Jon Sobrino. Entrevista de Concha Lago


(Tomado de http://www.noticiasdegipuzkoa.com/ )

CONCHA LAGO

jon sobrino teólogo y jesuita:

“Bergoglio no fue un Romero, se alejó de los pobres durante el genocidio argentino”
Jon Sobrino, vasco universal y símbolo de la Teología de la Liberación, acostumbra a conmover el corazón. Alejado de boatos y parafernalias vaticanistas, sus opiniones le han valido más de una reprimenda. Hoy habla por primera vez del nuevo Papa, y lo hace alto y claro
concha lago – Sábado, 16 de Marzo de 2013 – Actualizado a las 05:22h
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Jon Sobrino, durante una reciente conferencia. (Javier Bergasa)

donostia. Jon Sobrino (Barcelona, 1938) es el quijote de los desheredados, un teólogo que le quita a la vida el papel de regalo para presentarla descarnada. Pero hablar como Sobrino lo hace, con la espiritualidad de su antiimperialismo, irrita a muchos, sobre todo a los inquisidores romanos. En un discurso tremendamente lúcido pero políticamente incorrecto, arremete contra el espectáculo de la elección del nuevo Papa. “Era chocante el despliegue de suntuosidad, alejada de la sencillez de Jesús”, dice. Y, sin pelos en la lengua, asegura que “Bergoglio, superior de los jesuitas de Argentina en los años de mayor represión del genocidio cívico militar, tuvo un alejamiento de la Iglesia Popular, comprometida con los pobres. “No fue un Romero”, subraya Sobrino.
Usted ha tachado la elección del Papa de “folklore mediático”.
La plaza de San Pedro estaba abarrotada de gente de todas las razas y colores, con banderas variopintas, con rostros expectantes y sonrientes. La fachada del Templo estaba adornada con esmero calculado. Se dejaban ver también personas vestidas con capisayos y acicaladas como no se ven en las calles de la vida real, en campesinos y señoras del mercado. Imperaba el folklore -en inglés, costumbres populares-, aunque en la plaza de San Pedro, las costumbres eran más sofisticadas y acicaladas que las de los pueblos del terruño español y de los cantones de El Salvador, donde yo me encuentro.
¿Eso es malo?
No, nada de esto era malo, pero no decía nada importante de quién iba a ser el nuevo Papa, qué alegrías y problemas iba a tener y con qué cruz iba a cargar… Sí era chocante el despliegue de suntuosidad alejada de la sencillez de Jesús. Y se adivinaba una cierta jactancia en los organizadores como diciendo todo está saliendo bien. Cuando esta perfección expresa, además, poderío, la suelo llamar la pastoral de la apoteosis.
Pero no todo fue folclórico.
No, algo no fue folclórico ya desde el primer día. Hablo de la vestimenta sencilla del Papa, de la pequeña cruz sobre su pecho donde no había oro ni plata ni brillantes, su oración que, inclinándose, pidió al pueblo antes de bendecirles él a ellos. Son signos pequeños pero claros. Ojalá crezcan como signos grandes y que acompañan a su misión. Clara quedó la sencillez y la humildad.
La elección de Bergoglio resultó una sorpresa total.
Sí, para los no iniciados fue una sorpresa y una gran novedad. El Papa es argentino, el primer Papa de ese país. Y es jesuita, el primer Papa de esa orden. Ambas cosas pueden ser trivializadas, como ha ocurrido en algunos medios. Por eso hay que entenderlo bien. Messi es argentino, pero no todos los argentinos son estrellas. Jesuita fue Pedro Arrupe, pero -y aquí hablo de cosas más serias- no todos los jesuitas somos como él. Al folclore pertenecen también titulares sin mucho ingenio y con pereza mental como; argentino y jesuita. ¿No tendrán otra cosa que decir? Además los momentos folclóricos y mediáticos duran poco. Triste es mantenerlos, o seguir añadiendo detalles intranscendentes, sin acabar de entrar en el fondo del asunto como el Papa, la Iglesia, Dios y nosotros. De los amos de los medios -y de los espectadores- dependerá que lo folclórico siga siendo lo más socorrido.
Estos días, ha hablado con gente que conoce a Bergoglio de cerca.
Sí, yo no soy experto en la vida, trabajo, gozos y sufrimientos de Bergoglio. Y para no caer en ninguna irresponsabilidad he procurado conectarme con personas, a las que no citaré, de Argentina, sobre todo, que han tenido contacto directo con él. Espero comprensión por lo limitado de lo que voy a decir, y pido disculpas si cometo algún error. Bergoglio es un jesuita que ha ocupado cargos importantes en la Provincia de Argentina. Ha sido profesor de Teología, superior y provincial. No es difícil hablar de sus tareas externas. Pero de lo más interno solo se puede hablar con delicadeza y, ahora, con respeto y responsabilidad. Muchos compañeros lo han recordado como persona de hondos convencimientos y temperamento, decidido luchador y sin tregua. Si le hacen Papa, limpiará la Curia, se ha dicho con humor.
¿Le han resaltado su austeridad?
También le recuerdan por su interés desmedido de comunicar a otros sus convicciones sobre la Compañía de Jesús, interés que se podía convertir en posesividad, hasta exigir lealtad hacia su persona. Muchos recuerdan su austeridad de vida, como jesuita, arzobispo y cardenal. Muestra de ello es su vivienda y su proverbial viajar en autobús. Ya obispo, muchos de sus sacerdotes recuerdan su cercanía y cómo se les ofrecía a suplirles en su trabajo parroquial, cuando necesitaban dejar la parroquia para salir a descansar. La austeridad de vida iba acompañada de un real interés por los pobres, indigentes, sindicalistas atropellados, lo que le llevó a defenderlos con firmeza ante los sucesivos gobiernos. Los temas morales le han sido cercanos, y ciertamente el del aborto, lo que le llevó a enfrentarse directamente con el presidente del país.
¿Le han recordado por su opción por los pobres?
En todo ello se aprecia una forma suya específica de hacer la opción por los pobres. No así en salir activa y arriesgadamente en su defensa en las épocas de represión de las criminales dictaduras militares. La complicidad de la jerarquía eclesiástica con las dictaduras es conocida. Bergoglio fue superior de los jesuitas de Argentina desde 1973 hasta 1979, en los años de mayor represión del genocidio cívico militar.
¿Habla de complicidad?
No parece justo hablar de complicidad, pero sí parece correcto decir que en aquellas circunstancias Bergoglio tuvo un alejamiento de la Iglesia Popular, comprometida con los pobres. No fue un Romero -célebre por su defensa de los derechos humanos y asesinado en el ejercicio de su ministerio pastoral-. No tengo conocimientos suficientes, y lo digo con temor a equivocarme. Bergoglio no ofrecía la imagen de Monseñor Angelleli, obispo argentino asesinado por los militares en 1976. Muy posiblemente sí ocurría en su corazón, pero no solía aflorar en público el recuerdo vivo de Leónidas Proaño, Monseñor Juan Gerardi, Sergio Méndez…
Sin embargo, tiene también otra marcada faceta solidaria.
Sí, por otra parte, desde 1998, como arzobispo de Buenos Aires acompañó de diferentes maneras a sectores maltratados de la gran ciudad, y con hechos concretos. Un testigo ocular cuenta que en la misa del primer aniversario de la tragedia de Cromagnon -incendio ocurrido durante un concierto de rock que costó la vida a 200 jóvenes-, Bergoglio se hizo presente y con fuerza exigió justicia para las víctimas. A veces usó lenguaje profético. Denunció los males que trituran la carne del pueblo, y les puso nombre concreto: la trata de personas, el trabajo esclavo, la prostitución, el narcotráfico, y muchos otros. Para algunos, quizás la mayor virtud y la mayor fuerza para llevar adelante su actual ministerio papal es que Bergoglio es un hombre abierto al diálogo con los marginados y desde el dolor. Acompañó con decisión procesos eclesiales en los márgenes de la Iglesia católica, y los procesos que ocurren al borde de la legalidad. Dos ejemplos emblemáticos son la vicaría de curas villeros de los barrios marginales y su apoyo a los curas que deambulaban sin un ministerio digno.
¿Qué le espera al papa Francisco?
Solo Dios lo sabe. El nuevo Papa habrá pensado bien lo que le puede esperar y lo que él deberá, podrá y querrá hacer. Ahora enumeramos algunas tareas que a nosotros, desde El Salvador, nos parecen importantes, y que pueden ser importantes para todos en la Iglesia. También nosotros debemos llevarlas a cabo, pero el Papa tiene una mayor responsabilidad y, ojalá tenga más medios. Las tareas coinciden mucho con las que José Ignacio González Faus ha propuesto recientemente.
¿Cuál sería la más urgente?
La primera -yo creo que la mayor de las utopías- es hacer realidad la utopía de Juan XXIII: La iglesia es especialmente la Iglesia de los Pobres. No tuvo éxito en el aula del Vaticano II, de modo que unos 40 obispos se reunieron fuera del aula, y en las Catacumbas de Santa Domitila firmaron el manifiesto que se ha llamado El Pacto de las Catacumbas.
Usted siempre apunta a la falta de sensibilidad de la Iglesia.
Por lo que muchos dicen, Bergoglio tiene sensibilidad hacia los pobres. Ojalá tenga lucidez para hacer real la Iglesia de los pobres, y que esta deje de ser Iglesia de abundancia, de burgueses y ricos. No le faltarán enemigos, como no faltaron después de Medellín a muchos jerarcas que sí pusieron a los pobres en el centro de la Iglesia. Los enemigos estaban dentro de curias eclesiásticas, y muy poderosamente en el mundo del dinero y el poder. Estos asesinaron a miles de cristianos y cristianas.
Imposible olvidar a Monseñor Romero, mártir latinoamericano.
Ojalá el papa Francisco no se asuste de una Iglesia perseguida y mártir, como las de Monseñor Romero y Monseñor Gerardi. Y los canonice o no, ojalá proclame que los mártires, concretándolos también como los mártires por la justicia, es lo mejor que tenemos en la Iglesia. Es lo que la hacen parecida a Jesús de Nazaret. Para ello no es esencial que canonice a Monseñor Romero, aunque sería un buen signo. Y si el Papa cae en alguna debilidad humana, sea esta estar orgulloso de su patria latinoamericana, sufriente y esperanzada, mártir y siempre en trance de resurrección. Y estar orgulloso de toda una generación de obispos: Leónidas Proaño, Helder Camara, Aloysius Lorscheider, Samuel Ruiz… No llegaron a papas, la mayoría de ellos tampoco a cardenales. Pero de ellos vivimos.
¿Y qué me dice de los problemas que sacuden a la Iglesia y que aparecen en los medios de comunicación?
La segunda de las utopías es afrontar la conocida constelación de problemas al interior de la organización de la Iglesia que esperan solución. Por ejemplo, la muy urgente reforma de la Curia romana. También es necesario que los miembros de la Curia sean preferentemente laicos. Asimismo, es importante que Roma deje a las iglesias locales la elección de sus pastores. Que desaparezcan del entorno papal todos los símbolos de poder y de dignidad mundana, y ciertamente que el sucesor de Pedro deje de ser jefe de Estado, porque eso avergonzaría a Jesús. Hace falta que toda la Iglesia sienta como ofensa a Dios la actual separación de las iglesias cristianas. Hay que pedir al Papa que Roma solucione la situación de los católicos que fallaron en su primer matrimonio y han encontrado estabilidad en una segunda unión. Y, por supuesto, que repiense el celibato ministerial.
Usted tampoco abandona otras reivindicaciones ya clásicas.
Sí tengo otras tres cuestiones. Por un lado, que de una vez por todas arreglemos la situación insostenible de la mujer en la Iglesia. También que dejemos de minusvalorar, a veces menospreciar, al mundo indígena, a los mapuches de América del Sur y a todos los que el Papa irá conociendo en sus viajes por África, Asia y América Latina. Y por supuesto que aprendamos a amar a la madre tierra.
Todo ello con un compromiso en firme que tiene que ver mucho con lo sucedido estos días.
Sí, el compromiso debería ser que el nuevo Papa en el balcón de San Pedro y los millones de personas en la plaza no debieran convertirse en un gran actor, el Papa, y en meros espectadores taquilleros, los fieles.

UN PAPA SEGUIDOR DE SAN FRANCISCO. Salvador Flores LLamas


A c e n t o

Un Papa seguidor de San Francisco

SALVADOR FLORES LLAMAS

“Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres”, dijo el papa Francisco, al saludar a miembros de los medios de comunicación, a quienes reveló que quiso llamarse como San Francisco de Asís, “el hombre de la pobreza y de la paz, el hombre que ama y custodia lo creado”, según lo definió él.

Con la pobreza como forma de vida, a imitación de Cristo y San Francisco, el nuevo inquilino del Vaticano sigue sorprendiendo al mundo por su sencillez y desapego de las cosas materiales y aun del protocolo, para convertirse en el auténtico representante o vicario de Cristo que reclaman la Iglesia y el mundo en esta hora.

Quien como cardenal primado de Argentina viajaba en Metro y transporte público, vivía en departamento anexo a la curia y desechó la limosina y el palacio episcopales, y en Roma se hospedaba en la modesta Casa del Sacerdote, cercana al Vaticano, y no en lujosos hoteles usados por muchos colegas y electores suyos, indica que la pobreza no es pose de él sino hábito y ha sido un imitador del Poverello de Asís de por vida.

En su alocución a los comunicadores reveló que en el cónclave tenía junto al cardenal brasileño Claudio Hummes, quien cuando se completaron las dos terceras partes de los votos, lo abrazó, besó y le dijo: “No te olvides de los pobres”, y “esta palabra entró aquí”, manifestó y señaló su cabeza.

Esas palabras hicieron llegar “a mi corazón el nombre de San Francisco de Asís”, confesó con su sencillez usual e indicó porqué decidió llamarse como uno de los santos más grandes de la Iglesia e imitador de Jesús en hacerse y vivir con y como los pobres, igual que el Mesías desde el pesebre de Belén.

He ahí la madre de todas las reformas de la Iglesia que promoverá el Papa Francisco, quien rechazó llamarse Primero, porque no se siente fundador de dinastías, sólo de una etapa en la vida de la Iglesia, sedienta de pobreza auténtica, como él patentiza al no usar cruz pectoral ni anillo áureos y viajaba por Buenos Aires con sotana negra común, sin arreos episcopales.

Por conocerlo Cristina Fernández, presidenta argentina, le solicitó audiencia inmediata (la recibirá la víspera de su coronación) pues sabe muy bien que el papa Bergoglio llegó al corazón de sus paisanos y podría arrastrarlos hasta políticamente con su ejemplo de vida, más que ella sedicente líder de los peronistas y descamisados.

Es pues, Su Santidad enorme factor político en su terruño latinoamericano, sin siquiera proponérselo.

A la luz de todo ello, qué despropósito monumental (en México tenemos una expresión muy sonora) de Nicolás Maduro, de atreverse a decir que su comandante Chávez, que está frente a Jesucristo, intercedió ante El para que el Papa fuera sudamericano.

Lo que es tratar de hacerse campaña política a costillas de un cristianismo vacuo, que sólo busca la conveniencia electoral.

El Papa Francisco deja tamañitos a los líderes falsos y a los promotores de la teología de la liberación; sin discusiones, con la fuerza de su ejemplo de vida, que sí ayuda a los pobres y es lo que cuenta ante el Divino Maestro.

Francisco: un Papa que presidirá en la caridad. Leonardo Boff


Francisco: un Papa que presidirá en la caridad
2013-03-17

La grave crisis moral que atraviesa todo el cuerpo institucional de la Iglesia ha hecho que el Cónclave eligiese a una persona con autoridad y coraje para hacer reformas profundas en la Curia romana y presidir la Iglesia en la caridad, y menos en la autoridad jurídica debilitando a las Iglesias locales. Fue lo que señaló Francisco en su primera alocución. Si sucede eso, será el Papa del tercer milenio e iniciará una nueva “dinastía” de papas venidos de las periferias de la cristiandad.


La figura del Papa es tal vez el mayor símbolo de lo sagrado en el mundo occidental. Las sociedades que por la secularización exiliaron lo sagrado, la falta de líderes referenciales y la ausencia de la figura del padre como aquel guía, orienta y muestra caminos, concentraron en la figura del Papa estos viejos anhelos humanos, que se podían leer en los rostros de los fieles que estaban en la plaza de San Pedro. En ese espíritu, rompió los protocolos, se sintió como uno más del pueblo, pagó la cuenta de su albergue, fue en un automóvil corriente a la Iglesia de Santa María Mayor y conserva su cruz de hierro.


Para los cristianos es irrenunciable el ministerio de Pedro como aquel que debe «confirmar a los hermanos y hermanas en la fe», según lo dispuesto por el Maestro. Roma, donde están enterrados Pedro y Pablo, fue desde el principio, la referencia de unidad, de ortodoxia y de celo por las demás Iglesias. Esta perspectiva la acogen también otras Iglesias no católicas. El problema es la forma como se ejerce esta función. El Papa León Magno (440-461), en el vacío de poder imperial, tuvo que asumir el gobierno de Roma para enfrentar a los hunos de Atila. Tomó el título de Papa y Sumo Pontífice, que eran del Emperador, e incorporó el estilo de poder imperial, monárquico y centralizado, con sus símbolos, vestimentas y estilo palaciego. Los textos referidos a Pedro, que en Jesús tenían sentido de servicio y de amor, se interpretaron al estilo romano como estricto poder jurídico. Todo culminó con Gregorio VII, que con su Dictatus Papae (la dictadura del Papa) se arrogó para sí los dos poderes, el religioso y el secular. Surgió la gran Institución Total, obstáculo a la libertad de los cristianos y al diálogo con el mundo globalizado.


Este ejercicio absolutista siempre fue cuestionado, sobre todo por los reformadores, pero nunca se suavizó. Como reconocía Juan Pablo II en su documento sobre ecumenismo, este estilo de ejercer la función de Pedro es el mayor obstáculo a la unión de las Iglesias y a su aceptación por los cristianos que vienen de la cultura moderna de los derechos y la democracia. No basta la espectacularización de la fe con grandes eventos para suplir esta deficiencia.

La actual forma monárquica deberá ser reconsiderada a la luz de la intención de Jesús. Será un papado pastoral y no profesoral. El Concilio Vaticano II estableció los instrumentos para ello: el sínodo de los obispos, hasta ahora sólo consultivo, cuando fue pensado para ser deliberativo. Se crearía un órgano consultivo que con el Papa gobernaría la Iglesia. Mediante el Concilio se creó la colegialidad de los obispos, es decir, las conferencias nacionales y continentales tendrían más autonomía para permitir el enraizamiento de la fe en las culturas locales, siempre en comunión con Roma. No es impensable que representantes del Pueblo de Dios, desde cardenales hasta mujeres pudiesen ayudar a elegir un Papa para toda la cristiandad. Es urgente una reforma de la Curia en la línea de la descentralización. Sin duda, lo hará el Papa Francisco. ¿Por qué el Secretariado de las religiones no cristianas no podrían trabajar en Asia? ¿El Dicasterio para la unidad de los cristianos en Ginebra, cerca del Consejo Mundial de las iglesias? ¿El de las misiones en alguna ciudad de África? ¿El de los derechos humanos y la justicia en América Latina?


La Iglesia Católica podría convertirse en una instancia no autoritaria de valores universales, de los derechos humanos, los de la Madre Tierra y de la naturaleza, contra la cultura de consumo y a favor de una sobriedad compartida. La cuestión central no es la Iglesia sino la humanidad y la civilización, que pueden desaparecer. ¿Cómo la Iglesia ayuda a preservarlas? Todo esto es posible y factible, sin renunciar en nada a la esencia de la fe cristiana. Es importante que el Papa Francisco sea un Juan XXIII del Tercer Mundo, un «Papa buono». Sólo así podrá rescatar su credibilidad perdida y ser un faro de espiritualidad y de esperanza para todos.
Página de Boff en Koinonía

Página de Leonardo Boff

Padre sólo hay uno, Papa también. Mari Paz López Santos


(Tomado de http://www.eclesalia.wordpress.com/ )

Padre solo hay uno, Papa también
Posted: 14 marzo, 2013 in ACTUALIDAD
Etiquetas: Comunidad, Iglesia, Jesús, Laicado, Mujeres, Papado, Pobreza

papa bendecido por el puebloPADRE SOLO HAY UNO, PAPA TAMBIÉN
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 14/03/13.- “No llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos” (Mt 23,9)… pero Papa, sí.

No pudimos participar en la elección, pero esperar, sí. Fumata blanca: habemus Papam. Y la oración sube como incienso en tu Presencia del corazón de millones de creyentes: habemus Papam.

No pudimos elegir, pero recibir, sí: tenemos Padre, que está en los cielos, y, de nuevo tenemos Papa, acá en la tierra. Se asomó a la ventana, imitando el abrazo de la columnata de Bernini, y presentó su rostro y su figura al mundo. Hubo sonrisas, aplausos, oraciones. Después, su primera despedida; la ventana se cerró y el Papa se adentró en la casa vaticana para iniciar su nueva vida al servicio del don que ha recibido.

¡No cierres la ventana! Deja que permanezca abierta. Di a los de la casa –los hermanos de la curia vaticana- que esa ventana se deja abierta. Al menos esa quede abierta para que el viento del Espíritu entre y ventile las estancias. Que sea tu primera acción y para ellos su primera obediencia. Más tarde, poco a poco, otras habrán de abrirse.

Asómate a esa ventana, siete veces al día, como el orante se asoma al corazón de Dios en el Oficio Divino, y mira al mundo con pasión y compasión. ¡Tantas veces tendrás que salir corriendo por la puerta de San Pedro y atravesar veloz la bella plaza, para salir al encuentro del hijo y de la hija que el mundo dejó sin dignidad; de la familia que ya no encuentra su sitio; del niño y de la niña que arrebataron su infancia, y lo harás profundamente conmovido, echándote al cuello, besando y abrazando (Lc 15,11-32)!

Algunos no estarán de acuerdo, en tu propia casa. Si alguien pretende cerrar la ventana… ¡ponle deberes!… que se asome también y ayude en la acogida, ocupándose de traer traje, anillo, sandalias, un buen plato en la mesa del banquete y música para el baile (Lc 1, 11-32).

Pero para correr hacia quien viene malherido y desprovisto de dignidad hay que soltar lastre. Los Jefes de los Estados no salen corriendo a la puerta de sus palacios o sedes institucionales, utilizan demasiada parafernalia protocolaria al recibir a quien llega.

¿Por dónde empezar en el Vaticano? Sin prisa pero con paso firme quizás fuera conveniente aplicar una buena terapia de sencillez en las formas exteriores y de simplificación en las normas. Pero ya sabemos que lo exterior siempre es fruto de lo interior y no se puede dar lo que no se vive por dentro.

Habrá que recorrer un serio camino de discernimiento eclesial para dejar de ser Estado, con todo lo que ello conlleva, y pasar a ser una Familia-Comunidad de hermanos a nivel universal. Y cuando digo “hermanos”, no lo digo en plan poético e idealista, lo digo reconociendo los dos prototipos de los hermanos de la parábola del Hijo Pródigo (Lc 15,11-32) que, ni uno ni otro eran un dechado de virtudes, más bien eran dos desastres, dos personas que no se reconocían a sí mismos, no sabían quienes eran. Cada uno a su desdichada manera, no se sabía hijo amado. Pero el Padre sí sabía quien era y se expresó con la libertad de quien ama, haciéndose ajeno a la conducta del mundo como decía S. Benito (RB IV, 20), “transgrediendo” las leyes mundanas con una de mayor calado: el Amor.

Al nuevo Papa se le pedirá mejorar la vida de la Iglesia. Seguramente en la mesa del que será su despacho, esperan ser abiertas muchas carpetas con diferentes rótulos, indicando temas pendientes, temas olvidados, temas traspapelados, temas que no se quieren tocar por unos y evitar por otros, temas que asustan, temas que disgustan, temas que preocupan, temas… infinidad de temas.

¿Por dónde empezar?: Encuentro con los POBRES

Ahí están esperando: los pobres, los que no tienen voz o son amenazados si se pronuncian (que le pregunten al obispo Pedro Casaldáliga, que a su edad y enfermo, sigue defendiendo lo que muchos quieren que no se defienda). Los que son invisibles para las sociedades ricas y los “nuevos pobres” de los países del “ex-estado del bienestar” que están sufriendo las consecuencias de un sistema económico deshumanizado, que olvida a la persona por el beneficio desmedido y repartido entre unos pocos.

Ponga la política vaticana en primera línea de actuación lo que ya dejó dicho el Concilio Vaticano II: “Demuestren (los obispos) en su enseñanza la preocupación maternal de la Iglesia para con todos los hombres, sean fieles o infieles, con especial amor a los pobres y débiles, a quienes les envió el Señor a evangelizar (“Christus Dominus”, 13).

Evangelizar con amor maternal significa que una madre y un padre (en este caso, la Iglesia) además de dar de comer, han de defender de la injusticia a sus hijos, por puro instinto natural y evangélico. La opción por los pobres permanece en estado de letargo desde arriba, pero desde abajo está viva en el recuerdo de quienes se comprometieron con ellos: Monseñor Romero, Ellacuría y sus compañeros, Elder Cámara, Samuel Ruiz y tantos otros.

Acercarse al pobre es muy bueno porque, a no ser que haya una huida para no ver esa realidad, te pone delante de todo lo que te sobra. Y aunque no sea de golpe, se puede ir avanzando hacia un despojamiento de carga innecesaria. Por eso, desde arriba de la Iglesia, sería muy beneficioso, casi un poco egoísta, pues tantos detalles de opulencia empezarían a caer a nivel ropajes, infraestructura, servicio, etc. y sería un primer signo sencillo y silencioso de que algo está cambiando.

¿Por dónde seguir?: Encuentro con los LAICOS

Llega la hora y, realmente, hace mucho que ha llegado, de que los laicos –hombres y mujeres- sean considerados “mayores de edad” en la vida de la Iglesia. No sólo por el trabajo que desempeñan y las tareas que sacan adelante, sino también en la toma de decisiones y responsabilidades.

Es un tema de concepto: ser considerados como iguales, ni más ni menos que un religioso o religiosa, un sacerdote, un obispo, un arzobispo, un cardenal, un monje o una monja… iguales. Eso significa hijos del mismo Dios con tareas diferentes por el Reino, dentro de la misma Iglesia.

¿Por dónde avanzar?: Encuentro con las MUJERES

No estoy abriendo la carpeta con el rótulo “Sacerdocio femenino”, no, todavía no. Eso vendrá después.

Millones de mujeres en el mundo desearían un cambio de mirada en la jerarquía de la Iglesia hacia ellas. Que desapareciera el miedo compulsivo a lo femenino. Jesús no infravaloró ni humilló a las mujeres. Jesús se encontró con ellas, no las obvió como si fueran seres de diferente categoría. Jesús las escuchó, empezando por su madre que fue la primera mujer en su vida y, como toda madre, le impulsó a dar el primer paso: de pequeño y en Caná; hasta la última, María Magdalena, primera en recibir el mensaje de su resurrección y enviada a comunicarlo. Jesús se interesó, ayudó, consoló y dio dignidad a las mujeres de su tiempo, y quedó escrito en las páginas del Evangelio. ¿Por qué todavía seguimos así?

El Padre de la parábola se hubiera conmovido igual si fuera una hija la que volvía a él, y animaría con la misma insistencia a la mayor, indignada por la presencia de su hermana.

Si el nuevo Papa empieza por los pobres va a encontrar por el camino a muchas mujeres, millones, pues en la precariedad, la pobreza, el abandono, la violencia y la injusticia, las mujeres se encuentran en primera línea, y además casi nunca van solas, llevan a su lado, entre las piernas, en el pecho, en los trabajos de campo a la espalda, a sus hijos, de todas las edades. Suelen estar solas o acompañándose unas y otras. Esto sucede en todas la latitudes.

Después, por supuesto, también habrá que hablar del sacerdocio femenino y de las diferencias en la vida religiosa, por ejemplo, de la clausura papal a las monjas, y de tantos temas relacionados con lo femenino.

Para terminar, contaré lo que me animó a escribir sobre la llegada al Vaticano de un nuevo Papa. Es una sencilla historia que me contó una amiga.

Recogió a su nieta de nueve años del colegio y en el coche le preguntó qué tal le había ido en el colegio. La niña le dijo que le habían puesto buenas notas. Luego permaneció en silencio. Al poco le dice a su abuela:

– Abuela, te voy a poner un 10.

– ¿A mí por qué me vas a poner un 10?

– Por lo bien que me sabes escuchar y por las tortillas tan buenas que me haces.

ESCUCHA desde el corazón y los signos de los tiempos y ALIMENTO desde el Amor, estas son dos cosas que me atrevo a pedir al Papa Francisco.

FRANCISCO, SUCESOR DE BENEDICTO XVI. Salvador Flores LLamas


Francisco, sucesor de Benedicto XVI

SALVADOR FLORES LLAMAS

El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio fue elegido el miércoles 13 de marzo sucesor de Benedicto XVI; tomó el nombre de Francisco, es persona sencilla, lucha por los desposeídos, la justicia social, la vida y la familia, y su primer mensaje fue un llamado a la fraternidad, el amor y la fe.

Del primer Papa nacido en América, en especial en Latinoamérica, se espera profundice la nueva evangelización, lanzada por el Concilio Vaticano II e impulsado por Juan Pablo II y Benedicto XVI para frenar la secularización y el éxodo de católicos de la Iglesia, y que reforme la Curia Romana.

Sucesor 266 de San Pedro y obispo de Roma, fue electo en el segundo día del cónclave y la quinta votación por 115 cardenales, sin ser considerado papable; aunque trascendió que en el cónclave de abril de 2005, que eligió a Benedicto XVI, él cedió 40 votos que llevaba, al cardenal Joseph Ratzinger.

Que no fuera citado entre los probables reafirmó el aforismo de que quien entra papable al cónclave, sale cardenal.

Al salir el esperado humo blanco por la chimenea de la Capilla Sixtina, señal de que ya había nuevo Papa, empezó a aumentar de inmediato la multitud en la Plaza de San Pedro y la Vía de la Conciliación, que se calculó en 160 mil personas.

Una hora después apareció Su Santidad en la logia central de la Basílica de San Pedro, ataviado con su sotana blanca y al iniciar su muy breve primer mensaje, pidió a los asistentes lo acompañara a rezar por Benedicto XVI.

Antes de impartir su primera bendición urbi et orbi (a la ciudad y al mundo) solicitó, con toda humildad, una oración por él.

Anunció su visita a la Basílica de Santa María la Mayor al día siguiente, por ser la Virgen la patrona de la diócesis de Roma y para encomendarle su papado, y la misa solemne de inicio de pontificado (ya no de coronación, pues la abolió Juan Pablo I en 1978) se programó para el 19 de marzo, festividad de San José.

Rápido empezaron a llegarle felicitaciones de la mayoría de mandatarios de los países; muchos anunciaron su asistencia a la misa de inicio, entre ellos Enrique Peña Nieto, presidente de México.

El nuevo Papa nació en Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936, hijo del matrimonio de clase media, emigrado de Italia, de Mario Bergoglio, empleado ferroviario, y Regina Sívori, ama de casa.

De 76 años no es joven, como se cree recomendó Benedicto implícitamente en su dimisión; si bien se ve muy fuerte, pese a que le falta un pulmón.

Miembro de la Compañía de Jesús, fue su provincial en Argentina; hombre sencillo, vivía en un modesto departamento bonaerense, pues nunca quiso ocupar el palacio episcopal.

También renunció a su flamante limusina con chofer, y viajaba en el metro y transporte público de la capital platense.

Primero se tituló como técnico químico y luego ingresó al seminario; en marzo de 1958 pasó al noviciado. Estudió Humanidades en Chile; en 1960 regresó a Buenos Aires y obtuvo la licenciatura en Filosofía.

Fue maestro de Literatura y Psicología en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe de 64-65, dictó las mismas cátedras en el Colegio del Salvador de Buenos Aires en 66. De 67 a 70 cursó Teología en el Colegio Máximo de San Miguel y se tituló licenciado.

Ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969, en abril de 1973 hizo su profesión perpetua de jesuita. Fue maestro de novicios en Villa Barilari, de San Miguel (1972-73) profesor en la Facultad de Teología, consultor de la Provincia de la Compañía de Jesús y Rector del Colegio Máximo.

El 31 de julio de 1973 fue elegido provincial jesuita en Argentina por 6 años. Al volver de Alemania a su país estuvo en el Colegio del Salvador, fue director espiritual y confesor en la iglesia de la Compañía en Córdoba. De 80 a 86 fue rector del Colegio Máximo de San Miguel y de las Facultades de Filosofía y Teología.

Juan Pablo II lo designó obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires el 20 de mayo de 1992; el 27 de junio recibió la ordenación episcopal y el 3 de junio de 1997 lo nombró arzobispo coadjutor de Buenos Aires.

Al suceder al cardenal Antonio Quarracino el 28 de febrero de 1998, se convirtió en el primer jesuita en ser primado de Argentina.

Es cardenal presbítero desde el 21 de febrero de 2001 y miembro de las Congregaciones para el Culto Divino, disciplina de los sacramentos, Clero, los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

También del Pontificio Consejo para la Familia, la Comisión para América Latina, el Consejo Ordinario de la Secretaría General para el Sínodo de los Obispos y del consejo post-sinodal de la XI Asamblea General Ordinaria del mismo sínodo.

Fue vicepresidente de la Conferencia Episcopal Argentina (2002-05) y presidente (2005.08).

Como se dijo, participó en la elección de Benedicto XVI en abril de 2005.

El Papa Francisco llamado a restaurar la Iglesia. Leonardo Boff


El Papa Francisco llamado a restaurar la Iglesia
2013-03-15

En las redes sociales había anunciado que el futuro Papa se llamaría Francisco. Y no me equivoqué. ¿Por qué Francisco? Porque San Francisco comenzó su conversión al oír al Crucifijo de la capilla de San Damián decirle: “Francisco, ve y restaura mi casa, mira que está en ruinas” (San Buenaventura, Leyenda Mayor II, 1).


Francisco tomó al pie de la letra estas palabras y reconstruyó la iglesita de la Porciúncula, en Asís, que aún existe en el interior de una inmensa catedral. Después se dio cuenta de que era algo espiritual restaurar la «Iglesia que Cristo rescató con su sangre» (ibid.). Fue entonces cuando comenzó su movimiento de renovación de la Iglesia, presidida por el Papa más poderoso de la historia, Inocencio III. Comenzó a vivir con los leprosos y del brazo de uno de ellos iba por los caminos predicando el evangelio en lengua popular y no en latín.

Es bueno saber que Francisco nunca fue sacerdote sino laico solamente. Sólo al final de su vida, cuando los Papas prohibieron a los laicos predicar, aceptó ser diácono a condición de no recibir ningún tipo de remuneración por el cargo.

¿Por qué el cardenal Jorge Mario Bergoglio ha elegido el nombre de Francisco? Creo que ha sido porque se dio cuenta de que la Iglesia está en ruinas por la desmoralización debida a los diversos escándalos que han afectado a lo más precioso que ella tenía: la moral y la credibilidad.

Francisco no es un nombre, es un proyecto de la Iglesia, pobre, sencilla, evangélica y desprovista de todo poder. Es una Iglesia que anda por los caminos junto con los últimos, que crea las primeras comunidades de hermanos que rezan el breviario bajo los árboles con los pajaritos. Es una Iglesia ecológica que llama a todos los seres con las dulces palabras de «hermanos y hermanas». Francisco fue obediente a la Iglesia y a los papas y al mismo tiempo siguió su propio camino con el evangelio de la pobreza en la mano. Entonces escribió el teólogo Joseph Ratzinger: «El no de Francisco a ese tipo imperial de Iglesia no podía ser más radical, es lo que podríamos llamar una protesta profética» (en Zeit Jesu, Herder 1970, 269). Francisco no habla, simplemente inaugura lo nuevo.

Creo que el Papa Francisco tiene en mente una iglesia fuera de los palacios y de los símbolos del poder. Lo mostró al aparecer en público. Normalmente los Papas y Ratzinger principalmente ponían sobre los hombros la muceta, esa capita corta bordada en oro que sólo los emperadores podían usar. El Papa Francisco llegó sólo vestido de blanco. En su discurso inaugural se destacan tres puntos, de gran significado simbólico.

El primero: dijo que quiere «presidir en la caridad», algo que se pedía desde la Reforma y los mejores teólogos del ecumenismo. El Papa no debe presidir como un monarca absoluto, revestido de poder sagrado, como prevé la ley canónica. Según Jesús, debe presidir en el amor y fortalecer la fe de los hermanos y hermanas.

El segundo: dio centralidad al Pueblo de Dios, como destaca el Concilio Vaticano II, pero dejado de lado por los dos papas anteriores en favor de la jerarquía. El Papa Francisco pide humildemente al pueblo de Dios que rece por él y lo bendiga. Sólo después él bendecirá al pueblo de Dios. Esto significa que él está allí para servir y no para ser servido. Pide que le ayuden a construir un camino juntos y clama por fraternidad para toda la humanidad, donde los seres humanos no se reconocen como hermanos y hermanas sino atados a las fuerzas de la economía.

Por último, evitó todo espectáculo de la figura del Papa. No extendió ambos brazos para saludar a la gente. Se quedó inmóvil, serio y sobrio, yo diría, casi asustado. Solamente se veía una figura blanca que saludaba con cariño a la gente. Pero irradiaba paz y confianza. Mostró humor hablando sin la retórica oficialista, como un pastor habla a sus fieles.
Vale la pena mencionar que es un Papa que viene de Gran Sur, donde están los más pobres de la humanidad y donde vive el 60% de los católicos. Con su experiencia como pastor, con una nueva visión de las cosas, desde abajo, podrá reformar la Curia, descentralizar la administración y dar un rostro nuevo y creíble a la Iglesia.
Página de Boff en Koinonía

Página de Leonardo Boff

ANÁLISIS A FONDO. J. Francisco Gómez Maza. ¿UN PAPA EVANGÉLICO?


MIE 13-3-13

FRANCISCO GÓMEZ MAZA

ANÁLISIS A FONDO: ¿UN PAPA EVANGÉLICO?

¿Francisco I. Papa de los pobres?

¿Dejará la Iglesia de ser romana?

Francisco I, ¿un nuevo Juan XXIII, revolucionario de su tiempo, que puso a la estructura clerical al modo de su tiempo? ¿Reformador de una gran empresa clerical, que ha venido perdiendo bonos entre sus millones de feligreses? ¿Un Papa que meterá en cintura a la diabólica Curia Vaticana? ¿Un Papa que viajara por las calles de Roma en autobús, que caminará si cortesanos, como lo hacía en Buenos Aires donde fue arzobispo hasta anteayer? ¿Un Papa que convivirá con la gente de la calle, con los menesterosos, con los desempleados, con los pobres? ¿Un Papa que reivindicará a los teólogos de la liberación condenados por Joseph Ratzinger, el hasta hace poco indomable perro guardián de la fe? ¿Alguien que le reconocerá su dignidad a las mujeres, sojuzgadas, reprimidas, excluidas, violadas; a las inmensas mayorías que no tienen acceso al gran banquete de la Iglesia y del concierto de las naciones?

Francisco I (por qué eligió el nombre de Francisco ¿Por el Poverello de Asís, una voz y un instrumento crítico de la Iglesia de su tiempo, tan llena de boato y lujuria, como la de ahora, que ofendía la dignidad de los pobres de Roma? ¿Un Francisco I, que llega a revolucionar al imperio eclesiástico, de la lujuria, del alejamiento total del pueblo, que condena a sus hijos que no están de acuerdo con que el Papa y los obispos sean siempre aliados de los poderosos?

¿Un reformador que destruye el carácter mercantil de una Iglesia, que más parece una trasnacional que comercia con mercancía sagrada y cuyo principal producto es un dios que no acaba de identificarse con los seres humanos, ni con los demás seres vivos e inertes de la Madre Tierra?

Tantas preguntas vienen a la mente de un periodista laico, en los momentos en que el nuevo Pontífice es anunciado y está de pie en la ventana principal de la Basílica San Pedro, enviando su primer mensaje a los fieles de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana. ¿Dejará de ser Romana la Iglesia de Francisco I, y se convertirá en una real Iglesia Universal, verdaderamente franciscana, no al servicio de los hombres y mujeres sufrientes, sino hecha sufriente con ellos y ellas?

¿Un Papa que le dará su lugar en la Iglesia y en el mundo a las mujeres, a los homosexuales, al mundo excluido por una Iglesia que dejó de ser evangélica hace ya muchos siglos, y que se alió con los emperadores romanos para convertirse en cabeza de una Cristiandad dominadora, explotadora, aliada con los poderosos económicamente?

Tareas urgentes no le van a faltar al nuevo Papa. Se le acumula el trabajo desde hace siglos. Dicho sea con todo respeto, no le arriendo la ganancia.
Entre esas tareas urgentes hay una perentoria e insoslayable, que además puede dinamizar otras muchas tareas también urgentes. Lo formulo como “democratizar la estructura organizativa de la Iglesia”. Significa devolver al pueblo su voz y su voto… escribió hace un par de días Pope Godoy, teólogo y profesor de la Universidad de Navarra, España.

Lo menos importante es que Jorge Mario Bergoglio sea latinoamericano, argentino. Lo importante es que asuma su papel de representante, no de Jesucristo, que Jesucristo no necesita representantes, sino del pueblo católico, de los pobres, de los miserables, de los indigentes de todas las creencias, como lo hacía el Poverello con los árabes masacrados por los Cruzados del Papa.

Pero las preguntas del principio de esta historia deberán de tener una respuesta pronta del nuevo Papa. Y en la medida en que sean contestadas, la Iglesia católica empezará a reconstruirse, saldrá de las cenizas antievangélicas en las que se ha estado hundiendo desde que renunció a las enseñanzas de su fundador Jesucristo, un iluminado que sólo vivió – si es que vivió me diría un historiador racionalista – para los demás y que no tenía dónde reclinar la cabeza; que convivía con “pecadores” y publicanos, y con leprosos y prostitutas.

analisisafondo@cablevision.net.mx

Francisco Gómez Maza