Carta del cacique Seatle. (La más bella declaración de amor a la naturaleza)


La carta del cacique Seattle
(La más bella declaración de amor a la naturaleza)
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¿Cómo puede usted comprar o vender el cielo, o el calor de la tierra? La idea resulta extraña para nosotros. Si no nos pertenecen la frescura del ni el destello del agua, ¿cómo nos los podrían comprar ustedes?
Cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. El majestuoso pino, la arenosa ribera, la bruma de los bosques, cada insecto que nace, con su zumbido… es sagrado en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que recorre los árboles, lleva los recuerdos del piel roja.
Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a pasear entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan a esta hermosa tierra, porque es ella madre del piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte nuestra. Las perfumadas flores son nuestras hermanas. El ciervo, el caballo, el águila majestuosa… son nuestros hermanos. Las rocosas cumbres, el olor de las praderas, el calor corporal del potrillo, y el hombre: todos pertenecemos a la misma familia.
Por eso, cuando el «Gran Jefe» en Washington nos manda decir que desea comprar nuestra tierra, es mucho lo que está pidiendo de nosotros. El «Gran Jefe» dice que nos reservará un lugar, de forma que vivamos cómodamente. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso, estamos considerando su oferta de comprar nuestra tierra. Pero no va a ser fácil, porque esta tierra es sagrada para nosotros.
El agua centelleante que corre por los arroyos y los ríos no es agua solamente: es sangre de nuestros antepasados. Si nosotros les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que es sagrada, y deberán enseñar a sus hijos que es sagrada, y que cada imagen que se refleja en el agua cristalina de los lagos, habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de nuestro pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
Los ríos son hermanos nuestros, mitigan nuestra sed, conducen nuestras canoas, alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deberán recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son hermanos nuestros y hermanos de ustedes. Y deberán darles en adelante la atención que merece un hermano.
Sabemos que el blanco no entiende nuestra manera de ser. Un pedazo de tierra, para él, es igual que el siguiente. El es como un extraño que llega durante la noche y arranca de la tierra lo que necesita y se va. No mira a la tierra como su hermana, sino como su enemiga. Y cuando la ha conquistado, la abandona y se marcha a otra parte. Deja atrás las tumbas de sus padres, y no le importa. Viola la tierra de sus hijos y no le importa. Olvida la tumba de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre la tierra y a su hermano el cielo como cosas que pueden comprarse, saquearse, ser vendidas, como carneros o relucientes abalorios. Su apetito devorará la tierra, pero detrás sólo quedará un desierto.
No sé. Nuestras costumbres son diferentes a las de ustedes. La imagen de sus ciudades hiere la mirada del piel roja. Pero, posiblemente, es porque el piel roja es salvaje y no entiende.
No hay tranquilidad en las ciudades del blanco. No hay en ellas lugar donde se pueda escuchar el rumor de las hojas en primavera, o el susurro de las alas de un insecto. Pero quizá digo esto porque soy salvaje y no entiendo. En sus ciudades el ruido sólo insulta a los oídos. ¿Cómo sería la vida si el hombre no pudiera escuchar el grito solitario de la chotacabra o la animada conversación nocturna de los sapos en las ciénagas? Yo soy piel roja y no entiendo.
El indio ama el sonido suave de la brisa al deslizarse delicadamente sobre la superficie de la laguna, o ese olor característico del viento purificado por la llovizna mañanera y perfumado por la esencia de los pinos.
El aire es precioso para el piel roja, porque todas las cosas comparten el mismo aliento. La bestia, el árbol, el hombre… todos compartimos el mismo hálito. El hombre blanco parece no darse cuenta de que respira el aire. Como un ser que agoniza largamente, es insensible al mal olor. Pero, si nosotros les vendemos nuestra tierra, ustedes deberán recordar que el aire es precioso para nosotros. Que el aire comparte su espíritu con toda la vida que él sustenta.
El aire que permitió su primer aliento a nuestro abuelo, también recibe su último suspiro. Y si nosotros les vendemos nuestra tierra, ustedes deberán mantenerla intacta y sagrada, como un lugar a donde incluso el hombre blanco pueda ir a saborear el viento purificado por el perfume de las flores.
De manera pues, que nosotros estamos considerando su oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, lo haremos con una condición: el hombre blanco deberá tratar como hermanas a las bestias de estas tierras.
Yo soy un salvaje y no entiendo otra forma de pensar. He visto miles de búfalos pudriéndose en la pradera, abandonados por los blancos después de balearlos desde un tren en marcha. Yo soy un salvaje y no entiendo cómo el humeante caballo de hierro puede ser más importante que el búfalo, al que nosotros sacrificamos sólo cuando lo necesitamos para subsistir.
¿Qué es el hombre sin las bestias? Si todas ellas desaparecieran, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque, cualquier cosa que les ocurre a las bestias, enseguida repercute en el hombre. Todos los seres estamos mutuamente vinculados.
Ustedes deberán enseñar a sus hijos que la tierra que pisan, son las cenizas de nuestros abuelos. Deberán honrar la tierra. Dirán a sus niños que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros parientes. Enseñarán a sus hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la tierra es nuestra Madre. Todo lo que sucede a la tierra sucede también a sus hijos. Cuando los hombres escupen sobre el suelo, escupen sobre sí mismos.
Nosotros sabemos esto: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Nosotros sabemos esto: todas las cosas están intercomunicadas, como la sangre que une a una familia. Todo está unido. El hombre no trama el tejido de la vida. El es, sencillamente, uno de sus hilos. Lo que él hace a ese tejido, se lo está haciendo a sí mismo.
Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla con él como de amigo a amigo, puede exceptuarse de este destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos.
Nosotros sabemos algo que el hombre blanco descubrirá algún día: que nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes piensan ahora que él es propiedad de ustedes, de la misma forma que desean ser propietarios de nuestras tierras. Pero no puede ser. El es el Dios de todos los seres humanos, y su compasión es la misma tanto para el piel roja como para el blanco.
La tierra es preciosa para él, y hacer daño a la tierra es un enorme desprecio para el Creador. Los blancos también desaparecerán. Tal vez antes que las demás tribus. Ensucia tu propia cama y cualquier noche te verás sofocado por tus propios excrementos.
Pero, en tu agonía, brillarás fulgurantemente abrazado por la fuerza del Dios que te trajo a esta tierra y quien, para algún propósito especial, te dio dominio sobre la misma y sobre el piel roja. Este destino es un misterio para nosotros, ya que nosotros no entendemos cuando todos los búfalos son sacrificados, los caballos salvajes domados, las esquinas secretas de los bosques impregnadas por el olor de muchos hombres y la vista de las montañas mancilladas por las alambradas. ¿Dónde está el bosque? ¿Dónde está el águila? ¡Desaparecieron! Es el final de la vida, el comienzo de la supervivencia.

Desarrollo Sostenible o Desarrollo Sustentable: criterios


Tomado de http://filatina.wordpress.com/

Desarrollo Sostenible o Desarrollo Sustentable: criterios.

By FILATINA
Concepción de Desarrollo Sostenible o Desarrollo Sustentable
Desde lo etimológico y desde lo ideológico.
Según interpretación del Lic. Carlos Musfeldt.©
carlos.musfeldt@yahoo.com
Existen a nuestro entender, dos explicaciones posibles del uso diferenciado de los términos Desarrollo Sostenible o Desarrollo Sustentable. Una explicación es analítica e ideológica; y la otra, es una explicación mas etimológica y lingüística.
La primera explicación:
Desarrollo Sostenible: el desarrollo que se puede sostener a lo largo del tiempo, sin superar excesivamente la capacidad de renovación de los recursos naturales y su capacidad para soportar/absorber la carga contaminante de los desechos de la producción agrícola/pecuaria, o industrial. Crecimiento económico, cuidando de no degradar/dilapidar en demasía los recursos naturales (pues se precisan como materias primas para producir). Concepción empresaria, posterior a la planteada por la Comisión Brundtland y la ECO’92.
Desarrollo Sustentable: el desarrollo, que se puede sustentar a lo largo del tiempo, con un adecuado y vital manejo de los recursos naturales, conservando su estado actual y su capacidad de renovación; es decir: desenvolviendo todas las capacidades productivas (humanas y naturales) de una localidad o país, logrando crecimiento económico, con equidad social y calidad ambiental. La original y coetánea de la Comisión Brundtland y la ECO’92.
Estas dos ‘definiciones’ pretenden ser sintéticas y por eso no son exhaustivas. No reflejan fielmente, las ‘sutiles’ diferencias de la conocida ambigüedad de éstos dos términos (que deberían ser uno, con un concepto).
El Desarrollo Sostenible, tiene un posicionamiento más “productivista”, es decir, le importa más mantener los índices de crecimiento (como se miden hoy en nuestra economía global), sin superar los índices de destrucción de la Naturaleza, actuales. Es decir, hace hincapié en la producción económica-tecnológica, basada en un sistema de valoración, que excluye riquezas humanas y naturales, no ponderadas por el sistema económico-social de Mercado.
Se iguala el desarrollo al crecimiento económico, y la sostenibilidad está, en no destruir muchos más recursos naturales como hasta ahora, o pagar más por su ‘imprescindible’ destrucción. Filosóficamente hablando, dentro de este paradigma de administración ambiental en el cual el Mundo está lentamente introduciéndose, la sostenibilidad tiene un perfil más marcadamente antropocéntrico-tecnocéntrico.
En cambio, Desarrollo Sustentable, tiene un posicionamiento más “recursista”, es decir, parte de una “base natural” la cual hay que administrar adecuadamente, para producir bien. Pretende cambiar el concepto mismo de desarrollo económico, al poner en ‘pie de igualdad’ el desarrollo económico, el desarrollo social y el desarrollo natural. En la sustentabilidad, la Sociedad y su Economía (el Capital Social y el Capital Económico) son sustentados “materialmente” (todo lo producido es Naturaleza transformada por Cultura) por el Sistema Natural (el Capital Natural). Ésta interpretación, tiene una inclinación hacia el ecodesarrollo, introduciendo conceptos de valoración que reconocen la diversidad y riquezas (aunque no los reproducen totalmente), de los diferentes ecosistemas y culturas humanas. La sustentabilidad tiene un perfil más antropocéntrico-biocéntrico.
En ambas terminologías, se supone implícita la tríada de: crecimiento económico-equidad social-calidad ambiental; pero en relación al concepto de equidad social (inter e intra-generacional), se notan diferencias de tenor. Por la experiencia que tenemos al tratar en toda Latinoamérica, a ambientalistas de diferentes sectores; vemos que entre los pretendidos “sustentabilistas”, defensores del Desarrollo Sustentable, se rescata más el concepto de equidad social, que en los “sostenibilistas”. Ideológicamente hablando, los primeros serían más progresistas-socialdemócratas; y los segundos, más conservadores-neoliberales. No debería existir semejante ambigüedad en el uso de las palabras y lo que ellas denotan conceptualmente, en una terminología tan institucionalizada a nivel global y/o nacional. Es más, a nuestro entender, la CDS y la CNUMAD, el PNUD y el PNUMA, de Naciones Unidas, no deberían usar, ni admitir/permitir tal confusión en los documentos internacionales/nacionales. Para eso, son ellos mismos los que deben aclarar el tema; sino, somos todos nosotros, trabajadores por la Naturaleza, el equilibrio del Ambiente y las Comunidades Ancestrales Autóctonas, que nos encargaremos de “dividir y aclarar las aguas”.
Se percibe (a grandes rasgos), que cada grupo ha elegido su terminología, y la mayoría, incauta sobre esto, sigue indistintamente el uso de cualquiera de las dos palabras. A algunos “productivistas” del sector industrial o agropecuario, o a algunos ambientalistas, les cae mejor hablar de sostenible; mientras que a algunos “neonaturalistas”, “ecologistas o ambientalistas” progresistas o de izquierda, les cae mejor hablar de sustentable. En los dos grupos, se habla de conservación de la Naturaleza, aunque con matices diferentes; que se pueden ver en el tratamiento sobre los temas de la biodiversidad y la manipulación genética, de los usos de la áreas de protección, o los motivos e intenciones de la investigación natural.
La segunda explicación:
Otra explicación más simplista e inocente, habla de una simple confusión o de elección, a la hora de traducir la palabra sustainable desde la lengua inglesa, a las lenguas latinas, por parte de los asesores de la Comisión Brundtland o en la CNUMAD. Ya que la raíz “sustain”, tiene entre varias otras, dos acepciones: “maintain/support”, que sería preservar/sustentar, (la Vida, la Naturaleza, por ejemplo), y “keep-up/hold-up”, que sería prolongar/sostener, (la fuerza, el crecimiento, por ejemplo). Es así, como también en el inglés, dos palabras con la misma raìz: sustained: sostenido (un esfuerzo, por ejemplo), y sustaining: nutritivo (un alimento, por ejemplo); denotan a nuestro entender, “dos espacios y tiempos”, del poder y/o de la fuerza, de un objeto y/o un sujeto.
En el primer caso, se mantiene la fuerza ya desplegada; en el segundo, se busca lo que da origen o estabiliza la fuerza. Y he aquí, que la acepción que se va a usar, da las orientaciones de una idea central, he implica las interpretaciones posteriores.
Y confusión inocente e incauta o no, los problemas de una lengua, se terminaron transmitiendo y profundizando, en las traducciones a otra. ¿Qué significa esto?. Que sustainable podría ser tanto: sustentable como sostenible. Y de hecho, se utilizan tendenciosamente o no, las dos versiones.
¿Qué es lo que nosotros preferimos?. Usar la versión: sustentable. Y promovemos su uso a nivel público y privado, en documentos técnicos y políticos. Pues la típica ‘picardía’ criolla argentina y la astucia de operadores de empresas (y en otros países latinoamericanos también), permite a algunos sectores interesados usar frases en documentos corporativos u oficiales, como “crecimiento sostenible” (lo que implica no apartarse mucho de frases o conceptos parecidos, y usados tanto por el desarrollismo como por el neoliberalismo, sin ningún tipo de connotación ambiental), o como “sostener el crecimiento económico”, o “crecimiento sostenido” (de la economía). Cuando justamente lo que hay que diferenciar es “el tipo de crecimiento económico” (es decir “otro” modelo de crecimiento); por eso, desarrollo sostenible, se hermana con éstos términos-frases y se ‘instala’ en el subconsciente. Preferimos desarrollo sustentable, pues nos obliga a pensar que el crecimiento económico también lo tiene que ser, “sustentándose” (a conciencia) en la riqueza ecosistémica que hay que preservar y de la cual provienen históricamente todas las riquezas (incluso la más rica: la especie humana).
Aunque siempre hemos aclarado personalmente, en todos los eventos, foros y escritos, que adherimos filosófica e ideológicamente, a la denominación de Ecodesarrollo (la primera y original de Estocolmo ’72); que lamentamos su desuso oficial, pero que la consideramos más acorde a la preservación/reproducción ecosistémica y de la biodiversidad. Es un desarrollo fundamentado en los conocimientos naturales y ecológicos, que sólo permitirían el desarrollo humano y comunitario, en cuanto conservador y reproductor del desarrollo natural y ecosférico. La Cultura Humana (Civilización) tendría que armonizar perfectamente con la evolución y conservación de la Naturaleza, como su fuente, origen y motor de su desarrollo, junto con la Conciencia del Homo Sapiens.
Hablamos de una armónica y trascendental evolución entre la Comunidad Natural y la Comunidad Humana, de este Planeta Tierra.

El equipo de comunicadores del IISD, en la cumbre climática de Copenhague


IISD Reporting Services equipo en la COP15. L-R: Asheline Appleton (Kenya); Anna Schulz (EE.UU.); Kimo Gorée, Director de Servicios de Información del IIDS; Tomi Akanle (Nigeria); Kati Kulovesi (Finlandia); Leila Mead (EE.UU.); Yulia Yamineva (Federación de Rusia), y Matt Sommerville (EE.UU.).

Foto IISD

Ecología y socialismo. Leonardo Boff


(De Agenda Latinoamericana, 2009)

Ecología y socialismo
Leonardo Boff
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En 2007, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, organismo de la ONU que estudia el planeta Tierra, afirmó que el calentamiento es debido a las prácticas irresponsables de los seres humanos. Estas prácticas están ligadas al proceso industrial mundial, que ya tiene más de tres siglos. Por él, las sociedades humanas se han propuesto explotar todos los recursos de la Tierra, de forma ilimitada. Han lanzado anualmente a la atmósfera 27 mil millones de toneladas de dióxido de carbono, que, densificadas, equivaldrían a una montaña de 1 km de altura por 19 km de base. ¿Cómo va la Tierra a digerir tal polución? Está dando señales de que no consigue hacerlo.
En razón de la pérdida de auto-regulación, ha subido su temperatura, lo que tiene como consecuencia final sequías por una parte, e inundaciones por otra, el deshielo de los cascos polares y de las montañas nevadas, tifones, y la desaparición de millares de especies vivas. ¿Hacia dónde vamos? Ésta es la cuestión que todos se plantean. Si continúa este proceso, vamos hacia un desastre con millones de víctimas humanas y una degradación generalizada de la biosfera.
La voracidad industrial ha sido puesta en práctica históricamente por dos modelos de sociedad: la capitalista y la socialista.
El llamado socialismo real de la Unión Soviética y de otros Estados burocráticos, devastó y produjo gran tensión en los ecosistemas. Pero no figuraba en los ideales del socialismo originario ese tipo de práctica. Es verdad que Marx no incluyó el momento ecológico en sus análisis, porque, en su época, se daba por descontada una capacidad permanente e ilimitada de regeneración del sistema-Tierra. Los ideales socialistas anunciaban una reconciliación del ser humano consigo mismo, con el otro y con la naturaleza. Las fuerzas productivas, en sí mismas, no serían destructivas. Estarían al servicio de más igualdad y más justicia para todos.
En todo caso, el balance del socialismo real en términos ecológicos es negativo. Pero queda ahí la propuesta de una relación integradora del ser humano con la naturaleza. El socialismo, en su sentido físico y político, es anti-ecológico sólo accidentalmente. Entre el socialismo originario y ecología hay una verdadera afinidad, y no una incompatibilidad, pues ambos se basan en la inclusión, y en la superación de todo tipo de explotación.
No se podría decir otro tanto del capitalismo. Éste es esencialmente antiecológico, porque su propósito es usar la naturaleza y explotar la fuerza de trabajo humano para acumular riqueza, en el tiempo más breve posible, con una inversión lo menor posible y con una capacidad de competitividad lo mayor posible. El capitalismo lo ha transformado todo en mercancía: los bienes de la naturaleza, los órganos humanos… hasta ha inventado el «mercado de los derechos de polución»: si un país no alcanza la cuota de polución a la que «tiene derecho» (en realidad, nadie tiene ese derecho), puede vendérsela a otro. ¿Cómo hacer dinero con algo que, en sí mismo, es perverso y contrario a la naturaleza? Pero ésa es la lógica del capitalismo.
Marx, en El Capital, intuyó que la tendencia del capitalismo es destruir las dos columnas que lo sostienen: el trabajo humano, al sustituirlo por la máquina, y la naturaleza, agotándola totalmente. Por eso, preveía un final trágico al capitalismo. Hoy estamos viendo la verdad de la previsión de Marx.
Actualmente, el modo de producción capitalista es el que domina en el mundo globalizado. Si fuera llevado hasta el final, podría destruirnos a todos y herir gravemente a Gaia, la Tierra viva. Por eso, es urgente su deslegitimación ética y política y su superación histórica. Eso implica presentar una alternativa al capitalismo.
Es en este contexto donde resurge el socialismo como proyecto político, ético y ecológico, capaz de salvar la Tierra. No se trata de un socialismo utópico, en el sentido de que va a realizarse en un futuro imprevisible, sino de una propuesta a ser realizada ya ahora en la historia, en caso de que queramos salir del impasse al que el capitalismo mundial está sometiendo a todo el sistema de la vida.
¿ Cómo será este ecosocialismo? En primer lugar, hay que recordar claramente cuál es la intuición básica del socialismo. Es colocar la sociedad y el «nosotros» en el centro de las preocupaciones humanas, y no el individuo o el yo. Esto significa que el proyecto económico debe estar al servicio del proyecto social y del proyecto ecológico de sustentación de toda la vida. La economía debe someterse a la política, y la política a la ética de la solidaridad y de la participación del mayor número posible de personas.
Entendido así, el socialismo representa la realización radical de la democracia. En esta democracia, la sociedad como un todo, y no sólo las élites, se hacen sujetos de la acción política. Es una democracia sin fin, como expresó el pensador portugués Boaventura de Souza Santos, democracia participativa y no sólo representativa y delegaticia, democracia vivida en la familia, en la comunidad, en las organizaciones sociales y en la construcción del Estado.
Por detrás del ideal democrático está una idea, ancestral: todo lo que interesa a todos debe ser discutido y decidido por todos. Por tanto, democracia es participación activa de todos por los caminos más diversos.
Principalmente la democracia debe realizarse también en el proceso productivo, pues en el sistema capitalista, la democracia acaba en la puerta de la fábrica. Dentro reina la dictadura de los dueños y de sus técnicos. Esto implica que los trabajadores no sean meros productores de productos, sino también agentes humanos que discuten entre sí y co-deciden las formas de producción, subordinando el valor de cambio al valor de uso, y organizando la producción en función de las necesidades sociales y de las exigencias de salvaguarda del medio ambiente.
Como escribió uno de los teóricos del ecosocialismo, el brasileño-francés Michael Löwy: «El socialismo ecológico sería una sociedad ecológicamente racional, fundada en el control democrático, en la igualdad social y en el predominio del valor de uso: tal sociedad supone la propiedad colectiva de los medios de producción, una planificación democrática que permita a la sociedad definir los objetivos de la producción y las inversiones, y una nueva estructura tecnológica de las fuerzas productivas» (Ecologia e socialismo, Cortez Editora, São Paulo 2005, 49).
Como postulaba Walter Benjamín, un marxista que enriqueció el marxismo con un pensamiento humanista, a partir de las víctimas y de la sociedad integrada en la naturaleza, citando a Fourier, uno de los fundadores del socialismo utópico: «soñamos con un trabajo que, lejos de explotar a la naturaleza, haga que de ella nazcan creaciones acunadas en su seno».
El trabajo deja así de ser mercancía a ser comprada o vendida. Rescata su función de obra por la cual el ser humano se moldea a sí mismo y plasma la naturaleza de forma que garantiza su supervivencia sin agotar el capital natural.
En este contexto cobra relevancia la cuestión básica para toda sociedad: la energía. El ecosocialismo postula el uso de energías renovables y perennes como el sol, el viento, las mareas. Especialmente la energía solar, despreciada por el capitalismo por no poderse hacer con ella negocios, al ser gratuita. Hasta ha surgido una corriente que se denomina «comunismo solar».
Traducido a términos prácticos, el ecosocialismo subraya soluciones que nacen de las bases y que ahorran recursos naturales o reducen la polución atmosférica. Así, por ejemplo, se empeña en el trasporte colectivo gratuito, que retiraría de las calles millares de carros y evitaría la polución, productora del efecto invernadero, causante del calentamiento del planeta. Valora las luchas más sencillas de la población, que se oponen a la implantación de una industria que poluciona los suelos y las aguas o que implica deforestación y aumenta por tanto el dióxido de carbono.
En una perspectiva más amplia, que anticipa un nuevo paradigma de civilización capaz de responder al clamor ecológico, el ecosocialismo postula la superación de la actual configuración política, asentada sobre los Estados nacionales. Una humanidad unificada en la única Casa Común, la Tierra, exige un centro de organización de los recursos y servicios naturales, responsable en nombre de toda la población del planeta. Se hace necesaria una gobernabilidad planetaria. O repartimos con equidad los pocos recursos naturales, o la Tierra no conseguirá satisfacer a la voracidad de los consumistas, y podrá entrar en un proceso de caos que nos afectará a todos sin distinción. O nos hacemos socialistas por motivos ético-políticos o incluso meramente estadísticos, o sufriremos las consecuencias desastrosas de la insostenibilidad de la Tierra.
Uno de los iconos del ecosocialismo es Chico Mendes. Unió la lucha de los pueblos de la selva –indígenas, seringueiros y los sin tierra- con los ideales universalistas del socialismo. Quería un socialismo ecológico que hiciese justicia a todos, comenzando por las víctimas de los sistemas imperantes, y que al mismo tiempo hiciese justicia a la naturaleza agredida y devastada. Murió víctima de su sueño, que continúa vivo en todos aquellos que no aceptan la destrucción del futuro causada por el capitalismo globalizado, y que creen que otra Tierra y otra Humanidad mejores son posibles.

Leonardo Boff
Petrópolis, RJ, Brasil

Presidida por Connie Hedegaard, centro, reunión del grupo de contacto de la COP15


Foto IISD

Primer Ministro de Dinamarca, Lars Lokke Rasmussen


Intervención en la cumbre climática, en Copenhague. Foto IISD

La Madre Tierra como sujeto de dignidad y de derechos. Leonardo BOFF


(Tomado de Logos 117)

La Madre Tierra como sujeto de dignidad y de derechos
Leonardo BOFF
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El día 22 de abril de 2009 la Asamblea General de las Naciones Unidas en su 63ª sesión ha aprobado por unanimidad el proyecto presentado por el Presidente de Bolivia Evo Morales Ayma de que todo 22 de abril sea celebrado como el Día internacional de la Madre Tierra. Ya no se trata del Día de la Tierra, sino del Día de la Madre Tierra.
Este cambio significa una revolución en nuestra forma de mirar el Planeta Tierra y de relacionarnos con él. Una cosa es decir Tierra, sin más, que se puede comprar, vender, investigar científicamente y explotar económicamente. Diferente es decir Madre Tierra, porque a una madre no se la puede explotar económicamente, ni mucho menos comprar o vender. A una madre hay que amarla, cuidarla, respetarla y reverenciarla.
Atribuir tales valores a la Tierra, por que es Madre, conlleva afirmar que es sujeto de dignidad y portadora de derechos.
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1. Argumentos en pro de los derechos de la Tierra
¿Cuál es la base científica y filosófica que nos permite considerar a la Tierra como Madre y con derechos? Veo cinco razones principales.
La primera es la más alta ancestralidad de la tradición transcultural que siempre consideró la Tierra como Madre. En su visión cósmica, los pueblos originarios sentían que la Tierra era y es parte del Universo a quien rendían culto con un respeto reverencial ante a su majestad. Tenían clara conciencia de que recibían de ella todo lo que necesitaban para vivir. Era la Magna Mater y Nana.
Esta visión ancestral continúa viva en los pueblos originarios, como los andinos, y otros, que contemplan la Tierra como Pacha Mama y sostienen con ella una relación de profundo respeto y cuidado.
La segunda razón es la constatación científica realizada por parte de sectores importantes de las ciencias de la Tierra (nueva biología, astrofísica, física cuántica). Según ellos, la Tierra es un superorganismo vivo, que articula lo físico, lo químico, lo biológico y lo ecológico, de forma tan interdependiente y sutil que se hace siempre propicia a producir y reproducir la vida.
Fue mérito de los científicos James Lovelock, Lynn Margulis, Elisabet Sahtouris, José Lutzenberg y otros, a partir de los años 70 del siglo pasado, después de investigaciones minuciosas, el haber propuesto esta visión que más y más se está imponiendo a la comunidad científica internacional, y que está siendo asumida por amplios sectores de la cultura. Inicialmente era una hipótesis, que a partir de 2001 pasó a una teoría científica, el grado más alto del reconocimiento en el campo de las ciencias. A la Tierra viva la llamaron
Gaia
, uno de los nombres de la mitología griega para designar la vitalidad de la Tierra.
La atmósfera actual no resulta solamente de mecanismos físicos, químicos y de fuerzas directivas del universo, sino principalmente de la interacción de la vida misma con todo el entorno ecológico. De esta interacción resulta que la atmósfera como la tenemos hoy es un producto biológico. La sinergia de los organismos vivos con los elementos de la Tierra va creando y manteniendo el habitat adecuado que denominamos biosfera.
Si así es, podemos entonces decir: no solamente hay vida sobre la Tierra. La Tierra misma es viva, un superorganismo extremamente complejo, hecho de inter-retro-relaciones con el ambiente conjuntamente con las energías cósmicas siempre actuantes.
La vida debe ser amada, cuidada y fortalecida. No puede ser amenazada y eliminada. No puede ser transformada en mercancía y puesta en el mercado. La vida es sagrada. Por lo tanto, la Tierra viva, la Madre Tierra es sujeto de dignidad, y portadora de derechos, por que todo lo que vive, tiene un valor intrínseco, independientemente del uso humano, y merece existir y tiene derecho a vivir.
Un tercer argumento es la unidad Tierra y Humanidad como legado de los astronautas desde sus viajes espaciales. Desde la Luna o de sus naves han podido contemplar, llenos de admiración y de sacralidad, la Tierra. Han testimoniado esta experiencia (overview effect): entre Tierra y Humanidad no hay diferenciación. Ambos constituyen una única entidad, resplandeciente, azul-blanca, compleja y bien ordenada. Una capa tenue, de unos pocos kilómetros, forma la biosfera, que garantiza la existencia de una multitud incalculable de formas de vida. Tierra y Humanidad componen un todo orgánico compuesto de ecosistemas, con sus diferentes formas de vida, especialmente la humana. Esta entidad, una, compuesta de Tierra y Humanidad nos permite decir que la Tierra está viva y es Madre.
La cuarta razón es cosmológica: la Tierra y la vida constituyen momentos del vasto proceso de la evolución del universo. Es generalmente aceptado que todo el Universo, todos los seres, el Sol, la Tierra y cada uno de nosotros, estábamos juntos en aquel punto pequeñísimo, pero cargado de energía y de información, que en un momento intemporal explotó. Ocurrió el big bang, hace como 13,7 mil millones de años.
Las energías y las partículas elementales se difundieron creando el espacio y el tiempo y dando origen al proceso de la evolución. Esas energías y los elementos primordiales se han condensado en estrellas rojas, dentro de las cuales, en mil millones de años, se han forjado todos los elementos físicos y químicos que componen el Universo.
Al explotar las estrellas rojas lanzaron estos elementos hacia afuera y han dado origen a las galaxias, a las estrellas y al Sol con sus planetas en un proceso de expansión, de auto-creación, de auto-organización y de complejificación que todavía continúa. El cosmos no acabó de nacer, se encuentra en cosmogénesis. Todos somos hijos y hijas del polvo cósmico.
Hace 4,5 mil millones de años irrumpió la Tierra como el tercer planeta del sistema solar. Con el aumento de la complejidad y de órdenes cada vez más altas dentro de la misma Tierra, emergió, hace 3,8 mil millones de años, la vida, posiblemente en el seno de un océano primitivo.
En un momento avanzado de la expansión de la vida y con el aumento de su complejidad interna, apareció, hace unos 5 millones de años, la vida conciente e inteligente. Es la entrada del ser humano en el escenario de la evolución.
Entonces podemos decir: la Tierra es un momento de la evolución del universo. La vida es un momento de la evolución de la Tierra. Y la vida humana es un momento de la evolución de la vida. Pero para que la vida pueda existir y reproducirse necesita de todas las preconcidiones energéticas, físicas y químicas sin las cuales no puede irrumpir ni subsistir. Por eso hay que incluir todo el proceso de la evolución anterior para entender adecuadamente la Tierra y la vida.
El ser humano, por ser la parte consciente e inteligente de la misma Tierra, debe ser visto como la Tierra que siente, piensa, ama, cuida y venera.
Hay un consenso universal expresado por las varias Declaraciones y Convenciones Internacionales de que el ser humano, hombre y mujer, tiene dignidad y derechos inalienables. Si asumimos que el ser humano es la misma Tierra consciente y inteligente, ello implica admitir que ella participa de la misma dignidad y de los mismos derechos. Por lo tanto, la Tierra es sujeto de dignidad y de derechos.
Hay una quinta razón que sustenta nuestra tesis, que se deriva de la naturaleza relacional y informacional de todo el universo y de cada ser. La materia no tiene solamente masa y energía. Tiene una tercera dimensión que es su capacidad de conexión y de información. Desde el primer momento en que los primeros elementos materiales se formaron –los hadrions y toquarks– establecieron relaciones entre sí y intercambiaron informaciones.
Este carácter de inter-retro-conexiones es transversal a todos los seres, de forma que se pude decir con los físicos cuánticos que “todo tiene que ver con todo, en todos los puntos y en todas las circunstancias”. El universo, más que la suma de todos los seres existentes y por existir, es el conjunto de todas las relaciones y redes de relaciones con sus informaciones que todos mantienen con todos. Todo es relación y nada puede existir fuera de la relación. Esto funda el principio de cooperación, como la ley más fundamental del universo que relativiza el principio de la selección natural.
Por el hecho de que todos están dentro proceso cosmogénico, todos los seres tienen historia. Cada uno posee su manera de relacionarse con los demás. Por eso, tiene su singularidad, que genera cierto nivel de subjetividad. La diferencia entre la subjetividad del universo y de cada ser y la humana no es de principio sino de grado. Todos están interconectados (principio) pero cada uno realiza la conexión a su manera (grado). En nosotros altamente compleja y por esto autoconsciente, y en el universo y en cada ser de su manera propia y menos compleja.
Este carácter informacional de la realidad, con historia y subjetividad, permite ampliar la personalidad jurídica de los seres especialmente de la Tierra. Como ya fue notado por muchos, la Declaración de los derechos del Hombre tuvo el mérito de decir “todos los hombres” tienen derechos, pero el defecto de pensar que “solo los hombres” tienen derechos. Las mujeres, los indígenas y los afrodecendientes tuvieron que luchar mucho para garantizar sus derechos y lo han conseguido.
Ahora tenemos que empeñarnos mucho para garantizar los derechos de la Madre Tierra, de la naturaleza, de los animales, de las selvas, de las aguas, en fin, de todos los ecosistemas.
Si el siglo XX fue el siglo de los derechos humanos –decía en Presidente Morales en su intervención en 22 de abril de 2009 en la Asamblea de las Naciones Unidas – el siglo XXI será el siglo de los derechos de la naturaleza, de la Madre Tierra y de los seres vivos y de todos los seres.
A la luz de esta visión, la democracia ya no puede ser antropocéntrica y sociocéntrica, como si el ser humano y la sociedad lo fueran todo. Ellos también están dentro del proceso cosmogénico universal y de la naturaleza. Esta visión tiene que incorporar los nuevos ciudadanos, el primer de todos que es la Madre Tierra – presupuesto para todos los demás –; en seguida toda la naturaleza, con sus bienes y servicios, las aguas, los ríos y océanos, la fauna y la flora, los paisajes y el medio ambiente como un todo. Debe ser una democracia sociocósmica, o una biocracia, o una cosmocracia.

2. Individuación de los derechos de la Madre Tierra
Realizada la tarea teórica de dar razones para afirmar que la Madre Tierra tiene dignidad y es sujeto de derechos, cabe ahora detallar cuáles son sus principales derechos.
Sería largo articular este discurso. Una buena orientación la dio el Presidente Evo Morales Ayma en el la referida intervención en las Naciones Unidas el 22 de abril de 2009. Resumidamente afirmó:
– el derecho de regeneración de la biocapacidad de la Madre Tierra,
– el derecho a la vida de todos los seres vivos,
– el derecho a una vida pura, porque la Madre Tierra tiene el derecho de vivir libre de contaminación y de polución,
– el derecho al bien vivir de todos los ciudadanos,
– el derecho a la armonía y al equilibrio con todas la cosas,
– el derecho a la conexión con el Todo del que somos parte.
Esta visión funda una paz perenne con la Madre Tierra, base para la paz entre los pueblos. La Tierra ya no es vista como un simple baúl de recursos infinitos que podemos extraer ilimitadamente para nuestro bienestar humano, visión ésta que está entre las causas principales que crearon los cambios climáticos y la crisis ecológica y humanitaria generalizada. La Tierra es la Madre que nos sustenta y alimenta.
Porque ella tiene derechos originarios, nosotros tenemos deberes fundamentales: tratarla bien, cuidar de su salud y de su vitalidad para que continúe haciendo lo que viene ya haciendo durante millones y millones de años.
Un tiempo nuevo empieza, el de la biocivilización, en la cual Tierra y Humanidad reconocen su recíproca pertenencia, su origen común y su común destino.

Leonardo Boff
Teólogo brasileño, comisionado de la Carta de la Tierra

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