en la
urna, el primer Escrutador la mueve varias veces para mezclar las papeletas e,
inmediatamente d
espués, el último Escrutador procede a contarlas, extrayéndolas de
manera visible una a una de la urna y colocándolas en otro recipiente vacío, ya
preparado para ello. Si el número de las papeletas no corresponde al número de los
electores, hay que quemarl
as todas y proceder inmediatamente a una segunda
votación; si, por el contrario, corresponde al número de electores, se continúa el
recuento como se dice más abajo.
69
. Los Escrutadores se sientan en una mesa colocada delante del altar; el primero de
ellos
toma una papeleta, la abre, observa el nombre del elegido y la pasa al segundo
Escrutador quien, comprobado a su vez el nombre del elegido, la pasa al tercero, el
cual la lee en voz alta e inteligible, de manera que todos los electores presentes
puedan an
otar el voto en una hoja. El mismo Escrutador anota el nombre leído en la
papeleta. Si durante el recuento de los votos los Escrutadores encontrasen dos
papeletas dobladas de modo que parezcan rellenadas por un solo elector, si éstas
llevan el mismo nombre
, se cuentan como un solo voto; si, por el contrario, llevan dos
nombres diferentes, no será válido ninguno de los dos; sin embargo, la votación no
será anulada en ninguno de los dos casos.
Concluido el escrutinio de las papeletas, los Escrutadores suman l
os votos obtenidos
por los varios nombres y los anotan en una hoja aparte. El último de los Escrutadores,
a medida que lee las papeletas, las perfora con una aguja en el punto en que se
encuentra la palabra Eligo y las inserta en un hilo, para que puedan s
er conservadas
con más seguridad. Al terminar la lectura de los nombres, se atan los extremos del hilo
con un nudo y las papeletas así unidas se ponen en un recipiente o al lado de la mesa.
70
. Sigue después la tercera y última fase, llamada también post
e
scrutinio, que
comprende: 1)el recuento de los votos; 2) su control; 3) la quema de las papeletas.
Los Escrutadores hacen la suma de todos los votos que cada uno ha obtenido, y si
ninguno ha alcanzado los dos tercios de los votos en aquella votación, el Pa
pa no ha
sido elegido; en cambio, si resulta que alguno ha obtenido los dos tercios, se tiene por
canónicamente válida la elección del Romano Pontífice.
En ambos casos, es decir, haya tenido lugar o no la elección, los Revisores deben
proceder al control t
anto de las papeletas como de las anotaciones hechas por los

20
Escrutadores, para comprobar que éstos han realizado con exactitud y fidelidad su
función.
Inmediatamente después de la revisión, antes de que los Cardenales electores
abandonen la Capilla Sixtin
a, todas las papeletas son quemadas por los Escrutadores,
ayudados por el Secretario del Colegio y los Ceremonieros, llamados entre tanto por el
último Cardenal Diácono. En el caso de que se debiera proceder inmediatamente a
una segunda votación, las papel
etas de la primera votación se quemarán sólo al final,
junto con las de la segunda votación.
71
. Ordeno a todos y a cada uno de los Cardenales electores que, a fin de mantener
con mayor seguridad el secreto, entreguen al Cardenal Camarlengo o a uno de los
tres
Cardenales Asistentes los escritos de cualquier clase que tengan consigo relativos al
resultado de cada escrutinio, para que se quemen junto con las papeletas.
Establezco además que, al finalizar la elección, el Cardenal Camarlengo de la Santa
Iglesia
Romana redacte un escrito, que debe ser aprobado también por los tres
Cardenales Asistentes, en el cual declare el resultado de las votaciones de cada
sesión. Este escrito será entregado al Papa y después se conservará en el archivo
correspondiente, cerra
do en un sobre sellado, que no podrá ser abierto por nadie, a no
ser que el Sumo Pontífice lo permitiera explícitamente.
72
. Confirmando las disposiciones de mis Predecesores, san Pío X,(2)(0) Pío XII (2)(1)
y Pablo VI,(2)(2) ordeno que exceptuada la tarde
de la entrada en el Cónclave
, sea
por la mañana como por la tarde, inmediatamente después de una votación en la cual
no haya tenido lugar la elección, los Cardenales electores procedan inmediatamente a
una segunda en la que darán de nuevo su voto. En est
e segundo escrutinio deben
observarse todas las modalidades del primero, con la diferencia de que los electores
no están obligados a hacer un nuevo juramento ni a elegir nuevos Escrutadores,
Infirmarii ni Revisores, siendo válido también para el segundo es
crutinio lo que se ha
hecho en el primero, sin repetir nada.
73
. Todo cuanto se ha establecido más arriba acerca del desarrollo de las votaciones
debe ser observado diligentemente por los Cardenales electores en todos los
escrutinios, que se deben hacer ca
da día, en la mañana y en la tarde, después de las
celebraciones sagradas u oraciones establecidas en el mencionado Ordo rituum
Conclavis.
74
. En el caso de que los Cardenales electores encontrasen dificultades para ponerse
de acuerdo sobre la persona a el
egir, entonces, después de tres días de escrutinios
sin resultado positivo, según la forma descrita en los números 62 y siguientes, éstos se
suspenden al máximo por un día, para una pausa de oración, de libre coloquio entre
los votantes y de una breve exho
rtación espiritual hecha por el primer Cardenal del
Orden de los Diáconos. A continuación, se reanudan las votaciones según la misma
forma y después de siete escrutinios, si no ha tenido lugar la elección, se hace otra
pausa de oración, de coloquio y de ex
hortación, hecha por el primer Cardenal del
Orden de los Presbíteros. Se procede luego a otra eventual serie de siete escrutinios,
seguida, si todavía no se ha llegado a un resultado positivo, de una nueva pausa de
oración, de coloquio y de exhortación, he
cha por el primer Cardenal del Orden de los
Obispos. Después, según la misma forma, siguen las votaciones, las cuales, si no
tiene lugar la elección, serán siete.
75
. Si las votaciones no tuvieran resultado positivo, después de proceder según lo
establecid
o en el número anterior, los Cardenales electores son invitados por el

21
Camarlengo a expresar su parecer sobre el modo de actuar, y se procederá según lo
que la mayoría absoluta de ellos establezca.
Sin embargo, no se podrá prescindir de la exigencia de que
se tenga una elección
válida, sea con la mayoría absoluta de los votos, sea votando sobre dos nombres que
en el escrutinio inmediatamente precedente hayan obtenido el mayor número de votos,
exigiéndose también en esta segunda hipótesis únicamente la mayor
ía absoluta.
76
. Si la elección se hubiera realizado de modo distinto a como ha sido prescrito en la
presente Constitución o no se hubieran observado las condiciones establecidas en la
misma, la elección es por eso mismo nula e inválida, sin que se requier
a ninguna
declaración al respecto y, por tanto, no da ningún derecho a la persona elegida.
77
. Establezco que las disposiciones concernientes a todo lo que precede a la elección
del Romano Pontífice y al desarrollo de la misma, deben ser observadas íntegra
mente
aun cuando la vacante de la Sede Apostólica pudiera producirse por renuncia del
Sumo Pontífice, según el can. 332 2 del Código de Derecho Canónico y del can. 44 2
del Código de los Cánones de las Iglesias Orientales.
CAPÍTULO VI:
LO QUE SE DEBE OBSE
RVAR O EVITAR EN LA ELECCIÓN DEL SUMO
PONTÍFICE
78
. Si en la elección del Romano Pontífice se perpetrase Dios nos libre
el crimen de la
simonía, determino y declaro que todos aquellos que fueran culpables incurrirán en la
excomunión latae sententiae, y qu
e, sin embargo, sea quitada la nulidad o no validez
de la provisión simoníaca, para que como ya establecieron mis predecesores
no sea
impugnada por este motivo la validez de la elección del Romano Pontífice.(2)(3)
79
. Confirmando también las prescripcione
s de mis Predecesores, prohíbo a quien
sea, aunque tenga la dignidad de Cardenal, mientras viva el Pontífice, y sin haberlo
consultado, hacer pactos sobre la elección de su Sucesor, prometer votos o tomar
decisiones a este respecto en reuniones privadas.
8
0
. De la misma manera, quiero ratificar cuanto sancionaron mis Predecesores a fin de
excluir toda intervención externa en la elección del Sumo Pontífice. Por eso
nuevamente, en virtud de santa obediencia y bajo pena de excomunión latae
sententiae, prohibo
a todos y cada uno de los Cardenales electores, presentes y
futuros, así como también al Secretario del Colegio de los Cardenales y a todos los
que toman parte en la preparación y realización de lo necesario para la elección,
recibir, bajo ningún pretexto,
de parte de cualquier autoridad civil, el encargo de
proponer el veto o la llamada exclusiva, incluso bajo la forma de simple deseo, o bien
de manifestarlo tanto a todo el Colegio de los electores reunido, como a cada uno de
ellos, por escrito o de palabr
a, directa e inmediatamente o indirectamente o por medio
de otros, tanto antes del comienzo de la elección como durante su desarrollo. Quiero
que dicha prohibición se extienda a todas las posibles interferencias, oposiciones y
deseos, con que autoridades s
eculares de cualquier nivel o grado, o cualquier grupo o
personas aisladas, quisieran inmiscuirse en la elección del Pontífice.
81
. Los Cardenales electores se abstendrán, además, de toda forma de pactos,
acuerdos, promesas u otros compromisos de cualquier
género, que los puedan obligar
a dar o negar el voto a uno o a algunos. Si esto sucediera en realidad, incluso bajo
juramento, decreto que tal compromiso sea nulo e inválido y que nadie esté obligado a

22
observarlo; y desde ahora impongo la excomunión latae
sententiae a los transgresores
de esta prohibición. Sin embargo, no pretendo prohibir que durante la Sede vacante
pueda haber intercambios de ideas sobre la elección.
82
. Igualmente, prohibo a los Cardenales hacer capitulaciones antes de la elección, o
se
a, tomar compromisos de común acuerdo, obligándose a llevarlos a cabo en el caso
de que uno de ellos sea elevado al Pontificado. Estas promesas, aun cuando fueran
hechas bajo juramento, las declaro también nulas e inválidas.
83
. Con la misma insistencia de
mis Predecesores, exhorto vivamente a los
Cardenales electores, en la elección del Pontífice, a no dejarse llevar por simpatías o
aversiones, ni influenciar por el favor o relaciones personales con alguien, ni moverse
por la intervención de personas impor
tantes o grupos de presión o por la instigación de
los medios de comunicación social, la violencia, el temor o la búsqueda de
popularidad. Antes bien, teniendo presente únicamente la gloria de Dios y el bien de la
Iglesia, después de haber implorado el aux
ilio divino, den su voto a quien, incluso
fuera del Colegio Cardenalicio, juzguen más idóneo para regir con fruto y beneficio a la
Iglesia universal.
84
. Durante la Sede vacante, y sobre todo mientras se desarrolla la elección del
Sucesor de Pedro, la Igle
sia está unida de modo particular con los Pastores y
especialmente con los Cardenales electores del Sumo Pontífice y pide a Dios un
nuevo Papa como don de su bondad y providencia. En efecto, a ejemplo de la primera
comunidad cristiana, de la que se habla e
n los Hechos de los Apóstoles (cf. 1, 14), la
Iglesia universal, unida espiritualmente a María, la Madre de Jesús, debe perseverar
unánimemente en la oración; de esta manera, la elección del nuevo Pontífice no será
un hecho aislado del Pueblo de Dios que a
tañe sólo al Colegio de los electores, sino
que en cierto sentido, será una acción de toda la Iglesia. Por tanto, establezco que en
todas las ciudades y en otras poblaciones, al menos las más importantes, conocida la
noticia de la vacante de la Sede Apostó
lica, y de modo particular de la muerte del
Pontífice, después de la celebración de solemnes exequias por él, se eleven humildes
e insistentes oraciones al Señor (cf. Mt 21, 22; Mc 11, 24), para que ilumine a los
electores y los haga tan concordes en su co
metido que se alcance una pronta,
unánime y fructuosa elección, como requiere la salvación de las almas y el bien de
todo el Pueblo de Dios.
85
. Recomiendo esto del modo más vivo y cordial a los venerables Padres Cardenales
que, por su edad, no gozan ya de
l derecho de participar en la elección del Sumo
Pontífice. En virtud del especialísimo vínculo que los cardenales tienen con la Sede
Apostólica, pónganse al frente del Pueblo de Dios, congregado particularmente en las
Basílicas Patriarcales de la ciudad de
Roma y también en los lugares de culto de las
otras Iglesias particulares, para que con la oración asidua e intensa, sobre todo
mientras se desarrolla la elección, se alcance del Dios Omnipotente la asistencia y la
luz del Espíritu Santo necesarias para l
os Hermanos electores, participando así eficaz
y realmente en la ardua misión de proveer a la Iglesia universal de su Pastor.
86
. Ruego, también, al que sea elegido que no renuncie al ministerio al que es llamado
por temor a su carga, sino que se someta hu
mildemente al designio de la voluntad
divina. En efecto, Dios, al imponerle esta carga, lo sostendrá con su mano para que
pueda llevarla; al conferirle un encargo tan gravoso, le dará también la ayuda para
desempeñarlo y, al darle la dignidad, le concederá
la fuerza para que no desfallezca
bajo el peso del ministerio.

23
CAPÍTULO VII:
ACEPTACIÓN, PROCLAMACIÓN E INICIO DEL MINISTERIO DEL NUEVO
PONTÍFICE
87
. Realizada la elección canónicamente, el último de los Cardenales Diáconos llama
al aula de la elección a
l Secretario del Colegio de los Cardenales y al Maestro de las
Celebraciones Litúrgicas Pontificias; después, el Cardenal Decano, o el primero de los
Cardenales por orden y antigüedad, en nombre de todo el Colegio de los electores,
pide el consentimiento d
el elegido con las siguientes palabras: ¿Aceptas tu elección
canónica para Sumo Pontífice? Y, una vez recibido el consentimiento, le pregunta:
¿Cómo quieres ser llamado? Entonces el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas
Pontificias, actuando como notario
y teniendo como testigos a dos Ceremonieros que
serán llamados en aquel momento, levanta acta de la aceptación del nuevo Pontífice y
del nombre que ha tomado.
88
. Después de la aceptación, el elegido que ya haya recibido la ordenación episcopal,
es inmedi
atamente Obispo de la Iglesia romana, verdadero Papa y Cabeza del Colegio
Episcopal; el mismo adquiere de hecho la plena y suprema potestad sobre la Iglesia
universal y puede ejercerla.
En cambio, si el elegido no tiene el carácter episcopal, será ordenado
Obispo
inmediatamente.
89
. Entre tanto, cumplidas las otras formalidades previstas en el Ordo rituum
Conclavis, los Cardenales electores, según las formas establecidas, se acercan para
expresar un gesto de respeto y obediencia al neoelegido Sumo Pontífice
. A
continuación se dan gracias a Dios, y el primero de los Cardenales Diáconos anuncia
al pueblo, que está esperando, la elección y el nombre del nuevo Pontífice, el cual
inmediatamente después imparte la Bendición Apostólica Urbi et Orbi desde el balcón
de la Basílica Vaticana.
Si el elegido no tiene el carácter episcopal, sólo después de que haya sido ordenado
Obispo solemnemente se le rinde homenaje y se da el anuncio.
90
. Si el elegido reside fuera de la Ciudad del Vaticano, deben observarse las normas
del mencionado Ordo rituum Conclavis.
La ordenación episcopal del Sumo Pontífice elegido, si no es aún Obispo, a la cual se
refieren los nn. 88 y 89 de la presente Constitución, debe hacerla, según la costumbre
de la Iglesia, el Decano del Colegio de los
Cardenales o, en su ausencia, el
Vicedecano o, si éste está impedido, el más antiguo de los Cardenales Obispos.
91
. El Cónclave se concluirá inmediatamente después de que el nuevo Sumo Pontífice
elegido haya dado el consentimiento a su elección, salvo que
él mismo disponga otra
cosa. Desde ese momento podrán acercarse al nuevo Pontífice el Sustituto de la
Secretaría de Estado, el Secretario para las Relaciones con los Estados, el Prefecto
de la Casa Pontificia y cualquier otro que tenga que tratar con el Po
ntífice elegido
cosas que sean necesarias en ese momento.
92
. El Pontífice, después de la solemne ceremonia de inauguración del pontificado y
dentro de un tiempo conveniente, tomará posesión de la Patriarcal Archibasílica
Lateranense, según el rito estable
cido.

24
PROMULGACIÓN
Por tanto, después de madura reflexión y movido por el ejemplo de mis Predecesores,
establezco y prescribo estas normas, determinando que nadie ose impugnar por
cualquier causa la presente Constitución y lo que en ella está contenido.
Esta debe ser
inviolablemente observada por todos, no obstante cualquier disposición al contrario,
incluso si es digna de especialísima mención. Que ésta surta y alcance sus plenos e
íntegros efectos, y sea guía para todos aquellos a quienes se refiere.
Ig
ualmente declaro derogadas, como ha sido establecido más arriba, todas las
Constituciones y los Ordenamientos emanados a este respecto por los Romanos
Pontífices, y al mismo tiempo declaro carente de todo valor cuanto se intentara hacer
en sentido contrari
o a esta Constitución por cualquiera, con cualquier autoridad,
consciente o inconscientemente.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 22de febrero, fiesta de la Cátedra de San
Pedro Apóstol del año 1996, decimoctavo de mi Pontificado.
NOTAS:
1.
S. Ireneo,
Adv. Haeres., III, 3, 2: SCh 211, 33.
2.
Cf. Const. ap. Vacante Sede Apostolica (25 diciembre 1904): Pii X Pontificis
Maximi Acta, III (1908), 239
288.
3.
Cf. Motu proprio Cum Proxime (1 marzo 1922): AAS 14 (1922), 145
146; Const.
ap. Quae divinitus (25 marzo 19
35): AAS 27 (1935), 97
113.
4.
Cf. Const. ap. Vacantis Apostolicae Sedis (8 diciembre 1945): AAS 38 (1946),
65
99.
5.
Cf. Motu proprio Summi Pontificis electio (5 septiembre 1962): AAS 54 (1962),
632
640.
6.
Cf. Const. ap. Regimini Ecclesiae universae (15 agosto 19
67): AAS 59 (1967),
885
928; Motu proprio Ingravescentem aetatem (21 noviembre 1970): AAS 62
(1970), 810
813; Const. ap. Romano Pontifici eligendo (1 octubre 1975): AAS
67 (1975), 609
645.
7.
Cf. AAS 80 (1988), 841
912.
8.
Cf. Conc. Ecum. Vat. I, Const. dogm.
Pa
stor aeternus, sobre la Iglesia de
Cristo, III; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia,
18.
9.
Código de Derecho Canónico, can. 332 1; cf. Código de los Cánones de las
Iglesias Orientales, can. 44 1.
10.
Cf. Motu proprio Ingravescentem
aetatem (21 noviembre 1970), II, 2: AAS 62
(1970), 811; Const. ap. Romano Pontifici eligendo (1 octubre 1975), 33: AAS 67
(1975), 622.
11.
Código de Derecho Canónico, can. 1752.
12.
Cf. Código de Derecho Canónico, can. 332 2; Código de los Cánones de las
Iglesias
Orientales, can. 44 2.
13.
Cf. AAS 80 (1988), 860.
14.
Cf. AAS 69 (1977), 9
10.
15.
Cf. Const. ap. Vicariae potestatis (6 enero 1977), 2 4: AAS 69 (1977), 10.
16.
Cf. n. 12: AAS 27 (1935), 112
113.
17.
Cf. art. 117: AAS 80 (1988), 905.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: