El naciente culto a Hugo Chávez. Jorge G. Castañeda


El naciente culto a Hugo Chávez
Jorge G. Castañeda
El País
11/03/2013
ELPAIS

Sacar el balance de la gestión de Hugo Chávez en Venezuela tomará tiempo, al igual que cualquier análisis de su legado en América Latina. Más allá del evidente fervor que despertó entre sus millones de seguidores venezolanos, y su notable conexión con los sectores más desfavorecidos de su país, se necesitarán datos duros para saber si sus entristecidos adeptos de hoy realmente se beneficiaron de su magnanimidad petrolera. O tal vez su devoción proviene más bien de una identificación étnica y social intangible —crucial, sin duda— y duradera.

Las cifras tendrán que ser recopiladas por fuentes confiables, las mismas que proporcionan números económicos y sociales de otros países, para ser comparables con el pasado venezolano y con otras sociedades latinoamericanas, sobre todo a la luz del gasto de más de un billón (en castellano) de dólares a lo largo de los 14 años de Gobierno chavista. Los avances deberán ser medidos para poder ser aquilatados y cotejados con los costos, principalmente en materia social: educación, salud, vivienda, pobreza, desigualdad. Me atrevo a sospechar que la raíz del naciente culto a Chávez en Venezuela se origina en la sensación etérea que genera su martirio y la inclusión impresionista de los excluidos, y no tanto en las estadísticas de bienestar, que probablemente resulten ser mucho menos exitosas de lo que se piensa.

En cuanto a su legado latinoamericano, más allá de la fatigada e irritante retórica bolivariana, habrá que ver cómo sobreviven varios países a la posible interrupción, a mediano plazo, del inmenso subsidio chavista a sus economías: Cuba, Nicaragua, Bolivia, El Salvador, y en menor medida la República Dominicana. Como se ha escrito muy bien en estas y otras páginas, una parte de la severa crisis económica —déficit público, desplome de las reservas monetarias, inflación, escasez de todo tipo de bienes— que heredará el nuevo mandatario proviene de la cantidad de barriles de petróleo ya comprometidos con China, Cuba y otros países, y que o bien no generan ingresos, o los que generaron ya fueron dilapidados. Para los beneficiarios de esa generosidad chavista, prescindir de esos barriles dolerá tanto como la pérdida del amigo. El agradecimiento a Chávez por su apoyo difícilmente durará más que el apoyo mismo; este puede tener los días contados, cualquiera que sea el resultado de las elecciones del mes de abril.

Lo factible desde ahora, entonces, es formular una serie de preguntas sobre lo que sucedió realmente durante estos dos años de trágica agonía y muerte de un gobernante con suerte hasta que se le agotó. Las interrogantes que siguen merecerán una respuesta durante la campaña electoral que comienza en Venezuela, pero también en la conciencia de las personas que siguen acontecimientos como estos y muchos otros.

¿Qué hubiera sucedido en otro país si durante dos años el jefe de Estado en funciones se atendiera médicamente en otra nación, bajo un sigilo completo, que aseguraba que los gobernantes del segundo país supieran más del estado de salud del enfermo que la población, la oposición, los médicos y hasta el Poder Legislativo y Judicial del país propio? ¿Qué pasaría en otro país si las principales decisiones médicas las tomaran no solo galenos extranjeros y en otra nación, sino personas subordinadas por completo al poder político de ese otro país? Una cosa son los jeques y los príncipes del golfo Pérsico que se atienden de sus males cardiacos en la Cleveland Clinic, donde el Gobierno de Estados Unidos sabe obviamente cómo evolucionan, pero donde difícilmente da órdenes a los cardiólogos de lo que deben hacer. ¿Qué hubiera acontecido en otro país si durante dos años un Gobierno extranjero coadyuvara a mantener un velo de silencio y de secreto casi perfectos sobre el destino más elemental del gobernante de una nación? A estas preguntas hipotéticas se suman varias más, de orden factual, emanadas de los mismos acontecimientos.

¿Cuándo supieron Chávez y sus colaboradores que su cáncer era terminal y que le restaban pocos meses de vida? ¿Antes o después de lanzar su candidatura a la presidencia el 11 de junio de 2012? ¿Antes o después de los comicios celebrados el 16 de diciembre del año pasado? ¿Se enteraron a mitad de la campaña? ¿Cómo hubiera reaccionado el electorado venezolano de haber votado sabiendo que la persona a la que iban a elegir a la presidencia no tomaría posesión y fallecería dos meses después de su victoria electoral? ¿Cómo hubieran respondido los votantes venezolanos si a media campaña se hubiera filtrado, con fundamentos y de manera fidedigna, que el verdadero estado médico de Chávez era de encontrarse desahuciado, y que en realidad los electores estaban enviando a Nicolás Maduro a la presidencia y no a Hugo Chávez?

¿Es imaginable hoy en día algo por el estilo en un país democrático? Existe el precedente de Franklin D. Roosevelt en las elecciones norteamericanas de noviembre de 1944, cuando fue electo por cuarta vez, en condiciones de salud guardadas en secreto, y que llevarían a su muerte apenas seis meses más tarde, y en el ínterin, a su extrema debilidad en la Conferencia de Yalta. Pero eso sucedió hace 70 años. Hoy se antoja inconcebible.

Siguen más interrogantes. ¿Bajo qué condiciones de sedación, de dolor, de sufrimiento y angustia, tomó Chávez decisiones importantes a lo largo de los últimos meses, a partir del momento en que se enteró del desenlace fatal que se asomaba en el horizonte? ¿A qué tantas presiones estuvieron sujetos por parte de los cubanos? ¿Con qué autonomía y conciencia pudo resolver asuntos delicados como la devaluación del bolívar, el curso de la campaña presidencial, el apoyo o el sabotaje a las conversaciones de paz en Colombia, y la selección de su sucesor? ¿Fue óptimo el tratamiento sugerido / impuesto / escogido por los cubanos? ¿Se transfirió de verdad el equivalente de la tercera parte de las reservas actuales del Banco Central a La Habana?

Estas son algunas preguntas que deben importarles a los venezolanos y que ojalá obtengan respuesta a lo largo de la breve campaña electoral que comienza, en condiciones terriblemente adversas para la oposición. Las exequias son un acto de campaña chavista; la designación de Maduro como presidente encargado es un acto de campaña chavista; las amenazas del almirante Molero Bellavia, ministro de Defensa, de “darle en la madre a toda esa gente fascista de este país” es un acto de campaña chavista; la asistencia de varios jefes de Estado latinoamericanos al sepelio, en estas condiciones, es un acto de campaña chavista.

Pero aunque la oposición no pueda remontar todas estas tremendas desventajas, si logra arrancarle al chavismo pos-Chávez respuestas a las interrogantes planteadas, habrá avanzado mucho en preparar la reconstrucción del país. Chávez le hereda a su pueblo la veneración que este siente por uno de los suyos, junto con una sociedad polarizada al extremo y una economía devastada. Como escribió Moisés Naím, entrega una oportunidad perdida. Quizás le convenga más a la democracia venezolana que el chavismo recoja los platos rotos; pero ojalá la sociedad venezolana sepa, con pleno conocimiento de causa, cómo y cuándo se rompieron.

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¿Y después de la Interna?. Jorge G. Castañeda


English: Design to represent the National Acti...

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Jorge G. Castañeda

¿Y después de la interna?
Reforma
02/02/2012

Según a quien le crea uno, este domingo habrá candidato o candidata del PAN a la Presidencia o sólo el arranque de la segunda vuelta. Las tesis que sostienen tanto los partidarios de Vázquez Mota como de Cordero son a la vez verosímiles y un poco jaladas de los cabellos. El problema de fondo sin embargo es otro: después de una contienda interna a la vez rasposa y carente de sustancia, ¿cómo le hará la persona ganadora para remontar casi 20 puntos en desventaja en menos de cinco meses de campaña, con una ley electoral que reproduce, casi a la perfección, el status quo ante?

 

La gente de JVM apunta a las encuestas -todas- y alega que por deficiente que sea el padrón, por difícil que sea calcular el porcentaje y características de los “likely voters”, no puede haber una diferencia tan grande entre una encuesta como la de Reforma, que le daba 50 puntos de ventaja, y un resultado muy distinto el domingo. La única explicación, según ellos, de tanta distancia entre las encuestas y el resultado, sería la manipulación. No es absurda la conclusión. El equipo de Cordero responde que no sólo es malo el padrón, sino que las encuestas no pueden medir la tasa de participación general y en particular de los activos, ya que éstos se mueven más por los liderazgos locales y estructura partidista, y que con un total de apenas 400 mil votantes probables, cualquier cosa puede suceder. Sobre todo, puede ocurrir lo inesperado, a saber, que los simpatizantes de JVM no vayan a votar (por el puente, y también la insistencia de JVM de que vayan primero a misa y luego a las urnas) y que los de Cordero sí acudan “masivamente”. En esta hipótesis, si ella no rebasa los 180 mil votos y Cordero alcanza los 150 mil que dice ya tener desde hace semanas, se irían a una segunda vuelta.

 

En esa segunda vuelta podría desempeñar un papel clave quien es probablemente el candidato mejor preparado de todos (no sólo del PAN), Santiago Creel, quien sin embargo, a pesar de lo que ha aprendido y crecido en estos años, no parece haber podido generar carisma. Pero podría ser el fiel de la balanza si saca 70 u 80 mil votos y si opta acercárselos a uno u otro contendiente en la segunda vuelta. Si lo hace con Cordero, y si el liderazgo del SNTE que a lo largo de estos últimos 11 años ha logrado incorporar al PAN a un número significativo de maestros -30 o 40 mil- en estados como Jalisco, Guanajuato, Baja California, Aguascalientes, le alcanzaría a Cordero para superar a JVM el 19 de febrero.

 

No obstante, el drama es que por distintas razones -la personalidad y la estrategia de los candidatos, la aberrante ley electoral, la prudencia de los medios- la interna del PAN careció de sustancia, señalamiento de errores y aciertos, es decir, de lo propio de una campaña, lo que en sí mismo no tendría nada de grave. Pero dado que los dos contendientes más viables del PAN no han estado en una campaña nacional, ni cuentan con un carisma o experiencia notables, se antoja no difícil sino imposible neutralizar la ventaja de casi 20 puntos que lleva hoy Peña Nieto.

 

La razón más poderosa de esta dificultad no radica en los candidatos sino en la ley. Un estudio del IFE-UNAM sobre distribución de tiempos de noticieros en TV muestra cómo los medios le han otorgado exactamente el mismo tiempo a cada uno de los candidatos: 20%. Si el estudio fuera también cualitativo, el resultado sería el mismo: mismos sound bites y tomas, ausencia de sesgos críticos o adulatorios. Los medios están cumpliendo al pie de la letra con una ley absurda. Pero el efecto de cumplir, sea o no su intención, es evidente: se reproduce la correlación de fuerzas vigente al arranque de la campaña ya que ningún error es señalado, ningún acierto es subrayado, ningún golpe es reseñado y en la noche todos los gatos son pardos. En esas condiciones, y con un aspirante del PAN producto de una interna sin mayor chiste, ¿cómo se cancelan 20 puntos de ventaja?

 

LAS REGLAS DEL 2012 EN JUEGO. Jorge G. Castañeda


Las reglas del 2012 en juego

Por Jorge G. Castañeda

Reforma
(20-Ene-2011).-

El lunes fue “listado” para las sesiones de la Suprema Corte de Justicia de esta semana y la siguiente, el amparo de los llamados “intelectuales” contra la reforma electoral del 2007. Es probable que el tema se resuelva el martes que entra y que esa sea la última oportunidad que tendremos de descartar una pésima reordenación electoral para poder ir al 2012 con una ley que sí funcione. No tiene sentido volver sobre los orígenes de esa reforma, ni sobre la extraña manera en que muchos de los que la votaron, ahora se arrepienten de haber defenestrado al IFE, de prohibir que ciudadanos y organizaciones de la sociedad civil compren tiempo aire, de reglamentar absurdamente los spots para los partidos y de dejarles el enorme financiamiento que ya no tienen que gastar en comprar tiempo aire.
Más sentido tiene explicar las dos pistas por las que corre nuestro amparo. La primera son las violaciones que, en la opinión de nuestro abogado Fabián Aguinaco y de quienes subscribimos el amparo convocado por Federico Reyes Heroles, contiene la fracción tercera del Artículo 41 constitucional, violaciones a la libertad de expresión (Art. 6), al principio de igualdad entre los mexicanos (Art. 13) y a la libertad de asociación (Art. 9). Este es el tema de fondo del amparo sobre el cual la decisión de la Suprema Corte tendrá mayor trascendencia. O bien la decisión da pie a que se acepte la existencia de dos categorías de mexicanos, se fomente la opacidad o la franca corrupción entre gobiernos estatales y medios masivos de comunicación para entrevistas, programas especiales, infomerciales contratados, etcétera, se fortalezca la partidocracia al darle el monopolio de acceso a los medios de comunicación; o bien la Corte se pronuncia de modo tal que el Legislativo cree un sistema ciertamente reglamentado, pero más transparente, accesible y sensato de regulación de campañas. Algunos pensamos que la prohibición en la compra de tiempo aire para los partidos ya es una medida sana, pensamos que el tipo de sistema que hay en Chile, Brasil o Inglaterra es mejor que el norteamericano. En los primeros se da a los partidos durante el periodo de campaña lo que en Chile se llama la franja, es decir, tiempos oficiales reglamentados. En Estados Unidos el tiempo se compra con dinero público o privado. Pero en ninguno de los dos casos se prohíbe por completo a organizaciones de la sociedad civil tener acceso a los medios. Es absurdo querer hacerlo en México: simplemente no ha funcionado y no va a funcionar.
La otra pista es la del procedimiento. Al inicio la menos importante y la menos probable de ser aceptada por la Suprema Corte, pero la que en caso de ser adoptada por el Tribunal Constitucional puede echar abajo la reforma entera. Esta parte del amparo se refiere a todos los vicios de procedimiento en los que incurrió el Congreso Federal y las legislaturas estatales al aprobar modificaciones constitucionales sin cumplir estrictamente con todos los requisitos y trámites previstos. Se aprobaron las modificaciones en el Congreso Federal en sesión ordinaria, no tuvieron los diputados conocimiento con suficiente antelación, los congresos estatales también los aprobaron sin sesiones especiales y sin tiempo para estudiar el texto, en un procedimiento donde le notificaron al Congreso Federal de su decisión, mas no acreditaron los votos en cada caso. Si la Suprema Corte considera que estos vicios de procedimiento sí son graves, y sí invalidan el proceso de ratificación se echaría abajo toda la reforma, sería ganancia, y por tanto también los cambios al Cofipe que se derivan de ella. De ser así, habría que volver a empezar; o bien se tendrían que llevar a cabo las elecciones del año que entra con el Cofipe de antes de 2007 y con la Constitución tal y como estaba. Tampoco sería una buena solución, pero conviene recordar que a principios de julio, un año antes de las elecciones de 2012, se agota el plazo de cualquier modificación de las reglas electorales para el juego del 2012.

http://www.jorgecastaneda.org; jorgegcastaneda@gmail.com

Entrevista a Jorge. G. Castañeda. Ariel Ruiz Mondragón, Milenio Semanal


Jorge G. Castañeda: “El problema es definir qué significa ser nacionalista cuando tu economía es parte de América del Norte”

La primera década del siglo XXI significó un ascenso de la izquierda en el continente, ya que alcanzó el poder en diversos países. En esta conversación nos acercamos a una evaluación de ese ejercicio de gobierno.

Ariel Ruiz Mondragón

2011-01-15

Milenio semanal

Hace ya casi dos décadas Jorge G. Castañeda publicó un libro en el cual señalaba las promisorias rutas de la izquierda en el continente, siempre y cuando ésta aprendiera las lecciones de la Guerra Fría y del fracaso de la vía armada para alcanzar el poder. A modo de balance Castañeda y Marco Antonio Morales publican ahora el libro Lo que queda de la izquierda. Relatos de las izquierdas latinoamericanas (Taurus, 2010), donde reunieron 11 textos de especialistas sobre las izquierdas actualmente en el gobierno en Latinoamérica. Sobre este libro M Semanal sostuvo una conversación con quien fuera secretario de Relaciones Exteriores de México entre 2000 y 2003, doctor en Historia Económica por la Universidad de París La Sorbona, profesor en las universidades Nacional Autónoma de México, de Nueva York, Princeton y Berkeley, autor de 15 libros y colaborador de El País y Newsweek.

AR: ¿Cuáles son las razones por las cuales se escribió y se publicó este libro, sobre todo si tomamos en cuenta otros libros suyos relacionados con el tema como La utopía desarmada o La vida en rojo?

JC: Justamente es una especie de regreso, 16 ó 17 años después, a La utopía desarmada, que publiqué en 1993. Esa obra tuvo bastante repercusión en América Latina porque llegó un momento en que ya estaba terminando definitivamente la época de las izquierdas revolucionarias, armadas y violentas; el último sobresalto en este sentido fueron los zapatistas, lo que fue como una pantomima (como dijo Cuauhtémoc Cárdenas a propósito del EPR).

En todos los años que siguieron fueron dándose muchas de las cosas que yo mencionaba en ese libro: la izquierda dura, radical, armada fue desapareciendo y se transformó en una izquierda electoral, socialdemócrata, moderada —aunque no le guste llamarse así, lo que es su problema—, y además ya, hasta cierto punto, globalizada. A partir de 2000 empezamos a ver cómo en varios países, por haber abandonado todo aquello o por haber adoptado muchos de los puntos de vista que yo mencionaba en La utopía desarmada —yo simplemente los retomaba, no los inventaba, y la izquierda solamente hizo suyos planteamientos que yo recogía— empezó a ganar elecciones: en Chile, con Ricardo Lagos en 2000, después en Brasil, con Lula en 2002; en Uruguay, con Tabaré Vázquez en 2004; a su manera, muy extraña, Hugo Chávez en Venezuela en 1999, y así sucesivamente.

Entonces me pareció que era un buen momento (hace dos años el libro se editó en Estados Unidos en inglés) para hacer una especie de revisión de lo que habíamos dicho y en dónde íbamos en toda la región, y eso es lo que hice con este amigo mío, Marco Morales, con quien he publicado ya varios trabajos en revistas y que ahora trabaja en la Presidencia de la República, donde es el director de Análisis Político, y que fue, además de colega, mi asistente y profesor en Nueva York durante muchos años; él, sobre todo, consiguió a los distintos autores que hicieron este libro.

AR: La izquierda ha dicho que su principal lucha es contra la desigualdad y por la justicia social; sin embargo, el ensayo de José Merino enseña que sus políticas sociales no han sido muy superiores a las de la derecha. ¿Cómo se explica esto?

JC: Es difícil saber si los avances indudables que ha habido provienen de políticas específicas que ciertos gobiernos de izquierda han puesto en práctica, o si proceden de políticas sociales más o menos generalizadas en América Latina desde hace ya unos 15 años, y que con el tiempo y el crecimiento empezaron a surtir efecto. Es cierto que vemos resultados muy semejantes, por ejemplo, en México, donde en los últimos 10 años ha gobernado el centro derecha, que en Brasil, donde en los ocho años más recientes ha gobernado el centro izquierda, y son políticas sociales casi idénticas. Luego tenemos un tercer caso, todavía más complicado, que es Chile, donde una especie de centro izquierda lleva 20 años gobernando con muchas de las políticas incluso de la dictadura, políticas más ortodoxas o neoliberales que no tienen ninguna política social o muy poca, pero donde el crecimiento económico ha sido tal que la reducción de la pobreza ha sido inmensa; es decir, no ha sido tanto por una política social antipobreza, sino por 25 años de crecimiento económico. No es fácil saberlo, y es lo que un poco Merino plantea al hacer una pregunta: “¿Hay una política social de izquierda?”. No es evidente; hay una intención, una voluntad, un énfasis, pero más allá de eso es muy difícil determinarlo.

ADOPCIÓN DEL MERCADO

AR: En dos de los trabajos, uno sobre Brasil y otro sobre Chile, que son dos experiencias exitosas de la izquierda, se destaca su política económica neoliberal. ¿Por qué han seguido esa política, tan criticada por muchos intelectuales de izquierda? ¿Qué márgenes de maniobra han tenido esos gobiernos para cambiarla?

JC: Bueno, los intelectuales que critican esas políticas se pueden permitir el lujo de hacerlo porque no están gobernando; pero los que están en los gobiernos no pueden permitirse lujos de ese tipo a menos de que quieran, digamos, cambiar de paradigma. Lo que yo planteaba desde La utopía desarmada y que todosplanteamos en este libro es que la izquierda básicamente ha adoptado, y se ha resignado, con mayor o menor entusiasmo, al mercado; eso de más o menos mercado son puros cuentos. La izquierda en América Latina sigue una política de mercado, libre comercio, globalización, finanzas públicas estables, privatizaciones, etcétera. ¿Por qué? En primer lugar, porque si esos partidos y gobiernos de izquierda no se hubieran comprometido con esas políticas no hubieran ganado, porque las clases medias que ya habían empezado a surgir, e incluso los sectores más populares que ya tenían cosas que perder, lo último que querían eran debacles financieras como las que gobiernos populistas en el pasado habían generado. Entonces, si no se hubieran comprometido Lula, la Concertación y todos los demás a seguir el esquema, la gente no hubiera votado por ellos, en primer lugar.

En segundo lugar, ya en el gobierno, la izquierda se da muy bien cuenta de que el margen es tremendamente estrecho: pagas un precio inmediato al dispararse tu riesgo país en los mercados internacionales, y cualquier desviación te cuesta en pesos y centavos una fortuna al día siguiente. Sube tu riesgo país, tienes que aumentar las tasas de interés internas para que no se te vaya el dinero; eso quiere decir que incrementas la tasa de interés para la vivienda, tarjetas de crédito, coches, televisiones, refrigeradores, y al aumentarlas para todo eso pues encareces los productos y disminuye el consumo. ¿Consumo de quién? De los que te eligieron. Entonces, tampoco tienes ese margen. Por eso todos estos gobiernos de izquierda de algún modo se han resignado, unos con más entusiasmo que otros, a seguir básicamente los cánones del neoliberalismo, Consenso de Washington o como se le quiera llamar, no importa. Los gobiernos saben de qué se trata; si no, no llegaban.

AR: Hay una lección que se pudiera sacar de muchos de los casos donde la izquierda ha ganado las elecciones, como la de que sus partidos y candidatos entendieron que no todos sus votantes son de izquierda, y que durante las campañas electorales no hay que prender grandes conflictos sino tratar de establecer alianzas muy amplias. ¿La falla en México de López Obrador y de Ollanta Humala en Perú fue faltar a esto?

JC: Yo creo que allí fueron dos casos, el de México y el de Humala, en los que no se dio el proceso de actualización (o como se le quiera llamar) de la izquierda. El caso de Humala es distinto, porque no es propiamente de la izquierda peruana, sino que se volvió un fenómeno populista bastante tradicional, que en el fondo no creo que pueda fácilmente asimilarse a los otros que tratamos.

En el caso de México y del PRD, su gran drama es que no ha hecho esa actualización de la que yo hablaba desde La utopía desarmada, de la que todo el mundo habla ahora y que han hecho todas las izquierdas latinoamericanas. El PRD aún cree en la revolución, en Cuba (no es que tenga buenas relaciones con Cuba, que es distinto, sino que cree que ese es un proyecto exitoso), y sigue siendo muy antiestadunidense. Al contrario, ahora ya sabemos, por WikiLeaks, qué grado de cercanía en secreto había entre el gobierno de Lula y el de George W. Bush (no el de Obama): cooperación en materias como seguridad, terrorismo, el Amazonas o moderar al loco de Chávez. En México todo eso no se ha dado: a López Obrador el PRD lo siguió, aunque se empezó a distanciar de él con el plantón de Reforma. Pero la izquierda mexicana no ha dado ese paso al día de hoy.

AR: Sobre ese aspecto de la actualización, hay un ensayo de usted, Morales y Patricio Navia sobre el nacionalismo que siguen enarbolando varias izquierdas latinoamericanas, y que tiene como su “bestia negra” a Estados Unidos. Sin embargo, usted no plantea un rompimiento radical con el nacionalismo.

JC: Yo en lo personal, más allá de lo que dice este texto y otros, no creo que pueda haber un nacionalismo “moderno”, no lo entiendo. En Europa, por ejemplo, ¿qué es? Pues se es parte de la comunidad o no. Los nacionalismos fuertes en Europa son cada vez más regionales: el País Vasco, Cataluña, partes de Alemania, etcétera, pero ya no son nacionalismos de países. ¿Por qué? Porque llevan medio siglo de integración económica europea que ha ido cambiando las cosas y porque también los europeos saben bien el costo del nacionalismo —del nacionalsocialismo, por ejemplo. Ya lo vivieron.

En otras partes sí hay cierta base para el nacionalismo, pero realmente uno se tiene que preguntar qué quiere decir hoy en un país de América Latina. ¿Qué es? ¿Es anti-Estados Unidos, principalmente, o es una afirmación de identidad propia? Con excepción de Brasil, por su tamaño, ningún otro país latinoamericano tiene las dimensiones para traducir en hechos un supuesto nacionalismo, salvo en la retórica, porque son países demasiado pequeños. A ver, Rafael Correa en Ecuador: muy nacionalista, muy resentido con los estadunidenses porque metieron a su papá a la cárcel, bla, bla, bla, pero lleva tres años de gobierno y el dólar sigue siendo la moneda nacional de ese país. El FMLN en El Salvador lleva un año en el gobierno, y el dólar sigue siendo la moneda, es lo único que circula. La divisa de esos dos países es el dólar de Estados Unidos. ¿Qué quiere decir nacionalismo ecuatoriano o salvadoreño cuando tu moneda es el dólar? En Chile, con el grado de apertura de esa economía, ¿qué es un nacionalismo chileno? Pues es el futbol, algo de nostalgia por algunas cosas chilenas medio folclóricas, porque no tienen una gran cultura precolombina ya que era nómada todavía la población indígena. Argentina: muy nacionalistas, pero hay una enorme cantidad de argentinos que tienen la doble nacionalidad italiana. ¿Qué quiere decir eso más allá de la retórica peronista, de Maradona, del futbol y todo eso? Y en México el problema es definir qué significa ser nacionalista cuando para todos fines prácticos tu economía es parte del espacio económico de América del Norte.

EL RETO DEMOCRÁTICO

AR: En términos políticos, la izquierda siempre señala que procurará una profundización de la democracia. ¿Efectivamente ha avanzado en términos democráticos en los países que gobierna? Un punto al que ha dado énfasis es al de la democracia participativa, casi directa.

JC: No estoy tan convencido, no creo que haya habido grandes avances. Me da la impresión de que a todos los presupuestos participativos brasileños los han ido dejando fuera porque no funcionaron demasiado bien. Creo que sí ha habido avances a nivel de cierta regionalización, de bajar los niveles de decisión a una escala más cercana a la ciudadanía; pero muchos gobiernos de izquierda también se han dado cuenta que a veces lo que mejor funciona es el Estado central, federal, que el gobierno nacional funciona mejor que los gobiernos regionales y municipales. Hay menos corrupción, hay más eficacia y más transparencia. Pero no estoy seguro de que la izquierda en América Latina realmente haya encontrado fórmulas nuevas de participación.

En otros casos, como el de Venezuela, hay retrocesos muy serios en materia de democracia, ya que allí no sólo es una tentación sino ya una deriva autoritaria que se ha agudizado enormemente en los últimos meses, y que está planteándole un reto muy serio a la izquierda latinoamericana: volver a la política que siempre sostuvo con Cuba, a saber, que el autoritarismo y las violaciones a los derechos humanos en ese país no son un tema legítimo de preocupación. Eso ahora se vuelve a presentar con Venezuela, donde ya es más serio: control de internet y los medios de comunicación, las expropiaciones y la ley habilitante de Chávez que para todos fines prácticos equivale a disolver el Congreso: tienes una elección, la pierdes y la oposición gana una mayoría, pero usas a la Cámara saliente para inhabilitar para todos fines prácticos al Congreso entrante, lo que es el equivalente de cerrar el Congreso. ¿Qué van a decir Correa, Evo Morales o Dilma Rousseff? ¿Que no es asunto suyo, que no importa?

AR: Allí viene lo de la cláusula democrática del Mercosur.

JC: Como no ha entrado Venezuela, por más que Chávez se presente en todas las reuniones, formalmente no ha accedido al Mercosur porque falta la ratificación del Senado paraguayo. Entonces no se le puede aplicar la cláusula democrática porque no forma parte, pero, ¿qué va a pasar si lo es? ¿Qué va a pasar con una serie de condicionalidades democráticas que existen en el sistema interamericano? Allí hay un reto democrático para la izquierda que se está volviendo mucho más complicado que cuando publicamos el libro en Estados Unidos hace más de dos años.

AR: Otro asunto importantes es cómo ha cambiado el poder a la izquierda. Al interior de los partidos ha habido conflictos internos fuertes. ¿Cómo ha transformado el poder a la izquierda en América Latina?

JC: Creo que ha habido un problema de corrupción indudable —en algunos casos, no en todos, pero sí en muchos—, no necesariamente mayor que la de otros gobiernos, pero sí más que cuando los partidos de izquierda no eran gobierno. ¿Por qué? Porque no es fácil robar cuando no se está en el gobierno, y cuando se está en él es más fácil. Entonces hay una verdadera transformación, hasta cierto punto inevitable, que ha sido la corrupción.

También ha habido tentaciones autoritarias que casi nunca se han cumplido, ya que han sabido resistir a ellas la mayoría de los gobiernos; siempre allí el caso ambiguo es el de Argentina, que nunca sabe uno dónde poner.

Otro elemento, sin duda, es cierta responsabilidad —en el buen sentido de la palabra—; es decir, han llegado a entender que no pueden hacer cualquier locura ni en materia económica ni internacional ni de planificación —lo que les encanta. Se han vuelto muy responsables, y daba yo el ejemplo, insisto, del dólar: Correa y Mauricio Funes no van a correr el riesgo de desdolarizar, porque saben que sería una irresponsabilidad y también contrario a los intereses y aspiraciones de sus electorados. Se han vuelto responsables, quizás a pesar de sí mismos: si uno le hubiera preguntado a Correa o al FMLN hace cinco años: “Oye, ¿vas a mantener el dólar como divisa?”, te hubieran dicho que por ningún motivo, pero ya lo han hecho y no van a cambiar. Lo mismo Brasil, por ejemplo, al mantener un tipo de cambio flotante que va y viene, chicotea y hace todo lo que sea, pero el gobierno no se ha casado con la defensa de un tipo de cambio a ultranza; han sido muy responsables, como también con el déficit fiscal.

Ésta es parte de la transformación, la buena; y por la parte mala, inevitable, pues sí hay corrupción, sí hay tentaciones autoritarias, y también hay aventuras internacionales un poco irresponsables, como lo de Brasil con Irán y Turquía, y como lo de Argentina (que a veces dudo llamar de izquierda), que hace cosas raras como pelearse con el Fondo Monetario y con los acreedores, y luego tener que regresar con ellos. A veces allí sí hay un poquito de irresponsabilidad.

CONTRADICCIÓN EN MONOPOLIOS

AR: ¿Cuáles de las experiencias exitosas que se encuentran en el libro podrían ser recuperadas por la izquierda mexicana? ¿Alguna de carácter social, como Bolsa Familiar, de Brasil?

JC: Bueno, son cosas distintas. Por ejemplo, Bolsa Familiar, programa de Brasil, viene del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, que era Bolsa Escola, que a su vez viene de Progresa y Oportunidades de México, que fueron inventados, además de por Santiago Levy, por José Gómez de León (quien ya murió) en la época de Ernesto Zedillo, y que es lo que se llama transferencia de efectivo condicional contingente, que es hacer transferencias directas a las familias más pobres pero con una condicionalidad que tiene que ver con que los niños vayan a la escuela y que tengan las vacunas. Esto lo llevó Lula a una dimensión que todavía no sabemos si va a resultar o no; en Brasil son ya casi 15 millones de familias que reciben este estipendio, y se dice (a mí no me consta) que la condicionalidad ha disminuido enormemente y que en los hechos ya nada más andan repartiendo el dinero y ya no hay realmente la insistencia en verificar que las mamás sí estén llevando a los niños a la escuela, a vacunarlos a las clínicas, etcétera. Entonces, hay un primer problema allí.

Un segundo problema: cuando estas políticas fueron diseñadas siempre se pensó que no eran para sacar a las personas de pobres, sino para cercenar el vínculo transgeneracional de la pobreza, es decir, dando de comer, llevando la salud y la escuela a los niños, y éstos, 10 ó 15 años después, iban a ser menos pobres que sus papás. En realidad no son programas para sacar a los padres de la pobreza, se sabe que más o menos eso es imposible; la idea era que los niños tuvieran un capital humano mayor, y cuando llegaran al mercado de trabajo pudieran obtener ingresos superiores a los que obtuvieron sus papás o a los que hubieran obtenido sin el programa de Bolsa Familiar o como se le quiera llamar. Todo esto no nos consta todavía, porque no han llegado aún esos niños al mercado de trabajo; los primeros están llegando en México, donde el programa empezó en 1998 con niños de seis años, y que ahora tienen 18.

Las primeras evaluaciones sugieren (yo no lo he seguido suficientemente de cerca) que no ha funcionado; es decir, al darle un dinero a los papás y a las mamás, pues claro, salen un poco de la pobreza, pero lo hacen porque les entregas dinero, pero no les das empleo, no los educas ni los curas. Se suponía que estabas realmente invirtiendo en los niños, y que a esos niños hoy les iría mejor que a los papás o a niños que no hubieran recibido este apoyo. Pero parece que no. Allí tenemos un problema muy complicado en Brasil, en México, en Perú, que son los tres países donde más se hizo, y creo que para la izquierda mexicana —que no piensa mucho en esas cosas ni en ninguna otra salvo en sus pleitos— pues allí hay un terreno muy fértil para pensar y trabajar.

La otra experiencia, que a mí me parece la más interesante de todas, es la de las computadoras en Uruguay: Tabaré Vázquez entregó una computadora a cada alumno de la escuela primaria en el país: a todos. Son computadoras para niños de primaria, no para jóvenes, y se regalan. Eso me parece una experiencia interesantísima de la que mucha gente de México, de izquierda o no, podría aprender.

AR: Para finalizar. Al final del libro usted plantea algunos grandes temas, entre ellos la política antimonopolios. ¿Usted observa que alguna de las izquierdas en el poder actualmente trabaje en esto?

JC: Lo que creo es que los partidos en el gobierno de izquierda tienen una contradicción, por ejemplo, en Brasil: son, hasta cierto punto, antimonopólicos, y han creado ciertas condiciones de regulación más rigurosas, pero son muy partidarios de los monopolios estatales. Entonces, es muy difícil ser antimonopólico en lo privado y promonopolio en el Estado, contradicción que en algún momento va a generarles dificultades en Brasil; en Chile ya no porque perdieron, pero les generó problemas durante un tiempo, y nunca pudieron realmente entrarle a fondo al tema del cobre en Chile para decidir qué hacer. En México es un problema enorme porque, ¿cómo se puede ser antimonopólico con Slim, pero no con Pemex? No se puede, o si se puede revela tal grado de contradicción que la gente dice “yo con este no voy”, como de hecho sucede con la izquierda en México.

BALANCE LATINOAMERICANO. Jorge. G. Castañeda


EL PAÍS/ Balance latinoamericano/ Enero 4 de 2011
de Jorge G. Castañeda, el Martes, 04 de enero de 2011 a las 10:54

Balance latinoamericano

TRIBUNA: JORGE CASTAÑEDA
El País
04/01/2011

América Latina cierra un buen año, uno de los menos malos en mucho tiempo. Nos tocó un Premio Nobel de Literatura; elecciones equitativas, detalles más detalles menos, en varios países; mineros rescatados; una recuperación económica más vigorosa que la esperada, y ningún gran contratiempo político mayor. Para una región acostumbrada al desastre, natural y humano, no está mal.
Claro: el terremoto de Haití se transformó en una de las peores tragedias de la historia moderna de la región; países como Guatemala, Honduras y Nicaragua se acercan peligrosamente al umbral del narco-Estado fallido, y la guerra optativa de Felipe Calderón contra el crimen organizado en México se cobró más de 10.000 muertes adicionales. Pero son excepciones, que no deben distraer la atención de las tendencias más profundas que las buenas noticias de hoy permiten discernir con mayor claridad.
La primera tendencia, que obviamente venía de atrás pero que en el 2010 se perfiló con mayor nitidez, consiste en la división cada vez más tajante y duradera de América Latina en dos regiones diferentes, separadas por dos formas muy distintas de integración a la economía global. Con la posible exclusión de Colombia, que se encuentra a caballo sobre ambas esferas, América del Sur ha emprendido un camino económico internacional radicalmente distinto al de México, Centroamérica y el Caribe. Sus elevadas tasas de crecimiento en 2010 y su rápida recuperación provienen esencialmente del mismo boom de commodities que dio lugar a la expansión de 2003-2008, la más prolongada e intensa desde la década de los setenta. Gracias a la insaciable demanda china e india de materias primas, alimentos y otros bienes semiprocesados, los países del área bendecidos por una dotación extraordinaria de recursos naturales en relación a su población crecen a tasas desconocidas desde hace 40 años. Chile y Perú con cobre y hierro, la Argentina y Uruguay con soja, Colombia con carbón y café, varios con petróleo y Brasil con casi todo, hoy vuelven a la época de oro de justo antes y después de la I Guerra Mundial. Mientras la demanda asiática se mantenga, y por tanto los precios de las materias primas también, estas economías seguirán expandiéndose. Vale la pena subrayar un dato: incluso Brasil, el exportador de manufacturas más importante de Sudamérica, hoy padece la proporción de productos básicos sobre exportaciones totales más alta desde 1978, a pesar de los aviones Embraer y los automóviles Flex.
Estos países crecen, gozan de un comercio exterior e inversión extranjera diversificados, y su inserción en la economía global es más simple y plural que la del resto de la región. El principal socio comercial de Brasil y Chile es China, mientras que Estados Unidos,al igual que desde los años treinta, no rebasa un tercio de las ventas externas brasileñas, y en ocasiones hasta menos del 20%. Lo mismo sucede con Argentina, Perú y Venezuela, que han visto disminuir, por razones medio incomprensibles, sus ventas de petróleo a las refinerías del golfo de México. Por otro lado, todas estas naciones, unas más que otras, reciben inversiones del mundo entero, pero con la excepción de Uruguay y Ecuador, el turismo y las remesas procedentes de países ricos no pesan. En síntesis, América del Sur disfruta ahora las delicias del commodity-boom generado por China e India, depende menos que antes de la economía norteamericana y posee una agenda limitada con Washington: el acuerdo de libre comercio de Colombia, la renegociación de la deuda argentina, algo de narcotráfico en Perú, Bolivia y, nuevamente, Colombia.
La situación en México, Centroamérica y el Caribe es otra. Para empezar, no se trata de exportadores de productos básicos: México tiene petróleo, pero este representa un porcentaje mínimo de sus ventas externas; los países centroamericanos son pequeños productores de azúcar, café, algodón y banano, pero los ingresos generados por dichos productos palidecen comparados con otros. Son -México, más que otros- exportadores o maquiladores de confección, textiles, automóviles, y en general productos manufacturados o semiprocesados, destinados en gran medida a Estados Unidos. Pero también son receptores de turismo norteamericano (México, República Dominicana, Costa Rica), de remesas enviadas por sus migrantes desde Estados Unidos (México, El Salvador, Honduras, Guatemala y República Dominicana) y ventas o tránsito de drogas hacia Estados Unidos (México, Centroamérica y República Dominicana).
Estos países no solo poseen una intensa y enorme agenda con Estados Unidos, sino que la solución de muchos de sus retos y el desempeño de sus economías se ven estrechamente vinculados a la evolución de la economía y la política norteamericanas. Para bien o para mal, pertenecen a un espacio económico y social (entre el 10% y el 25% de su población reside en Estados Unidos) distinto al de América del Sur, cada vez más integrado en América del Norte. Cuando a Estados Unidos le va bien, a ellos también; cuando no, a ellos tampoco. Esta división no parece reversible: la Cuenca del Caribe es una; América del Sur, otra.
La segunda gran tendencia reside en la expansión continua y también, aparentemente, irreversible de la clase media latinoamericana. Por distintas razones, en diversos países, en mayor o menor grado, con una precariedad superior o acotada, algunas sociedades de la región ya son mayoritariamente de clase media, y otras van que vuelan hacia ese estatus. Los casos más notorios son Chile, Brasil, Uruguay y México, donde, a pesar de leves retrocesos debido a la recesión de 2009, más de la mitad de la población puede y debe ser considerada de clase media, tanto por su ingreso como por su forma de vida y sus niveles de consumo.
Acceso a crédito, hipotecario en particular; capacidad de compra de automóviles, televisores de plasma, teléfonos móviles, vacaciones, seguros médicos privados, educación superior privada para los hijos; grados de educación básica e información por un lado lamentables, pero por el otro inmensamente superiores a los de hace 15 años; exigencias de seguridad y orden anteriormente inalcanzables: he aquí las características de la nueva clase media baja latinoamericana, producto de tres lustros de crecimiento económico acelerado (Chile) o mediocre pero sostenido (México, Brasil).
De acuerdo con cifras de la OCDE, en 2008, el 53% de la población mexicana se colocó dentro de la clase media; el promedio de América Latina fue del 46%. Las cifras de Uruguay son mejores, según el club de los países ricos; las de Chile y Brasil ligeramente inferiores, aunque según instituciones como la Fundaçao Getulio Vargas, la clase media brasileña ya alcanza más del 55% de la población. Aunque en varios casos el deterioro económico de 2009 puede haber implicado un retroceso, solo una debacle prolongada interrumpiría esta tendencia: es producto de más de 15 años de estabilidad económica y financiera, de inflación controlada y de tasas de interés y precios de bienes y servicios cada vez menores.
De esta tendencia se deriva la tercera, igual de trascendente. Esta nueva clase media baja, aunque en ocasiones presa todavía de la informalidad y la ausencia de protección social, con acceso aún a una educación deficiente para sí y sus hijos, se ha convertido en la tan demorada y anhelada base social de la democracia en América Latina. Tiene mucho que perder con aventuras populistas y desequilibrios financieros, con golpes de timón abruptos y pleitos internacionales, con una retórica desmedida y una corrupción rampante. Vota por Gobiernos de centro-izquierda, cuando gobiernan bien, o por regímenes de centro-derecha cuando se hartan o se espantan, pero obligan al que sea a mantenerse en la gobernación democrática, en el centro ideológico, en la ortodoxia macroeconómica, en la moderación internacional y en la sensibilidad social para seguir expandiendo la clase media y seguir reduciendo la pobreza.
No hay garantías en esta materia: nunca se sabe cuándo un nuevo descalabro económico, interno o exógeno, lleve a estas clases medias a la desesperación. Por el momento, se han transformado en el mejor baluarte de la democracia y la sensatez en América Latina, dos rasgos que siempre habían brillado por su ausencia en la región, y que hoy sorprenden por su vigor y omnipresencia. Son como el pesado vallaste, o la quilla profunda de la gran embarcación latinoamericana, que por fin parece haber hallado su rumbo.

Jorge Castañeda, ex canciller mexicano, es profesor de la Universidad de Nueva York.

Jorge G. Castañeda. PARA INTERPRETAR A WikiLeaks. Y Entrevista con EL MERCURIO


De Jorge G. Castañeda, el jueves, 02 de diciembre de 2010 a las 9:43

Para interpretar a WikiLeaks

Por Jorge G. Castañeda
Reforma
(02-Dic-2010).-

La filtración de WikiLeaks ha desatado una tormenta en las relaciones internacionales, en el aparato de seguridad de Estados Unidos y en muchos gobiernos que se han visto o saben que se verán en situaciones, en el mejor de los casos bochornosas, y en el peor inmanejables. Conforme se procesen los documentos habrá revelaciones que carezcan de importancia mundial o histórica, pero que pueden tener cierta pertinencia y estridencia, principalmente dentro de cada país: los de México armarán escándalo en México, los de Brasil en Brasil, etcétera.

Para poder entender lo que viene es pertinente esclarecer rápidamente el protocolo seguido para estos documentos, y otro tipo de comunicaciones, entre representaciones y capitales en todas las cancillerías. Primero hay que señalar que los 250 mil documentos filtrados son del Departamento de Estado incluyendo su sección de inteligencia (INR), pero no hay documentos de la CIA, la NSA o la DEA: el aparato formal de inteligencia. Esto no significa que algunos de los autores -el consejero político, el segundo de la misión o el embajador- no sean parte de la inteligencia, sólo significa que son documentos más bien diplomáticos que de espionaje. También hay que hacer notar que la mayoría de los documentos en el Departamento de Estado tienen tres propósitos: a) informar a Washington de una conversación con un funcionario, un empresario o un político de oposición de cierto país (MEMCON); b) son informes que reportan a Washington lo que la prensa de un país dice sobre tal o cual acontecimiento, anuncio o visita de un alto funcionario; y c) algunos textos -los más divertidos e interesantes pero los menos frecuentes- incluyen opiniones del autor sobre la persona con la que se reunió, el suceso o sobre la postura del gobierno local.

Todo esto se sabe porque documentos similares a los de WikiLeaks ya han sido consultados antes a través de la Freedom of Information Act; o bien al revisar archivos con 20 o 25 años de reserva (en algunos casos antes por historiadores que necesitan saber el punto de vista de la embajada de Estados Unidos -por ejemplo, la de La Paz, Bolivia, cuando falleció el Che). Otra acotación que conviene señalar es que, aparentemente y con excepciones, los documentos de WikiLeaks, a diferencia de los que se consultan en archivos, vienen sin taches. En otras palabras, se mantienen los nombres y las partes editoriales o personales más jugosas.

El problema de todo esto estriba en lo que sigue: si un funcionario, un empresario, un periodista, un intelectual o un narco ya no puede sentarse a platicar con un diplomático de Estados Unidos sin correr el riesgo de que su conversación aparezca en los periódicos semanas o meses después, entonces esas conversaciones dejarán de tener sustancia. Quienes hemos estado en situaciones en las que los interlocutores hacen público el contenido de conversaciones celebradas bajo la premisa explícita de secrecía y confidencialidad, sabemos lo peligrosa que puede llegar a ser una filtración.

Me congratulo de que Julian Assange haya filtrado estos documentos, porque creo que al final la transparencia es preferible a la opacidad. Pero sólo al final. La inmensa mayoría de los informes van a ser ciertos: no hay razón para que un funcionario norteamericano reporte a su jefe una conversación de manera fabricada. Habrá muchos osos, pero no mayores a los que ya han causado en el pasado funcionarios norteamericanos, mexicanos, cubanos y de otras estirpes que han filtrado documentos y conversaciones secretas. En WikiLeaks quedarán comprometidos personajes de izquierda, como Nelson Jobim, el actual ministro de Defensa de Brasil (que puede perder su ratificación por reunirse demasiado con el embajador de Estados Unidos), o nacionalistas empedernidos del PRD y del PRI que, en conversaciones con funcionarios diplomáticos en la embajada de Estados Unidos en México, habrán dicho palabras impronunciables afuera. Nadie se puede quejar: sopa de su propio chocolate.

http://www.jorgecastaneda.org; jorgegcastaneda@gmail.com

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EL MERCURIO/ Jorge Castañeda comenta impasse diplomático/ Diciembre 3 de 2010
de Jorge G. Castañeda, el Viernes, 03 de diciembre de 2010 a las 12:37
Jorge Castañeda, ex canciller mexicano, comenta impasse diplomático: “El corolario inevitable de la guerra de Calderón es que Estados Unidos está metido hasta la cocina”

Estima que el error del gobierno de su país fue mantener en secreto la información que se destapó ayer.

GASPAR RAMÍREZ
El Mercurio
3 de dicimiembre de 2010

“Tienen una cagada monumental. Eso puedes ponerlo así”. El castellano antiguo pertenece al ex canciller mexicano Jorge Castañeda, y se refiere a los cables que la embajada estadounidense en el DF envió a Washington en 2009 y que fueron conocidos ayer en la tarde.

Castañeda luce sorprendido por las filtraciones de WikiLeaks, que él anticipó se venían fuertes por el lado mexicano en una columna publicada ayer por el diario Reforma. Es que funcionarios del gobierno de Felipe Calderón admitieron que han perdido control de parte del país a manos de los narcos y que el Ejército es inoperante, entre otros temas.

“Si tú dejas entrar a los americanos a este nivel de cooperación -y yo estoy de acuerdo con que sea así-, van a ver cosas que de otro modo no verían. Y las van a decir. O en público, o en privado, o en secreto, y luego los secretos se vuelven públicos”, dice el académico de la Universidad de Nueva York a “El Mercurio”.

Castañeda cree que pronto se sabrán más secretos de la colaboración, y que hay mucha gente que dice, por ejemplo, que hay elementos norteamericanos de origen mexicano, de piel morena, que hablan español perfecto, participando en los operativos.

“No me consta, pero sí sé que si es cierto, se va a saber. En lo personal no me parece mal que suceda, si Calderón mañana anunciara este tipo de medidas, yo lo apoyaría. El problema es otro: me parece una imbecilidad hacerlo en secreto”.

En el lobby del hotel plaza San Francisco suena fuerte David Bowie. Hay mucho trajín. Castañeda está sentado ante un pisco sour.

Castañeda terminó ayer una visita de dos días a Chile: fue uno de los expositores en el seminario organizado por el gobierno para analizar el estado de la Carta Democrática Interamericana, que el próximo año cumple una década de vida y que será revisada en 2011 en la OEA.

El ex canciller opina que Gerónimo Gutiérrez era uno de los mejores proyectos que tenía el Partido de Acción Nacional (PAN, del Presidente Calderón) antes de que hace poco pasara al sector privado. Se refiere al entonces subsecretario de Gobierno de la Secretaría de Gobernación citado en los cables de 2009 como el personero que confidencia que la cosa no va bien.

“Él dice lo que todos decimos desde hace cuatro años: que esto no está funcionando y si no hay éxito la sociedad mexicana no va a aguantar, y que se necesita más ayuda, más rápido y más clara, si no esto no funciona”. Lo nuevo es que lo dijo alguien de adentro.

Para el intelectual mexicano, el sello del presente gobierno, ya está escrito: “El corolario de la guerra de Calderón es que Estados Unidos está metido hasta la cocina. Y eso tiene que decírselo a la sociedad mexicana”.

El Presidente Calderón cumplió el jueves cuatro años en el poder y le quedan dos por delante. ¿Puede hacer algo para cambiar la situación? “Ya no tiene salida, no va a poder recular, no va a poder ganar. Lo único que puede esperar es que quizás se empiece a estabilizar el nivel de la violencia a un nivel más alto que al principio, pero menor que los momentos pico”.

Una encuesta de hace un par de semanas mostró que el 54% de los mexicanos está a favor de la participación de militares en la llamada “guerra contra el narcotráfico”. “La gente en México se siente más insegura que nunca, cree menos que nunca que el gobierno está ganando la guerra y apoyan menos que nunca la participación del Ejército”.

Según un cable conocido ayer, Hillary Clinton quería saber qué tipo de gobernante era Calderón y si estaba afectado por el estrés. “Ahí sí que no me voy a meter”, se excusa Castañeda.

“Los americanos saben perfectamente bien que la Marina es mucho más confiable que el Ejército, porque llevan varios años, desde 2005, entrenando a efectivos de la Marina sin conocimiento pleno del público americano ni mexicano.

“Va a haber más (filtraciones), sobre todo por que (Carlos) Pascual (embajador de EE.UU. en México) informa muy bien y mucho, porque está metido hasta la cocina y es bueno que sea así”.

La guardia cubana en Caracas
Otra de las revelaciones de WikiLeaks es que el círculo de seguridad del Presidente venezolano Hugo Chávez está compuesto por cubanos. Jorge Castañeda, como ex canciller y estudioso del tema -escribió una biografía del Che Guevara, “La vida en Rojo-, opina que no hay mucho de nuevo en el asunto.

“Ya sabíamos desde hace tiempo que el quid pro quo Venezuela-Cuba es: Caracas entrega dinero y petróleo, y La Habana, médicos y los anillos de seguridad de Chávez”. Castañeda señala que todos saben que desde hace mucho tiempo que Chávez no puede depender únicamente de la seguridad venezolana porque los riesgos de una traición son elevadísimos.

En cambio, la seguridad cubana no sólo es muy competente, sino que es de una “extrema lealtad a La Habana. Ahí siempre entra el riesgo de que ellos harán lo que La Habana les diga, y si algún día cambian de idea…”.

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Os desafios para Dilma Rousseff. Jorge G.Castañeda


(Tomado de su sitio web)
Os desafios para Dilma Rousseff

Jorge G. Castañeda
New York Times Syndicate
Notícias UOL
19 de Noviembre de 2010

Como esperado, Dilma Rousseff foi eleita presidente do Brasil no segundo turno eleitoral em 31 de outubro, a primeira mulher a governar o país.

A liderança de Rousseff por 13 pontos percentuais no primeiro turno se mostrou insuperável pelo adversário José Serra, apesar dos tropeços da campanha de Rousseff e da falta de apoio da candidata do Partido Verde, Marina Silva.

O trabalho de Rousseff foi predeterminado para ela. O presidente imensamente popular Luis Inácio Lula da Silva deixou desafios que se tornam mais difíceis a cada dia.

A economia brasileira pode estar superaquecendo, estimulada pelos afluxos de capital, gerados em parte pela badalação da ascensão do Brasil e em parte pelas políticas recentes do Federal Reserve (Fed, o banco central) dos Estados Unidos, que visam baixar as taxas de juros americanas –o que leva os investidores a buscarem outros horizontes e maiores retornos em países como o Brasil.

O afluxo de capital pode reacender a inflação no Brasil, manter as taxas de juros de longo prazo anormalmente altas e forçar uma desaceleração econômica. Não é de se estranhar que Lula tenha sido um dos principais críticos do Fed (e do presidente Obama) na cúpula do Grupo dos 20 em Seul, neste mês, e na mídia internacional.

Há uma profunda fraqueza estrutural na economia, causada pelo fracasso do Brasil em investir em seu próprio crescimento. A taxa de investimento do país é de aproximadamente 18% do PIB. A taxa do México é de 22%; a da China é de 45%.

Dadas as deficiências do Brasil em infraestrutura, educação e proteção ambiental, uma taxa de investimento insuficiente trabalha contra o alto crescimento. Sem a elevação dessa taxa, o Brasil não estará à altura das expectativas. O Brasil está desfrutando de um boom nas exportações de commodities, alimentado pela demanda colossal da China e da Índia –que poderá não durar.

Rousseff deseja que o Estado exerça um maior papel no investimento, principalmente por meio do Banco Nacional de Desenvolvimento, ou BNDES, o que não é necessariamente a melhor solução. A tradição do Brasil de alto investimento do setor público nem sempre foi bem-sucedida –frequentemente empurrando para fora o setor privado e estimulando a burocracia e corrupção.

Um desafio acaba causando outro. A política social de Lula se apoiou na Bolsa Família, onde famílias de baixa renda recebem um ajuda mensal caso suas crianças sejam vacinadas e frequentem a escola.

Criado em 2003, o Bolsa Família reduziu dramaticamente a pobreza no Brasil –mas a um enorme custo para o governo. O programa foi projetado para quebrar o ciclo de pobreza de gerações, desenvolvendo capital humano para o futuro. Os filhos dos pobres, graças a uma melhor saúde, nutrição e educação, se sairiam melhor do que seus pais ao ingressarem no mercado de trabalho.

Há treze anos, o México implantou um programa semelhante, agora conhecido como Progresa-Oportunidades. Ainda não há uma avaliação. O economista mexicano Santiago Levy, um fundador do programa, não está convencido de que os resultados serão conclusivos. Sejam quais forem os méritos do programa, o crescimento da economia informal do México também exerce um papel.

O Brasil precisa de um crescimento comparável para sustentar o Bolsa Família.
Rousseff também enfrenta desafios políticos, começando pela formação de seu governo. Por um lado, Rousseff deveria reduzir o número de ministérios criados por Lula; por outro, ela precisa pagar os favores, acomodar os aliados e rechaçar as pressões.

Um ponto de pressão é o próprio Lula, que, independente do que diga, vai querer alguns assessores e aliados no novo gabinete. Outras reivindicações de cargos, ministérios e recursos virão do PMDB, que apoiou Rousseff na eleição; e de todas as facções dentro de seu próprio partido (e o de Lula), o Partido dos Trabalhadores (PT).

Além disso, Rousseff precisa demonstrar sua independência, que não é uma Lula 2.

O que leva ao seu próximo desafio: Rousseff carece da história de Lula com o PT e do poder dele sobre o PT. O partido, tradicionalmente à esquerda de Lula, acompanhou a contragosto o pragmatismo dele. A menos que Rousseff controle o PT com mão forte, ela reforçará a impressão de que poderia ser uma presidente interina, apenas aguardando pela reeleição de Lula em 2014. Interinos rapidamente se tornam “patos mancos” (expressão americana para políticos em fim de mandato, sem poder político significativo).

O retrospecto de Lula na política externa é ambíguo. O Brasil se tornou um importante membro do G20 e está próximo de obter um maior poder de voto no Fundo Monetário Internacional. Mas Lula não conseguiu sua maior meta –uma cadeira permanente para o Brasil no Conselho de Segurança da ONU. Lula, trabalhando com a Turquia, não conseguiu intermediar o esperado acordo entre o Irã e o Ocidente. E ele não conseguiu muito progresso na solução das crises regionais na América Latina –apesar de ter gerado muita badalação com o fato do Brasil sediar a Copa do Mundo de 2014 e os Jogos Olímpicos de 2016.

A tendência de Lula foi agir mais como um líder do Terceiro Mundo do que como o de uma potência mundial. Mas ele adorava a ovação no palco mundial e desprezar Washington –às vezes com razão, às vezes não.

Será que Rousseff será tão ativa quanto, ou tão arcaica? O melhor palpite: não para a primeira pergunta, sim para a segunda. Ela tem demonstrado pouco interesse nos holofotes internacionais, mas rivaliza Lula na defesa da soberania nacional e na defesa dos potências emergentes.

Rousseff deve se envolver menos nos assuntos mundiais e mais em assuntos regionais, talvez se inclinando mais do que Lula na direção do presidente da Venezuela, Hugo Chávez, do presidente da Bolívia, Evo Morales, e de outros membros da esquerda radical regional.

O Brasil, a região e o mundo estão observando como Rousseff lidará com esses desafios.

Tradução: George El Khouri Andolfato

Jorge Castañeda foi ministro das Relaçoes Exteriores do México durante a presidencia de Vicente Fox e é autor de uma das mais extensivas biografias já publicadas sobre Che Guevara.