Volviendo a las raíces. Leonardo Boff


Volviendo a las raíces 

2013-02-15

En nuestra vida experimentamos una curiosa paradoja: cuanto más avanzamos en edad, más regresamos a los tiempos de la infancia. Parece que la vida nos invita a unir las dos puntas y comenzar a hacer una síntesis final. O quién sabe, el ocaso de la vida con la pérdida inevitable de la vitalidad, con los ritmos más tranquilos y los límites insoslayables de esta última fase, inconscientemente nos lleva a buscar fortalecimiento allí donde todo empezó. La existencia cansada viene a humedecer sus raíces en aquellos comienzos de antaño para intentar todavía rejuvenecer y llegar bien a la travesía final.

Eso fue lo que me ocurrió en esta primera semana de febrero cuando volví a mi tierra, a las viejas tierras (“terre vecchie” como decimos entre los parientes): Concórdia, en el interior de Santa Catarina. La ciudad, así como las ciudades vecinas, son conocidas en todo Brasil por sus productos: ¿quién no compró pollos Sadia de Concórdia, jamón Perdigão de Herval del Oeste, ahumados Aurora de Chapecó y salamis de Seara? Pues todas estas empresas están a pocos kilómetros unas de otras. Es una región rica, de colonos italianos, alemanes y polacos, lugares donde Brasil parece haber funcionado bien. Todo está prácticamente integrado, las casas son elegantes y de colores, el bienestar generalizado y no se conocen favelas como tantas que rodean la mayoría de las ciudades del país. Visitamos a los sobrevivientes de la familia, por parte de mi madre sólo una tía cargada de años y de dolores, por parte de mi padre ya no hay nadie. Sólo quedan primos y primas. La mayoría se fue para las ciudades, uno trabaja en Montreal como creador de juegos de Internet, otro es diplomático y los demás en profesiones liberales. Algunos quedaron en la tierra.

Después, los lugares queridos de la infancia. Ellos marcan nuestra psique porque los llevamos dentro: cada cerro, cada curva del camino, cada cuesta o pendiente y por todos lados amplios horizontes, vislumbrándose las montañas del Río Grande del Sur y las elevaciones de los Campos Gerais de Santa Catarina. La mente infantil exagera en las proporciones. Lo que considerábamos una subida penosa y difícil, no pasa de ser una sencilla cuesta o bajada. Los montes inmensos son sólo lomas. Pero siguen iguales las cañadas profundas, por todos los rincones las piedras que hacían penosa la labor de los colonos: el cultivo del trigo y del maíz. Los parrales tan abundantes, uno en cada casa, prácticamente han desaparecido, pues el vino de calidad se ha vuelto accesible.

Aquí nos sentimos parte del paisaje, aquí están nuestras raíces, el lugar donde empezamos a alimentar sueños, a contemplar las estrellas en las frías noches de invierno y a situarnos en el mundo. Es curioso, cuando tengo que hablar en lugares considerados importantes, como la Asamblea General de la ONU o en Harvard, me remito siempre a ese tiempo remoto de donde vengo, recuerdo al niño de pies descalzos y llenos de niguas que fui, alimentado con mucha polenta y lectura precoz de libros. Por más espléndidos paisajes que haya tenido la posibilidad de contemplar, ninguno es interiormente más bonito que el de mi infancia. Porque ella es única en el mundo. Todo lo que es único en el universo nunca más vuelve a suceder y por eso es intrínsecamente hermoso.

Pero lo que me marca cada vez que visito a mis parientes son las fiestas que improvisan: se come mucho, la comida regional, la polenta, los “radicci”, los distintos tipos de “biscotti” y “cucas alemanas”, la “fortaia”, las masas, los quesos y salamis caseros y naturalmente el churrasco. La mayoría de los que quedaron en la tierra tuvo poca escolarización: hablan una mezcla deliciosa de dialecto véneto y de portugués. La cantilena es la misma, con un fuerte acento italiano, del cual yo mismo nunca me liberé. Las manos duras de fuerte trabajo y los rostros marcados de la lucha por la vida causan fuerte impresión. Y hay entre todos un cariño y una cordialidad que conmueve. Los abrazos son de doblar las costillas y los besos de las primas de más edad, de nuestra edad, son largos y sonoros. De algunas siento el olor de mi propia madre, la misma mirada, la misma forma de poner la mano en la cintura. ¿Quién puede resistir la emoción? Y lloro lágrimas de esas que hacen bien.

Los tiempos vuelven al inicio misterioso de la caminada de la vida. Pero tenemos que seguir adelante. Ellos vienen con nosotros en nuestro corazón, ahora ligero y rejuvenecido porque empapó sus raíces en la esencia de la vida que es la sangre, los lazos, el afecto y el amor.

Anuncios

Las verdaderas causas de los fracasos en la cuestión de los cambios climáticos. Leonardo Boff


Las verdaderas causas de los fracasos en la cuestión de los cambios climaticos

26/12/2012

PABLO SOLON é boliviano e ex-embaixador de seu pais na ONU. É um dos negociadores nos encontros sobre o clima e um especialista no tema. Destacou-se na Rio-20 por suas posições sensatas e alternativas, baseadas na grande tradição andina do bien vivir.Tem insistido: em vez de falar de sustentabilidade deveríamos falar dos direitos da natureza e da Mãe Terra. Em vez de desenvolvimento cumpriria falar de redistribuição do que já a humanidade acumulou. Neste artigo, revela os verdadeiros impasses que conduzem sempre ao fracasso das negociações sobre o clima: por detrás estão poderosíssimos poderes econômicos que ganham com a não aprovação de nenhuma medida para limitar os gases de efeito estuda que produzem o aquecimnto global. É uma voz do Grande Sul, inteligente e convincente: Lboff

En el béisbol cuando uno tiene 3 “strikes” está fuera. En las negociaciones sobre  cambio climático ya suman 4 fracasos: Copenhague, Cancún, Durban y ahora Doha. Cuatro Conferencias de las Naciones Unidas y cada una fue peor que la anterior. Su principal objetivo era acordar las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero hasta el año 2020. Estas debieron ser de 40 a 50% tomando el nivel de emisiones del año 1990. Sin embargo, después de cuatro intentos, son de apenas 13 a 18%. Ahora estamos en camino a un aumento mundial de la temperatura de 4 y 8ºC.

“Lo perfecto es enemigo de lo bueno” dicen algunos negociadores de las Naciones Unidas. A lo que podemos replicar: “Cuando nuestra casa se está quemando, lo peor que puedes hacer es mentir a la gente”. Es hora de repensar lo que está pasando y tratar de encontrar nuevas estrategias para evitar una catástrofe global.

No es por la falta de evidencias

El cambio climático ya no es una posibilidad teórica. Tiene un impacto real en las vidas de las personas, la naturaleza y la economía.

El cambio climático ya está contribuyendo a la muerte de casi 400.000 personas al año[1]. Este mes, durante las negociaciones de la “COP18” en Doha, Qatar, el tifón Bopha azotó Filipinas, dejando más de 700 muertos. Este tifón, que fue el más fuerte que haya sufrido las Filipinas en las últimas décadas, devastó Mindanao, destrozando más de 70.000 viviendas y obligando a 30.000 a vivir en albergues temporales.

Ahora también los impactos económicos del cambio climático son evidentes. Los costos del Huracán Sandy son más de 60 mil millones de dólares para los EE.UU.[2] Un informe titulado “Monitor de Vulnerabilidad Climática[3]” calcula que el costo del cambio climático en el mundo asciende a más de $ 1,2 billones, lo que representa un 1,6% del PIB mundial cada año. Y para el año 2030, los impactos pueden elevarse a 3,2% del PIB mundial y en algunos países a más del 11% de su PIB.

Los hechos han comenzado a cambiar  la percepción de la gente, incluso en el país de los “negacionistas”. Ahora, 4 de cada 5 estadounidenses reconocen que el calentamiento global está ocurriendo[4]. Pero a pesar de todas las pruebas y el ligero aumento de conciencia, las negociaciones de las Naciones Unidas retroceden. En vez de entregar un ambicioso Protocolo de Kioto, con más países,  mejores mecanismos de cumplimiento y una meta global de reducción de emisiones conforme a lo que establece la ciencia, Doha concluyó con un miserable segundo período de compromiso del Protocolo de Kioto, con menos países signatarios y la promesa de un nuevo acuerdo que sólo entrarán en vigor el 2020.

Nuestros errores

Aquellos que siguen las negociaciones del clima – y yo fui también un negociador climático – por lo general tienen un enfoque de país. Esto significa que el conflicto es entre las naciones “desarrolladas” y “en desarrollo”. Países emisores históricos frente a países víctimas de las emisiones. Con la complicación ahora de que algunas de las “víctimas” se están convirtiendo en grandes emisores. Esta situación crea un estancamiento de las negociaciones en el que, por un lado, los países ricos no quieren hacer más recortes si las “economías emergentes” no hacen también recortes de emisiones y, por otro lado, las “economías emergentes” no hacen grandes esfuerzos argumentando que primero deben tomar la iniciativa los “históricos”.

Esta explicación del estancamiento de las negociaciones no examina las verdaderas causas. Para entender lo que ocurre tenemos que ver más allá de esta lógica basada en países – desarrollados, en desarrollo, emergentes, menos desarrollados – y adoptar un enfoque de clase que toma en cuenta los intereses de las élites en todas partes del mundo. La parálisis de las negociaciones no se debe al conflicto entre EE.UU. y China, sino a la coincidencia de intereses de las élites de EE.UU y China que obtienen jugosas ganancias de megaproyectos energéticos. Si hay un acuerdo mundial de fuertes reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero: ¿cuanto petróleo tendrán que dejar bajo el suelo? ¿cuántas plantas de carbón tendrán que cerrarse? ¿cuántas mega-represas no se construirán? ¿cuántos productos contaminantes tendrán que dejar de producir y vender? En síntesis: ¿cuánto disminuirán sus utilidades?

Estas élites controlan los gobiernos para que proyecten curvas de crecimiento económico que justifiquen mega-proyectos energéticos. A estos sectores de poder económico no les preocupa si mas del 30% de la energía se pierde en su traslado, si un proyecto generará la energía presupuestada después de ser construido, si una represa solo sirve para abastecer un mega-centro comercial, si la producción de agro-combustibles disminuye la producción de alimentos, si los mercados de carbono son buenos para los bosques… lo único que les interesa es hacer negocios.

El “derecho al desarrollo” y la “competitividad” lo utilizan para encubrir sus sed insaciable de ganancias. En nombres de los pobres amasan grandes fortunas. Utilizan el peligro del otro país para promover sus proyectos y hacer negocios con las élites del supuesto país “enemigo”.

Las élites están en todas las partes de la cadena: en la extracción de combustibles fósiles, en mega proyectos de infraestructura, en la promoción de energías peligrosas como la nuclear, en la financiarización de los bosques a través de REDD, en la comercialización de productos no durables que destruyen la naturaleza, en la producción de falsas soluciones como los agro combustibles, los organismos genéticamente modificados y ahora la biología sintética y la geo-ingeniería.

Para hacer frente al cambio climático hay que dejar bajo el suelo mas de 2/3 partes de las reservas de combustibles fósiles. Si no se hace eso, ninguna solución real es posible. Las transnacionales privadas y la burocracia estatal que controlan esas reservas no quiere perder la gallina de oro aunque eso represente una catástrofe para la humanidad y la madre tierra. Al final de cuentas ese es un tema del futuro y ellos cuentan en el presente con los recursos necesarios para ponerse a salvo.

La cuestión de las “emisiones de gases de efecto invernadero” a veces oculta el verdadero problema de la lógica del sistema capitalista que requiere de una creciente sobreexplotación de los seres humanos y la naturaleza para mantener la tasa de ganancia de las grandes empresas.

Quizás el error más grande fue reducir las negociaciones sobre el clima a una lucha por los porcentajes de reducción de las emisiones, cuando en realidad, deberíamos estar discutiendo el panorama completo y real del planeta que ha llegado a sus límites y poner sobre la mesa la cuestión de las reservas de combustibles fósiles, las empresas transnacionales, los patrones de consumo y producción, y toda la lógica de explotación, codicia y obsesión beneficio de este sistema.

Tenemos que mirar más allá de los conceptos de desarrollo, crecimiento y estados-nación y discutir los asuntos del Sistema de la Tierra y la necesidad de un modelo económico que respeta los ciclos vitales de la Naturaleza. La Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra celebrada en Cochabamba, Bolivia 2010, fue un buen paso en esa dirección, pero fue sólo un primer paso.

Repensando nuestras estrategias

Un nuevo análisis requiere nuevas estrategias. Ha llegado el momento de desafiar las negociaciones ganado victorias fuera de las negociaciones. Los movimientos sociales en los países “desarrollados” como “en desarrollo” están luchando contra el “fracking” (fracturación hidráulica), la construcción de oleoductos, el petróleo bituminoso y otras industrias extractivas destructivas. Necesitamos victorias que catapulten las luchas a escala mundial.

Tenemos que promover nuevos enfoques en la lucha contra el cambio climático vinculando la crisis ambiental, la crisis alimentaria y la crisis financiera. Tenemos que atraer nuevos actores sociales que no han estado involucrados hasta ahora en el tema climático. Para muchos no es evidente que la lucha contra los “planes de austeridad” enfrentan al mismo enemigo que la lucha contra el cambio climático. En el Foro Social Mundial sobre Migración, celebrado en Manila, Filipinas, una asamblea de movimientos sociales asiáticos emitió una declaración firmada por más de 70 organizaciones y movimientos sociales señalando que necesitamos “conectar las demandas urgentes de la población por alimentos, agua, salud, energía, empleo con las luchas contra el cambio climático, la especulación financiera, la apropiación de tierras, los acuerdos neoliberales de inversiones y de libre comercio, la impunidad de las empresas transnacionales (ETN), la criminalización de los migrantes y los refugiados, el patriarcado y la violencia contra las mujeres, las medidas de austeridad y los recortes a la seguridad social “.

Debemos discutir la implementación de nuevas campañas como la propuesta de referéndum climático a nivel nacional, regional o mundial. Tenemos que utilizar todos los espacios para reclamar el derecho democrático de los pueblos a decidir el futuro de todos y de nuestra Madre Tierra.

Necesitamos fortalecer nuestras alternativas como la agroecología, la soberanía alimentaria y la descentralización de la producción y consumo de energías. Tenemos que desmontar la mentira de que necesitamos más y más energía y la única manera de hacerlo es a través de mega proyectos. Tenemos que demostrar, con números y experiencias concretas, que detrás de esos proyectos están los intereses de empresas muy conocidas y que otras alternativas locales y de menor escala son posibles.

Una buena oportunidad para reunir a movimientos sociales y activistas del clima será el “Espacio Climático” dentro del próximo Foro Social Mundial (FSM) en Túnez (26-30 de marzo de 2013). Es tiempo de repensar nuestros análisis, alternativas y estrategias para hacer frente al cambio climático.

* Pablo Solón, Director Ejecutivo de “Focus on the Global South”, ex embajador del Estado Plurinacional de Bolivia ante las Naciones Unidas y ex jefe negociador boliviano para el cambio climático

CARTA DE LA TIERRA. Boletín, Julio 012


TierraDelFuego

TierraDelFuego (Photo credit: Wikipedia)

Incoming evening storm

Image by Tusken91 via Flickr

Our Galaxy over Queenstown

Image by Stuck in Customs via Flickr

Great Lakes in Sunglint (NASA, International S...

Image by NASA’s Marshall Space Flight Center via Flickr

Sunset Reflection  - Best viewed in large

Image by Jeff S. Photography via Flickr

Sleeping 猫

Image by 55Laney69 via Flickr

CARTA DE LA TIERRA. BOLETIN, JULIO 012

Desafíos de la ecología a las religiones. José María VIGIL


(De la Revista VOICES)

321

Desafíos de la ecología
a las religiones

José María VIGIL

La ciencia que más está cambiando la conciencia de la Humanidad
en la actualidad es la «nueva cosmología», las ciencias del cosmos y de
la naturaleza, todas ellas. Por primera vez, y simultáneamente para toda
la Humanidad, tenemos una visión científica del Universo: su origen, sus
dimensiones, su evolución, las galaxias, las estrellas, los planetas, la vida…
y resulta ser una visión maravillosa, realmente fascinante, muy diferente
de la que teníamos, de la que hemos tenido durante milenios, hasta hace
apenas unas décadas.

Durante toda la historia de nuestra especie, no hemos tenido medios
para conocer el cosmos. Apenas hace cuatro siglos Galileo inventó el primer
rudimentario telescopio. Las religiones, la curiosidad, la intuición, el
arte, la poesía… se encargaron de suplir con imaginación y creatividad
nuestra ignorancia colectiva, nuestros miedos y nuestros deseos de saber.
Los «mitos» -tan geniales- que nuestros ancestros elaboraron colectivamente
y que tradicionalmente atribuyeron a revelaciones divinas, cumplieron
un papel social esencial para nuestra organización civilizacional, porque
establecieron y vehicularon las creencias fundamentales para la autocomprensión
de nosotros mismos y para nuestra programación social.

La nueva cosmología, el despliegue tan fabuloso que la ciencia
ha registrado en los últimos tiempos, ha hecho saltar en pedazos aquel
«imaginario clásico religioso», que ha estado en vigor ante la conciencia
de la Humanidad durante milenios. Los mitos que durante tanto tiempo
la humanidad creyó que eran descripción de la realidad (revelada por

+++++

322

los dioses), chocan flagrantemente con el panorama que la ciencia despliega
ante nuestra mirada. Las religiones, la poesía, el arte, imaginaron
un mundo pequeño, plano, quieto, fijo, creado directamente así como lo
vemos, y regido por un Dios ahí arriba, ahí fuera, que sería un tipo de
razón última de todo… En este mundo de la nueva ciencia, nosotros ya no
podemos ser personas de hoy y seguir participando de aquel imaginario.
Y ésa es la razón principal de la relación tensa de la nueva cosmología y
la ciencia en general con las religiones.

El «nuevo relato» de la realidad que nos presenta la ciencia -y que
hoy, como decimos, es, por primera vez, un relato científico, y el mismo
a la vez para toda la humanidad, para todos los pueblos del planeta-, nos
ofrece una visión realmente nueva del mundo.

Ha cambiado la imagen del mundo y del cosmos, que ahora nos
ofrece estos llamativos rasgos nuevos:

-un universo en movimiento total y continuo: nada está quieto, al
contrario de como siempre habíamos pensado;

-en expansión: todo comenzó con una gran explosión, y todo sigue
expandiéndose, inconteniblemente, incluso aceleradamente; estamos en
una explosión, somos parte de esa explosión;

-en evolución y en despliegue: no es un «cosmos» ya hecho, regido
por leyes eternas fijas e inmutables, ni una explosión ciega.. sino una
auténtica «cosmogénesis», que se «despliega» desde dentro;

-con aparición de propiedades emergentes, nuevas, y de autoorganización,
desde el desorden del caos: un todo que es mayor que las partes
que lo componen, y un todo que está en cada parte…

-orientado hacia la vida, la complejidad, y hacia la conciencia, que
florece finalmente en el ser humano, en el que se hace conciencia colectiva,
asumiendo además reflexivamente el cosmos y responsabilizándose
de él;

-ligado holísticamente, en una inextricable «red de redes»… en las
que cada partícula está relacionada con todas…

Esta nueva visión del cosmos nos sitúa en un mundo muy distinto
del que nos enseñaron las religiones.

Pues bien, si abandonamos la imagen que nos dieron del mundo,
y adoptamos una nueva imagen, en realidad pasamos a vivir conscientemente
en otro mundo: hemos cambiado de mundo, y con ello, de alguna
manera pasamos a ser otros, ciudadanos de otro mundo, partes de otra
realidad. La nueva visión del mundo que las ciencias nos han dado desafía
todos los componentes de nuestra visión. Veamos.

+++++

323

• Cambia la imagen de la naturaleza, que, a partir de ahora:
-No podemos ya imaginarla como mero «escenario de la historia
humana», historia esta que sería lo único importante que sucede en el
planeta y en el cosmos… Ya no podemos pensar que somos la razón del
ser del cosmos, ni que el drama histórico humano es lo que supuestamente
motivó a Dios a crear el mundo como el escenario en que realizarlo,
ni que lo humano sea «la medida de todas las cosas», humanas y divinas.
Nuestro natural y espontáneo y casi inevitable «antropocentrismo» ha de
ser superado.
-En la cosmovisión actual ya no nos es posible aceptar la existencia
de un «segundo piso» superior, o sobrenatural, en el que morarían los
dioses y las fuerzas que gobiernan este mundo… ni un piso «inferior» en el
que estarían confinados los espíritus del mal… Lo que nuestros ancestros
quisieron expresar con aquellos símbolos no puede estar localizado sino
«en este mismo único piso» de la realidad. No hay «metafísica» (o por lo
menos no necesario ni obligatorio creer en ella, aunque haya podido o
pueda seguir siendo útil imaginarla…).
-No resulta ya aceptable una calificación religiosa negativa («pecaminosa
», vitanda) de la materia y de todo lo que con ella se relaciona
(carne, instinto, sexo, placer, mundo, mundanidad…).
-Ya no podemos aceptar aquel supuesto mitológico de un «pecado
original» primigenio que habría contaminado ancestralmente a toda la
humanidad y aun a toda la realidad… Al origen de todo no puede haber
un pecado original, sino una gracia original, una «bendición original»
incluso…
-Esta vida no puede ser sólo una ilusión pasajera, una «prueba», en
función de otra vida, la verdadera y definitiva, la de más allá de la muerte,
a la que un Creador nos habría destinado con la condición de pasar
primero por una prueba… El esquema de este «gran relato explicativo
salvífico» nos resulta admirable, por su genialidad, pero a la vez, increíble,
insostenible en sí mismo. Las religiones de «salvación eterna» necesitan
con urgencia dar nuevamente razón de sí mismas en el contexto de la
visión actual.

• Cambia la imagen del ser humano:
-No venimos de arriba, ni de afuera… sino de abajo, y de dentro,
de la Tierra, del Cosmos; somos el resultado final actual, la flor de la
evolución cósmica…
-No es verdad que seamos superiores, diferentes y de alguna manera
ajenos al resto de la Naturaleza, los únicos con una mente y un espíritu
procedentes directamente de Dios…

+++++
324

-No somos los «dueños de la creación», ni «fue creada para nosotros
»… Somos una especie más, aunque, ciertamente, la única capaz de
asumir responsabilidad consciente y solidaria sobre todo el resto de
especies.

-No podemos vivir separados de la Naturaleza, como «sobre-naturales
», injustificadamente auto-exiliados de nuestra placenta, abdicando
insensatamente de nuestras raíces naturales, auto-despojados de nuestra
naturaleza terrestre, artificialmente des-naturalizados, o tratando de superar
nuestra naturalidad para convertirnos en seres «espirituales» porque
«superan» la materia, la corporalidad…

-Somos seres naturales, muy naturales. Somos Naturaleza, Tierra
que siente, que piensa y ama, materia-energía organizada que en nosotros
llega a la conciencia, a la reflexión a la profundidad existencial…

• Cambia la imagen de Dios:
-Una visión tan precaria de la naturaleza y del cosmos como la que
ha tenido la Humanidad durante los pasados milenios, no podía dar de sí
sino una imagen insuficiente de Dios.
-La visión actual de la realidad no nos permite ya imaginar a un
Dios ahí fuera, ahí encima, en ese «segundo piso superior» del que dependería
el nuestro. Hoy vemos que no tiene sentido hablar de ni pensar en
un «fuera» o un «encima» del mundo ni del cosmos.
-«La idea de un Dios separado de la creación, o tras-cendente, es
uno de nuestros principales problemas» (Thomas Berry).
-No tiene sentido un dios antropomórfico: «persona» que piensa,
decide, ama y se enfada y se expresa como nosotros… como un dios-theos,
como los griegos lo concibieron.
-Pensar que es «Señor», Dueño, Juez premiador y castigador… hoy
es, claramente, un antropomorfismo de la época neolítica-agraria.
-De existir «la Divinidad» (dimensión real) sólo se la podrá encontrar
en la única realidad cósmica…

Volvamos al cosmos y a la naturaleza

Dijo Santo Tomas que «un error acerca de la Naturaleza redunda en
un error acerca de Dios»… Los errores que hemos sufrido sobre la naturaleza,
y sobre todo, la ignorancia al respecto, han sido máximos, por lo
que es de suponer que la imagen de Dios y de lo religioso que de aquel
marco surgió y que nosotros heredamos, conlleva grandes deficiencias
que hoy estaríamos en capacidad de subsanar.

Parece claro que las religiones han vivido de espaldas a la naturaleza,
debido entre otras cosas a que han concentrado toda su atención en

+++++

325

una pequeña «historia sagrada» iniciada hace sólo 3000 años, y ésa ha sido
la única «revelación» que han tenido en cuenta…

La explosión científica de los últimos tiempos es, sin duda, una
nueva «experiencia de revelación», en la que lo divino de la realidad se
nos manifiesta en una forma nueva e intensiva. No hay nada en la actualidad
que esté inspirando tanto una toma de conciencia espiritual en el
mundo como el «nuevo relato» de nuestra historia cósmica. Las religiones
necesitan sentir el kairós ecológico de esta hora y volverse hacia el cosmos
y la naturaleza, para reconocer en ellos nuestra «historia sagrada», y
superar el actual divorcio entre ciencia y espiritualidad, entre religión y
ciencia, entre vida espiritual y realidad. Aceptar el desafío de la ecología
no es sólo incluir el «cuidado de la naturaleza» entre los imperativos morales;
es más: implica toda una «reconversión ecológica» de la religión.

Desafíos

No es pues sólo la imagen física del mundo la que ha cambiado,
sino todo él: su origen, sus dimensiones, su arquitectura, su complejidad,
su sentido, su sacralidad… Ante ese cambio tan total y radical, las religiones,
que elaboraron todo su patrimonio simbólico (categorías, teologías,
liturgia, dogmas, ritos, mitos…) en el contexto de aquel viejo imaginario
ya obsoleto, aparecen ahora profundamente anticuadas, pertenecientes
a un mundo caducado, lejano, que ya no existe ni nos resulta siquiera
comprensible. El lenguaje religioso tradicional pierde sentido y significado,
y hasta se hace ininteligible para los jóvenes. Las religiones, que han
servido a la humanidad durante milenios para expresar la dimensión más
profunda de la existencia, parecería que ya no están a la altura necesaria
para seguir prestando este servicio…

En esta situación, las religiones se sienten a sí mismas desfasadas, e
incomprendidas, sin captar con claridad cuál es la causa. Con frecuencia
reaccionan defendiéndose, repitiendo y reafirmando intemperantemente
su tradición sagrada, sus «verdades reveladas», las «verdades eternas»…
cuando lo que deberían hacer sería reinterpretarlas y adecuarlas al lenguaje
y a los nuevos paradigmas a los que hemos accedido, abandonando
aquellos errores de perspectiva que todos hemos sufrido por la ignorancia
a la que nos vimos históricamente sometidos, y abriéndonos a la revelación
permanente…

Los años 60 del siglo pasado fueron un momento de esperanza
y optimismo en el cristianismo en general, cuando parecía abrirse a la
posibilidad de una profunda renovación interna, y a una reconciliación
con el mundo y con los valores de la modernidad (razón, ciencia, mundo,
democracia, valor de la persona, libertad religiosa y demás libertades,
perspectiva de los pobres, etc.).

+++++

326

Pero esa primavera pronto se vio truncada, ante el temor que producía
la conmoción que tal renovación suponía. El miedo venció, y los frenos
y retrocesos que desde entonces se han producido no han hecho sino
distanciar más y más a la sociedad respecto al cristianismo institucional.
Son decenas de millones las personas que han abandonado la religión en
las últimas décadas en Europa, por ejemplo, alegando no poder aceptar
una cosmovisión que les resulta superada, buscando su realización espiritual
por caminos nuevos. Sólo una profunda reflexión -en el campo de
la ecología y en el de los otros varios «nuevos paradigmas»-y una consecuente
y valiente renovación teológica reabrirá la esperanza.

José María VIGIL

Comision.Teologica.Latinoamericana.org

PANAMÁ

+++++

NEXT ISSUE OF

Our next issue will publish the theological materials, texts,
papers… EATWOT and other theologiaans are prepearing for its
participation in the WSF, World Social Forum, to be held February
2011 at Dakar, Senegal

Please, look for it!

To receive it freely by e-mail (only the link for download)
you can subscribe, sending your e-mail address to EATWOT,
through the point of contact in the webpages of EATWOT:

vvwww.InternationalTheologicalCommission.org

http://www.Comision.Teologica.Latinoamericana.org

http://www.Comissao.Teologica.Latinoamericana.org

+++++

328
Ecumenical Association of Third World Theologians
Asociacion Ecuménica de Teólogos/as del Tercer Mundo
Association Oecumenique des Theologiens du Tiers Monde
Volume XXXIV Nº 2011/1 New Series January-February 20119789962050124ISBN978-9962-05-012-49789962050124ISBN978-9962-05-012-4
Ecumenical Association of Third World Theologians
Asociacion Ecuménica de Teólogos/as del Tercer Mundo
Association Oecumenique des Theologiens du Tiers Monde
Volume XXXIV Nº 2011/1 New Series January-February 20119789962050124ISBN978-9962-05-012-49789962050124ISBN978-9962-05-012-4

Desafíos da ecologia as religioes. José María VIGIL


(De la Revista VOICES)

315

Desafios da ecologia às religiões

José María VIGIL

A ciência que mais mudou a consciência da humanidade é, na atualidade,
a “nova cosmologia”, ou seja, as ciências do cosmos e da natureza.
Pela primeira vez, e de modo simultâneo para toda a humanidade, temos
uma visão científica do universo: sua origem, suas dimensões, sua evolução,
as galáxias, as estrelas, os planetas, a vida…, que acaba sendo uma
visão muito diferente daquela que tínhamos durante milênios e tivemos
até a poucas décadas passadas.

Ao longo de toda a história de nossa espécie não desfrutamos desta
nova visão maravilhosa. As religiões, a arte, a poesia… se encarregaram,
então, de suprir, com imaginação e crenças, nossa ignorância coletiva e
nossos medos. Os “mitos” que elas criaram cumpriram um papel social
útil para nossa organização civilizacional, e muito importante e significativo
para nosso imaginário coletivo. Mas, hoje em dia, há um problema,
e ele consiste no seguinte: aqueles mitos simbólicos não podem mais
continuar sendo interpretados com uma “epistemologia mítica”, ou seja,
não podemos continuar acreditando que eles são ainda “descrições objetivas
da realidade”… As religiões, a poesia, a arte imaginaram um mundo
pequeno, plano, parado, fixo, criado diretamente assim como o vemos e
regido por um Deus lá em cima, lá fora, que seria uma espécie de razão
última de tudo.

Diante da nova ciência, este “imaginário religioso clássico”, que presidiu
a consciência da humanidade durante milênios, salta em pedaços.
Não é mais possível ser uma pessoa atualizada e continuar cultivando
aquele imaginário. Este é o principal motivo pelo qual a relação entre a
ecologia e as religiões é tensa.

+++++

316

A “nova narrativa” que a ciência nos apresenta – e que hoje, como
afirmamos acima, pela primeira vez, é uma narrativa científica e simultaneamente
a mesma para toda a humanidade, para todos os povos do
planeta – oferece-nos uma nova visão do mundo, até agora desconhecida,
e com estas características:

– um universo em total e contínuo movimento: ao contrário de
como sempre tínhamos imaginado, nada está parado;
– em expansão: tudo começou com uma grande explosão, e tudo
continua incontidamente se expandindo; estamos numa explosão, somos
parte dessa explosão;
– em evolução e desdobramento: não se trata de um “cosmos”
regido por leis eternas e imutáveis, mas de uma “cosmogênse” que se
desdobra a partir de dentro;
– com o aparecimento de propriedades emergentes e de auto-organização
a partir da desordem do caos: um todo que é maior do que as
partes e que está em cada parte…;
– orientado para a vida, a complexidade e a consciência, que, finalmente,
emerge no ser humano, que se torna consciência coletiva, que
assume conscientemente o cosmos e por ele se responsabiliza;

– relacionado, em forma holística, em rede de redes…, nas quais
cada partícula está relacionada com todas…
Esta nova visão do cosmos nos situa num mundo muito diferente
daquele que as religiões nos ensinaram, e nos muda, radicalmente, em
vários aspectos:

• Muda a imagem da natureza, que, a partir de agora:
– Não podemos mais imaginá-la como mero cenário da história
humana, história essa que seria o único evento importante que acontece
no planeta e no cosmos…
– Na atual cosmovisão não é possível aceitar um “segundo andar”.
O que se queria indicar com aquele simbolismo só pode encontrar-se
agora “neste mesmo andar”. Não há “metafísica” (ou, pelo menos, não é
necessário nem obrigatório crer nela, mesmo que seja útil imaginá-la…).
– Já não é aceitável uma qualificação religiosa negativa (pecaminosa)
da matéria e de tudo o que a ela se relaciona (carne, instinto, sexo,
prazer…).
– Não podemos mais aceitar o pressuposto mitológico de um
“pecado original” que, ancestralmente, tudo contaminou, mas sim, uma
“bênção original”…
+++++

317

– Esta vida não pode ser somente uma ilusão passageira, uma
“prova”, em função de outra vida, a verdadeira e definitiva, aquela depois
da morte à que um Criador nos teria destinado… As religiões de “salvação
eterna” precisam, com urgência, dar novamente a razão de si mesmas no
contexto mental da atualidade.
• Muda a imagem do ser humano:
– Não viemos de cima, nem de fora, mas sim, de baixo, de dentro,
da Terra, do Cosmos; somos o resultado atual, a flor da evolução cósmica…
– Não é verdade que somos superiores, diferentes e alheios ao
resto da Natureza, únicos com mente e espírito procedentes diretamente
de Deus…
– Não somos os “donos da criação”; somos apenas mais uma espécie,
embora a única capaz de assumir responsabilidade.
– Não podemos viver separados da Natureza, como “sobre-naturais”,
injustificadamente auto-exilados de nossa placenta, abdicando
insensatamente de nossas raízes naturais, auto-despojados, artificialmente
desnaturalizados.
– Não somos “sobre-naturais”, mas sim, muito naturais, e naturais
a um tal estágio ao qual, talvez, outros seres ainda não tenham logrado
chegar. Somos Natureza, Terra que sente, que pensa e ama, matéria que
em nós chega à reflexão…
• Muda a imagem de Deus
– Uma visão tão precária da natureza e do cosmos como aquela
que a humanidade teve só podia dar dela mesma uma imagem insuficiente
de Deus.
– A atual visão da realidade não nos permite mais imaginar um
Deus lá fora, lá em cima, nesse “segundo andar superior” do qual dependeria
o nosso. Hoje vemos que não tem mais sentido falar nem pensar
num lugar “fora” ou “acima” do cosmos.
– A ideia de um Deus separado da criação ou trans-cendente é um
de nossos principais problemas (Thomas Berry).
– Um deus antropomórfico não faz sentido: “pessoa” que pensa,
decide, ama e se expressa como nós… Deus, theos ou Zeus do Olimpo.
– E pensar que é “Senhor”, Dono, Juiz que distribui prêmios e castigos
é, hoje, claramente, um antropomorfismo agrário.
–Se existir “a divindade” (dimensão real da realidade), só poderá
ser encontrada na única realidade cósmica…

+++++

318

Retornemos ao cosmos e à natureza

Santo Tomás disse que “um erro a respeito da Natureza leva a um
erro a respeito de Deus”… Os erros que sofremos a respeito da natureza
e, sobretudo, a ignorância a seu respeito foram máximos, pelo que é
de se supor que a imagem de Deus e do religioso que dessa referência
decorreu implique em grandes deficiências que, hoje, estaríamos em
condições de reparar.

Parece evidente que as religiões viveram de costas para a natureza,
sobretudo por que concentraram toda a sua atenção numa pequena
“história sagrada”, iniciada somente há 3.000 anos, e esta foi a única
“revelação” que levaram em conta.

A explosão científica dos últimos tempos é, sem dúvida, uma nova
“experiência de revelação” em que o divino da realidade se nos manifesta
de uma nova forma. Na atualidade, não há nada que esteja inspirando
uma tomada de consciência espiritual no mundo como a “nova narrativa”
de nossa história cósmica. As religiões precisam sentir o kairós
ecológico
desta hora e voltar-se para o cosmos e a natureza, para neles reconhecer
nossa “história sagrada” e superar o atual divórcio entre ciência e espiritualidade,
entre religião e realidade. Aceitar o desafio da ecologia não é
somente incluir o “cuidado da natureza” entre os imperativos morais; é
mais: implica uma “reconversão ecológica” da religião.

Desafios

Portanto, não é só a imagem física do mundo que mudou. Todo ele
mudou: sua origem, suas dimensões, sua arquitetura, sua complexidade,
seu sentido… Diante desta mudança, as religiões, que elaboraram todo
seu patrimônio simbólico (categorias, teologias, liturgia, dogmas, ritos,
mitos…) no contexto daquele velho imaginário, parecem agora profundamente
antiquadas, pertencentes a um mundo obsoleto, distante, que
já não existe e nem é compreensível. A linguagem religiosa tradicional
perde sentido e significado e até se torna ininteligível para os jovens. As
religiões, que durante milênios prestaram à humanidade o serviço de
expressar a dimensão mais profunda da existência, dão mostra de que já
não servem mais…

Nesta situação, as religiões se sentem a si mesmas desatualizadas
e incompreendidas, sem perceber com clareza qual seja a causa. Com
frequência reagem defendendo-se, repetindo e reafirmando intempestivamente
sua tradição sagrada, suas “verdades reveladas”, as “verdades eternas”…,
quando deveriam reinterpretá-las e adequá-las à nova linguagem e
aos novos paradigmas a que nos referimos acima, abandonando aqueles
erros de perspectiva que todos sofremos pela ignorância da humanidade
à qual, historicamente, nos vimos submetidos…

+++++

319

Em geral, os anos 60 do século passado foram um momento de
esperança e otimismo no cristianismo, quando parecia que se estava
abrindo a possibilidade de uma profunda renovação interna e a possibilidade
de uma reconciliação com o mundo e com os valores da modernidade
(razão, ciência, mundo, democracia, valor da pessoa, liberdade
religiosa e demais liberdades, perspectiva dos pobres etc.).

Mas esta primavera logo foi truncada, diante da possível comoção
que tal renovação poderia produzir. O medo venceu. Os freios e os retrocessos
a que se optou desde então, distanciaram mais e mais a sociedade
em relação ao cristianismo institucional. São dezenas de milhões de
pessoas que, nas últimas décadas, na Europa, abandonaram a religião,
alegando não poder aceitar uma cosmovisão que lhes parece superada,
buscando então sua realização espiritual por novos caminhos. Só uma
profunda reflexão – no campo da ecologia e no de vários outros “novos
paradigmas” – e uma consequente e corajosa renovação teológica reabrirá
a esperança.

José María VIGIL

Comisao.Teologica.Latinoamericana.org

PANAMÁ

Defis de l’écologie aux religions. José María VIGIL


(De la Revista VOICES)

311

Défis de l’écologie aux religions

José María VIGIL

La spiritualité écologique est une dette impayée des religions
monothéistes envers l’Humanité et envers la Terre et un défi pressant, car
la société ne va pas résoudre la crise écologique rien qu’avec des solutions
techniques et politiques, aussi importantes soient-elles. Pour sauver
la planète et la communauté de vie, il faut une espèce de pacte spirituel
de respect et de souci écologiques qui implique toutes les traditions spirituelles
et les organisations éthiques de l’humanité.

Aujourd’hui, racheter la sacralité de la Terre est un défi théologique
et spirituel, mais c’est surtout une question de vie ou de mort. Vandana
Shiva, écologiste et penseuse indienne, a écrit que le plus grand défi
actuel pour la planète consiste à «survivre au modèle de développement
social, politique et scientifique que la société occidentale a consacré comme
si c’était l’unique».

La Bible sur le banc des accusés

Plusieurs auteurs d’études, européens et nord-américains, ont rejeté
la faute sur la culture judéo-chrétienne en raison de la mentalité qui a prédominé
dans la société occidentale et qui l’a rendue responsable du manque
de respect à l’environnement et de la destruction de la nature. Lynn
White a écrit sur «Les racines historiques de la crise écologique». Il a dit
que les environnementalistes doivent rompre avec l’héritage judéo-chrétien,
qui serait le principal coupable de la destruction de la nature. Il pro-
pose de s’approprier les anciennes religions animistes et des éléments des
religions orientales. L’argument le plus grave est que les religions juive et
chrétienne ont pris trop au sérieux l’anthropocentrisme de la Bible, selon
laquelle Dieu créa l’être humain comme « seigneur de la Création », avec
l’ordre de domestiquer la nature et de la soumettre à ses désirs.

C’est aussi la Bible qui dit que l’être humain est, entre tous, le seul
créé «à l’image de Dieu», le seul qui puisse être considéré comme «semblable
à Dieu» (cf. Gn 1,27-28 et 9,1-7). Cette conception biblique aurait

+++++

312

fourni la base pour que l’être humain exploite la terre et la détruise, au
lieu de se lier avec elle amoureusement. Quelques écologistes féministes
comparent les récits de la création dans la Bible avec les mythes de
l’ancienne Egypte et de Babylone, et elles pensent que, comme dans ces
mythes orientaux, dans la Bible aussi les récits de la création contiennent
la victoire du dieu masculin ordonnateur, qui met en déroute un principe
féminin chaotique.

Fondements d’une spiritualité écologique

Spiritualité est un mot étranger à la Bible et aux cultures antiques.
Dans certains cercles, « spiritualité » se confond avec « spiritualisme »,
mouvement qui oppose la matière à l’esprit et donne la priorité à ce dernier.
Dans les 50 dernières années, beaucoup se sont efforcés de dépasser
le dualisme entre le corps et l’âme, entre matière et esprit. Si « spirituel
» est entendu comme ce qui n’est pas matériel, nous ne pourrions pas
parler de « spiritualité écologique ». Dans des langues anciennes comme
l’hébreu, « esprit », ruah, signifie vent, souffle. Il fait référence à tout ce
qui respire. Tout être vivant, tout être qui respire, est esprit, ou porteur
d’esprit.

Ce principe de vie n’est pas seulement le point de départ de la vie
animale. C’est la source de l’amour, des sentiments et de l’unité entre les
êtres. Avoir l’esprit signifie avoir la capacité de relation véritable et celle
de créer l’unité. Selon l’investigation scientifique la plus actuelle, la vie
est ce tissu de relations. Selon Fritjof Capra, physicien et théoricien des
systèmes, il y a déjà vie et esprit quand les premiers protons se mettent
en relation et se constituent en ébauche de l’unité primordiale: «Même
dans les plus minuscules cellules -bactéries appelées micro plasma-, un
réseau complexe de processus métaboliques opère sans interruption… La
vie en continu n’est pas propriété d’un seul organisme ou d’une espèce,
mais d’un système écologique… Aucun organisme ne vit isolé» (Capra, «
Connexions invisibles»).

Déjà dans les premières décennies du XXème siècle, Teilhard de
Chardin disait qu’au fur et à mesure que ce processus de vie évolue, il se
fait de plus en plus complexe avec des degrés d’unité toujours plus profonds,
jusqu’à ce que l’esprit humain atteigne le niveau cosmique. Cela
signifie que tous les êtres sont des expressions de cette énergie de relation
cosmique que nous pouvons appeler «esprit»… Ils ont une certaine
intériorité. Ils sont gravides d’Esprit, de cet amour divin que les religions
reconnaissent comme la base de tout l’Univers…

L’Univers nous renvoie constamment à son mystère le plus intime:
un principe divin qui est Amour créateur, opérant et rénovateur en permanence,
énergie qui est vie et nous donne vie. Nous, nous voyons dans

+++++

313

cette source de vie un être personnel que nous appelons Dieu…

Une spiritualité écologique se propose d’aller au-delà des religions
(sans les rejeter), comme attitude d’amour capable de redécouvrir l’enchantement
de la vie présente en nous-mêmes, en tout être humain, et
dans l’Univers. Défendre la nature agressée et méprisée n’est déjà pas
une attitude «naturelle» ou spontanée, comme cela a pu l’être dans des
cultures ancestrales. Même les cultures encore très rurales ou peu liées à
la technique moderne se sentent aujourd’hui moins dépendantes de leur
milieu environnemental et ont appris qu’elles peuvent le transformer.
Elles pouvaient le faire aussi autrefois, mais elles devaient avant demander
la permission aux dieux. Aujourd’hui elles se demandent si les dieux
continuent à tenir les comptes de l’agression des humains contre les éléments
naturels. La réaction commune est la déception et une certaine distanciation
par rapport à une attitude révérencielle vis-à-vis de la nature.

Spiritualité écologique ne signifie pas revenir à une religion de
crainte ou de dépendance des forces cosmiques… mais instaurer une
communion révérencielle avec le mystère le plus profond, présent en cha-
que être. Cela exige de chaque personne une continuelle conversion dans
sa manière de se comporter avec elle-même, avec les autres et avec la
nature. Il ne s’agit pas de travailler d’abord le niveau individuel et intime,
pour passer ensuite au niveau social; la relation entre le personnel et le
social est dialectique: l’une ne s’établit pas en profondeur sans l’autre.

La spiritualité doit nous rendre capables de saisir en toutes créatures,
dans leur dynamique évolutive, dans leur immense diversité et
dans leur complexité, un message spirituel de beauté et d’irradiation de
l’amour universel. La mission de l’être humain est d’être capable d’écouter
les milliers d’échos qui viennent de cette grande Voix, de célébrer sa
grandeur et de s’unir au chant de louange que toutes choses entonnent
à la Vie et à sa Source Maternelle, attraction unificatrice de tout. Seul
l’être humain peut réaliser ce dont témoignait le poète mystique anglais
William Blake: «voir le monde dans un grain de sable, sentir le ciel dans
une fleur sylvestre, contenir l’infini dans la paume de la main et l’éternité
dans une heure».

Pistes pour une spiritualité écologique

1) Bon médecin est celui qui soigne ses patients. De même, vivre
une spiritualité écologique exige: 1, la préoccupation de bien connaître
ce dont on s’occupe; 2, une volonté réelle d’agir, même au niveau micro
et presque insignifiant ; et 3, le plus important: un engagement affectif,
positif et amoureux.

2) Aucune hypothèse ne permet de croire en une spiritualité écologique
si celle-ci n’inclut pas une écologie sociale. Qui détruit la nature,

+++++

314

c’est bien l’humanité, et en même temps, l’être humain s’est révélé comme
le plus fragile de tous les êtres.

Annuellement, 30 millions d’êtres humains meurent de faim, tandis
que la production annuelle d’aliments excède de 10% les besoins de tous
les habitants de la Terre. Pour que le prix ne baisse pas et que le sacrosaint
lucre des propriétaires ne diminue pas, les pays riches préfèrent
brûler ce qu’ils ne peuvent vendre, ou bien laissent pourrir l’excédent
dans les entrepôts.

Cette crise de civilisation ne sera pas résolue sans un souci tout
spécial de la vie sur la planète. De fait, les recherches révèlent que la
Terre a, environ, 4 500 millions d’années, que plusieurs fois elle a subi
des crises et catastrophes très sérieuses. Pourtant, sept biologistes sur
dix croient que la menace qui aujourd’hui pèse sur la vie par toute la
planète est plus grave et terrible que le cataclysme survenu il y a 65 millions
d’années, quand les dinosaures disparurent. Maintenant le problème
ne va pas être provoqué par quelque comète qui percute la Terre, ni
par des tragédies climatiques… La destruction de la planète sera causée
par l’activité de l’être humain lui-même. On calcule que dans les trente
prochaines années, jusqu’à un cinquième de toutes les espèces vivantes
disparaîtra…

Il faut que le soin et une manière affectueuse de se comporter se
transforment en chemin spirituel pour chacun de nous, en un projet poli-
tique pour choisir nos représentants politiques, et en des critères pour
établir dans le monde une nouvelle Ethique. L’avenir mérite que nous
rassemblions tout cela sur un chemin d’engagement au bénéfice de notre
vie et de celle des générations futures.

3) La crise écologique mondiale provient de nos «déserts spirituels»,
des déserts personnels et sociaux de l’Occident. Pour cette raison, il est
urgent de reprendre l’intuition de Helder Camara de former de petites
communautés alternatives, partout, qui essaient de prendre soin de la
Vie, de la Terre et de l’Eau. Il y en a déjà, et elles tentent de vivre de
manière sobre de nouveaux styles de vie. Là s’épanouit la dimension de
la spiritualité écologique, toujours liée à l’engagement de transformer la
société et de défendre la nature menacée. Comme disait Gandhi: «Il nous
faut vivre et être le chemin que nous proposons au monde».

José María VIGIL

EATWOT’s Latin American Theological Commission

Comision.Teologica.Latinoamericana.org

PANAMA

Ecological Challenges for Religions. José María VIGIL


(De la Revista VOICES)

307

Ecological Challenges for Religions

José María VIGIL

The development that is most changing Humanity’s current consciousness
is “the new cosmology” of cosmic and natural sciences. For the
first time, we have a scientific view of the Universe: its origins, its dimensions,
its evolution, the galaxies, stars, planets, and life. This means we
have a very different vision than that which we previously held.

Throughout the history of our species, we have not had access to
this vision. By imagination and superstition, religions filled in the gaps
of our collective ignorance and fears. The myths that they created filled
a useful and important social role. The problem is that today they cannot
continue being interpreted as a “mythic epistemology,” that is, believed
as “objective descriptions of reality.” Religions imagined a small, flat,
immobile, fixed, world that was created exactly how we saw it, directed
by a God “up there and far away” who was the ultimate reason for everything.

Confronted by new scientific knowledge, this “religious imaginary”
has crumbled to pieces. It is impossible to be a modern person today and
to keep participating in this imaginary. This is the global conflict between
ecology and religions.

The “new story” which science presents to us—which is, for the first
time, both a scientific story and a story shared by all humanity—offers us
a new vision of the world, unknown until now:

-a universe in total and continuous motion: nothing is fixed, as we
had previously thought;

-expanding: it all began with a great explosion, and everything continues
to unstoppably expand;

-evolving and unfolding: it isn’t a cosmos controlled by immutable
eternal laws, but a cosmogenesis unfolding from within;

+++++

308

-with the appearance of emerging properties and self-organization
from the disorder of chaos: the whole greater than the parts, but present
within each part;

-oriented towards ever-greater complexity, life, and conscience,
which flourishes, finally, in human beings, who create a collective conscience
and take responsibility for the cosmos;

-holistically linked, in networks of networks, in which each particle
is related to all others.

This new vision puts us in a very different world than the one
which religions have taught us about. It changes us radically in several
respects:

• It changes the image of nature:
-We can no longer imagine that mere human history is the only
important history;

-We can no longer accept a negative (sinful) religious qualification
of matter and everything related to it (flesh, instinct, sex, pleasure);

-We can no longer accept the myth of “original sin,” that everything
was contaminated by our ancestors: instead, we must embrace the reality
of an “original blessing;”

-In today’s cosmovision, it isn’t possible to accept a “second level.”
This is no longer tenable. Today, everything must be seen as “on the same
level.” There is no “metaphysics” (or, at least, it need not be necessary or
obligatory to believe in it, however useful it might be to imagine it…);

-This life cannot be seen just as a passing vision, a “test” to qualify
us for eternal life, the true and definitive one, the one beyond death, for
which the Creator has destined us. Religions of “eternal salvation” urgently
need to make themselves intelligible in today’s mental context.

• Changes the image of human being:
-We do not come from above or from outside, but from within and
below, from the Earth and the Cosmos: we are the current result, the
flower of cosmic evolution;

-It is false that we are superior, different, and removed from the rest
of Nature, with a mind and spirit received directly from God;

-We are not the “owners of creation;” we are just one more species,
the only one capable of assuming responsibility;

-We cannot live separated from Nature as supernatural beings, artificially
denaturalized;

Ecological Challenges for Religions ·

+++++
309

-We are not “supernatural;” rather, we are very natural or natural
to an extent that other beings have not reached. We are Nature and Earth
that feels, thinks, and loves, matter that has arrived at reflection.

• It changes our image of God:
-Humanity’s precariously limited vision of nature and the cosmos
has been enabled by our insufficient image of God.

-The current vision of reality no longer permits us to imagine a
God “up there and far away,” existing on a “superior second level” that
we depend on from our inferior level down below. Today we see that it
does not make sense to talk or think about an “outside of” or “above”
the cosmos.

-The idea of a God separated from creation—transcendent—is one
of the principal problems.

-An anthropomorphic God like us does not make sense: a “person”
that thinks, decides, loves, and communicates like us…God, theos, or
Zeus. Thinking that God is “Lord,” Owner, Judge, Rewarder and Punisher
today is clearly an anthropomorphism.

-“Divinity” (in its real dimension) can only be found in the one
cosmic reality.

Returning to the Cosmos and to Nature

Saint Thomas Aquinas said that an error about Nature has its roots
in an error about God…We have suffered major errors in our understanding
of nature, and, above all, through our ignorance with respect to it.
Therefore, it is logical to assume that the image of God and of religion in
relation to nature have grave deficiencies. Today, we are capable of remedying
these errors. It seems clear that religions have turned their back
on nature, especially because they have concentrated all their attention
on a small “sacred history” initiated only 3000 years ago, and that this is
the only “revelation” they take into account.

The explosion of science in recent times is undoubtedly a new
“revelatory experience,” in which the divine element of reality is manifesting
itself to us in a new way. Nothing is currently inspiring a new
spiritual consciousness throughout the world like the new telling of our
cosmic history. Religions need to feel the ecological kairos of this hour
and return towards the cosmos and nature, in order to recognize in them
our “sacred history,” overcoming the current divorce between science
and spirituality, between religion and reality. Accepting the challenge of
ecology does not mean including “the care of nature,” as one more moral

+++++

310

imperative. It is something more: it is a complete “ecological reconversion”
of religion itself.

Challenges for religions

It is not just the physical image of the world that has changed. All
of it has changed: its origin, its architecture, its dimensions, its complexity,
its meaning. Faced with this change, religions that have elaborated
all their symbolic heritage (categories, theologies, liturgy, dogmas, rites,
myths…) in the context of the old imaginary appear profoundly antiquated,
pertaining to an obsolete, distant world that does not exist any
longer and may even be unimaginable. Religious language loses its sense
and meaning, becoming unintelligible to younger generations. Religions
that have served humanity during millennia to express the most profound
dimensions of existence do not seem to work any longer

In this situation, religions feel behind the times and misunderstood,
without understanding with clarity what causes this. They frequently react
by defending themselves, repeating and reaffirming intemperately their
sacred tradition, their “revealed truths,” their “eternal truths.” Instead, they
should reinterpret them and make them relevant to the language and new
paradigms which we now use, abandoning the errors of perspective that
have harmed us all, caused by humanity’s ignorance.

The 1960s were a moment of hope and optimism in Christianity in
general, when it seemed that a possibility was opening for a profound
internal renovation and reconciliation with the world and with the values
of modernity (science, democracy, the value of the person, religious liberty
and other liberties, the perspective of the poor, etc.).

But this spring was quickly truncated, faced with the fear that
sprang from the commotion that the renovation entailed. Fear won, putting
the brakes on this movement. The steps backward have not done anything
but distance society more and more from institutional Christianity.
Tens of millions of people in Europe have abandoned religion in the past
decades, for example, because that they can no longer accept a cosmovision
that they see as already surpassed. They look instead for a spiritual
realization through new paths.

Only a profound reflection—in the field of ecology and in other
“new paradigms”—followed by a courageous theological renovation, will
reopen the door of hope.

José María VIGIL

EATWOT’s Latin American Theological Commission
Comision.Teologica.Latinoamericana.org/indexEnglish.html

PANAMA