Volviendo a las raíces. Leonardo Boff


Volviendo a las raíces 

2013-02-15

En nuestra vida experimentamos una curiosa paradoja: cuanto más avanzamos en edad, más regresamos a los tiempos de la infancia. Parece que la vida nos invita a unir las dos puntas y comenzar a hacer una síntesis final. O quién sabe, el ocaso de la vida con la pérdida inevitable de la vitalidad, con los ritmos más tranquilos y los límites insoslayables de esta última fase, inconscientemente nos lleva a buscar fortalecimiento allí donde todo empezó. La existencia cansada viene a humedecer sus raíces en aquellos comienzos de antaño para intentar todavía rejuvenecer y llegar bien a la travesía final.

Eso fue lo que me ocurrió en esta primera semana de febrero cuando volví a mi tierra, a las viejas tierras (“terre vecchie” como decimos entre los parientes): Concórdia, en el interior de Santa Catarina. La ciudad, así como las ciudades vecinas, son conocidas en todo Brasil por sus productos: ¿quién no compró pollos Sadia de Concórdia, jamón Perdigão de Herval del Oeste, ahumados Aurora de Chapecó y salamis de Seara? Pues todas estas empresas están a pocos kilómetros unas de otras. Es una región rica, de colonos italianos, alemanes y polacos, lugares donde Brasil parece haber funcionado bien. Todo está prácticamente integrado, las casas son elegantes y de colores, el bienestar generalizado y no se conocen favelas como tantas que rodean la mayoría de las ciudades del país. Visitamos a los sobrevivientes de la familia, por parte de mi madre sólo una tía cargada de años y de dolores, por parte de mi padre ya no hay nadie. Sólo quedan primos y primas. La mayoría se fue para las ciudades, uno trabaja en Montreal como creador de juegos de Internet, otro es diplomático y los demás en profesiones liberales. Algunos quedaron en la tierra.

Después, los lugares queridos de la infancia. Ellos marcan nuestra psique porque los llevamos dentro: cada cerro, cada curva del camino, cada cuesta o pendiente y por todos lados amplios horizontes, vislumbrándose las montañas del Río Grande del Sur y las elevaciones de los Campos Gerais de Santa Catarina. La mente infantil exagera en las proporciones. Lo que considerábamos una subida penosa y difícil, no pasa de ser una sencilla cuesta o bajada. Los montes inmensos son sólo lomas. Pero siguen iguales las cañadas profundas, por todos los rincones las piedras que hacían penosa la labor de los colonos: el cultivo del trigo y del maíz. Los parrales tan abundantes, uno en cada casa, prácticamente han desaparecido, pues el vino de calidad se ha vuelto accesible.

Aquí nos sentimos parte del paisaje, aquí están nuestras raíces, el lugar donde empezamos a alimentar sueños, a contemplar las estrellas en las frías noches de invierno y a situarnos en el mundo. Es curioso, cuando tengo que hablar en lugares considerados importantes, como la Asamblea General de la ONU o en Harvard, me remito siempre a ese tiempo remoto de donde vengo, recuerdo al niño de pies descalzos y llenos de niguas que fui, alimentado con mucha polenta y lectura precoz de libros. Por más espléndidos paisajes que haya tenido la posibilidad de contemplar, ninguno es interiormente más bonito que el de mi infancia. Porque ella es única en el mundo. Todo lo que es único en el universo nunca más vuelve a suceder y por eso es intrínsecamente hermoso.

Pero lo que me marca cada vez que visito a mis parientes son las fiestas que improvisan: se come mucho, la comida regional, la polenta, los “radicci”, los distintos tipos de “biscotti” y “cucas alemanas”, la “fortaia”, las masas, los quesos y salamis caseros y naturalmente el churrasco. La mayoría de los que quedaron en la tierra tuvo poca escolarización: hablan una mezcla deliciosa de dialecto véneto y de portugués. La cantilena es la misma, con un fuerte acento italiano, del cual yo mismo nunca me liberé. Las manos duras de fuerte trabajo y los rostros marcados de la lucha por la vida causan fuerte impresión. Y hay entre todos un cariño y una cordialidad que conmueve. Los abrazos son de doblar las costillas y los besos de las primas de más edad, de nuestra edad, son largos y sonoros. De algunas siento el olor de mi propia madre, la misma mirada, la misma forma de poner la mano en la cintura. ¿Quién puede resistir la emoción? Y lloro lágrimas de esas que hacen bien.

Los tiempos vuelven al inicio misterioso de la caminada de la vida. Pero tenemos que seguir adelante. Ellos vienen con nosotros en nuestro corazón, ahora ligero y rejuvenecido porque empapó sus raíces en la esencia de la vida que es la sangre, los lazos, el afecto y el amor.

Las verdaderas causas de los fracasos en la cuestión de los cambios climáticos. Leonardo Boff


Las verdaderas causas de los fracasos en la cuestión de los cambios climaticos

26/12/2012

PABLO SOLON é boliviano e ex-embaixador de seu pais na ONU. É um dos negociadores nos encontros sobre o clima e um especialista no tema. Destacou-se na Rio-20 por suas posições sensatas e alternativas, baseadas na grande tradição andina do bien vivir.Tem insistido: em vez de falar de sustentabilidade deveríamos falar dos direitos da natureza e da Mãe Terra. Em vez de desenvolvimento cumpriria falar de redistribuição do que já a humanidade acumulou. Neste artigo, revela os verdadeiros impasses que conduzem sempre ao fracasso das negociações sobre o clima: por detrás estão poderosíssimos poderes econômicos que ganham com a não aprovação de nenhuma medida para limitar os gases de efeito estuda que produzem o aquecimnto global. É uma voz do Grande Sul, inteligente e convincente: Lboff

En el béisbol cuando uno tiene 3 “strikes” está fuera. En las negociaciones sobre  cambio climático ya suman 4 fracasos: Copenhague, Cancún, Durban y ahora Doha. Cuatro Conferencias de las Naciones Unidas y cada una fue peor que la anterior. Su principal objetivo era acordar las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero hasta el año 2020. Estas debieron ser de 40 a 50% tomando el nivel de emisiones del año 1990. Sin embargo, después de cuatro intentos, son de apenas 13 a 18%. Ahora estamos en camino a un aumento mundial de la temperatura de 4 y 8ºC.

“Lo perfecto es enemigo de lo bueno” dicen algunos negociadores de las Naciones Unidas. A lo que podemos replicar: “Cuando nuestra casa se está quemando, lo peor que puedes hacer es mentir a la gente”. Es hora de repensar lo que está pasando y tratar de encontrar nuevas estrategias para evitar una catástrofe global.

No es por la falta de evidencias

El cambio climático ya no es una posibilidad teórica. Tiene un impacto real en las vidas de las personas, la naturaleza y la economía.

El cambio climático ya está contribuyendo a la muerte de casi 400.000 personas al año[1]. Este mes, durante las negociaciones de la “COP18” en Doha, Qatar, el tifón Bopha azotó Filipinas, dejando más de 700 muertos. Este tifón, que fue el más fuerte que haya sufrido las Filipinas en las últimas décadas, devastó Mindanao, destrozando más de 70.000 viviendas y obligando a 30.000 a vivir en albergues temporales.

Ahora también los impactos económicos del cambio climático son evidentes. Los costos del Huracán Sandy son más de 60 mil millones de dólares para los EE.UU.[2] Un informe titulado “Monitor de Vulnerabilidad Climática[3]” calcula que el costo del cambio climático en el mundo asciende a más de $ 1,2 billones, lo que representa un 1,6% del PIB mundial cada año. Y para el año 2030, los impactos pueden elevarse a 3,2% del PIB mundial y en algunos países a más del 11% de su PIB.

Los hechos han comenzado a cambiar  la percepción de la gente, incluso en el país de los “negacionistas”. Ahora, 4 de cada 5 estadounidenses reconocen que el calentamiento global está ocurriendo[4]. Pero a pesar de todas las pruebas y el ligero aumento de conciencia, las negociaciones de las Naciones Unidas retroceden. En vez de entregar un ambicioso Protocolo de Kioto, con más países,  mejores mecanismos de cumplimiento y una meta global de reducción de emisiones conforme a lo que establece la ciencia, Doha concluyó con un miserable segundo período de compromiso del Protocolo de Kioto, con menos países signatarios y la promesa de un nuevo acuerdo que sólo entrarán en vigor el 2020.

Nuestros errores

Aquellos que siguen las negociaciones del clima – y yo fui también un negociador climático – por lo general tienen un enfoque de país. Esto significa que el conflicto es entre las naciones “desarrolladas” y “en desarrollo”. Países emisores históricos frente a países víctimas de las emisiones. Con la complicación ahora de que algunas de las “víctimas” se están convirtiendo en grandes emisores. Esta situación crea un estancamiento de las negociaciones en el que, por un lado, los países ricos no quieren hacer más recortes si las “economías emergentes” no hacen también recortes de emisiones y, por otro lado, las “economías emergentes” no hacen grandes esfuerzos argumentando que primero deben tomar la iniciativa los “históricos”.

Esta explicación del estancamiento de las negociaciones no examina las verdaderas causas. Para entender lo que ocurre tenemos que ver más allá de esta lógica basada en países – desarrollados, en desarrollo, emergentes, menos desarrollados – y adoptar un enfoque de clase que toma en cuenta los intereses de las élites en todas partes del mundo. La parálisis de las negociaciones no se debe al conflicto entre EE.UU. y China, sino a la coincidencia de intereses de las élites de EE.UU y China que obtienen jugosas ganancias de megaproyectos energéticos. Si hay un acuerdo mundial de fuertes reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero: ¿cuanto petróleo tendrán que dejar bajo el suelo? ¿cuántas plantas de carbón tendrán que cerrarse? ¿cuántas mega-represas no se construirán? ¿cuántos productos contaminantes tendrán que dejar de producir y vender? En síntesis: ¿cuánto disminuirán sus utilidades?

Estas élites controlan los gobiernos para que proyecten curvas de crecimiento económico que justifiquen mega-proyectos energéticos. A estos sectores de poder económico no les preocupa si mas del 30% de la energía se pierde en su traslado, si un proyecto generará la energía presupuestada después de ser construido, si una represa solo sirve para abastecer un mega-centro comercial, si la producción de agro-combustibles disminuye la producción de alimentos, si los mercados de carbono son buenos para los bosques… lo único que les interesa es hacer negocios.

El “derecho al desarrollo” y la “competitividad” lo utilizan para encubrir sus sed insaciable de ganancias. En nombres de los pobres amasan grandes fortunas. Utilizan el peligro del otro país para promover sus proyectos y hacer negocios con las élites del supuesto país “enemigo”.

Las élites están en todas las partes de la cadena: en la extracción de combustibles fósiles, en mega proyectos de infraestructura, en la promoción de energías peligrosas como la nuclear, en la financiarización de los bosques a través de REDD, en la comercialización de productos no durables que destruyen la naturaleza, en la producción de falsas soluciones como los agro combustibles, los organismos genéticamente modificados y ahora la biología sintética y la geo-ingeniería.

Para hacer frente al cambio climático hay que dejar bajo el suelo mas de 2/3 partes de las reservas de combustibles fósiles. Si no se hace eso, ninguna solución real es posible. Las transnacionales privadas y la burocracia estatal que controlan esas reservas no quiere perder la gallina de oro aunque eso represente una catástrofe para la humanidad y la madre tierra. Al final de cuentas ese es un tema del futuro y ellos cuentan en el presente con los recursos necesarios para ponerse a salvo.

La cuestión de las “emisiones de gases de efecto invernadero” a veces oculta el verdadero problema de la lógica del sistema capitalista que requiere de una creciente sobreexplotación de los seres humanos y la naturaleza para mantener la tasa de ganancia de las grandes empresas.

Quizás el error más grande fue reducir las negociaciones sobre el clima a una lucha por los porcentajes de reducción de las emisiones, cuando en realidad, deberíamos estar discutiendo el panorama completo y real del planeta que ha llegado a sus límites y poner sobre la mesa la cuestión de las reservas de combustibles fósiles, las empresas transnacionales, los patrones de consumo y producción, y toda la lógica de explotación, codicia y obsesión beneficio de este sistema.

Tenemos que mirar más allá de los conceptos de desarrollo, crecimiento y estados-nación y discutir los asuntos del Sistema de la Tierra y la necesidad de un modelo económico que respeta los ciclos vitales de la Naturaleza. La Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra celebrada en Cochabamba, Bolivia 2010, fue un buen paso en esa dirección, pero fue sólo un primer paso.

Repensando nuestras estrategias

Un nuevo análisis requiere nuevas estrategias. Ha llegado el momento de desafiar las negociaciones ganado victorias fuera de las negociaciones. Los movimientos sociales en los países “desarrollados” como “en desarrollo” están luchando contra el “fracking” (fracturación hidráulica), la construcción de oleoductos, el petróleo bituminoso y otras industrias extractivas destructivas. Necesitamos victorias que catapulten las luchas a escala mundial.

Tenemos que promover nuevos enfoques en la lucha contra el cambio climático vinculando la crisis ambiental, la crisis alimentaria y la crisis financiera. Tenemos que atraer nuevos actores sociales que no han estado involucrados hasta ahora en el tema climático. Para muchos no es evidente que la lucha contra los “planes de austeridad” enfrentan al mismo enemigo que la lucha contra el cambio climático. En el Foro Social Mundial sobre Migración, celebrado en Manila, Filipinas, una asamblea de movimientos sociales asiáticos emitió una declaración firmada por más de 70 organizaciones y movimientos sociales señalando que necesitamos “conectar las demandas urgentes de la población por alimentos, agua, salud, energía, empleo con las luchas contra el cambio climático, la especulación financiera, la apropiación de tierras, los acuerdos neoliberales de inversiones y de libre comercio, la impunidad de las empresas transnacionales (ETN), la criminalización de los migrantes y los refugiados, el patriarcado y la violencia contra las mujeres, las medidas de austeridad y los recortes a la seguridad social “.

Debemos discutir la implementación de nuevas campañas como la propuesta de referéndum climático a nivel nacional, regional o mundial. Tenemos que utilizar todos los espacios para reclamar el derecho democrático de los pueblos a decidir el futuro de todos y de nuestra Madre Tierra.

Necesitamos fortalecer nuestras alternativas como la agroecología, la soberanía alimentaria y la descentralización de la producción y consumo de energías. Tenemos que desmontar la mentira de que necesitamos más y más energía y la única manera de hacerlo es a través de mega proyectos. Tenemos que demostrar, con números y experiencias concretas, que detrás de esos proyectos están los intereses de empresas muy conocidas y que otras alternativas locales y de menor escala son posibles.

Una buena oportunidad para reunir a movimientos sociales y activistas del clima será el “Espacio Climático” dentro del próximo Foro Social Mundial (FSM) en Túnez (26-30 de marzo de 2013). Es tiempo de repensar nuestros análisis, alternativas y estrategias para hacer frente al cambio climático.

* Pablo Solón, Director Ejecutivo de “Focus on the Global South”, ex embajador del Estado Plurinacional de Bolivia ante las Naciones Unidas y ex jefe negociador boliviano para el cambio climático

CARTA DE LA TIERRA. Boletín, Julio 012


TierraDelFuego

TierraDelFuego (Photo credit: Wikipedia)

Incoming evening storm

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Our Galaxy over Queenstown

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Great Lakes in Sunglint (NASA, International S...

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Sunset Reflection  - Best viewed in large

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Sleeping 猫

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CARTA DE LA TIERRA. BOLETIN, JULIO 012

Desafíos de la ecología a las religiones. José María VIGIL


(De la Revista VOICES)

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Desafíos de la ecología
a las religiones

José María VIGIL

La ciencia que más está cambiando la conciencia de la Humanidad
en la actualidad es la «nueva cosmología», las ciencias del cosmos y de
la naturaleza, todas ellas. Por primera vez, y simultáneamente para toda
la Humanidad, tenemos una visión científica del Universo: su origen, sus
dimensiones, su evolución, las galaxias, las estrellas, los planetas, la vida…
y resulta ser una visión maravillosa, realmente fascinante, muy diferente
de la que teníamos, de la que hemos tenido durante milenios, hasta hace
apenas unas décadas.

Durante toda la historia de nuestra especie, no hemos tenido medios
para conocer el cosmos. Apenas hace cuatro siglos Galileo inventó el primer
rudimentario telescopio. Las religiones, la curiosidad, la intuición, el
arte, la poesía… se encargaron de suplir con imaginación y creatividad
nuestra ignorancia colectiva, nuestros miedos y nuestros deseos de saber.
Los «mitos» -tan geniales- que nuestros ancestros elaboraron colectivamente
y que tradicionalmente atribuyeron a revelaciones divinas, cumplieron
un papel social esencial para nuestra organización civilizacional, porque
establecieron y vehicularon las creencias fundamentales para la autocomprensión
de nosotros mismos y para nuestra programación social.

La nueva cosmología, el despliegue tan fabuloso que la ciencia
ha registrado en los últimos tiempos, ha hecho saltar en pedazos aquel
«imaginario clásico religioso», que ha estado en vigor ante la conciencia
de la Humanidad durante milenios. Los mitos que durante tanto tiempo
la humanidad creyó que eran descripción de la realidad (revelada por

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los dioses), chocan flagrantemente con el panorama que la ciencia despliega
ante nuestra mirada. Las religiones, la poesía, el arte, imaginaron
un mundo pequeño, plano, quieto, fijo, creado directamente así como lo
vemos, y regido por un Dios ahí arriba, ahí fuera, que sería un tipo de
razón última de todo… En este mundo de la nueva ciencia, nosotros ya no
podemos ser personas de hoy y seguir participando de aquel imaginario.
Y ésa es la razón principal de la relación tensa de la nueva cosmología y
la ciencia en general con las religiones.

El «nuevo relato» de la realidad que nos presenta la ciencia -y que
hoy, como decimos, es, por primera vez, un relato científico, y el mismo
a la vez para toda la humanidad, para todos los pueblos del planeta-, nos
ofrece una visión realmente nueva del mundo.

Ha cambiado la imagen del mundo y del cosmos, que ahora nos
ofrece estos llamativos rasgos nuevos:

-un universo en movimiento total y continuo: nada está quieto, al
contrario de como siempre habíamos pensado;

-en expansión: todo comenzó con una gran explosión, y todo sigue
expandiéndose, inconteniblemente, incluso aceleradamente; estamos en
una explosión, somos parte de esa explosión;

-en evolución y en despliegue: no es un «cosmos» ya hecho, regido
por leyes eternas fijas e inmutables, ni una explosión ciega.. sino una
auténtica «cosmogénesis», que se «despliega» desde dentro;

-con aparición de propiedades emergentes, nuevas, y de autoorganización,
desde el desorden del caos: un todo que es mayor que las partes
que lo componen, y un todo que está en cada parte…

-orientado hacia la vida, la complejidad, y hacia la conciencia, que
florece finalmente en el ser humano, en el que se hace conciencia colectiva,
asumiendo además reflexivamente el cosmos y responsabilizándose
de él;

-ligado holísticamente, en una inextricable «red de redes»… en las
que cada partícula está relacionada con todas…

Esta nueva visión del cosmos nos sitúa en un mundo muy distinto
del que nos enseñaron las religiones.

Pues bien, si abandonamos la imagen que nos dieron del mundo,
y adoptamos una nueva imagen, en realidad pasamos a vivir conscientemente
en otro mundo: hemos cambiado de mundo, y con ello, de alguna
manera pasamos a ser otros, ciudadanos de otro mundo, partes de otra
realidad. La nueva visión del mundo que las ciencias nos han dado desafía
todos los componentes de nuestra visión. Veamos.

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• Cambia la imagen de la naturaleza, que, a partir de ahora:
-No podemos ya imaginarla como mero «escenario de la historia
humana», historia esta que sería lo único importante que sucede en el
planeta y en el cosmos… Ya no podemos pensar que somos la razón del
ser del cosmos, ni que el drama histórico humano es lo que supuestamente
motivó a Dios a crear el mundo como el escenario en que realizarlo,
ni que lo humano sea «la medida de todas las cosas», humanas y divinas.
Nuestro natural y espontáneo y casi inevitable «antropocentrismo» ha de
ser superado.
-En la cosmovisión actual ya no nos es posible aceptar la existencia
de un «segundo piso» superior, o sobrenatural, en el que morarían los
dioses y las fuerzas que gobiernan este mundo… ni un piso «inferior» en el
que estarían confinados los espíritus del mal… Lo que nuestros ancestros
quisieron expresar con aquellos símbolos no puede estar localizado sino
«en este mismo único piso» de la realidad. No hay «metafísica» (o por lo
menos no necesario ni obligatorio creer en ella, aunque haya podido o
pueda seguir siendo útil imaginarla…).
-No resulta ya aceptable una calificación religiosa negativa («pecaminosa
», vitanda) de la materia y de todo lo que con ella se relaciona
(carne, instinto, sexo, placer, mundo, mundanidad…).
-Ya no podemos aceptar aquel supuesto mitológico de un «pecado
original» primigenio que habría contaminado ancestralmente a toda la
humanidad y aun a toda la realidad… Al origen de todo no puede haber
un pecado original, sino una gracia original, una «bendición original»
incluso…
-Esta vida no puede ser sólo una ilusión pasajera, una «prueba», en
función de otra vida, la verdadera y definitiva, la de más allá de la muerte,
a la que un Creador nos habría destinado con la condición de pasar
primero por una prueba… El esquema de este «gran relato explicativo
salvífico» nos resulta admirable, por su genialidad, pero a la vez, increíble,
insostenible en sí mismo. Las religiones de «salvación eterna» necesitan
con urgencia dar nuevamente razón de sí mismas en el contexto de la
visión actual.

• Cambia la imagen del ser humano:
-No venimos de arriba, ni de afuera… sino de abajo, y de dentro,
de la Tierra, del Cosmos; somos el resultado final actual, la flor de la
evolución cósmica…
-No es verdad que seamos superiores, diferentes y de alguna manera
ajenos al resto de la Naturaleza, los únicos con una mente y un espíritu
procedentes directamente de Dios…

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-No somos los «dueños de la creación», ni «fue creada para nosotros
»… Somos una especie más, aunque, ciertamente, la única capaz de
asumir responsabilidad consciente y solidaria sobre todo el resto de
especies.

-No podemos vivir separados de la Naturaleza, como «sobre-naturales
», injustificadamente auto-exiliados de nuestra placenta, abdicando
insensatamente de nuestras raíces naturales, auto-despojados de nuestra
naturaleza terrestre, artificialmente des-naturalizados, o tratando de superar
nuestra naturalidad para convertirnos en seres «espirituales» porque
«superan» la materia, la corporalidad…

-Somos seres naturales, muy naturales. Somos Naturaleza, Tierra
que siente, que piensa y ama, materia-energía organizada que en nosotros
llega a la conciencia, a la reflexión a la profundidad existencial…

• Cambia la imagen de Dios:
-Una visión tan precaria de la naturaleza y del cosmos como la que
ha tenido la Humanidad durante los pasados milenios, no podía dar de sí
sino una imagen insuficiente de Dios.
-La visión actual de la realidad no nos permite ya imaginar a un
Dios ahí fuera, ahí encima, en ese «segundo piso superior» del que dependería
el nuestro. Hoy vemos que no tiene sentido hablar de ni pensar en
un «fuera» o un «encima» del mundo ni del cosmos.
-«La idea de un Dios separado de la creación, o tras-cendente, es
uno de nuestros principales problemas» (Thomas Berry).
-No tiene sentido un dios antropomórfico: «persona» que piensa,
decide, ama y se enfada y se expresa como nosotros… como un dios-theos,
como los griegos lo concibieron.
-Pensar que es «Señor», Dueño, Juez premiador y castigador… hoy
es, claramente, un antropomorfismo de la época neolítica-agraria.
-De existir «la Divinidad» (dimensión real) sólo se la podrá encontrar
en la única realidad cósmica…

Volvamos al cosmos y a la naturaleza

Dijo Santo Tomas que «un error acerca de la Naturaleza redunda en
un error acerca de Dios»… Los errores que hemos sufrido sobre la naturaleza,
y sobre todo, la ignorancia al respecto, han sido máximos, por lo
que es de suponer que la imagen de Dios y de lo religioso que de aquel
marco surgió y que nosotros heredamos, conlleva grandes deficiencias
que hoy estaríamos en capacidad de subsanar.

Parece claro que las religiones han vivido de espaldas a la naturaleza,
debido entre otras cosas a que han concentrado toda su atención en

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una pequeña «historia sagrada» iniciada hace sólo 3000 años, y ésa ha sido
la única «revelación» que han tenido en cuenta…

La explosión científica de los últimos tiempos es, sin duda, una
nueva «experiencia de revelación», en la que lo divino de la realidad se
nos manifiesta en una forma nueva e intensiva. No hay nada en la actualidad
que esté inspirando tanto una toma de conciencia espiritual en el
mundo como el «nuevo relato» de nuestra historia cósmica. Las religiones
necesitan sentir el kairós ecológico de esta hora y volverse hacia el cosmos
y la naturaleza, para reconocer en ellos nuestra «historia sagrada», y
superar el actual divorcio entre ciencia y espiritualidad, entre religión y
ciencia, entre vida espiritual y realidad. Aceptar el desafío de la ecología
no es sólo incluir el «cuidado de la naturaleza» entre los imperativos morales;
es más: implica toda una «reconversión ecológica» de la religión.

Desafíos

No es pues sólo la imagen física del mundo la que ha cambiado,
sino todo él: su origen, sus dimensiones, su arquitectura, su complejidad,
su sentido, su sacralidad… Ante ese cambio tan total y radical, las religiones,
que elaboraron todo su patrimonio simbólico (categorías, teologías,
liturgia, dogmas, ritos, mitos…) en el contexto de aquel viejo imaginario
ya obsoleto, aparecen ahora profundamente anticuadas, pertenecientes
a un mundo caducado, lejano, que ya no existe ni nos resulta siquiera
comprensible. El lenguaje religioso tradicional pierde sentido y significado,
y hasta se hace ininteligible para los jóvenes. Las religiones, que han
servido a la humanidad durante milenios para expresar la dimensión más
profunda de la existencia, parecería que ya no están a la altura necesaria
para seguir prestando este servicio…

En esta situación, las religiones se sienten a sí mismas desfasadas, e
incomprendidas, sin captar con claridad cuál es la causa. Con frecuencia
reaccionan defendiéndose, repitiendo y reafirmando intemperantemente
su tradición sagrada, sus «verdades reveladas», las «verdades eternas»…
cuando lo que deberían hacer sería reinterpretarlas y adecuarlas al lenguaje
y a los nuevos paradigmas a los que hemos accedido, abandonando
aquellos errores de perspectiva que todos hemos sufrido por la ignorancia
a la que nos vimos históricamente sometidos, y abriéndonos a la revelación
permanente…

Los años 60 del siglo pasado fueron un momento de esperanza
y optimismo en el cristianismo en general, cuando parecía abrirse a la
posibilidad de una profunda renovación interna, y a una reconciliación
con el mundo y con los valores de la modernidad (razón, ciencia, mundo,
democracia, valor de la persona, libertad religiosa y demás libertades,
perspectiva de los pobres, etc.).

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Pero esa primavera pronto se vio truncada, ante el temor que producía
la conmoción que tal renovación suponía. El miedo venció, y los frenos
y retrocesos que desde entonces se han producido no han hecho sino
distanciar más y más a la sociedad respecto al cristianismo institucional.
Son decenas de millones las personas que han abandonado la religión en
las últimas décadas en Europa, por ejemplo, alegando no poder aceptar
una cosmovisión que les resulta superada, buscando su realización espiritual
por caminos nuevos. Sólo una profunda reflexión -en el campo de
la ecología y en el de los otros varios «nuevos paradigmas»-y una consecuente
y valiente renovación teológica reabrirá la esperanza.

José María VIGIL

Comision.Teologica.Latinoamericana.org

PANAMÁ

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NEXT ISSUE OF

Our next issue will publish the theological materials, texts,
papers… EATWOT and other theologiaans are prepearing for its
participation in the WSF, World Social Forum, to be held February
2011 at Dakar, Senegal

Please, look for it!

To receive it freely by e-mail (only the link for download)
you can subscribe, sending your e-mail address to EATWOT,
through the point of contact in the webpages of EATWOT:

vvwww.InternationalTheologicalCommission.org

http://www.Comision.Teologica.Latinoamericana.org

http://www.Comissao.Teologica.Latinoamericana.org

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328
Ecumenical Association of Third World Theologians
Asociacion Ecuménica de Teólogos/as del Tercer Mundo
Association Oecumenique des Theologiens du Tiers Monde
Volume XXXIV Nº 2011/1 New Series January-February 20119789962050124ISBN978-9962-05-012-49789962050124ISBN978-9962-05-012-4
Ecumenical Association of Third World Theologians
Asociacion Ecuménica de Teólogos/as del Tercer Mundo
Association Oecumenique des Theologiens du Tiers Monde
Volume XXXIV Nº 2011/1 New Series January-February 20119789962050124ISBN978-9962-05-012-49789962050124ISBN978-9962-05-012-4

Desafíos da ecologia as religioes. José María VIGIL


(De la Revista VOICES)

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Desafios da ecologia às religiões

José María VIGIL

A ciência que mais mudou a consciência da humanidade é, na atualidade,
a “nova cosmologia”, ou seja, as ciências do cosmos e da natureza.
Pela primeira vez, e de modo simultâneo para toda a humanidade, temos
uma visão científica do universo: sua origem, suas dimensões, sua evolução,
as galáxias, as estrelas, os planetas, a vida…, que acaba sendo uma
visão muito diferente daquela que tínhamos durante milênios e tivemos
até a poucas décadas passadas.

Ao longo de toda a história de nossa espécie não desfrutamos desta
nova visão maravilhosa. As religiões, a arte, a poesia… se encarregaram,
então, de suprir, com imaginação e crenças, nossa ignorância coletiva e
nossos medos. Os “mitos” que elas criaram cumpriram um papel social
útil para nossa organização civilizacional, e muito importante e significativo
para nosso imaginário coletivo. Mas, hoje em dia, há um problema,
e ele consiste no seguinte: aqueles mitos simbólicos não podem mais
continuar sendo interpretados com uma “epistemologia mítica”, ou seja,
não podemos continuar acreditando que eles são ainda “descrições objetivas
da realidade”… As religiões, a poesia, a arte imaginaram um mundo
pequeno, plano, parado, fixo, criado diretamente assim como o vemos e
regido por um Deus lá em cima, lá fora, que seria uma espécie de razão
última de tudo.

Diante da nova ciência, este “imaginário religioso clássico”, que presidiu
a consciência da humanidade durante milênios, salta em pedaços.
Não é mais possível ser uma pessoa atualizada e continuar cultivando
aquele imaginário. Este é o principal motivo pelo qual a relação entre a
ecologia e as religiões é tensa.

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A “nova narrativa” que a ciência nos apresenta – e que hoje, como
afirmamos acima, pela primeira vez, é uma narrativa científica e simultaneamente
a mesma para toda a humanidade, para todos os povos do
planeta – oferece-nos uma nova visão do mundo, até agora desconhecida,
e com estas características:

– um universo em total e contínuo movimento: ao contrário de
como sempre tínhamos imaginado, nada está parado;
– em expansão: tudo começou com uma grande explosão, e tudo
continua incontidamente se expandindo; estamos numa explosão, somos
parte dessa explosão;
– em evolução e desdobramento: não se trata de um “cosmos”
regido por leis eternas e imutáveis, mas de uma “cosmogênse” que se
desdobra a partir de dentro;
– com o aparecimento de propriedades emergentes e de auto-organização
a partir da desordem do caos: um todo que é maior do que as
partes e que está em cada parte…;
– orientado para a vida, a complexidade e a consciência, que, finalmente,
emerge no ser humano, que se torna consciência coletiva, que
assume conscientemente o cosmos e por ele se responsabiliza;

– relacionado, em forma holística, em rede de redes…, nas quais
cada partícula está relacionada com todas…
Esta nova visão do cosmos nos situa num mundo muito diferente
daquele que as religiões nos ensinaram, e nos muda, radicalmente, em
vários aspectos:

• Muda a imagem da natureza, que, a partir de agora:
– Não podemos mais imaginá-la como mero cenário da história
humana, história essa que seria o único evento importante que acontece
no planeta e no cosmos…
– Na atual cosmovisão não é possível aceitar um “segundo andar”.
O que se queria indicar com aquele simbolismo só pode encontrar-se
agora “neste mesmo andar”. Não há “metafísica” (ou, pelo menos, não é
necessário nem obrigatório crer nela, mesmo que seja útil imaginá-la…).
– Já não é aceitável uma qualificação religiosa negativa (pecaminosa)
da matéria e de tudo o que a ela se relaciona (carne, instinto, sexo,
prazer…).
– Não podemos mais aceitar o pressuposto mitológico de um
“pecado original” que, ancestralmente, tudo contaminou, mas sim, uma
“bênção original”…
+++++

317

– Esta vida não pode ser somente uma ilusão passageira, uma
“prova”, em função de outra vida, a verdadeira e definitiva, aquela depois
da morte à que um Criador nos teria destinado… As religiões de “salvação
eterna” precisam, com urgência, dar novamente a razão de si mesmas no
contexto mental da atualidade.
• Muda a imagem do ser humano:
– Não viemos de cima, nem de fora, mas sim, de baixo, de dentro,
da Terra, do Cosmos; somos o resultado atual, a flor da evolução cósmica…
– Não é verdade que somos superiores, diferentes e alheios ao
resto da Natureza, únicos com mente e espírito procedentes diretamente
de Deus…
– Não somos os “donos da criação”; somos apenas mais uma espécie,
embora a única capaz de assumir responsabilidade.
– Não podemos viver separados da Natureza, como “sobre-naturais”,
injustificadamente auto-exilados de nossa placenta, abdicando
insensatamente de nossas raízes naturais, auto-despojados, artificialmente
desnaturalizados.
– Não somos “sobre-naturais”, mas sim, muito naturais, e naturais
a um tal estágio ao qual, talvez, outros seres ainda não tenham logrado
chegar. Somos Natureza, Terra que sente, que pensa e ama, matéria que
em nós chega à reflexão…
• Muda a imagem de Deus
– Uma visão tão precária da natureza e do cosmos como aquela
que a humanidade teve só podia dar dela mesma uma imagem insuficiente
de Deus.
– A atual visão da realidade não nos permite mais imaginar um
Deus lá fora, lá em cima, nesse “segundo andar superior” do qual dependeria
o nosso. Hoje vemos que não tem mais sentido falar nem pensar
num lugar “fora” ou “acima” do cosmos.
– A ideia de um Deus separado da criação ou trans-cendente é um
de nossos principais problemas (Thomas Berry).
– Um deus antropomórfico não faz sentido: “pessoa” que pensa,
decide, ama e se expressa como nós… Deus, theos ou Zeus do Olimpo.
– E pensar que é “Senhor”, Dono, Juiz que distribui prêmios e castigos
é, hoje, claramente, um antropomorfismo agrário.
–Se existir “a divindade” (dimensão real da realidade), só poderá
ser encontrada na única realidade cósmica…

+++++

318

Retornemos ao cosmos e à natureza

Santo Tomás disse que “um erro a respeito da Natureza leva a um
erro a respeito de Deus”… Os erros que sofremos a respeito da natureza
e, sobretudo, a ignorância a seu respeito foram máximos, pelo que é
de se supor que a imagem de Deus e do religioso que dessa referência
decorreu implique em grandes deficiências que, hoje, estaríamos em
condições de reparar.

Parece evidente que as religiões viveram de costas para a natureza,
sobretudo por que concentraram toda a sua atenção numa pequena
“história sagrada”, iniciada somente há 3.000 anos, e esta foi a única
“revelação” que levaram em conta.

A explosão científica dos últimos tempos é, sem dúvida, uma nova
“experiência de revelação” em que o divino da realidade se nos manifesta
de uma nova forma. Na atualidade, não há nada que esteja inspirando
uma tomada de consciência espiritual no mundo como a “nova narrativa”
de nossa história cósmica. As religiões precisam sentir o kairós
ecológico
desta hora e voltar-se para o cosmos e a natureza, para neles reconhecer
nossa “história sagrada” e superar o atual divórcio entre ciência e espiritualidade,
entre religião e realidade. Aceitar o desafio da ecologia não é
somente incluir o “cuidado da natureza” entre os imperativos morais; é
mais: implica uma “reconversão ecológica” da religião.

Desafios

Portanto, não é só a imagem física do mundo que mudou. Todo ele
mudou: sua origem, suas dimensões, sua arquitetura, sua complexidade,
seu sentido… Diante desta mudança, as religiões, que elaboraram todo
seu patrimônio simbólico (categorias, teologias, liturgia, dogmas, ritos,
mitos…) no contexto daquele velho imaginário, parecem agora profundamente
antiquadas, pertencentes a um mundo obsoleto, distante, que
já não existe e nem é compreensível. A linguagem religiosa tradicional
perde sentido e significado e até se torna ininteligível para os jovens. As
religiões, que durante milênios prestaram à humanidade o serviço de
expressar a dimensão mais profunda da existência, dão mostra de que já
não servem mais…

Nesta situação, as religiões se sentem a si mesmas desatualizadas
e incompreendidas, sem perceber com clareza qual seja a causa. Com
frequência reagem defendendo-se, repetindo e reafirmando intempestivamente
sua tradição sagrada, suas “verdades reveladas”, as “verdades eternas”…,
quando deveriam reinterpretá-las e adequá-las à nova linguagem e
aos novos paradigmas a que nos referimos acima, abandonando aqueles
erros de perspectiva que todos sofremos pela ignorância da humanidade
à qual, historicamente, nos vimos submetidos…

+++++

319

Em geral, os anos 60 do século passado foram um momento de
esperança e otimismo no cristianismo, quando parecia que se estava
abrindo a possibilidade de uma profunda renovação interna e a possibilidade
de uma reconciliação com o mundo e com os valores da modernidade
(razão, ciência, mundo, democracia, valor da pessoa, liberdade
religiosa e demais liberdades, perspectiva dos pobres etc.).

Mas esta primavera logo foi truncada, diante da possível comoção
que tal renovação poderia produzir. O medo venceu. Os freios e os retrocessos
a que se optou desde então, distanciaram mais e mais a sociedade
em relação ao cristianismo institucional. São dezenas de milhões de
pessoas que, nas últimas décadas, na Europa, abandonaram a religião,
alegando não poder aceitar uma cosmovisão que lhes parece superada,
buscando então sua realização espiritual por novos caminhos. Só uma
profunda reflexão – no campo da ecologia e no de vários outros “novos
paradigmas” – e uma consequente e corajosa renovação teológica reabrirá
a esperança.

José María VIGIL

Comisao.Teologica.Latinoamericana.org

PANAMÁ

Defis de l’écologie aux religions. José María VIGIL


(De la Revista VOICES)

311

Défis de l’écologie aux religions

José María VIGIL

La spiritualité écologique est une dette impayée des religions
monothéistes envers l’Humanité et envers la Terre et un défi pressant, car
la société ne va pas résoudre la crise écologique rien qu’avec des solutions
techniques et politiques, aussi importantes soient-elles. Pour sauver
la planète et la communauté de vie, il faut une espèce de pacte spirituel
de respect et de souci écologiques qui implique toutes les traditions spirituelles
et les organisations éthiques de l’humanité.

Aujourd’hui, racheter la sacralité de la Terre est un défi théologique
et spirituel, mais c’est surtout une question de vie ou de mort. Vandana
Shiva, écologiste et penseuse indienne, a écrit que le plus grand défi
actuel pour la planète consiste à «survivre au modèle de développement
social, politique et scientifique que la société occidentale a consacré comme
si c’était l’unique».

La Bible sur le banc des accusés

Plusieurs auteurs d’études, européens et nord-américains, ont rejeté
la faute sur la culture judéo-chrétienne en raison de la mentalité qui a prédominé
dans la société occidentale et qui l’a rendue responsable du manque
de respect à l’environnement et de la destruction de la nature. Lynn
White a écrit sur «Les racines historiques de la crise écologique». Il a dit
que les environnementalistes doivent rompre avec l’héritage judéo-chrétien,
qui serait le principal coupable de la destruction de la nature. Il pro-
pose de s’approprier les anciennes religions animistes et des éléments des
religions orientales. L’argument le plus grave est que les religions juive et
chrétienne ont pris trop au sérieux l’anthropocentrisme de la Bible, selon
laquelle Dieu créa l’être humain comme « seigneur de la Création », avec
l’ordre de domestiquer la nature et de la soumettre à ses désirs.

C’est aussi la Bible qui dit que l’être humain est, entre tous, le seul
créé «à l’image de Dieu», le seul qui puisse être considéré comme «semblable
à Dieu» (cf. Gn 1,27-28 et 9,1-7). Cette conception biblique aurait

+++++

312

fourni la base pour que l’être humain exploite la terre et la détruise, au
lieu de se lier avec elle amoureusement. Quelques écologistes féministes
comparent les récits de la création dans la Bible avec les mythes de
l’ancienne Egypte et de Babylone, et elles pensent que, comme dans ces
mythes orientaux, dans la Bible aussi les récits de la création contiennent
la victoire du dieu masculin ordonnateur, qui met en déroute un principe
féminin chaotique.

Fondements d’une spiritualité écologique

Spiritualité est un mot étranger à la Bible et aux cultures antiques.
Dans certains cercles, « spiritualité » se confond avec « spiritualisme »,
mouvement qui oppose la matière à l’esprit et donne la priorité à ce dernier.
Dans les 50 dernières années, beaucoup se sont efforcés de dépasser
le dualisme entre le corps et l’âme, entre matière et esprit. Si « spirituel
» est entendu comme ce qui n’est pas matériel, nous ne pourrions pas
parler de « spiritualité écologique ». Dans des langues anciennes comme
l’hébreu, « esprit », ruah, signifie vent, souffle. Il fait référence à tout ce
qui respire. Tout être vivant, tout être qui respire, est esprit, ou porteur
d’esprit.

Ce principe de vie n’est pas seulement le point de départ de la vie
animale. C’est la source de l’amour, des sentiments et de l’unité entre les
êtres. Avoir l’esprit signifie avoir la capacité de relation véritable et celle
de créer l’unité. Selon l’investigation scientifique la plus actuelle, la vie
est ce tissu de relations. Selon Fritjof Capra, physicien et théoricien des
systèmes, il y a déjà vie et esprit quand les premiers protons se mettent
en relation et se constituent en ébauche de l’unité primordiale: «Même
dans les plus minuscules cellules -bactéries appelées micro plasma-, un
réseau complexe de processus métaboliques opère sans interruption… La
vie en continu n’est pas propriété d’un seul organisme ou d’une espèce,
mais d’un système écologique… Aucun organisme ne vit isolé» (Capra, «
Connexions invisibles»).

Déjà dans les premières décennies du XXème siècle, Teilhard de
Chardin disait qu’au fur et à mesure que ce processus de vie évolue, il se
fait de plus en plus complexe avec des degrés d’unité toujours plus profonds,
jusqu’à ce que l’esprit humain atteigne le niveau cosmique. Cela
signifie que tous les êtres sont des expressions de cette énergie de relation
cosmique que nous pouvons appeler «esprit»… Ils ont une certaine
intériorité. Ils sont gravides d’Esprit, de cet amour divin que les religions
reconnaissent comme la base de tout l’Univers…

L’Univers nous renvoie constamment à son mystère le plus intime:
un principe divin qui est Amour créateur, opérant et rénovateur en permanence,
énergie qui est vie et nous donne vie. Nous, nous voyons dans

+++++

313

cette source de vie un être personnel que nous appelons Dieu…

Une spiritualité écologique se propose d’aller au-delà des religions
(sans les rejeter), comme attitude d’amour capable de redécouvrir l’enchantement
de la vie présente en nous-mêmes, en tout être humain, et
dans l’Univers. Défendre la nature agressée et méprisée n’est déjà pas
une attitude «naturelle» ou spontanée, comme cela a pu l’être dans des
cultures ancestrales. Même les cultures encore très rurales ou peu liées à
la technique moderne se sentent aujourd’hui moins dépendantes de leur
milieu environnemental et ont appris qu’elles peuvent le transformer.
Elles pouvaient le faire aussi autrefois, mais elles devaient avant demander
la permission aux dieux. Aujourd’hui elles se demandent si les dieux
continuent à tenir les comptes de l’agression des humains contre les éléments
naturels. La réaction commune est la déception et une certaine distanciation
par rapport à une attitude révérencielle vis-à-vis de la nature.

Spiritualité écologique ne signifie pas revenir à une religion de
crainte ou de dépendance des forces cosmiques… mais instaurer une
communion révérencielle avec le mystère le plus profond, présent en cha-
que être. Cela exige de chaque personne une continuelle conversion dans
sa manière de se comporter avec elle-même, avec les autres et avec la
nature. Il ne s’agit pas de travailler d’abord le niveau individuel et intime,
pour passer ensuite au niveau social; la relation entre le personnel et le
social est dialectique: l’une ne s’établit pas en profondeur sans l’autre.

La spiritualité doit nous rendre capables de saisir en toutes créatures,
dans leur dynamique évolutive, dans leur immense diversité et
dans leur complexité, un message spirituel de beauté et d’irradiation de
l’amour universel. La mission de l’être humain est d’être capable d’écouter
les milliers d’échos qui viennent de cette grande Voix, de célébrer sa
grandeur et de s’unir au chant de louange que toutes choses entonnent
à la Vie et à sa Source Maternelle, attraction unificatrice de tout. Seul
l’être humain peut réaliser ce dont témoignait le poète mystique anglais
William Blake: «voir le monde dans un grain de sable, sentir le ciel dans
une fleur sylvestre, contenir l’infini dans la paume de la main et l’éternité
dans une heure».

Pistes pour une spiritualité écologique

1) Bon médecin est celui qui soigne ses patients. De même, vivre
une spiritualité écologique exige: 1, la préoccupation de bien connaître
ce dont on s’occupe; 2, une volonté réelle d’agir, même au niveau micro
et presque insignifiant ; et 3, le plus important: un engagement affectif,
positif et amoureux.

2) Aucune hypothèse ne permet de croire en une spiritualité écologique
si celle-ci n’inclut pas une écologie sociale. Qui détruit la nature,

+++++

314

c’est bien l’humanité, et en même temps, l’être humain s’est révélé comme
le plus fragile de tous les êtres.

Annuellement, 30 millions d’êtres humains meurent de faim, tandis
que la production annuelle d’aliments excède de 10% les besoins de tous
les habitants de la Terre. Pour que le prix ne baisse pas et que le sacrosaint
lucre des propriétaires ne diminue pas, les pays riches préfèrent
brûler ce qu’ils ne peuvent vendre, ou bien laissent pourrir l’excédent
dans les entrepôts.

Cette crise de civilisation ne sera pas résolue sans un souci tout
spécial de la vie sur la planète. De fait, les recherches révèlent que la
Terre a, environ, 4 500 millions d’années, que plusieurs fois elle a subi
des crises et catastrophes très sérieuses. Pourtant, sept biologistes sur
dix croient que la menace qui aujourd’hui pèse sur la vie par toute la
planète est plus grave et terrible que le cataclysme survenu il y a 65 millions
d’années, quand les dinosaures disparurent. Maintenant le problème
ne va pas être provoqué par quelque comète qui percute la Terre, ni
par des tragédies climatiques… La destruction de la planète sera causée
par l’activité de l’être humain lui-même. On calcule que dans les trente
prochaines années, jusqu’à un cinquième de toutes les espèces vivantes
disparaîtra…

Il faut que le soin et une manière affectueuse de se comporter se
transforment en chemin spirituel pour chacun de nous, en un projet poli-
tique pour choisir nos représentants politiques, et en des critères pour
établir dans le monde une nouvelle Ethique. L’avenir mérite que nous
rassemblions tout cela sur un chemin d’engagement au bénéfice de notre
vie et de celle des générations futures.

3) La crise écologique mondiale provient de nos «déserts spirituels»,
des déserts personnels et sociaux de l’Occident. Pour cette raison, il est
urgent de reprendre l’intuition de Helder Camara de former de petites
communautés alternatives, partout, qui essaient de prendre soin de la
Vie, de la Terre et de l’Eau. Il y en a déjà, et elles tentent de vivre de
manière sobre de nouveaux styles de vie. Là s’épanouit la dimension de
la spiritualité écologique, toujours liée à l’engagement de transformer la
société et de défendre la nature menacée. Comme disait Gandhi: «Il nous
faut vivre et être le chemin que nous proposons au monde».

José María VIGIL

EATWOT’s Latin American Theological Commission

Comision.Teologica.Latinoamericana.org

PANAMA

Ecological Challenges for Religions. José María VIGIL


(De la Revista VOICES)

307

Ecological Challenges for Religions

José María VIGIL

The development that is most changing Humanity’s current consciousness
is “the new cosmology” of cosmic and natural sciences. For the
first time, we have a scientific view of the Universe: its origins, its dimensions,
its evolution, the galaxies, stars, planets, and life. This means we
have a very different vision than that which we previously held.

Throughout the history of our species, we have not had access to
this vision. By imagination and superstition, religions filled in the gaps
of our collective ignorance and fears. The myths that they created filled
a useful and important social role. The problem is that today they cannot
continue being interpreted as a “mythic epistemology,” that is, believed
as “objective descriptions of reality.” Religions imagined a small, flat,
immobile, fixed, world that was created exactly how we saw it, directed
by a God “up there and far away” who was the ultimate reason for everything.

Confronted by new scientific knowledge, this “religious imaginary”
has crumbled to pieces. It is impossible to be a modern person today and
to keep participating in this imaginary. This is the global conflict between
ecology and religions.

The “new story” which science presents to us—which is, for the first
time, both a scientific story and a story shared by all humanity—offers us
a new vision of the world, unknown until now:

-a universe in total and continuous motion: nothing is fixed, as we
had previously thought;

-expanding: it all began with a great explosion, and everything continues
to unstoppably expand;

-evolving and unfolding: it isn’t a cosmos controlled by immutable
eternal laws, but a cosmogenesis unfolding from within;

+++++

308

-with the appearance of emerging properties and self-organization
from the disorder of chaos: the whole greater than the parts, but present
within each part;

-oriented towards ever-greater complexity, life, and conscience,
which flourishes, finally, in human beings, who create a collective conscience
and take responsibility for the cosmos;

-holistically linked, in networks of networks, in which each particle
is related to all others.

This new vision puts us in a very different world than the one
which religions have taught us about. It changes us radically in several
respects:

• It changes the image of nature:
-We can no longer imagine that mere human history is the only
important history;

-We can no longer accept a negative (sinful) religious qualification
of matter and everything related to it (flesh, instinct, sex, pleasure);

-We can no longer accept the myth of “original sin,” that everything
was contaminated by our ancestors: instead, we must embrace the reality
of an “original blessing;”

-In today’s cosmovision, it isn’t possible to accept a “second level.”
This is no longer tenable. Today, everything must be seen as “on the same
level.” There is no “metaphysics” (or, at least, it need not be necessary or
obligatory to believe in it, however useful it might be to imagine it…);

-This life cannot be seen just as a passing vision, a “test” to qualify
us for eternal life, the true and definitive one, the one beyond death, for
which the Creator has destined us. Religions of “eternal salvation” urgently
need to make themselves intelligible in today’s mental context.

• Changes the image of human being:
-We do not come from above or from outside, but from within and
below, from the Earth and the Cosmos: we are the current result, the
flower of cosmic evolution;

-It is false that we are superior, different, and removed from the rest
of Nature, with a mind and spirit received directly from God;

-We are not the “owners of creation;” we are just one more species,
the only one capable of assuming responsibility;

-We cannot live separated from Nature as supernatural beings, artificially
denaturalized;

Ecological Challenges for Religions ·

+++++
309

-We are not “supernatural;” rather, we are very natural or natural
to an extent that other beings have not reached. We are Nature and Earth
that feels, thinks, and loves, matter that has arrived at reflection.

• It changes our image of God:
-Humanity’s precariously limited vision of nature and the cosmos
has been enabled by our insufficient image of God.

-The current vision of reality no longer permits us to imagine a
God “up there and far away,” existing on a “superior second level” that
we depend on from our inferior level down below. Today we see that it
does not make sense to talk or think about an “outside of” or “above”
the cosmos.

-The idea of a God separated from creation—transcendent—is one
of the principal problems.

-An anthropomorphic God like us does not make sense: a “person”
that thinks, decides, loves, and communicates like us…God, theos, or
Zeus. Thinking that God is “Lord,” Owner, Judge, Rewarder and Punisher
today is clearly an anthropomorphism.

-“Divinity” (in its real dimension) can only be found in the one
cosmic reality.

Returning to the Cosmos and to Nature

Saint Thomas Aquinas said that an error about Nature has its roots
in an error about God…We have suffered major errors in our understanding
of nature, and, above all, through our ignorance with respect to it.
Therefore, it is logical to assume that the image of God and of religion in
relation to nature have grave deficiencies. Today, we are capable of remedying
these errors. It seems clear that religions have turned their back
on nature, especially because they have concentrated all their attention
on a small “sacred history” initiated only 3000 years ago, and that this is
the only “revelation” they take into account.

The explosion of science in recent times is undoubtedly a new
“revelatory experience,” in which the divine element of reality is manifesting
itself to us in a new way. Nothing is currently inspiring a new
spiritual consciousness throughout the world like the new telling of our
cosmic history. Religions need to feel the ecological kairos of this hour
and return towards the cosmos and nature, in order to recognize in them
our “sacred history,” overcoming the current divorce between science
and spirituality, between religion and reality. Accepting the challenge of
ecology does not mean including “the care of nature,” as one more moral

+++++

310

imperative. It is something more: it is a complete “ecological reconversion”
of religion itself.

Challenges for religions

It is not just the physical image of the world that has changed. All
of it has changed: its origin, its architecture, its dimensions, its complexity,
its meaning. Faced with this change, religions that have elaborated
all their symbolic heritage (categories, theologies, liturgy, dogmas, rites,
myths…) in the context of the old imaginary appear profoundly antiquated,
pertaining to an obsolete, distant world that does not exist any
longer and may even be unimaginable. Religious language loses its sense
and meaning, becoming unintelligible to younger generations. Religions
that have served humanity during millennia to express the most profound
dimensions of existence do not seem to work any longer

In this situation, religions feel behind the times and misunderstood,
without understanding with clarity what causes this. They frequently react
by defending themselves, repeating and reaffirming intemperately their
sacred tradition, their “revealed truths,” their “eternal truths.” Instead, they
should reinterpret them and make them relevant to the language and new
paradigms which we now use, abandoning the errors of perspective that
have harmed us all, caused by humanity’s ignorance.

The 1960s were a moment of hope and optimism in Christianity in
general, when it seemed that a possibility was opening for a profound
internal renovation and reconciliation with the world and with the values
of modernity (science, democracy, the value of the person, religious liberty
and other liberties, the perspective of the poor, etc.).

But this spring was quickly truncated, faced with the fear that
sprang from the commotion that the renovation entailed. Fear won, putting
the brakes on this movement. The steps backward have not done anything
but distance society more and more from institutional Christianity.
Tens of millions of people in Europe have abandoned religion in the past
decades, for example, because that they can no longer accept a cosmovision
that they see as already surpassed. They look instead for a spiritual
realization through new paths.

Only a profound reflection—in the field of ecology and in other
“new paradigms”—followed by a courageous theological renovation, will
reopen the door of hope.

José María VIGIL

EATWOT’s Latin American Theological Commission
Comision.Teologica.Latinoamericana.org/indexEnglish.html

PANAMA

El sentido místico de la conciencia planetaria.Faustino TEIXEIRA


(De la Revista VOICES)

295

El sentido místico de
la conciencia planetaria

Faustino TEIXEIRA

“A aquel que ama apasionadamente a Jesús,
escondido en las fuerzas que hacen crecer a la Tierra,
la Tierra, maternalmente, lo levantará en sus brazos gigantescos,
y lo hará contemplar el rostro de Dios”.

(Teilhard de Chardin)

Como indica Leonardo Boff, el retomar la dimensión espiritual de la
vida humana tal vez sea una de las transformaciones culturales más significativas
del siglo XXI1. Se trata de la conciencia de que el ser humano
no es solamente parte del universo material, sino también espíritu que
se integra al Todo, como ente “religado a todas las cosas”, y que lanza
interrogantes fundamentales sobre el sentido de la historia y del destino
humano. Uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo tiene que ver con
la conciencia planetaria: cómo encontrar un camino civilizacional que sea
capaz de incluirlo todo, incluso a la naturaleza; un camino que posibilite
el enriquecimiento de la comprensión de lo humano, que abarque no sólo
la relación con nosotros mismos y con los otros, sino también la relación
con el cosmos, que es nuestro lugar de nacimiento. Nada más nocivo
que continuar alimentando la idea moderna de la autocentralidad del ser
humano, con las problemáticas implicaciones de su relación de dominio
sobre la naturaleza. El momento actual exige una nueva sensibilidad.

Leonardo BOFF. Do iceberg à Arca de Noé. Rio de Janeiro: Garamond, 2002, p. 117.

+++++

296

Comenzamos a percibir que nos destruimos a nosotros mismos con esa
actitud. Comenzamos a entender que el mundo es nuestro hogar, en el que nacemos
y estamos viviendo, y que merece protección. Mejor: la naturaleza merece
respeto y escucha, una ‘escucha poética’, pues tiene valor en sí misma. Una ‘nueva
alianza’ entre ella y nosotros debe ser establecida (Prigonine y Stengers), en vez
de aquella en que ‘el ser humano es señor y dueño del mundo’ (Descartes)2.

El sentido místico de la conciencia planetaria convoca al ser
humano a una nueva dinámica de relaciones, que debe afectar al ver, a
la escucha y a la alianza con el Todo. Podemos hablar también de acogida:
ser capaz de acoger al otro y a la realidad envolvente. Esto requiere
mucha humildad, y superar las arrogancias identitarias, lo que conlleva
una nueva forma de situarse en el mundo, marcada por la “delicadeza
espiritual”, por la simpatía, la cortesía y la recuperación del sentido de
admiración. Rompiendo con la lógica prometeica, que busca controlar y
explicarlo todo, hay que re-aprender el ritmo de la inmanencia, que conlleva
humildad y apertura, o sea, saberse instalar silenciosamente “en el
pálpito de la contingencia”3.

1. La mística y el amor por el Todo
La experiencia mística incluye siempre la dinámica de una relación.
En la perspectiva abierta por pensadores cristianos clásicos, como

J. Maritain y Louis Gardet, la mística trasluce un “conocimiento experimental
de las profundidades de Dios”, o la “experiencia deleitable de lo
absoluto”4. En ella se da el encuentro del sujeto con el Otro, entendido
como Misterio mayor. Pero hoy hay que rescatar un sentido más “terrenal”
de la mística, que comporta una percepción cuidadosa de lo cotidiano,
de forma que se logre desentrañar la dimensión misteriosa que habita el
ser humano y toda la creación. En sintonía con la perspectiva abierta por
Panikkar, hay que entender la mística como “experiencia de la vida”, o
como “experiencia integral de la realidad”5. La mística no es una experiencia
ultramundana, desencarnada y separada de las alegrías y dolores del
mundo, ni un mero atributo de una “aristocracia espiritual”, sino un rasgo
o característica del ser humano en general, que es capaz de penetrar en
los meandros de la realidad y captar el canto de las cosas.

+++++
2

Adolphe GESCHÉ. O cosmo. São Paulo: Paulinas, 2004, p. 5.

3

Ibidem, p 46.

4

Jacques MARITAIN. Les degrés du savoir. 5 ed. Paris: Desclée de Brouwer, 1946, p. 489490;
Louis GARDET. La mystique. Paris: PUF, 1970, p. 5.

5

Raimon PANIKKAR. L´esperienza della vita. La mistica. Milano: Jaca Book, 2005, pp. 15,
42, 57 y 175; Id. Mistica Pienezza di vita. Milano: Jaca Book, 2008 (Opera Omnia v.
I/1).

+++++
297

El verdadero místico no está nunca desplazado de su tiempo,
sino que es alguien animado por un “desaforado amor por el Todo”. Su
experiencia del misterio ocurre en el corazón de la realidad, en atención
continua a las pequeñas señales de lo cotidiano, en un intento incesante
por adentrarse cada vez más en su espesura6. Como mostró con pertinencia
y sabiduría el místico jesuita Teilhard de Chardin: “La pureza no está
en la separación, sino en una penetración más profunda del Universo”7.
Hay que tener “una simpatía irresistible por todo aquello que se mueve
en la materia oscura”8. Los grandes espirituales y santos son reconocidos
en su grandeza no porque escaparon de los desafíos de su tiempo, sino
por la “manera en que vivieron plenamente esa vida común, e hicieron
que ella descubriese todas sus virtualidades”9. Singulares místicos como
el Maestro Eckhart (1260-1327), estuvieron animados por una sensibilidad
particular de saber captar a Dios en todas las cosas, y en todo tiempo y
en todo lugar. El verdadero espacio de encuentro con el Misterio no es lo
extraordinario, sino lo ordinario, lo cotidiano del día a día. El cielo se hace
presente “en cada punto de la creación, de la misma manera como Dios
es, en cierto modo, la omnipresente filigrana de todas las cosas”10.

2. La diafanía de Dios en el Universo
En su preciosa obra mística, El medio divino, Teilhard de Chardin
señaló que “el gran misterio del cristianismo no es exactamente la
Aparición sino la Transparencia de Dios en el Universo”11. A la luz de la
perspectiva mística cristiana, todo el universo viene “bañado de una luz
interna que le intensifica el relieve, la estructura y las profundidades”12.
No hay cómo escapar de esta diafanía divina, que a todos envuelve y se
trasparenta en el misterio de la creación. El ser humano vive sumergido
en ese “medio divino”, aunque no siempre se da cuenta de ello. Para
ser capaz de ver a Dios en todas las cosas es necesaria una “educación
de los ojos”13. De hecho, “para quien que sabe ver, nada es profano en
este mundo”14. Basta romper con el círculo de la superficialidad y de la

+++++

6

Maria ZAMBRANO. Algunos lugares de la poesía. Madrid: Trotta, 2007, pp. 127 y 129.

7

Pierre TEILHARD DE CHARDIN. Hymne de l´univers. Paris: Seuil, 1962, p. 67

8

Ibidem, p. 19.
9 Adolphe GESCHÉ. O cosmo, p. 55.
10

Alois M. HAAS. Introduzione a Meister Eckhart. Fiesole: Nardini, 1997, pp. 113-114 (ver
también pp. 22 y 26); Leonardo BOFF (Org.). Mestre Eckhart. A mistica de Ser e de não
Ter. Petrópolis: Vozes, 1983, pp. 42-43.

11

Pierre TEILHARD DE CHARDIN. O meio divino. Lisboa: Presença, s/d, p. 150.

12

Ibidem, p. 149.

13

Ibidem, p. 43.

14

Ibidem, p. 66.

298
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·· Faustino TEIXEIRA

apariencia, ir más allá del ritmo de los nombres y formas, para ser capaz
de desvelar lo divino que se trasparenta por todas partes: “alrededor de
nosotros, a derecha e izquierda, atrás y adelante, abajo y arriba”15. Es el
misterio divino siempre-ya-ahí asediando, penetrando y modelando el
ritmo de la creación. De manera osada, Teilhard reconoce el potencial
espiritual de la materia e indica que es sumergiéndose en su centro como
el ser humano es introducido “en el corazón mismo de aquello que es”, y
como alcanza la experiencia de Dios:

Báñate en la Materia, hijo del Hombre. ¡Sumérgete en ella, allí donde ella
es más violenta y más profunda! ¡Lucha en su corriente y bebe su ola! ¡Fue ella
quien en otra hora acunó tu inconsciencia. Es ella quien te levantará hasta Dios!16

Como bien cantó el salmista, “la tierra está llena del amor de Yavé”
(Sl 33,5). Esa alegría es celebrada por los cielos y firmamentos, que proclaman
la gloria de esa presencia (Sl 19,2; Sl 148; Dn 3,57s). Ese misterio
divino que a todos envuelve es simultáneamente, inmanente y transcendente.
Por un lado, es “incomparablemente próximo y tangible”, actuando
en todas las fuerzas del Universo; por otro, “esquiva el abrazo, retirándose
siempre más lejos, en dirección a las escarpaduras de lo desconocido17. Se
trata de un misterio protegido como reserva de gratuidad, que se mantiene
permanentemente como don: es “el eterno descubrimiento y el eterno
crecimiento”18. Pero, curiosamente, puede ser alcanzado, por aproximación,
cuando se navega en el sentido de la profundidad, en dirección al
“escondrijo más secreto de nosotros mismos”, en el centro más íntimo, en
el “abismo profundo” de donde irradia todo poder de acción19.

Para una mirada superficial e ingenua, esa percepción profunda del
misterio de Dios en todas las cosas del mundo queda calificada como panteísta.
Se trata de un equívoco que pronto se disipa cuando se profundiza
la perspectiva de la dinámica que envuelve la inmanencia y la trascendencia
de Dios en el mudo. Incluso cuando el místico habla de la íntima unión
sellada en el amor, queda resguardada la diferencia. Tratando de esa cuestión,
el clásico pensador de la escuela de Kyoto, Keiji Nishitani, señala:

Decir que Dios es omnipresente implica la posibilidad de encontrar a Dios en
todas partes en el mundo. Esto no es panteísmo en el sentido normal del término, pues
no indicaque elmundo es Dioso que Dios esla vidainmanente en el mismo mundo,sino
queunDiosabsolutamentetranscendentees,encuantotal,absolutamenteinmanente20.
15 Ibidem, p. 127.
16 Pierre TEILHARD DE CHARDIN. Hymne de l´univers, pp. 67-68 (también p. 72).
17 Pierre TEILHARD DE CHARDIN. O meio divino, pp. 128-129.
18 Ibidem, p. 160.
19 Ibidem, pp. 80-82.
20 Keiji NISHITANI. La religione e il nulla. Roma: Città Nuova, 2004, p. 73.

El sentido místico de la conciencia planetaria ·
·· 299
299299

En la tradición mística del sufismo, y en particular en la obra de
Ibn ´Arabi (1165-1240), el misterio de Dios –wujüd, ilimitado– puede ser
captado a través de dos términos clave presentes en la terminología teológica
del Islam tradicional: tanzah
y tasbah. El primer término tanzah,
viene del verbo árabe nazzaha, que significa “proteger algo de cualquier
contaminación”. El término es utilizado para señalar la trascendencia y
la incomparabilidad esencial de Dios: su distancia con respecto a toda
criatura. El segundo término, tasbah, procede del verbo sabbaha, que
significa “hacer o considerar algo similar a otra cosa”. Es un término que
expresa la proximidad de Dios con su creación, su comparabilidad con
las cosas existentes. Así, Dios viene expresado en su doble polaridad: es,
por un lado, radicalmente transcendente, pero por otro, también inmanente21.
El acercamiento a Dios, entendido como lo Real (al-Haqq), no
puede darse cuando se privilegia exclusivamente uno de esos dos polos.
Ibn ´Arabi se sirvió de la historia coránica de Noé (Nûh) y los “idólatras”
para mostrar que no se puede captar lo Real cuando se exclusiviza, ya
sea su lado trascendente, ya sea su lado inmanente. Su misterio es simultáneamente
trascendente e inmanente. Tanto los “idólatras” como Noé se
equivocaron en su aproximación al Misterio. Los “idólatras” por vincular
lo Real con los objetos físicos de su adoración (inmanentización), y Noé
por vincular lo Real con lo transcendente. Los primeros se equivocaron
por no considerar la dimensión transcendente de lo Real y el segundo por
negar su dimensión inmanente22.

Hay que subrayar, no obstante, que el misterio de lo Real o del
Todo se experimenta en el ámbito de la inmanencia. Pero se necesita atención
para percibir ese “punto luminoso” que actúa y permanece dentro de
todo lo que es real. No sin razón, filósofos contemporáneos, como André
Comte-Sponville, hablan de la “imanensidad”, para expresar ese sumergirse
en el Todo, que traduce simultáneamente la fuerza de la inmanencia y
la abertura a la inmensidad. No sólo los religiosos están habilitados para
percibir y captar la novedad de la eternidad que habita en la vida cotidiana.
El potencial de deslumbramiento y admiración delante del Todo se
da también entre aquellos que excluyen la religión de su vida, pero que
pueden estar animados, y en alto grado, por cualidades esenciales del
espíritu. La espiritualidad, como viene mostrando Dalai Lama, implica la
actuación de esas cualidades esenciales, como el amor, la compasión y
la tolerancia, que irradian una esencial atmósfera de felicidad. El filósofo
Comte-Sponville manifiesta su sintonía con espiritualidades que facultan
la apertura del ser humano al mundo, a los otros, o sea, a la realidad del

+++++

21

Toshihiko IZUTSU. Sufismo y taoísmo. 2 ed. Madrid: Siruela, 2004 (Ibn ´Arabi v. 1), pp.
63-64.

22

IBN ´ARABI. Le livre des chatons des sagesses. Beyrouth: Al-Bouraq, 1997, p. 116-119.

++++++

300

Todo. Se trata de una espiritualidad que no encierra al individuo en sí
mismo, sino que lo incita a “habitar el universo”23.

Al reconocer esa diafanía de Dios en el universo, el ser humano
despierta a la presencia del misterio en todo lugar. Se trata del misterio
que hace que las montañas salten “como carneros y las colinas como corderos”
(Sl 114,4). No hay cómo reflexionar sobre el misterio de Dios y de
lo humano sin “escuchar al mundo. El ser humano no está solo alabando
a Dios. Alabarlo es unirse a todas las cosas en su himno a Él. Nuestra
comunión con la naturaleza es una comunión de alabanza. Todos los seres
alaban a Dios. Vivimos en una comunidad de alabanza”24.

3. La conciencia y atención cosmoteándricas
Para expresar esa íntima relación que envuelve el cosmos, Dios y
lo humano en una única aventura espiritual, Raimon Panikkar acuñó la
expresión “intuición cosmoteándrica”. Fue el recurso que encontró para
enriquecer el teandrismo de la tradición cristiana occidental con la apertura
cósmica de la tradición ortodoxa. La novedad está en la introducción
del cosmos, del mundo, de la materia, hasta entonces preteridos en la
espiritualidad cristiana tradicional -y muchas veces identificados con el
mal-. El cosmos, Dios y el ser humano son tres dimensiones constitutivas
de lo real: “Una dimensión de infinito y libertad que denominamos divino;
una dimensión de consciencia, que denominamos humana; y una dimensión
corporal o material que denominamos cosmos”25. Es la interpenetración
de estas tres dimensiones lo que imposibilita reducir la experiencia
de Dios a lo que es puramente inmanente o trascendente. Se trata de una
aventura sustantivamente relacional, que faculta acceder a la complejidad
de la experiencia mística26.

La experiencia cosmoteándrica demanda una atención particular a
lo cotidiano. Hay aquí una rica sintonía con la experiencia zen budista,
para la que “el corazón cotidiano es el camino”27. En la visión de uno de

+++++

23

André COMTE-SPONVILLE. O espírito do ateísmo. São Paulo: Martins Fontes, 2007,
pp. 136-137 y 182-183; DALAI LAMA. Uma ética para o novo milênio. Rio de Janeiro:
Sextante, 2000, pp. 32-33.

24

Abraham J. HESCHEL. Deus em busca do homem. São Paulo: Paulinas, 1975, p. 128.

25

Raimon PANIKKAR. Entre Dieu et le cosmos. Paris: Albin Michel, 1998, pp. 133-135 (aquí

p. 135). Ver también: Paul KNITTER. Introduzione alle teologie delle religioni. Brescia:
Queriniana, 2005, pp. 254-257
26

En esa perspectiva se puede entender el clásico verso de Angelus Silesius: “Sei que
sem mim Deus não pode um momento viver. Se eu nada me tornar, ele deve por certo
morrer”: Il pellegrino cherubico. 3 ed. Cinisello Balsamo: San Paolo, 2004, p. 108 (I,8).
Ver también, p. 154 (I,275): “Homem, tudo te ama! Tudo te rodeia: Tudo recorre a ti para
chegar até Deus”.

27

Masumi SHIBATA. Passe sans porte. Paris: Villain et Belhomme, 1968, p. 79 (en otra
traducción: “el espíritu de lo cotidiano es el camino”.

+++++

·
301

los grandes pensadores de la tradición zen, Daisetz Teitaro Suzuki, la verdad
no está desplazada del tiempo; se revela en las “cosas concretas” de
la vida cotidiana. Es en la vida común donde acontece la mística:

El Zen entrena sistemáticamente al pensamiento para ver eso. Abre
los ojos del ser humano al gran misterio que diariamente es representado.
Ensancha el corazón para que abarque la eternidad del tiempo y el infinito
del espacio en cada palpitación, y nos hace vivir en el mundo como
si estuviésemos andando en el Jardín del Edén”28.

Esta atención a lo cotidiano y al sentimiento de lo real son posibilidades
bien plausibles en la vida de cada uno, y ocurren en situaciones
que pueden ser banales. Es lo que describe Nishitani, al comentar
un pasaje del libro de Dostoievski, Memorias de la casa de los muertos,
donde el autor relata una experiencia singular de apertura al misterio
a partir del impacto emocional del paisaje circundante: el despertar al
“mundo preñado de Dios”. El impacto de la realidad puede ser diferente
para cada persona, dependiendo de la situación particular en que vive
y de la dinámica de atención que la anima. Situaciones o experiencias
cotidianas pueden tornarse “punto focal” de una concentración inusitada
e intensa, despertando la atención para un sentimiento de lo real que
escapa a una mirada superficial. Algo que activa y despierta “el profundo
sentimiento de la realidad de las cosas cotidianas”29.

El espíritu alerta y la dinámica de la atención son trazos fundamentales
de la sensibilidad oriental. Es la profunda “consciencia cotidiana” que
impulsa el reconocimiento metódico y sistemático del arquero zen y la
posibilidad de estirar el arco espiritualmente y acertar en el blanco30. Es el
“espíritu de lo cotidiano” que consolida el estado del espíritu esencial del
samurai en su arte marcial: el desarrollo de un mirar con discernimiento,
capaz de gran atención a las pequeñas cosas31. La sabiduría zen procede
de una forma peculiar: no tiene interés por prescripciones o consideraciones
teóricas. Lo que ella suscita es apenas una atención desarmada a
lo real, tal como ello se manifiesta, o sea, la experiencia inmediata de ser
eventualmente tocado por las cosas y percibir su canto32. El lenguaje zen
está penetrado por lo abierto ilimitado, donde nada puede ser claramente
patente, para que la admiración encuentre cabida. En base a un pasaje
del evangelio de Mateo, el pensador Shizuteru Ueda, señala que la pers

+++++

28

Daisetz Teitaro SUZUKI. Introdução ao zen-budismo. São Paulo: Pensamento, 1999, p.

66.
29

Keiji NISHITANI. La religione e il nulla, pp. 38-40.

30

Eugen HERRIGEL. A arte cavalheiresca do arqueiro zen. São Paulo: Pensamento, 1978.

31

William Scott WILSON. O samurai. A vida de Miyamoto Musashi. São Paulo: Estação
Liberdade, 2006, pp. 160 y 173.

32

Shizuteru UEDA. Zen e filosofia. Palermo: L´epos, 2006, pp. 206-208.

+++++

302

pectiva zen es mucho más indicativa que imperativa. En el mencionado
pasaje se dice:

“Miren las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni guardan en
bodegas, y el Padre celestial las alimenta (…). Miren cómo crecen las flores
del campo, que no trabajan, ni tejen. Y yo les aseguro que Salomón, en
el esplendor de su gloria, no se vistió como una de esas flores (Mt 6,26-29).

Como indica Ueda, un maestro zen procedería de forma distinta a
la descrita por el evangelista. Diría simplemente: “Miren las aves del cielo.
Miren las flores del campo”, sin añadir descripción alguna. No hay mejor
enseñanza que el dato vivo de la presencia de las aves y de las flores. La
simple y delicada evidencia, presentada a la mirada, es suficiente para
quebrar el atrincheramiento del sujeto en el restricto mundo del yo y
lanzarlo al decisivo desafío de retomar la verdadera vida33.

La sabiduría zen marcó a místicos cristianos singulares, como el
trapense Thomas Merton, para el que el camino zen tocaba la vida en su
propio centro. Mediante el influjo de la meditación budista, supo percibir
la importancia fundamental de la atención a las pequeñas señales de lo
cotidiano. Al contrario que la tradición cartesiana, que señalaba que en
primer lugar estaba el ser en el mundo, en estado de atención: sum, ergo
cogito. Para él:

El zen es la percepción plena del dinamismo y de la espontaneidad
de la vida, y por eso no puede ser aprendido por la simple introspección, y
mucho menos por los sueños (…). Exige atención absoluta y esfuerzo real.
Sin embargo, esa atención se da, no a una teoría o a una verdad abstracta,
sino a la vida en su realidad concreta y existencial, y a todo instante34.

Thomas Merton aplicó ese espíritu zen en su experiencia de trapense.
Como maestro de novicios en la Abadía de Gethsemani (EUA), realizó
ese espíritu, en la forma de entender y enseñar el sentido de la vida contemplativa.
En línea de sintonía con la sabiduría zen, captó el significado
real de una vida contemplativa inserta en el tiempo. Decía que “la vida
contemplativa era simplemente vivir, como el pez en el agua”. Señalaba
también que la vida espiritual no podía estar separada de ningún interés
humano. Realizó su trayectoria de buscador en esa atmósfera de atención
a lo real, plenamente consciente de la presencia permanente de Dios en
todo canto35.

+++++

33

Ibidem, pp. 207-208.

34

Thomas MERTON. Místicos e mestres zen. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 1972,

p. 236. Ver también: Id. Zen e as aves da rapina. Rio de Janeiro: Civilização brasileira,
1972, pp. 34,39 y 66.
35

Ernesto CARDENAL. Vida perdida. Memórias 1. Madrid: Trotta, 2005, pp. 144 y 187

+++++
303

4. La experiencia de la profundidad y la dilatación del corazón
Un dato interesante que se encuentra en los escritos de místicos
importantes como Eckhart, Tauler, Juan de la Cruz y Teresa de Jesús, es
la relación entre la profundidad de la experiencia espiritual y la dinámica
del amor solidario. En uno de sus sermones alemanes, Eckhart sublima
la importancia de la “limpia humildad” como condición de acceso a lo
“profundo de Dios”. Señala que “cuanto más el alma llega al fondo y a lo
más íntimo de su ser, tanto más la fuerza divina se derrama plenamente
en ella y opera veladamente para revelar grandes obras…”36. Eso significa
que cuanto más el ser humano penetra su mundo interior, es más capaz
de percibir la belleza de todas las cosas, en una libertad espiritual que
es única. El resultado más efectivo de esa interiorización es la tónica del
amor. En otro sermón, él dice que “cuando el alma con amor fluye totalmente
en Dios, ella no sabe nada que no sea de amor”37. También Tauler,
en uno de sus sermones, indica que allí donde “el valle es más profundo
es donde el agua corre de forma más abundante”38.

En base a la reflexión del Maestro Eckarth se puede concluir que
el camino del desprendimiento es condición esencial para el encuentro
con la realidad en su densidad verdadera. No hay contradicción o tensión
entre la experiencia interior y la adhesión a la belleza cósmica. Son
experiencias que se implican mutuamente. Cuando las “cosas” son descubiertas
en Dios, pasan a ser apasionadamente amadas en su grandeza.
Según Gwendoline Jareczyk y Pierre-Jean Labarrière, dos estudiosos de
Eckhart, el desprendimiento verdadero no provoca una “extinción de las
cosas”, sino su “recentramiento”. La dinámica del desprendimiento no
lleva a la fuga del mundo, sino al involucramiento de todas las cosas, por
connaturalidad. El ser desprendido, es alguien “capaz de amor, es humilde
y misericordioso”39. En el clásico sermón sobre el pasaje de Lucas (10,3840),
Eckhart encuentra en Marta un ejemplo de desprendimiento. En su
visión, ella era alguien que consiguió ejercitar radicalmente el fondo del
alma, en su esencialidad. El lector del evangelio capta la operatividad de
Marta. Se trata de una acción marcada por la libertad de alguien que está
“junto a las cosas”, y al mismo tiempo libre con respecto a las mismas.

+++++

36

Mestre ECKHART. Sermões alemães 1. Petrópolis: Vozes, 2006, p. 297 (Sermão 54 a).

37

Mestre ECKHART. Sermões alemães 2. Petrópolis: Vozes, 2008, p. 67 (Sermão 71). Ver
la semejanza con el pasaje del Cantar de los Cantares 2,4 y Cántico Espiritual de San
Juan de la Cruz (Canción XXVI).

38

Giovanni TAULERO. I sermoni. Milano: Paoline, 1997, pp. 418-419 (Sermão 45). Ver tam

bién: TERESA DE JESUS. Obras completas. São Paulo: Loyola, 1995, p. 484 (Castelo

Interior – Quartas Moradas 3,9).

39

Mestre ECKHART. Sobre o desprendimento. São Paulo: Martins Fontes, 2004, pp. XXIII y
XXIV (Introdución de Gwendoline Jarczyk e Pierre-Jean Labarrière).

+++++

304

En la visión de Marta, el encuentro con Dios pasa por el mundo y por la
vida. Estar “esencialmente” delante de Dios, es estar inserto en la vida, es
poseer “la vida de manera esencial”40.

Eckhart es un místico que alaba la actividad práctica de la vida
cotidiana, cuyo gran ejemplo ha encontrado en Marta. Pero el modo como
Marta ejerce esa actividad es apuntalado por una gran libertad, que sólo
puede encontrarse en alguien que despertó radicalmente a su verdadera
naturaleza, y que ejercitó el fondo del alma, acercándose al misterio de
la Deidad. El despojamiento vivido por Marta, es el resultado de una profundización
de la “subjetividad que emerge de la muerte absoluta del ego
(…) y del puro vínculo de unidad con Dios”41. Tal despojamiento (abgeschiedenheit)
no lleva a la “deserción de las cosas, sino a la posesión de
sí en la libertad con respecto a las cosas”, que es también libertad con
respecto a todas las determinaciones particulares42.

Conclusión

Nada más urgente en el tiempo actual que la afirmación de una
nueva alianza a favor del rescate de la Tierra y de la salvaguarda de la
creación. Se trata de una elección que es nuestra: “formar una alianza
mundial para cuidar la Tierra y unos de los otros, o arriesgar nuestra destrucción
y la de la diversidad de la vida”43. Ese cuidado planetario esencial
tiene fundamento en la mística inter-religiosa. El respeto a la naturaleza es
un desdoblamiento evidente de toda perspectiva mística, pues ella misma,
en su belleza, refleja los rastros de Dios44, o del Misterio mayor, sin nombre.
Los místicos hablan del misterio inaccesible de Dios, de la imposibilidad
de su comprensión en el tiempo. Apuntan a la posibilidad de captar
su fragancia en ese espacio de la contingencia. El capadocio, Gregorio de
Nissa, habla del “perfume difuso” de la naturaleza divina en la creación:
todo el universo es portador de ese aroma que traduce el misterio de la
Vida45. La tradición mística ortodoxa habla de filocalia, que literalmente
significa “amor por la belleza”. La oración hesicasta tiene como objetivo
esencial despertar esa “sensibilidad a la presencia de Dios en todas las

40

Mestre ECKHART. Sermões alemães 2, pp. 128 y 133 (Sermão 86)

41

Keiji NISHITANI. La religione e il nulla, p. 100.
42 Gvendoline JARCZYK & Pierre-Jean LABARRIÈRE. Le vocabulaire de Maître Eckhart.
Paris: Ellipses, 2001, pp. 14-15.

43

A Carta da Terra. En: Leonardo BOFF. Do iceberg à Arca de Noé, p. 149.

44

SANTO AGOSTINHO. Confissões X,6,9.En: Os pensadores VI. São Paulo: Victor Civitta,
1973, pp. 198-199.

45

GREGORIO DI NISSA. Omelie sul cantico dei cantici. 2 ed. Roma: Città Nuova, 1996, pp.
51-52 (Omelia I).

+++++
305

cosas”46. Toda mística auténtica busca revelar una nueva mirada sobre el
mundo, o mejor todavía, captar el otro mundo que habita ese mundo. Se
abre con ello, la posibilidad de ver el mundo transfigurado, de ver “la
llama de las cosas”, y rescatar el “cuerpo energético de la Tierra”. De ahí
la importancia fundamental de reafirmar el sentido místico de la conciencia
planetaria.

Faustino TEIXEIRA

Universidad Federal Juiz de Fora
Juiz de Fora, MG

BRASIL

Nota: Este texto fue publicado originalmente en:

Pedro A, RIBEIRO DE OLIVEIRA y José Carlos de SOUZA (orgs.),
Consciência planetária e religião, Paulinas -PUCMINAS, São Paulo/Belo
Horizonte 2009, pp. 211-221.

Jean-Yves LELOUP. Prefácio. Relatos de um peregrino russo. Petrópolis: Vozes, 2008,
pp. 13,17 y 29.

+++++

306·

Per i molti cammini di Dio
Teologia Latinoamericana pluralista de la liberazione
vol IIIContenuto:
Rivelazione e rivelazioni, Tissa BALASURIYASegreto e sacro, Silvia Regina de LIMAConversione di Gesu a la fede originale andina, equipo argentinoDio nel corpo, Wanda DEIFELTUno e molteplice, Marcelo BARROS e Luiza TOMITACristologia nella teologia pluralista, José COMBLINEcclesiologia in tempo di pluralismo religioso, Faustino TEIXEIRAFuori delle religioni c’è salvezza, Etienne HIGUETBere alproprio pozzo…, Marcelo BARROSContributi dalla teologia pluralista, Joaquín GARAYPluralismo religioso, peerspectiva feminista, Ivone GEBARAIl compito missionario, Christian TAUCHNEREpilogo: Pluralità nelle teologie, Diego IRRARÁZAVALPrólogo di Leonardo BOFFPrefazione di Maurilio GUASCOPazzini EditoreVilla Verrucchio RN, Italia2010www.pazzinieditore.itpazzini@pazzinieditore.it
Prossimo a uscire: Per i molti cammini di Dio, vol. IV

O sentido místico da consciéncia planetária. Faustino TEIXEIRA


(De la Revista VOICES)

283

O sentido místico
da consciência planetária

Faustino TEIXEIRA

“Aquele que amar apaixonadamente Jesus
escondido nas forças que fazem a Terra crescer,
a Terra, maternalmente, o levantará
em seus braços gigantes,
e o fará contemplar a face de Deus”

(Teilhard de Chardin)

Introdução

Como indica Leonardo Boff, a retomada da dimensão espiritual da
vida humana talvez seja uma das transformações culturais mais significativas
do século XXI1. Trata-se da viva consciência de que o ser humano
não é somente parte do universo material, mas igualmente espírito que se
integra ao Todo, como ente “re-ligado a todas as coisas” e que lança interrogações
fundamentais sobre o sentido da história e do destino humano.
Um dos grandes desafios de nosso tempo relaciona-se à consciência
planetária: como encontrar um caminho civilizacional que saiba incluir a
todos, incluindo a natureza; um caminho que possibilite o enriquecimento
da compreensão do humano, que envolve não apenas a relação consigo
mesmo e com os outros, mas igualmente a relação com os cosmos, que
é o seu lugar natal. Nada mais nocivo que continuar alimentando a idéia
moderna da auto-centralidade do ser humano e os desdobramentos problemáticos
de sua relação de domínio com a natureza. O momento exige
uma sensibilidade nova:

Leonardo BOFF. Do iceberg à Arca de Noé. Rio de Janeiro: Garamond, 2002, p. 117.

+++++

284

Começamos a perceber que destruímos a nós mesmos com essa intemperança.
Começamos a entender que o mundo é nossa morada, na qual nascemos
e estamos vivendo, e que merece proteção. Melhor: essa natureza merece
respeito e escuta, ´escuta poética`, pois ela tem valor em si mesma. E uma
´nova aliança`entre ela e nós deve ser estabelecida (Prigonine e Stengers),
além daquela em que ´o homem é senhor e possuídor do mundo`(Descartes)2.

O sentido místico da consciência planetária convoca o ser humano
a uma nova dinâmica relacional, que envolve o olhar, a escuta e a aliança
com o Todo. Pode-se falar ainda em hospitalidade: ser capaz de hospedar
o outro e a realidade envolvente. Isto requer muita humildade e quebra
das arrogâncias identitárias, na medida em que traduz uma nova forma de
instalação no mundo, marcada pela “delicadeza espiritual”, pela simpatia,
cortesia e retomada do senso da maravilha. Em linha de descontinuidade
com a lógica prometeica, que busca tudo controlar e explicar, há que rea-
prender o ritmo da imanência, que envolve humildade e abertura, ou seja,
saber se instalar silenciosamente “no frêmito da contingência”3.

1. A mística e o amor pelo Todo
A experiência mística envolve sempre a dinâmica de uma relação.
Na perspectiva aberta por clássicos pensadores cristãos, como J.Maritain
e Louis Gardet, a mística traduz um “conhecimento experimental das profundidades
de Deus” ou a “experiência fruitiva do absoluto”4. Nela se dá o
encontro do sujeito com o Outro, entendido como Mistério maior. Mas há
hoje que resgatar um sentido mais “terrenal” da mística, que envolve uma
percepção acurada do cotidiano, de forma a desentranhar a dimensão
mistérica que habita o ser humano e toda a criação. Em sintonia com a
perspectiva aberta por Raimon Panikkar, há que entender a mística como
“experiência da vida”, ou como “experiência integral da realidade”5. A
mística não é uma experiência ultra-mundana, desencarnada e destacada
das alegrias e dores do mundo, nem mero apanágio de uma “aristocracia
espiritual”, mas um traço ou característica do ser humano em geral, que é
capaz de penetrar os meandros da realidade e captar o canto das coisas.

O verdadeiro místico não está jamais deslocado de seu tempo, mas
é alguém animado por um “desaforado amor pelo Todo”. A sua experiên
+++++

2

Adolphe GESCHÉ. O cosmo. São Paulo: Paulinas, 2004, p. 5.

3

Ibidem, p. 46.
4 Jacques MARITAIN. Les degrés du savoir. 5 ed. Paris: Desclée de Brouwer, 1946, p. 489490;
Louis GARDET. La mystique. Paris: PUF, 1970, p. 5.

5

Raimon PANIKKAR. L´esperienza della vita. La mistica. Milano: Jaca Book, 2005, pp. 15,
42, 57 e 175; Id. Mistica Pienezza di vita. Milano: Jaca Book, 2008 (Opera Omnia v.
I/1).

+++++

285

cia do mistério ocorre no coração da realidade, em atenção contínua aos
pequenos sinais do cotidiano, num movimento incessante de adentrar-se
cada vez mais em sua espessura6. Como mostrou com pertinência e sabedoria
o místico jesuíta, Teilhard de Chardin, “a pureza não está na separação,
mas numa penetração mais profunda do Universo”7. Há que ter “uma
simpatia irresistível por tudo aquilo que se move na matéria obscura”8. Os
grandes espirituais e santos são reconhecidos em sua grandeza não por
escaparem dos desafios de seu tempo, mas pela “maneira de eles viverem
plenamente essa vida comum e fazer com que ela faça desabrochar todas
as suas virtualidades”9. Singulares místicos como Mestre Eckhart (12601327),
foram animados por uma sensibilidade particular, de saber captar
Deus em todas as coisas, e em todo o tempo e lugar. O verdadeiro espaço
de encontro com o Mistério não é o extraordinário, mas o ordinário, o
cotidiano do dia-a-dia. O céu se faz presente “em cada ponto da criação,
assim como Deus é, de certo modo, a onipresente filigrana de todas as
coisas”10.

2. A diafania de Deus no Universo
Em sua preciosa obra mística, O meio divino, Teilhard de Chardin
assinalou que “o grande mistério do cristianismo não é exatamente a
Aparição mas a Transparência de Deus no Universo”11. À luz da perspectiva
mística cristã, todo o universo vem “banhado de luz interna que lhe
intensifica o relevo, a estrutura e as profundezas”12. Não há como escapar
desta Diafania divina, que a todos envolve e que transparece no mistério
da criação. O ser humano vive mergulhado nesse “meio divino”, embora
nem sempre se dá conta disso. Para ser capaz de ver Deus em todas as
coisas é necessário uma “educação da vista”13. De fato, para aquele que
sabe ver, “nada é profano neste mundo”14. Basta romper com o círculo da
superficialidade e das aparências, ultrapassar o ritmo dos nomes e formas,
para ser capaz de desvendar o Divino que transparece por todo canto:
+++++
6

Maria ZAMBRANO. Algunos lugares de la poesía. Madrid: Trotta, 2007, pp. 127 e 129.

7

Pierre TEILHARD DE CHARDIN. Hymne de l´univers. Paris: Seuil, 1962, p. 67 (utilizaremos
aqui a tradução brasileira: Pierre Teilhard de Chardin. Hino do universo. São Paulo:
Paulus, 1994).

8

Ibidem, p. 19.

9

Adolphe GESCHÉ. O cosmo, p. 55.
10 Alois M. HAAS. Introduzione a Meister Eckhart. Fiesole: Nardini, 1997, pp. 113-114 (ver
ainda pp. 22 e 26); Leonardo BOFF (Org.). Mestre Eckhart. A mistica de Ser e de não
Ter. Petrópolis: Vozes, 1983, pp. 42-43.

11

Pierre TEILHARD DE CHARDIN. O meio divino. Lisboa: Presença, s/d, p. 150.

12

Ibidem, p. 149.

13

Ibidem, p. 43.

14

Ibidem, p. 66.

++++++

286

“por toda a parte, à volta de nós, à direita e à esquerda, atrás e adiante,
abaixo e acima”15. É o mistério divino sempre-já-aí a assediar, penetrar
e modelar o ritmo da criação. De forma ousada, Teilhard reconhece o
potencial espiritual da matéria, e indica que é mergulhando em seu seio
que o ser humano vem introduzido “no coração mesmo daquilo que é” e
alcança a experiência de Deus:

Banha-te na Matéria, filho do Homem. Mergulha nela, lá onde ela é
mais violenta e mais profunda! Luta em sua corrente e bebe sua vaga! Foi
ela que outrora embalou tua inconsciência – é ela que te levará até Deus!16

Como tão bem cantou o salmista, “a terra está cheia do amor de
Iahweh” (Sl 33,5). E essa alegria vem celebrada pelos céus e firmamentos,
que proclamam a glória dessa presença (Sl 19,2; Sl 148; Dn 3,57s).
Esse mistério divino que a todos envolve é simultaneamente imanente e
transcendente. De um lado, é “incomparavelmente próximo e tangível”,
atuando em todas as forças do Universo; de outro, esquiva-se ao abraço,
retirando-se sempre para mais longe, em direção às escarpas do desconhecido17.
Trata-se de um mistério protegido por reserva de gratuidade,
que mantém-se permanentemente como dom: é “o eterno descobrimento
e o eterno crescimento”18. Mas, curiosamente, pode ser alcançado, por
aproximação, quando se navega no sentido da profundidade, em direção
ao “recanto mais secreto de nós mesmos”, no centro mais íntimo, no “abismo
profundo” de onde irradia todo poder de ação19.

Ao olhar superficial e ingênuo, essa percepção profunda do mistério
de Deus em todas as coisas do mundo vem identificada como panteísta.
Trata-se de um equívoco que vem logo dissipado quando se aprofunda
a perspectiva da dinâmica que envolve a imanência e a transcendência
de Deus no mundo. Mesmo quando o místico fala da íntima união selada
no amor, permanece resguardada a diferença. Tratando dessa questão, o
clássico pensador da escola de Kioto, Keiji Nishitani, sublinha:

Dizer que Deus é onipresente implica a possibilidade de encontrar Deus em
toda parte no mundo. Isto não é panteísmo no sentido usual do termo, pois não indica
que o mundo é Deus ou que Deus é a vida imanente no mundo mesmo, mas que
um Deus absolutamente transcendente é, enquanto tal, absolutamente imanente20.

+++++

15

Ibidem, p. 127.

16

Pierre TEILHARD DE CHARDIN. Hymne de l´univers, pp. 67-68 (e também p. 72).

17

Pierre TEILHARD DE CHARDIN. O meio divino, pp. 128-129.

18

Ibidem, p. 160.

19

Ibidem, pp. 80-82.

20

Keiji NISHITANI. La religione e il nulla. Roma: Città Nuova, 2004, p. 73.

+++++

287

Na tradição mística do sufismo, e em particular na obra de Ibn
´Arabi (1165-1240), o mistério de Deus – wujüd
ilimitado – pode ser captado
através de dois termos-chave presentes na terminologia teológica do
islã tradicional: tanzïh
e tašbïh. O primeiro termo, tanzïh, vem do verbo
árabe nazzaha, que significa “proteger algo de qualquer contaminação”.
O termo vem utilizado para assinalar a transcendência e a incomparabilidade
essencial de Deus: sua distancia com respeito a toda criatura. O
segundo termo, tašbïh, , provém do verbo šabbaha, que significa “fazer
ou considerar algo similar a outra coisa”. É um termo que expressa a
proximidade de Deus com a sua criação, sua comparabilidade com as
coisas existentes. Deus vem, assim, expresso em sua dupla polaridade: é,
por um lado, radicalmente transcendente, mas por outro, também imanente21.
A aproximação de Deus, entendido como o Real (al-Haqq), não
pode acontecer quando se privilegia exclusivamente um desses pólos. Ibn
´Arabi serviu-se da história corânica de Noé (Nûh) e os “idólatras” para
mostrar que não se pode captar o Real quando se exclusiviza seja o seu
lado transcendente, seja o seu lado imanente. Esse mistério é simultaneamente
transcendente e imanente. Tanto os “idólatras” como Noé equivocaram-
se em sua aproximação ao Mistério. Os “idólatras” por vincularem

o Real com os objetos físicos de sua adoração (imanentização) e Noé por
vincular o Real com o transcendente. Os primeiros equivocaram-se por
desconsiderar a dimensão transcendente do Real e o segundo por negar
sua dimensão imanente22.
Há que sublinhar, porém, que o mistério do Real ou do Todo vem
experimentado no âmbito da imanência. Mas é preciso atenção para
perceber esse “ponto luminoso” que atua e permanece dentro de tudo

o que é real. Não sem razão, filósofos contemporâneos, como André
Comte-Sponville , falam da “imanensidade”, para expressar esse mergulho
no Todo, que traduz simultaneamente a força da imanência e a abertura
para a imensidade. Não só os religiosos estão habilitados para perceber
e captar o inusitado de eternidade que habita o cotidiano. O potencial de
deslumbramento e admiração diante do Todo ocorre também entre aqueles
que dispensam a religião em sua vida, mas que podem estar animados,
em alto grau, por qualidades essenciais do espírito. A espiritualidade,
como vem mostrando Dalai Lama, envolve a atuação dessas qualidades
essenciais, como o amor, a compaixão e a tolerância, que irradiam uma
essencial atmosfera de felicidade. O filósofo Comte-Sponville manifesta
sua sintonia com espiritualidades que facultam a abertura do ser humano
ao mundo, aos outros, ou seja, à realidade do Todo. Trata-se de uma espi21

Toshihiko IZUTSU. Sufismo y taoísmo. 2 ed. Madrid: Siruela, 2004 (Ibn ´Arabi v. 1), pp.
63-64.
+++++
22

IBN ´ARABI. Le livre des chatons des sagesses. Beyrouth: Al-Bouraq, 1997, p. 116-119.

+++++

288

ritualidade que não encerra o indivíduo em si mesmo, mas que o incita a
“habitar o universo”23.

Ao reconhecer essa diafania de Deus no universo, o ser humano
desperta para a presença do mistério em todo lugar. Trata-se do mistério
que faz as montanhas saltarem “como carneiros, e as colinas como cordeiros”
(Sl 114,4). Não há como refletir sobre o mistério de Deus e do
humano sem “ouvir o mundo. O homem não está só louvando a Deus.
Louvá-lo é unir-se a todas as coisas em seu hino a ele. Nossa comunhão
com a natureza é uma comunhão de louvor. Todos os seres louvam a
Deus. Vivemos numa comunidade de louvor”24.

3. A consciência e atenção cosmoteândricas
Para expressar essa íntima relação que envolve o cosmos, Deus e

o humano numa única aventura espiritual, Raimon Panikkar cunhou a
expressão “intuição cosmoteândrica”. Foi o recurso que encontrou para
enriquecer o teandrismo da tradição cristã ocidental com a abertura cósmica
da tradição ortodoxa. A novidade está na introdução do cosmos,
do mundo, da matéria, até então negligenciados na espiritualidade cristã
tradicional, muitas vezes identificados com o mal. O cosmos, Deus e o
homem são três dimensões constitutivas do real: “uma dimensão de infinito
e liberdade que denominamos divino; uma dimensão de consciência,
que denominamos humana; e uma dimensão corporal ou material que
denominamos cosmos”25. É a interpenetração destas três dimensões que
impossibilita reduzir a experiência de Deus ao que é puramente imanen-
te ou transcendente. Trata-se, melhor, de uma aventura substantivamente
relacional, que faculta acessar a complexidade da experiência mística26.
A experiência cosmoteândrica demanda uma atenção particular ao
cotidiano. Há aqui uma rica sintonia com a experiência zen budista, para
a qual “o coração cotidiano é o caminho”27. Na visão de um dos grandes
+++++
23

André COMTE-SPONVILLE. O espírito do ateísmo. São Paulo: Martins Fontes, 2007,
pp. 136-137 e182-183; DALAI LAMA. Uma ética para o novo milênio. Rio de Janeiro:
Sextante, 2000, pp. 32-33.

24

Abraham J. HESCHEL. Deus em busca do homem. São Paulo: Paulinas, 1975, p. 128.

25

Raimon PANIKKAR. Entre Dieu et le cosmos. Paris: Albin Michel, 1998, pp. 133-135 (aqui

p. 135). Ver ainda: Paul KNITTER. Introduzione alle teologie delle religioni. Brescia:
Queriniana, 2005, pp. 254-257.
26

É nessa perspectiva que se pode entender o clássico verso de Angelus Silesius: “Sei que
sem mim Deus não pode um momento viver. Se eu nada me tornar, ele deve por certo
morrer”: Il pellegrino cherubico. 3 ed. Cinisello Balsamo: San Paolo, 2004, p. 108 (I,8).
Ver ainda, p. 154 (I,275): “Homem, tudo te ama! Tudo te rodeia: Tudo recorre a ti para
chegar até Deus”.

27

Masumi SHIBATA. Passe sans porte. Paris: Villain et Belhomme, 1968, p. 79 (em outra
tradução: “o espírito do cotidiano é o caminho”.

+++++

289

pensadores da tradição zen, Daisetz Teitaro Suzuki, a verdade não está
deslocada do tempo, mas revela-se nas “coisas concretas” da vida cotidiana.
É na vida comum que a mística acontece:

O Zen treina sistematicamente o pensamento para ver isso. Abre os olhos
do homem para o grande mistério que diariamente é representado. Alarga o coração
para que ele abranja a eternidade do tempo e o infinito do espaço em cada palpitação
e faz-nos viver no mundo como se estivéssemos andando no Jardim do Éden28.

Esta atenção ao cotidiano e sentimento do real são possibilidades
bem plausíveis na vida de cada um, e ocorrem em situações que podem
ser banais. É o que descreve Nishitani, ao comentar uma passagem do
livro de Dostoievski, Memórias da casa dos mortos, onde o autor relata
uma experiência singular de abertura ao mistério a partir do impacto
emocional da paisagem circunstante: o despertar para o “mundo prenhe
de Deus”. O impacto da realidade pode ser diferente para cada pessoa,
dependendo da situação particular em que vive e da dinâmica de atenção
que a anima. Situações ou experiências cotidianas podem tornar-se
“ponto focal” de uma concentração inusitada e intensa, despertando a
atenção para um sentimento do real que escapa ao olhar superficial. Algo
que aciona e desperta “o profundo sentimento da realidade das coisas
cotidianas”29.

O espírito alerta e a dinâmica da atenção são traços fundamentais
da sensibilidade oriental. É a profunda “consciência cotidiana” que impulsiona
o recolhimento metódico e sistemático do arqueiro zen e a possibilidade
dele estirar o arco espiritualmente e acertar o alvo30. É o “espírito
do cotidiano” que consolida o estado de espírito essencial do samurai
em sua arte marcial: o desenvolvimento de um olhar de discernimento
capaz de grande atenção às pequenas coisas31. A sabedoria zen procede
de uma forma peculiar: não há interesse em prescrições ou considerações
teóricas. O que ela suscita é apenas uma atenção desarmada ao real, como
ele se manifesta, ou seja, a experiência imediata de ser, eventualmente,
tocado pelas coisas e ouvir o seu canto32. A linguagem zen vem penetrada
pelo aberto ilimitado, onde nada pode ser claramente expresso, para
que a admiração encontre morada. Com base numa passagem evangélica
+++++
28

Daisetz Teitaro SUZUKI. Introdução ao zen-budismo. São Paulo: Pensamento, 1999, p.

66.
29

Keiji NISHITANI. La religione e il nulla, pp. 38-40.

30

Eugen HERRIGEL. A arte cavalheiresca do arqueiro zen. São Paulo: Pensamento, 1978.

31

William Scott WILSON. O samurai. A vida de Miyamoto Musashi, São Paulo: Estação
Liberdade, 2006, pp. 160 e 173.

32

Shizuteru UEDA. Zen e filosofia. Palermo: L´epos, 2006, pp. 206-208.

+++++

290

de Mateus, o pensador Shizuteru Ueda, assinala que a perspectiva zen é
muito mais indicativa que imperativa. Na mencionada passagem se diz:

Olhai os pássaros do céu: não semeiam, não colhem, nem guardam em
celeiros. No entanto, o vosso Pai celeste os alimenta (…). Olhai como crescem os
lírios do campo. Não trabalham nem fiam. No entanto, eu vos digo, nem Salomão,
em toda a sua glória, jamais se vestiu como um só dentre eles (…) (Mt 6,26-28).

Como indica Ueda, um mestre zen procederia de forma distinta da
descrita pelo evangelista. Diria simplesmente: “Olhai os pássaros do céu!
Olhai os lírios do campo”, sem acrescentar prescrição alguma. Não há
melhor ensinamento do que o dado vivo da presença dos pássaros e dos
lírios. A simples e delicada evidência, apresentada ao olhar, é suficiente
para quebrar o entrincheiramento do sujeito no mundo restrito do eu e o
lançar no decisivo desafio de retomada da verdadeira vida33.

A sabedoria zen marcou místicos cristãos singulares, como o trapista
Thomas Merton, para o qual o caminho zen tocava a vida no seu
próprio âmago. Mediante o influxo da meditação budista, soube perceber
a fundamental importância da atenção aos pequenos sinais do cotidiano.
Em descontinuidade com a tradição cartesiana, assinalava que em primeiro
lugar estava o ser no mundo, em estado de atenção: sum ergo cogito.
Para ele,

o Zen é a percepção plena do dinamismo e da espontaneidade da vida,
e por isso não pode ser apreendido pela simples introspecção, e muito menos
pelo sonho (…). Exige atenção e esforço reais, além de absoluta e total atenção:
entretanto, essa atenção é dada não a uma teoria ou a uma verdade abstrata
mas, sim, à vida em sua realidade concreta e existencial, e a todo instante34.
Thomas Merton aplicou esse espírito zen na sua experiência de trapista.
Como mestre de noviços, na abadia de Gethsemani (EUA), realizou
esse espírito, na forma de entender e ensinar o sentido da vida contemplativa.
Em linha de sintonia com a sabedoria zen, captou o significado
real de uma vida contemplativa inserida no tempo. Dizia que “a vida
contemplativa era simplesmente viver, como o peixe na água”. Assinalava
também que a vida espiritual não podia estar separada de nenhum interesse
humano. Realizou sua trajetória de buscador nessa atmosfera de
atenção ao real, plenamente consciente da presença permanente de Deus
em todo canto35.

+++++

33

Ibidem, pp. 207-208.

34

Thomas MERTON, Místicos e mestres zen, Rio de janeiro: Civilização Brasileira, 1972,

p. 236. Ver também: Id. Zen e as aves da rapina. Rio de Janeiro: Civilização brasileira,
1972, pp. 34,39 e 66.
35

Ernesto CARDENAL. Vida perdida. Memórias 1. Madrid: Trotta, 2005, pp. 144 e 187.

+++++

291

4. A experiência da profundidade e a dilatação do coração
Um dado interessante que perpassa nas narrativas de místicos
importantes como Eckhart, Tauler, João da Cruz e Teresa de Jesus é a relação
entre a profundidade da experiência espiritual e a dinâmica do amor
solidário. Num de seus sermões alemães, Eckhart sublinha a importância
da “límpida humildade” como condição de acesso ao “fundo de Deus”.
Ele sinaliza que “quanto mais a alma chega ao fundo e no mais íntimo
de seu ser, tanto mais a força divina nela se derrama plenamente e opera
veladamente de maneira a revelar grandes obras…”36. Isso significa que
quanto mais o ser humano penetra o seu mundo interior, mais é capaz de
perceber a beleza de todas as coisas, em liberdade espiritual que é única.
E o resultado mais efetivo dessa interiorização é a tônica do amor. Em
outro sermão, ele diz que “quando a alma com amor flui totalmente em
Deus, ela não sabe de mais nada a não ser de amor”37. Também Tauler,
num de seus sermões, indica que lá onde “o vale é mais profundo é onde
a água corre de forma mais abundante”38.

Com base na reflexão de Mestre Eckhart, pode-se concluir que o
caminho do despreendimento é condição essencial para o encontro com
a realidade em sua densidade verdadeira. Não há contradição ou tensão
entre a experiência interior e a adesão à beleza cósmica. São experiências
que se implicam mutuamente. Quando as “coisas” são descobertas em
Deus, passam a ser apaixonadamente amadas em sua grandeza. Segundo
Gwendoline Jarczyk e Pierre-Jean Labarrière, dois estudiosos de Eckhart,

o despreendimento verdadeiro não provoca uma “extinção das coisas”,
mas o seu “recentramento”. A dinâmica do desprendimento não leva à
fuga do mundo, mas ao envolvimento, por conaturalidade, de todas as
coisas. O ser desprendido é alguém “capaz de amor, é humilde e misericordioso”
39. Em clássico sermão em torno de passagem de Lucas (Lc
10,38-40), Eckhart encontra em Marta um exemplo de desprendimento.
Em sua visão, ela era alguém que conseguiu exercitar radicalmente o
fundo da alma, na sua essencialidade. O leitor do evangelho capta a operalidade
de Marta. Trata-se, porém, de uma ação marcada por liberdade:
de alguém que está “junto às coisas”, mas ao mesmo tempo livre com

++++++
36

Mestre ECKHART. Sermões alemães 1. Petrópolis: Vozes, 2006, p. 297 (Sermão 54 a).

37

Mestre ECKHART. Sermões alemães 2. Petrópolis: Vozes, 2008, p. 67 (Sermão 71). Ver a

semelhança com a passagem de Cântico dos Cânticos 2,4 e Cântico Espiritual de João

da Cruz (Canção XXVI).

38

Giovanni TAULERO. I sermoni. Milano: Paoline, 1997, pp. 418-419 (Sermão 45). Ver também:
TERESA DE JESUS. Obras completas. São Paulo: Loyola, 1995, p. 484 (Castelo
Interior – Quartas Moradas 3,9).

39

Mestre ECKHART. Sobre o desprendimento. São Paulo: Martins Fontes, 2004, pp. XXIII e
XXIV (Introdução de Gwendoline Jarczyk e Pierre-Jean Labarrière).

+++++

292

respeito às mesmas. Na visão de Marta, o encontro com Deus passa pelo
mundo e pela vida. Estar “essencialmente” diante de Deus é estar inserido
na vida, é possuir “a vida de maneira essencial”40.

Eckhart é um místico que louva a atividade prática da vida cotidiana,
cujo grande exemplo vem encontrado em Marta. Mas o modo como
Marta exerce essa atividade é pontuado por grande liberdade, que só
pode encontrar-se em alguém que despertou radicalmente para a sua
verdadeira natureza, e que exercitou o fundo da alma, aproximando-se do
mistério da Deidade. O despojamento vivido por Marta é o resultado de
um aprofundamento da “subjetividade que emerge da morte absoluta do
ego (…) e do puro vínculo de unidade com Deus”41. Um tal despojamento
(abgeschiedenheit) não leva à “deserção das coisas, mas posse de si na
liberdade com respeito às coisas”, que é também liberdade face a todas
determinações particulares42.

Conclusão

Nada mais urgente no tempo atual que a afirmação de uma nova
aliança em favor do resgate da Terra e da salvaguarda da criação. Trata-se
de uma escolha que é nossa: “formar uma aliança global para cuidar da
Terra e uns dos outros, ou arriscar a nossa destruição e a da diversidade
da vida”43. Esse cuidado planetário essencial tem viva fundamentação na
mística inter-religiosa. O respeito à natureza é um desdobramento evidente
de toda perspectiva mística, pois ela mesma, em sua beleza, reflete os
rastros de Deus44, ou do Mistério maior, sem nome. Os místicos falam do
mistério inacessível de Deus, da impossibilidade de sua compreensão no
tempo. Apontam, porém, a possibilidade de captar sua fragrância nesse
espaço da contingência. O capadócio, Gregorio de Nissa, fala do “perfume
difuso” da natureza divina na criação: todo o universo é portador
desse aroma que traduz o mistério da Vida45. A tradição mística ortodoxa
fala em filocalia, que literalmente significa “amor pela beleza”. A oração
hesicasta tem como objetivo essencial despertar essa “sensibilidade à presença
de Deus em todas as coisas”46. Toda mística autêntica busca revelar
+++++
40

Mestre ECKHART. Sermões alemães 2, pp. 128 e 133 (Sermão 86).

41

Keiji NISHITANI. La religione e il nulla, p. 100.
42 Gvendoline JARCZYK & Pierre-Jean LABARRIÈRE. Le vocabulaire de Maître Eckhart.
Paris: Ellipses, 2001, pp. 14-15.

43

A Carta da Terra. In: Leonardo BOFF. Do iceberg à Arca de Noé, p. 149.

44

SANTO AGOSTINHO. Confissões X,6,9. In: Os pensadores VI. São Paulo: Victor Civitta,
1973, pp. 198-199.

45

GREGORIO DI NISSA. Omelie sul cantico dei cantici. 2 ed. Roma: Città Nuova, 1996, pp.
51-52 (Omelia I).

46

Jean-Yves LELOUP. Prefácio. Relatos de um peregrino russo. Petrópolis: Vozes, 2008,
pp. 13,17 e 29.

++++++

293

um novo olhar sobre o mundo, ou melhor ainda, captar o outro mundo
que habita esse mundo. Abre-se com ela a possibilidade de ver o mundo
transfigurado, de ver “a chama das coisas”, e resgatar o “corpo energético
da terra”. Daí a importância fundamental de reafirmar o sentido místico
da consciência planetária.

Faustino TEIXEIRA

Universidade Federal Juiz de Fora
Juiz de Fora, MG

Brasil

Este texto fue publicado originalmente en:

Pedro A, RIBEIRO DE OLIVEIRA y José Carlos de SOUZA (orgs.),
Consciência planetária e religião, Paulinas -PUCMINAS, São Paulo/Belo
Horizonte 2009, pp. 211-221.

EL decrecimiento. Joan SURROCA I SENS


(De la Revista VOICES)

273

El decrecimiento

Joan SURROCA I SENS

Los humanos vivimos llenos de incertidumbres y a veces desconfiamos,
tenemos dudas fundamentadas sobre el futuro que dejaremos a
las próximas generaciones. Sin embargo, por poco que analicemos la realidad,
observamos la cantidad ingente de creatividad positiva que somos
capaces de generar. Esta fuerza es algo fantástico y sorprendente. El entusiasmo,
que tantas mujeres y hombres de buena voluntad dedican para
romper las cadenas que nos privan de la libertad, es lo que nos permite
ser nosotros mismos. Siempre ha habido movimientos interesantes que
han intentado acabar con todo tipo de esclavitud. Los héroes de nuestro
tiempo, la mayoría anónimos, son los que nadan contra corriente, a pesar
de los peajes, contratiempos y sinsabores que comporta alejarse de las
autopistas del pensamiento único.

Cuando el mundo globalizado parecía deslizarse hacia el más absoluto
sopor, sin otro norte que el dinero, sin ideologías ni inquietudes
sociales, he aquí que irrumpe un abanico de realidades nuevas, esperanzadoras
e insospechadas hasta hace poco. Algo inédito e irreversible
está aconteciendo en diferentes puntos y, de manera especial, en el continente
americano. Aquellos temores de vernos absorbidos por la fuerza
de la potencia hegemónica se han transformado en posibilidades reales
de convivencia pacífica entre culturas milenarias, que no se han dejado
embaucar por el canto de sirenas de falsos bienestares. La actual crisis
mundial ejerce un papel de fuego purificador que nos facilita escuchar,
que afina nuestra mirada y que permite ralentizar el ritmo alocado que se
vive en algunas partes del planeta.

+++++

274

¿Qué es el decrecimiento?

El movimiento que defiende el decrecimiento es uno de los más
luminosos que se han puesto en marcha últimamente y ha logrado, en
poco tiempo, penetrar en distintos ámbitos de la sociedad europea, si bien
con incidencia desigual según los países. El eje fundamental del decrecimiento
es disminuir la producción económica y así lograr una nueva
relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, favorecer un
mejor entendimiento entre los seres humanos y un reparto equitativo de
los frutos de la Tierra. El tiempo irá arrojando luz sobre el futuro deseado
y que ahora sólo entrevemos parcialmente.

Desde antiguo se han levantado voces sobre la necesidad de cuidar
la Tierra y las especies que la pueblan. Fue, no obstante, a partir de
la segunda mitad del siglo pasado, cuando en Occidente sonó la alarma
ante las formas de vida cada vez más depredadoras. A principios de los
años setenta se hizo popular el informe encargado por el Club de Roma
a varios especialistas, los cuales denunciaron la extrema gravedad en que
se encontraba el ecosistema: “En un mundo finito no se puede crecer de
manera infinita”. Sin embargo, el sistema capitalista necesitaba promover
el consumo para asegurar la producción indispensable y así garantizar
beneficios empresariales substanciosos. En los años ochenta, con
Margaret Thatcher de primera ministra del Reino Unido y Ronald Reagan
de presidente de los Estados Unidos de América, el liberalismo económico
extremo aceleró todavía más las formas de vida insostenibles. La gravedad
de la situación fue contestada por economistas, ecólogos, sociólogos, etc.
y por grupos de base.

En el año 2002, los movimientos críticos con el sistema hegemónico
occidental, herederos de las tendencias favorables a repensar los valores
sociales, la producción, el consumo, etc. se reunieron en París, luego en
Lyon, y se constituyeron en “objetores del crecimiento”. Sus integrantes
recogen y popularizan el decrecimiento, introducido como concepto por
Nicholas Georgescu-Roegen en la década de los setenta. Actualmente, el
decrecimiento está presente en los medios de comunicación. Se publican
libros y revistas, el tema ha penetrado en las universidades y se han creado
grupos que cuidan de su difusión. “Decrecimiento” es una palabra con
vocación provocadora y deseo de generar debate. Los intereses codiciosos
de los que han acumulado riquezas escandalosas han logrado ejercer
un verdadero dominio sobre nuestro pensamiento, hasta colonizarlo con
sus valores y lograr que creamos y actuemos como si no hubiera vida
más allá del capitalismo. Nos repiten, a través de la publicidad, que la
única felicidad posible es acumular dinero o poseer bienes materiales. El
decrecimiento cuestiona estas pretendidas certidumbres y aporta nuevos
valores sociales para vivir más con menos.

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Las teorías del decrecimiento nacen observando la realidad: el
impacto sobre los ecosistemas debido al consumo de recursos y la generación
de residuos por parte de la humanidad superan un 30% la capacidad
de la Tierra. O lo que es lo mismo: el planeta tiene un área productiva
de 13.600 millones de ha que da un resultado de 2,1 ha por habitante
(Huella Ecológica). Pero debido al despilfarro por parte del 20% de los

6.800 millones de seres humanos, precisamos 17.500 ha, es decir, 2,7 por
habitante. El déficit aumenta por cuatro causas básicas: por la insaciabilidad
de los que ahora malgastan; por la creciente demanda de los que
pretenden entrar en el club de los ricos; por la disminución de la biocapacidad
de la Tierra: el déficit actual lo subsanamos gastando parte del
capital, con lo que cada año tenemos menos capital (menos biocapacidad)
y menos rédito. Finalmente, por último, por el crecimiento exponencial de
la misma humanidad: en una década hemos aumentado 1.000 millones.
Esta cifra era el total de habitantes que poblaba la Tierra a principios del
siglo XIX.
Claro está que estas cifras globales no ofrecen toda la verdad. Las
diferencias de comportamiento entre países son casi increíbles. Los hay
que están muy lejos de llegar a demandar 2,1 ha por persona. Por ejemplo:
el Congo tiene una Huella de 0,5 ha; Marruecos, de 1,1; Guatemala,
de 1,5 y Perú, de 1,6. Sin embargo, Brasil ya superó la barrera y ahora
mismo tiene una Huella de 2,4 ha. EEUU está muy por encima: 9,4 ha.
Si partimos de la idea de que el planeta es de todos, EEUU por ejemplo,
debería pagar al Congo una compensación porque su déficit ecológico
es enorme y el Congo tiene superávit. Una diferencia del orden de 119
entre los dos países ilustra perfectamente el abismo entre los países
deudores y los que disponen de crédito ecológico. El cambio climático, la
desaparición de especies, la contaminación de los mares, etc. no conocen
fronteras. Todos salimos perjudicados, particularmente los más débiles,
aunque unos pocos son los teóricamente beneficiarios a corto plazo.
Comprometer la viabilidad de la vida, el futuro humano y el de otros seres
vivos, constituye un robo a gran escala.

Ante tal cuadro de cifras se comprende fácilmente que la palabra
“decrecimiento” cobre su verdadero significado en aquellos países que
sobrepasan los límites de consumo que ofrece el planeta. A menudo,
los contrastes internos nacionales reproducen los mismos abismos que
hemos visto entre los países. Seguro que en el Congo hay personas que
superan el 9,4 de la media de los EEUU y que en este país hay personas
que no llegan a producir una Huella del 0,5, la media del Congo. Los
obligados ajustes de comportamiento en el consumo y en la producción
han de afectar a las capas más dilapidadoras de cualquier país.

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Lo que une a los “objetores del crecimiento”

Algunas personas se muestran especialmente pesimistas ante el
estado actual del mundo y su futuro. ¿Cómo creer que alguien acostumbrado
a un determinado ritmo de vida pueda contentarse con otras formas
que le rebajen 4 o 5 veces su capacidad adquisitiva actual? ¿Cómo evitar
que la populosa China o la Índia deseen copiar el itinerario desarrollado
por los países occidentales? Nadie dice que sea fácil, ni que vayamos a
tener éxito en el intento, pero no queda otro remedio que trabajar en
la buena dirección. Al igual que quien va en bicicleta no puede permanecer
parado más allá de unos pocos segundos sin perder el equilibrio,
el capitalismo precisa de la alocada carrera del derroche para subsistir.
Necesitamos imaginación para inventar otros sistemas económicos y organizativos
que escapen del productivismo actual. De la misma manera que
en su momento se superaron sistemas que parecían intocables como el
esclavismo, el feudalismo y el mercantilismo, también ahora sabremos dar
un paso en el buen camino.

El decrecimiento no es una ideología cerrada ni tiene un proyecto
definido o una hoja de ruta marcada. En principio, esta circunstancia
puede parecer un inconveniente porque, siendo gregarios, nos gusta
tener un liderazgo claro que nos ahorre el esfuerzo de participar, de proponer
y de crear. Sin embargo, los sistemas históricos que se iniciaron
practicando el culto a la personalidad de determinados líderes provocan
el efecto suflé: se desarrollan rápidamente, pero más pronto que tarde se
desvanecen y quedan reducidos a la nada. No hay consolidación posible
si no hay una base participativa.

Lo que une a las diversas sensibilidades de los “objetores del crecimiento”
es la voluntad de ir modificando el actual sistema hasta fortalecer
una alternativa al capitalismo. Por ejemplo, considerar la importancia de
la producción, pues sin cambiarla no lograremos reducir el consumo con
éxito. Disminuir el trabajo significa repartirlo para no consolidar la sociedad
dual a la que parece que estamos abocados. No es nada atractivo
que un 50% de la población activa esté trabajando de manera estable y
el otro 50% esté en el paro o en trabajos precarios toda la vida. Trabajar
menos permite repartir y asegurar empleos para todos y todas. Trabajar
menos para vivir más intensamente los valores familiares, creativos, lúdicos
y espirituales, requiere una preparación y un período de transición
sin brusquedades.

Otra medida que mantiene la filosofía decrecentista es la de promocionar
el transporte público, especialmente el ferrocarril. Esta opción
supone prescindir considerablemente de los transportes en vehículos
privados con el consiguiente ahorro de gasto energético, poner fin a la
incesante construcción de nuevas vías de circulación y contribuir a frenar
el CO2. Reducir el transporte de mercancías a lo estrictamente necesario

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favorecerá la relocalización. Poner punto final a las megacadenas y a las
multinacionales, acabando con el absurdo de que el 13% de los productos
transportados por vía aérea esté relacionado con la alimentación. Son
medidas viables: la dificultad no es técnica, sino más bien debida a los
grandes intereses que hay en juego.

Necesitamos programas políticos que favorezcan a las pequeñas
explotaciones agrarias para acercar nuevamente los productos al consumidor.
Así se garantiza la calidad, con productos frescos y más económicos,
al prescindir de los gastos de autopistas, aeropuertos, almacenes, redes
diversas de comunicación y las consecuencias energéticas y medioambientales.
Son gastos que no pagamos directamente cuando compramos
los productos lejanos, pero que sí los sufragamos indirectamente con los
impuestos. Recaen sobre todo tipo de bolsillos, de manera indiscriminada,
mientras los beneficios se reparten entre los pocos titulares de las multinacionales
agrarias y de los grandes consejos de administración. Es una
verdadera desmesura que algunas multinacionales facturen más que el
Producto Interior Bruto de países enteros. Que estas empresas sean más
potentes que los gobiernos ya nos da alguna pista del porqué de algunas
situaciones incomprensibles a las que hemos llegado.

Una vía por explorar, con posibilidades de futuro, es la de las formas
de producción cooperativistas. A menudo, las personas que han optado
por esta meritoria manera de organizar el trabajo no han recibido las
ayudas ni la formación requeridas para consolidar este tipo de empresas.
En todo caso, las pequeñas y medianas empresas con más participación
de los trabajadores, parece que pueden ser más compatibles con la Vida
Buena deseada para todos que con los anónimos monstruos de producción
a escala mundial.

Otra parcela de la economía que requiere un buen golpe de timón
es el de la energía. Los seres vivos que pueblan el planeta se sirven de
energía solar: todos, excepto los humanos, que usamos y abusamos de
energías fósiles. Si pensamos que entre el año 1960 y el 2000 hemos consumido
la misma energía que en el resto de la historia de la humanidad,
sobran palabras para descubrir hacia dónde vamos. Tenemos oportunidad
de aprender mucho de la naturaleza. El perfecto equilibrio entre los ecosistemas
nos brinda pautas de comportamiento razonables. La biomímesis
es la ciencia que desarrolla aportaciones novedosas después de tener en
cuenta el funcionamiento de los organismos y también de los ecosistemas.
Se está evolucionando mucho en esta línea de investigación que puede
ofrecernos muchas buenas soluciones a no tardar.

Que la economía de mercado pase a mejor vida no significa que
desaparezca el mercado. Siempre ha existido mercado, el intercambio
de productos. Lo que no es razonable es que todo, absolutamente todo,
quede mercantilizado. El mercado tiene la función del intercambio; pero
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cuando la sociedad “con” mercado se convierte en sociedad “de” mercado,
es cuando nace la especulación. El mercado se convierte entonces en
fuente de enriquecimiento rápido, a costa de avivar la sed de consumo
de las capas de población más vulnerables. Las campañas publicitarias
diseñadas con sofisticadas técnicas de manipulación hacen verdaderos
estragos.

La feliz confluencia de valores alternativos a los actualmente dominantes

Sólo con una movilización general y entusiasta conseguiremos la
llegada a puestos de responsabilidad política de mujeres y hombres dispuestos
a ofrecer lo mejor de sí mismos por las causas pendientes de los
pueblos, poniéndose al lado de los que sufren y caminando junto a los
más débiles y olvidados. Es imprescindible que los políticos y los pueblos
marchen unidos para poner fin a la perpetuación del poder en manos de
canallas, que se sirven de la política para sus fines privados, utilizando
medios fraudulentos y métodos subrepticios.

A pesar de todos los bienes materiales a su alcance, en Occidente la
gente está deprimida y triste. El teólogo José I. González Faus lo plantea
muy bien: “Cuando estoy de humor, resumo mi vida en esta frase: hubiese
querido dedicarme a liberar a los oprimidos, y el Señor me ha limitado a
consolar a los deprimidos. Con la seguridad de que la depresión, como
la gran enfermedad cultural de nuestro Primer Mundo, que va tomando
dimensiones literalmente epidémicas, tiene mucho que ver con la opresión
como pecado estructural del mundo rico”. La filosofía del decrecimiento
desmitifica el mercado como proveedor de felicidad, y desenmascara la
inutilidad del Producto Interior Bruto como índice fiable para medir el
grado de satisfacción de un determinado colectivo humano.

En realidad, nada nuevo bajo el sol, porque estos sencillos y elementales
principios son los que desde antiguo vienen repitiendo los
sabios. Confucio lo comunicaba diciendo: “Sólo puede ser siempre feliz
aquel que sepa ser feliz con todo”; Horacio, por su parte, lo resumía así:
“Se vive bien con poco”, y Lucio Apuleyo: “Para vivir, como para nadar,
cuanto más descargado, mejor”. Asimismo, gracias a su sabiduría, los pueblos
originarios, indígenas y tribales, después de 500 años de resistencia,
han conseguido conservar sus valores. Debemos prestar atención, porque
estos valores tienen muchos rasgos en común con los que en Occidente
defiende el decrecimiento económico.

Por otra parte, los sistemas filosóficos y las religiones han mantenido
también el sabio criterio de que con la sencillez es mucho más fácil
encontrar lo esencial. Este lema es un eje fundamental en las enseñanzas
de Jesús de Nazaret. Cuando dice que no tiene dónde reclinar la cabeza
(Mt 8, 20), es lo mismo que decirnos que vive como un marginado o
un desinstalado, es decir, sin apego a nada. Cuando da instrucción a los

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apóstoles, les dice: “No traten de llevar oro, ni plata, ni monedas de cobre,
ni provisiones para el viaje. No tomen más ropa de la que llevan puesta;
ni bastón ni sandalias” (Mt 10, 9-10). Constituye una clara alusión al desprendimiento
necesario para hacer posible la experiencia de Dios. Es esta
anticipación de plenitud lo que nos hace superar nuestra cobardía para
comprometernos en favor de los olvidados.

Esta misma idea la encontramos en el pasaje en el que un joven
pregunta lo que debe hacer para conseguir la vida eterna. Jesús, al ver
que era un estricto cumplidor de los mandamientos, lo mira con amor
y le dice: “Sólo te falta una cosa: anda, vende todo lo que tienes, dalo a
los pobres, y así tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme.”
(Mc 10, 17-27). Estas claras alusiones a la preferencia de ir ligero de
cargas no son para favorecer situaciones penitenciales ni masoquistas;
es la necesidad de estar libre de todo aquello que nos distrae de dirigir
nuestros esfuerzos hacia el núcleo de la vida: construir un mundo nuevo
y hacerlo con toda libertad, para que todas y todos podamos gozar de la
Vida Buena.

El pluralismo religioso nos demuestra que hay terrenos comunes.
Por ejemplo, en todas las religiones encontramos la exhortación a tratar a
los demás como a nosotros mismos: es la regla de oro. Otro de los puntos
en el que hay similitudes, es el de la necesidad de sencillez para alcanzar
la apertura interior y descubrir momentos de trascendencia. Sin ánimo de
ser exhaustivo, valgan estos ejemplos: en el hinduismo, en el Bhagavad
Gita 3,19, se lee: “La persona que se mantiene igual en la censura que en
la alabanza, silenciosa, satisfecha de todo, sin hogar, llena de firme resolución,
es querida por Mí”.

La tradición budista tiene un pequeño cuento interesante: “Ryokan,
un maestro Zen, llevaba un estilo de vida muy sencillo en una pequeña
cabaña al pie de una montaña. Una tarde, un ladrón entró en la cabaña
y descubrió que allí no había nada para robar. En aquel momento llegó
Ryokan de pasear y lo sorprendió. ‘No es posible que hayas caminado
tanto para visitarme y que marches con las manos vacías. Hazme un favor,
toma mi ropa como un regalo’. El ladrón quedó perplejo, pero tomó la
ropa y se fue corriendo. Ryokan se sentó desnudo y contempló la luna.
‘Pobre hombre, murmuró. ¡Ojalá pudiera darle esta maravillosa luna!”.

De la tradición judía también es ejemplar este otro cuento: “En un
albergue, un desconocido de aspecto arrogante, tomó por un mendigo al
venerable Rabino Zúsia, y lo trató con menosprecio. Más tarde, se enteró
de su identidad y fue corriendo a buscarle para excusarse. ‘¡Perdóname,
Rabino! Si no, nunca más volveré a dormir tranquilo, ni podré descansar’.
Entonces el Rabino Zúsia sonrió moviendo la cabeza: ‘¿Por qué me pides
perdón a mí? No es a Zúsia a quien has ofendido, sino a un pobre men

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digo. Ve, pues, por todos los lugares y pide perdón a todos los mendigos
que encuentres”.

El Islam tiene pensamientos en la misma línea, como este de Farid
Ud-Din Attar: “Dios quiera que estés actualmente como estabas antes de
existir individualmente: ¡en la nada de la existencia! Purifícate por completo
de las malas cualidades; estate dispuesto como la tierra, como el
viento en la mano”.

Para terminar, una cita del siglo XX particularmente bella del
patriarca de Constantinopla, Atenágoras, jefe de la iglesia ortodoxa: “Lo
que es bueno, verdadero, real, para mí siempre es lo mejor. Es por esta
razón por la que ya no tengo miedo. Cuando no se tiene nada, ya no se
tiene miedo. Si nos desarmamos, si nos desposeemos, si nos abrimos al
hombre-Dios que hace nuevas todas las cosas, Él, entonces, nos da un
tiempo nuevo donde todo es posible ¡Es la paz!”. Todas estas reflexiones
nos indican que para poder ver realmente los ojos de los demás, uno no
debe estar mirándose siempre a sí mismo, tal como ocurre en nuestras
sociedades ególatras. Al contrario, ir ligero de equipaje nos permite luchar
contra la pobreza y, sobre todo, ser críticos con la opulencia; porque, de
lo contrario, lo arreglamos todo olvidándonos de los que sufren y, para
acallar la conciencia, damos una limosna periódicamente. Como muy bien
dice el poeta: “El señor don Juan de Robles,/ de caridad sin igual, /hizo
este santo hospital,/ y también hizo a los pobres”.

Es sumamente importante crear oportunidades de encuentro para
las 6.000 culturas existentes, formadas por 500 millones de personas, críticas
con las desmesuras del neoliberalismo y los abusos del eurocentrismo.
Juntas, constituyen alternativas y esperanzas de conseguir otros mundos
posibles. Todo confluye: la Vida Buena o Buen Vivir de los Quechua, que
hablan de “Allin Kawsay”; los Aymara de “Suma Tamaña”; los Awajun de
“Nugkui” o “Biruk”; los Guaraní de “Ñandereko”; los pueblos amazónicos
de “Volver a la Maloca”. Y de tantos otros pueblos originarios, filosofías y
religiones diversas, las enseñanzas de Jesús y la filosofía del decrecimiento.
Es restituir el equilibrio, la armonía, la serenidad y la buena relación
entre los seres humanos y con todas las especies vivientes, equilibrio que
perdimos cuando antepusimos la técnica a la vida. Entonces, ¿no es cierto
que nos encontramos ante una magnífica oportunidad para concretar
todo este cúmulo de enseñanzas en una actualizada manera de llevarlas
a la práctica?

El tema del decrecimiento, como hemos visto, es crítico con el
sistema actual, pero necesita de la fuerza creadora de la Utopía, porque
sin ella no lograremos alzar el vuelo que exigen los proyectos revolucionarios.
Constituye un filón nuevo muy interesante para educadores de
cualquier nivel que quieran estudiarlo y organizar talleres, encuentros,
cursillos… en la educación popular, en las actividades formativas de las
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281

comunidades y de concienciación popular. Los que quieran profundizar
en este tema pueden encontrar bibliografía y cibergrafía en la Agenda
Latinoamericana 2010 y en Internet, en la página http://www.latinoamericana.
org/2010/info.

Joan SURROCA I SENS

Torroella de Montgrí, Cataluña,

ESPAÑA.

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282 ·

Let Us Save Ourselves
Along with our Planet
Latin Amerircan Agenda’ 2010Foreword: Pedro CASALDÁLIGA33 contributions on Ecologyby the best known names of Latin America and beyond :
You can download this edition freely
at the page of the Latin American Agenda:
Latinoamericana.org/EnglishJosé COMBLIN, Alirio
CÁCERES, Frei BETTO, Dani
BOIX, Jian Jacobo TANCRA,
Lyn WHITE, Brian SWIMME,
Thomas BERRY, Arne NAESS,
George SESSIONS, Geraldina
CÉSPEDES, Sandro GALLAZI,
Roy MAY, Leonardo BOFF,
Ezequiel SILVA, Silvia RIBEI-
RO, Richard RENSHAW, Luis
Diego CASCANTE, Margot
BREMER, Joan SURROCA,
José IBORRA, Diarmuid
O’MURCHU, Marcelo BARROS,
Darrel RUPPIPER & Jose
María VIGIL.